Juanma Bajo Ulloa: "La corrección política ha institucionalizado la hipocresía"

El cineasta Juanma Bajo Ulloa en el rodaje de 'El mal'.

Todo un lustro después regresa este viernes a la cartelera Juanma Bajo Ulloa con El mal, una película de esas que hacen que el espectador que entra a la sala sea diferente del que sale, aunque solo sea por la cantidad de preguntas que no se hacía dos horas antes. ¿Hasta dónde estaríamos dispuestos a llegar para alcanzar el éxito profesional, la admiración generalizada, el aplauso que no cesa? En esta nueva historia del cineasta vitoriano, una ambiciosa periodista es contactada por un inquietante personaje que le propone obtener el ansiado triunfo escribiendo el libro sobre su talento: el del mayor asesino en serie de la historia. Y entonces, ¿qué? Mejor se lo preguntamos.

¿Qué es El mal?

Es una película diferente a todas las que el espectador va a encontrar en la cartelera, que son las mismas, porque todas son Avatar. Más allá de eso, El mal es una película escrita hace muchos años y, por lo tanto, un proyecto muy querido y que creo que tiene que ver con un cine que casi ha desaparecido, de suspense, donde se creía en la inteligencia del espectador, se trabajaba con los sentimientos y permitía no solamente el entretenimiento, sino también una reflexión, donde se indagaba en el ser humano. Creo que ese cine ya, como la clase media, ha desaparecido.

Hay, efectivamente, muchas reflexiones sobre la condición humana. ¿Llevamos todos dentro el mal? ¿Tenemos todos un resorte que al tocarlo nos haría entregarnos al mal sin problema ninguno?

Esa es una de las preguntas que se hacen en la película. Yo no juzgo a los personajes, me limito a mostrar al espectador esa cara oscura del ser humano, y también la luminosa. Pero sí, todos tenemos un lado, una sombra, y podemos mejorar como personas en la medida en la que somos capaces de iluminar esa sombra. Y sí, en la medida en la que nos abandonamos, justificados por el éxito, por tener determinado fin, caemos muchas veces en ese abismo oscuro en el que, además, luego no encontramos lo que deseábamos. Por ejemplo, el deseo de fama y la necesidad de relevancia ahora se ha convertido en una pandemia, pero en la cima de esa montaña no hay nada. Es el camino, y cuando el camino está hecho comparándote con los demás, empujando a los demás, es un camino penoso que no merece la pena. 

No se mencionan las redes sociales en la película, pero de alguna manera todos queremos sentir ese aplauso, todos somos un poco esta asesina. ¿Estamos en un tiempo especialmente a merced de ese mal?

El lado oscuro no se reconoce. Si preguntas a diez personas quién quiere conocerse a sí mismo, las diez te van a decir 'yo', pero no es cierto. Como dice el personaje que hace Tony Dalton, la verdad da miedo, la verdad duele. Muy poca gente realmente quiere que le digan la verdad, ni quiere buscarla, y realmente esconde que tiene un sentimiento negativo hacia congéneres y amigos, hacia el otro. Eso es un tabú. Para eso está la corrección política, la nueva religión, que ha institucionalizado la hipocresía. Todos sabemos lo que tenemos que decir, pero luego por debajo está la realidad, está la biología, y esa siempre sale adelante más allá de la postura y del postureo. 

¿Siempre es el otro el malvado, el intolerante y el fascista?

Claro. Es que nos han regalado unos términos que son un comodín, que valen para todo. Además, es usarlo e inmediatamente queda manchada la reputación de la otra persona. Con dos o tres términos acabamos con cualquier persona, y ya como te caiga el San Benito... Eso ha sido de alguna forma fomentado, ese conflicto, ese enfrentamiento y esa polarización tiene un interés, vamos a decir, ideológico y de condicionamiento social. Porque las sociedades cohesionadas son imposibles de manipular, pero las sociedades que están divididas son borregos, literalmente. En la película, como tú dices, no se habla de las redes sociales porque se desubica de ningún lugar ni de ningún tiempo, pero no necesitamos hablar de ellas porque se habla de lo mismo: de la necesidad de ser reconocido a cualquier precio y el atractivo de ese lado oscuro.

También está muy presente la envidia, en este caso entre dos escritoras.

Así es. Y la otra significa el éxito, la belleza, ser sexi, y la una lo anhela porque no lo tiene. De hecho, no solo la envidia, es que la desprecia, la calumnia, de algún modo, que es la manera que utilizamos casi siempre. Alguien decía que la envidia es una declaración de inferioridad, y ahí hay algo de eso. Es un reflejo de esta sociedad, porque aunque escribí la película en 2006, veinte años después he visto que era un tema totalmente candente, que no era algo solo que me parecía interesante solo a mí, sino que la propia sociedad se había convertido en muy egocéntrica y muy narcisista, por lo que todo este asunto es muy vigente. 

¿Una sociedad en la que por encima de disfrutarlo, prima mostrar a los demás el éxito individual?

Son los quince minutos de fama que alguien pronosticó y que ahora ya son insuficientes. Lo ves en la juventud en un nivel extremo, todos convertidos en modelos, posando por la calle de formas ya ridículas pero admitidas y normalizadas. El ridículo normalizado. Todos los chavales con el mismo peinado. Todas estas cosas tienen que ver con esto, con intentar emular a alguien que no eres tú, uniformizar a todo el mundo. En el cartel de la película hay una frase que dice que dentro de cada ser humano hay un monstruo y dentro de cada monstruo hay un ser humano, y eso creo que delimita muy bien por donde nos vamos a mover. Se podría resumir en que se trata de hablar de la tremenda necesidad que tenemos de reconocimiento, de ser apreciados, admirados, aceptados, y de la extraordinaria incapacidad que tenemos para mirar nuestra sombra, nuestro lado oscuro.

Eso es justamente lo que nos enriquecería.

Así es, porque no hay curación, no hay mejora si no aceptas que tienes debilidades, vicios, miedos, y que esos te condicionan.

Tenemos una tremenda necesidad de reconocimiento, de ser apreciados, admirados, aceptados, y una extraordinaria incapacidad para mirar nuestra sombra, nuestro lado oscuro

No hay violencia explícita en El mal, ¿pero es una película intelectualmente violenta?

Claro, pero piensa que hay unas líneas rojas que nadie pasa, unas reglas no escritas sobre qué cosas se pueden hacer y qué cosas no en una película incluso, y nadie las traspasa. Pero es que cuando uno se pone a escribir una película que se llama El mal no puede tener esas cortapisas, al contrario, tienes que aceptar que no hay ningún límite. El límite ya lo pondrá el espectador o no lo pondrá, pero no estás titulando tu película Bambi, se titula El mal, así que hay que ir a por todas y hay que mostrar al ser humano en toda su expresión. 

La persona que encarna ese mal parece muy poquita cosa. ¿Es una forma de cambiar la imagen generalizada que podemos tener de los monstruos en nuestras pesadillas?

Esa parte de la composición del personaje, jugar con la inocencia. Ella se fijaba en la mirada y en la forma de caminar de un niño, en un insecto, en una mantis religiosa, ese tipo de cosas que dan una cierta imagen de inocencia, de fragilidad, cuando en realidad ahí está ese monstruo que está dentro de cada ser humano.

El ser humano es el animal más maravilloso del planeta, capaz de hacer las cosas más absolutamente inverosímiles y luminosas, pero también las más horribles y execrables

Cuando se desencadena el mal, ¿no tiene final?

Hay un momento en el que el espectador dice 'esto no puede empeorar', pero sí puede (risas). Esto ha pasado a lo largo de la Historia, lo hemos vivido en las guerras, cuando dices 'vale, nada puede ser más atroz', pero otro te dice 'no, levanta la alfombra y verás lo que hay debajo'. El ser humano es el animal más maravilloso del planeta, capaz de hacer las cosas más absolutamente inverosímiles y luminosas, pero también las más horribles y las más execrables. Volvemos otra vez a la luz y a la oscuridad, al ying y al yang, y de eso hablamos, de que hay que asumir que somos así y que puedes caer en ese abismo de oscuridad. 

¿Es El mal de alguna manera también una denuncia de la violencia no necesariamente explícita a la que estamos expuestos diariamente?

Muchas veces las cortapisas de nuestra falta de escrúpulos son que vamos a ser denunciados, que hay una cárcel, que vamos a ser socialmente cancelados pero, si no, seguramente habría mucha gente que se atrevería a mucho más, iría más lejos. Por eso la gente que ha perdido ese miedo al castigo, muchas veces es muy peligrosa. O la gente que no tiene nada que perder y le da igual todo. 

¿Vivimos en un momento en el que nos rodean los malos? ¿Está el mal de moda incluso entre quienes nos gobiernan? ¿Nos gobiernan los que pasaron a ese lado oscuro?

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Yo creo que siempre han sido los mismos lobos, lo que pasa es que cuando encajan más o tienen una capacidad más grave para de alguna forma manipularnos, nos creemos, inocentemente, que están ahí a nuestro servicio, en una palabra. Pero yo creo que siempre ha sido así, siempre han sido lobos, con un rebaño que somos nosotros y trabajando para buitres que nunca veremos, los que están detrás de todo eso. Pero no creo que ahora sean peores, si acaso quizá ahora se han quitado la máscara porque ya no hace falta ni disimular. Pero yo casi desconfío más del que supuestamente aparece como un manso que del otro. Creo que si un niño cree en los reyes magos es por inocencia, pero si un adulto cree que los políticos están ahí a su servicio, es un necio.

El film está rodado en Vitoria, en un momento en el que el la industria del cine vasco está tirando mucho del carro en nuestro país gracias a incentivos fiscales. 

El 90% de mi cine se ha rodado en Euskadi, desde mi primer corto. Y en Vitoria en concreto, quitando Airbag, que fue imposible y que no era decisión mía tampoco, porque yo no era el productor. Para mí no ha sido nuevo, por tanto, pero lo que sí ha sido nuevo es recibir cierto apoyo. La política va muy rápida en este sentido, se ha creado una mínima estructura que no había, pero no sé si mañana desaparecerá porque cambien los vientos. ¿Quién sabe?

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