Un documental muestra al Carlos Saura más íntimo y personal: "Mantuvo la pasión de hacer cosas hasta el final"
Hay proyectos que empiezan con un plan perfectamente trazado y otros que surgen con una profunda naturalidad que les hace únicos. Ese niño de la fotografía es de los segundos, pues nace de la convivencia entre Carlos Saura (1932 - 2023) y su hija Anna (Barcelona, 1994), hasta ahora productora y por primera vez directora en este documental que muestra al gran público la cara más íntima y personal del añorado cineasta, sin duda uno de los transversales para comprender a la España del siglo XX.
"Es un retrato de cómo era la persona más allá del personaje, del cineasta, y más allá de la obra, aunque por supuesto también está en el documental porque es parte de esa persona", resume a infoLibre la realizadora, que sitúa el origen de la cinta allá por 2018 grabando con el móvil, "sin ninguna pretensión" más allá de, como hace cualquiera, tener unos vídeos de recuerdo: "Cuando nos íbamos de viaje también grabábamos porque a él le gustaba, y luego lo montaba, le ponía música y textos... hacía sus pequeñas historias".
Desde la máxima cercanía comenzó a coger forma en serio la idea de hacer un documental —que acaba de estrenarse en el Festival de Málaga y llegará a las salas, previsiblemente, en otoño— incorporando más equipo y más profesionales. "Pensé en hacer una entrevista bien hecha a mi padre por aquello de tenerla, porque todas las que le hacían eran iguales y nadie le iba a preguntar por otras cosas", rememora, explicando que en la última fase, ya sí, pensó que sería buena idea que le hablara de cosas más personales en un momento en el que, además, "él seguía estando activo".
"Es verdad que se han hecho muchos documentales, reportajes, entrevistas, puedes encontrar en Google o en Wikipedia su obra, pero él era muy cerrado, así que al final nadie tiene el acceso que yo he tenido a un material tan estupendo, maravilloso y privilegiado", destaca Saura, para quien el objetivo principal es enseñar a la persona que en esencia era su padre, pero también "mantener vivo su legado y que él pueda estar presente entre todos nosotros". "Mantenerlo vivo a él a día de hoy", apostilla.
Con todo ese archivo a su disposición, se puso manos a la obra para intentar mostrar "a ese señor mayor que está en los últimos años de su vida, tampoco sabiendo cuándo", ya con 88, 89, 90 o los 91 años con los que falleció: "Y enseñar cómo vivía él, cómo se enfrentaba a eso y cómo se enfrentaba él a vivir una vida en la que mantuvo hasta el final la pasión por hacer cosas, por crear, estar siempre activo, tener inquietudes y ambiciones. Eso es lo que le movía. De hecho, no entendía qué iba a hacer la gente cercana que se jubilaba, porque decía que el que no hace nada se acaba muriendo. Y eso es contagioso, porque todos los que hemos estado a su lado somos medio hiperactivos por esa súper estimulación".
De hecho, más allá del cineasta, Ese niño de la fotografía muestra también la faceta fotográfica —menuda colección de cámaras—, pictórica y teatral de un artista total que "siempre estaba haciendo cosas, obviamente unas más divertidas que otras, unas más creativas, otras menos". "Pero siempre mantuvo esa motivación por tener por investigar, por explorar, por descubrir, que de alguna manera se podrían asemejar a un niño. De hecho, él siempre decía 'es que soy como un niño', en el sentido de tener esas ganas de descubrir el mundo", apunta.
Se tuvieron que enfrentar con el poder para hacer este tipo de cine que fuera un poco más allá y contase historias que de verdad les importasen
Los golfos (1960), La caza (1966), Cría cuervos (1976), Mamá cumple cien años (1979), Deprisa, deprisa (1981), Bodas de sangre (1981), Carmen (1983), El amor brujo (1986), El dorado (1988), ¡Ay, Carmela! (1990) o Goya 3 de mayo (2021) son solo algunos de los títulos de la extensa filmografía de Carlos Saura —fallecido siete días después del estreno en salas de su última película, Las paredes hablan— que van apareciendo en el metraje de este documental que, como no podría ser de otra manera, termina también entrelazando vida y obra, obra y vida, y viceversa.
Esta actividad de más de medio siglo entre historias tan diferentes entre sí, ha convertido al director en una fuente de memoria de nuestro país en el siglo XX. "Retrató a las diferentes Españas en distintos momentos", resume su hija Anna, principalmente porque "siempre hizo los proyectos que quiso". "Fue fiel a sus historias, también a expresar lo que él sentía en cada momento", destaca, incluso a pesar de los "problemas" que tuvo para sacar adelante algunos proyectos, sobre todo durante los años de censura franquista más severa, que afectaron a multitud de creadores de todos los ámbitos: "Se tuvieron que enfrentar con el poder para hacer este tipo de cine que fuera un poco más allá y contase historias que de verdad les importasen".
Porque Carlos Saura, nominado y ganador de los máximos premios de la industria cinematográfica internacional, construyó a lo largo de las décadas la obra que quiso, dejando incluso de hacer otros grandes proyectos como, por ejemplo, "irse a Estados Unidos", tal y como recuerda su hija. "En su día tuvo la oportunidad y podría haber ganado muchísimo más dinero haciendo otro tipo de cine", remarca Anna.
Murió un día antes de recibir el Goya de Honor
Ese niño de la fotografía arranca en la infancia y termina literalmente en los últimos días del director, a quien, sin querer destripar de más, podemos ver incluso ingresado en el hospital. Un metraje que suscitó las dudas de la propia directora, quien considera que ha quedado "bastante elegante" y nada "morboso". Además, rememora, era su propio padre quien le pedía que le grabara o le hiciera fotos, a pesar de lo cual admite que "no deja de ser algo delicado".
Y añade: "Aunque triste, porque obviamente es muy triste, al haber pasado todo el documental con él le coges cariño. Y, claro, de repente se muere. Pero creo que la muerte la hemos conseguido hacer de una forma no dramática, como se murió él, pintando con sus cosas. Hemos conseguido reflejar ese espíritu de 'estoy en el hospital y me quiero ir de aquí, quiero irme a mi casa y quiero seguir haciendo fotos y pintando'. Porque él estaba totalmente activo y lúcido en esos momentos".
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La vida de Carlos Saura tuvo un giro de guion de esos que dejan huella en el imaginario colectivo, pues falleció el viernes 10 de febrero de 2023, justo el día antes de recoger el Goya de Honor a toda su carrera. Una marcha que provocó una profunda conmoción en toda la familia del cine español y que, de hecho, rediseñó a toda prisa una gala que ya estaba más que diseñada y ensayada para poner el director en el núcleo mismo de la velada (que, de hecho, empezó directamente con ese Goya honorífico, algo nunca antes visto).
"Fue una pena, porque además es algo que yo peleé durante años para que se lo dieran mientras estuviera bien y siempre me decían 'no te preocupes, que está estupendo'. Se lo dije a Fernando Méndez-Leite cuando llegó en 2022 a la dirección de la Academia y se lo iban a dar justo al año siguiente", recuerda Anna, quien, en cualquier caso, asegura que esa tristeza por no tener el gran homenaje en vida se aminora por el hecho de que "él fue plenamente consciente y le hizo mucha ilusión".
"No es que fuera algo póstumo, que eso si hubiera dado mucha más pena. Él fue súper consciente, porque nos lo dijeron como en octubre de 2022. Luego, es verdad que ya las semanas de antes de la gala ya estaba bastante fastidiado, no podía respirar bien, no podía hablar... y él decía 'no voy a ir y lo veo por la tele'. Él ya era consciente de que no iba a ir. Y, después de todo, que fuera justo el día antes le dio una dimensión a su figura que no hubiera tenido ni recogiendo el premio. El homenaje de toda la industria fue algo precioso que mucha gente a día de hoy todavía me recuerda", termina.