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Aníbal Malvar: “La ilusión democrática degeneró hacia una nueva forma de delincuencia”

El periodista y escritor Aníbal Malvar.

"Cuando me llaman equidistante me hace mucha gracia, porque yo soy equidistante en el insulto: no hay nadie que se libre, ni siquiera yo mismo." Aníbal Malvar (A Coruña, 1964), periodista y escritor, apenas se muerde la lengua y corre, enseguida, hacia la polémica. No se le pregunta por Puigdemont ni por la educación en Cataluña, pero allá que va: "Me hace mucha gracia cuando se habla de la invasión educativa de los niños catalanes, lo de que se les ha adoctrinado y por eso piden ahora la independencia. Yo no veo que Puigdemont y Junqueras sean niños" y "No creo que haya un problema catalán, sino un problema de concepción de Europa. Eso es lo único en lo que estoy de acuerdo con Puigdemont, que me parece un irresponsable absoluto". Dicho queda, y sin insultos.

En Alas de mosca (Akal) se mueve por otros derroteros. O se movía: la novela que publica ahora es la traducción del gallego (firmada por Susana Veiga) de una novela que llegó a las librerías en 1998 bajo el título de A’ de mosca. Así, explica en el prefacio, es como se conoce a la cocaína que sigue en pureza a la pasta de coca. La metáfora, entre lo sórdido y lo poético, viene de que la cristalización de las lascas hace pensar en la anatomía de los insectos. El caso es que cinco años después de su La balada de los miserables, el también colaborador de tintaLibre regresa al pasado. Quizás porque sigue presente. Servicios de inteligencia, guerras entre capos del narcotráfico gallego y las implicaciones de la Casa Real en el 23-F se dan cita en el libro, un noir clásico regado por litros de whisky con su antihéroe al timón, sus bajos fondos, su chica en apuros y sus corruptelas, que, como suele ocurrir, llegan mucho más alto de lo que parece.

La trama es sencilla: Carlos Ovelar ha dejado atrás su etapa como miembro de los servicios de inteligencia, oficio que compartía con su padre, para ganarse el pan con una agencia fotográfica. Una llamada le devolverá a aquellos días (más) oscuros: Alberto Bastida, prestigioso abogado de Compostela, le pide ayuda. Ania, hija de él y de la expareja de Ovelar, ha desaparecido. La guerra entre jefes de la coca deja un cadáver en la playa de Vilagarcía y el exagente teme que el destino de la joven esté ligado a los tejemanejes del narcotráfico.

"Los lazos entre abajo y arriba no me los invento yo, con los años se ha demostrado fehacientemente que el narcotráfico ha estado relacionado con la financiación de partidos como el PP, o Alianza Popular, y el PSOE", dice Malvar, que se ha ganado la vida como periodista de sucesos durante décadas en El Mundo y luego en Público. Y nombra el caso Naseiro, que investigó un caso de corrupción cuyos elementos no resultan ya novedosos: recalificaciones, negocios inmobiliarios millonarios y comisiones para los cargos públicos. En el centro, el concejal del PP Salvador Palop y el diputado y tesorero del mismo partido Ángel Sanchís. El proceso judicial no llegó a nada porque las escuchas telefónicas que constituían la principal prueba del caso habían sido obtenidas para investigar un caso de narcotráfico, lo que llevó a que las grabaciones se consideraran irregulares.

Lo que hoy se refleja en libros de éxito –el celebrado Fariña (Libros del KO), del periodista Nacho Carretero, se emitirá pronto como serie de Antena 3– no era entonces tan común. “Lo que ocurre es que Alas de mosca solo se publicó en gallego, y los gallegos estamos muy acostumbrados a este mundo”, lanza el autor. La salida del libro le costó enemistarse con algunas de sus fuentes policiales, “porque hay muchas partes de la novela que son absolutamente reales y se veían reflejados”. Confiesa que, como a muchos otros periodistas-escritores, la ficción sirve de descargadero de aquello que no puede ir firmado como información. “Como novelista”, dice, “cuento todas las cosas que se quedan en el limbo del periodismo porque jamás las podrás demostrar”. Y, como es amigo de la sugerencia, vuelve a lanzarse a los cocodrilos midiendo las palabras “para no acabar en los tribunales”: “En Galicia, el gran boom de algunos equipos de fútbol, que eran modestos, tuvo que ver mucho con la llegada de [el narco hondureño Juan Ramón] Matta Ballesteros a Coruña. Esto jamás fue probado porque ni siquiera los medios de comunicación quisieron hacerlo. Me consta, de hecho, que hubo varios medios vinculados a temas de narcotráfico”.

Pero Malvar insiste más en el trasfondo político de la novela que en el criminal: “Más que denunciar esa vinculación, era señalar cómo la ilusión democrática degeneró hacia una nueva forma de delincuencia”. La nueva España que recién comenzaba a gobernar José María Aznar le parecía sorprendentemente vieja y, pasados los años del PSOE en el Ejecutivo, tocaba saldar cuentas: “Esta novela, sin parecerme buena o mala, daba a intuir algunas de las cosas que ahora vemos. Nuestra generación vivió esto como una traición personal. Se trataba de contar esa traición de Felipe González y compañía a la gente que éramos de izquierdas, jóvenes, bellos, leídos, inteligentes… Y cómo esa generación, pese a ser jóvenes, bellos, etcétera, se dejó engañar de esa manera”. No es difícil reconocer en Ovelar hijo, con sus remordimientos sobre el pasado y su difícil relación con el padre, a esos jóvenes de los que habla. “Esta es una novela muy autocrítica, porque marco nuestra falta de reacción a lo que estaba ocurriendo. Como con el Viejo [Ovelar senior], creíamos que era solucionable, y no lo era.”

Si el autor saca pecho de algo, es de haber cuestionado en Alas de mosca la historia oficial sobre la participación del rey en el golpe de Estado de 1981. “Hacer alusiones tanto en libros de ficción como en libros de ensayo a las implicaciones de la Casa Real y los grandes poderes del franquismo en estos asuntos siempre ha estado bastante eclipsado”, se queja. Y, como ejemplo, asegura que El negocio de la libertad, libro del periodista Jesús Cacho que en 1999 hacía una lectura crítica de la Transición a partir de la hegemonía del grupo Prisa, fue rechazado por la “gran editorial” que debía publicarlo. “Él se quedó con el dinero, pero se tuvo que ir a otro sitio”, cuenta. Finalmente lo puso en circulación el sello Foca. “Y no es solo la cobardía del mundo editorial, sino del mundo lector, que además es tan pequeño que es casi una república independiente.”

Alas de mosca ha llegado recientemente a Francia bajo el título de Comme un blues. Malvar se sitúa a sí mismo en un grupo de escritores –“como Víctor del Árbol, Carlos Zanón o Rafael Reig”– que habría encontrado más interés en el mercado vecino que en el patrio. Y el insulto es ahora todavía más generalizado, para evitar equidistancias: “No es solo que allí interese más lo que ha pasado aquí en los últimos años, es que tienen más conocimiento de la historia de España que nosotros”.

 

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