Cultura

Javier Cercas: "El Premio Planeta tiene una verdadera dimensión popular. ¿Eso es malo?"

Javier Cercas y Manuel Vilas, ganador y finalista del Premio Planeta 2019, en la presentación de sus libros el 6 de noviembre de 2019 en Madrid.

Javier Cercas (Ibahernando, Cáceres, 1962) y Manuel Vilas (Barbastro, Huesca, 1962) se han convertido en "pareja artística". Lo dicen ellos mismos, bromeando, recién llegados de la enésima entrevista y con una agenda por delante que iguala la de los políticos en campaña. Es la promoción del Premio Planeta, del que han resultado, respectivamente, ganador y finalista, y que hacen en comandita porque la habitual política de prensa es conceder entrevistas solo a pares: o los dos —juntos o por separado— o ninguno. Javier Cercas, con Terra Alta, una novela policiaca localizada en esta comarca catalana y protagonizada por un mosso exconvicto. Manuel Vilas, con Alegría, un relato en primera persona, con un narrador muy similar al de su anterior título, el celebrado Ordesa, que se pregunta sobre la naturaleza de la alegría versus la felicidad. "He vivido muchas promociones", dice Manuel Vilas, con cara de susto, "pero como esta ninguna". 

Es cierto que cargan, además, con el peso de un fallo del Planeta particular, por el propio nombre de los ganadores. Cercas y Vilas no eran dos apellidos que se esperaran encontrar asociados al galardón, que en los últimos años ha estado más cerca de la esfera de lo que se considera literatura comercial, o el best seller, que de lo que suele llamarse, redundantemente o no, novela literaria. "Entiendo que hubiera sorpresa, porque la trayectoria de los últimos Planeta estaba más en otro orden de libros, libros quizás no muy literarios, aunque eso es peliagudo", dice el autor de Alegría, caminando por terreno pantanoso. "Creo que el Planeta de vez en cuando gira hacia lo literario, y son buenas noticias para la literatura". 

Pero el fallo no causó solo celebración. Ambos han sido criticados por, supuestamente, prestarse a una maquinaria comercial. El conocido crítico Ignacio Echevarría escribía en El Cultural: "La naturalidad –por no hablar ya del cinismo– con que se arropan y celebran operaciones comerciales cuya dimensión cultural se sustenta en un volumen de ventas cuidadosamente planificado es proporcional a la que ostentan, al obtener el premio, significados escritores que para nada se sienten concernidos, al parecer, por la naturaleza fraudulenta de ese premio, da igual que se juzgue más o menos inofensiva". Sirva de ejemplo de cierto sentir en torno al fallo. "El premio tiene una verdadera dimensión popular. ¿Eso es malo? Ya ha habido gente que me ha pegado palos sin haberse leído el libro", protesta ahora Cercas, que parece haber estado rumiando su respuesta. "Cervantes fue un escritor muy popular, y Shakespeare ni siquiera era considerado literatura, era entretenimiento. Hay literatura popular mala y buena, y literatura minoritaria mala y buena. Bueno, la mayoría es mala, porque por eso es minoritaria. Cervantes, a lo mejor el [Premio] Cervantes no lo hubiese ganado, pero el Planeta desde luego que sí".

Vilas ha tenido que enfrentarse incluso a sus propias palabras, sacadas a relucir tras el anuncio. "Creo que la literatura es riesgo. Históricamente lo ha sido. No me imagino a Franz Kafka ganando el premio Planeta", respondía en 2013 en un encuentro digital con los lectores de El País, rematando: "Creo que los escritores comerciales le han hecho un daño irreparable a la literatura y la mezcla de literatura y productos editoriales es muy perniciosa". "Que me lo saquen ahora como una especie de contradicción... no me parece justo. Yo soy un escritor con mucho humor, eso era una especie de divertimento", responde el novelista, sin perder la sonrisa. "Si a un escritor literario le dan la oportunidad de ampliar su público lector, creo que tiene que aceptar, porque es una oportunidad para decir a la literatura. Hay mucha maledicencia en este país".

Hubo una última (o penúltima) polémica. Tanto Vilas, que publicó Ordesa con la editorial Alfaguara, como Cercas, que en 2009 empezó a publicar con el extinto sello Literatura Montadori, hoy Literatura Random House, son autores del grupo Penguin Random House, principal competidor de Planeta. En los últimos años, el conglomerado catalán había premiado a novelistas de la casa, pero con este movimiento conseguía para sí dos superventas de la empresa rival. Javier Cercas objeta de nuevo: "Los escritores no somos propiedad de nadie. Por supuesto, mis editores sabían que yo me iba a presentar a esto, fueron los primeros en saberlo. ¿Se pusieron contentos? No. Pero lo entendieron. Otros hubieran podido enfadarse. ¿Mi próximo libro, quién lo publicará? Lo decidiré yo. Ahora juego con el Barça y el Madrid, ¿por qué me voy a quejar?". Y sin que nadie le pregunte por el voluminoso montante del premio, de 601.000 euros, también se refiere a él: "Como dijo García Márquez, los escritores somos 'pobres con plata'. Un directivo medio y bajo de un banco cobra 20 veces más que el que más cobra de nosotros. ¿De qué estamos hablando aquí? Estamos hablando de miseria. ¿En qué voy a usar el premio? Pagar Hacienda para empezar. Y luego, vivir, comprarme zapatos, pantalones... No da para más. Es que no me puedo comprar ni un piso".

Una de policías

Terra Alta es una novela policiaca de manual, con su ritmo veloz, su asesinato —el de una pareja de empresarios, aparentemente muy queridos por todos—, su detective antihéroe atormentado por el pasado, su traición y su doble final: el sorprendente y el más sorprendente aún. Cercas se ha entregado voluntariamente al género. "Mis novelas siempre han sido de algún modo thrillersthrillers, en la medida en que siempre hay un enigma y alguien que trata de resolverlo", apunta. Habla de El punto ciego, un libro que compila un ciclo de conferencias en la Universidad de Oxford, y en el que defiende, entre otras que "las grandes novelas" cumplen el esquema del thriller. Y menciona también a Gonzalo Suárez, escritor al que estudió a principios de los noventa y al que considera "uno de los primeros en jugar en España con el género negro". 

 

Aun así, reconoce que su última novela es una ruptura. Una ruptura buscada. "Cuando terminé El monarca de las sombras sentí que ahí terminaba algo", recuerda. "Porque fue el primer libro que quise escribir, porque formaba un díptico con Soldados de Salamina… Al llegar ahí, no sabía a dónde iba a ir". Había, aparentemente, dos posibilidades. Una, dejar de escribir. Otra, "seguir escribiendo los mismos libros, que es algo que se hace muy a menudo: un escritor descubre una fórmula y se pone a escribir según esa fórmula, que le ha ido más o menos bien, y sigues así para siempre". Él optó por una tercera opción, que fue la de renovarse. De ahí también, asegura, su decisión de presentarse al Planeta, como una forma de "decirles a los lectores" que este es "un libro distinto". 

¿Qué le hizo cambiar? Él asegura que su vivencia del procés, contra el que se ha pronunciado ampliamente en los medios y en su columna en El País Semanal, ha tenido que ver en la transformación. "Una serie de circunstancias, que tienen que ver con las cosas que hemos vivido en Cataluña o que he vivido personalmente, me han hecho una persona distinta", cuenta. El proceso político catalán apenas se huele en la novela, aunque sí hacen acto de presencia los atentados terroristas de Barcelona y Cambrils e incluso la memoria de la Guerra Civil. El borrador del libro nació en verano de 2017, y luego llegó el "otoño aciago": "A mí y a todos los que vivimos en Cataluña nos sucedieron cosas que jamás pensábamos que nos iban a ocurrir, cosas personales también, porque cuando la Historia con mayúsculas llega, no se queda en los telediarios, sino que se mete en tu vida". Entonces la escritura se frenó durante dos meses, en los que se dedicó "a contestar a periodistas extranjeros y a escribir para la prensa". "Cuando volví, ya era una persona nueva. Y quizás por eso me fue más fácil escribir este libro".

¿Pero en qué cambió? ¿Cómo influye la experiencia de vivir el proceso independentista, desde la discrepancia, si este no aparece de forma explícita en el libro? "Es como si a Kafka le preguntas —y no es que quiera compararme con Kafka— qué hay detrás de La metamorfosis. Él no te va a hablar de su padre y su incapacidad para vivir", responde. "Hay sapos y culebras aquí dentro, cosas que yo no me atrevo a decir. Este libro también habla del odio. Lo que hay ahí detrás no te lo puedo decir, pero hay dolor y hay furia, más que en ninguno de mis libros. Hay perplejidad. Yo me he sentido engañado y me he sentido traicionado". 

Alegría y felicidad

Aunque Vilas y Cercas son de la misma quinta, su trayectoria hasta ahora no ha podido ser más diferente. El primero comenzó en la poesía, con títulos muy celebrados, como El cielo (publicado con la desaparecida DVD en 2002), Resurrección o Calor. La narrativa llegó en 2008 con España, pero desde entonces el autor, un tanto grafómano, ha publicado otras cinco novelas y un libro de relatos, además de dos poemarios y varios volúmenes de artículos y ensayos. "Yo era un escritor de esos que se llaman de cultode culto, que significa que te leen cuatro gatos", explica él mismo. "Es maravilloso tener lectores, pero yo no lo había imaginado, fue todo con Ordesa". La novela, publicada en 2018, era una elegía por sus padres fallecidos, una reflexión sobre los lazos paternofiliales y sobre la propia fugacidad de la vida del hombre. Fue también el "libro del año" para el suplemento literario Babelia, vendió más de 100.000 ejemplares, fue traducido a 16 idiomas y acaba de hacerse en Francia con el Premio Femina de novela extranjera. "Con alegría lo vivo, pero también muy sorprendido", dice. 

 

Amante de los títulos de un solo término, Alegría es también el nombre y el tema inequívoco de su nuevo libro, donde se conjugan —es marca de la casa— una visión celebratoria de la existencia y una mirada crítica al mundo. ¿Cómo se pueden combinar ambos elementos? "Vivir es trabajar, es luchar, es ganar dinero, es comprarte un piso, construir una relación de pareja, tener hijos… Y está ese montón de enemigos: la precariedad, el divorcio, la muerte, la enfermedad, la frustración. Frente a eso, recuerdo que el hecho simple y sencillo y elemental de estar vivo ya es un éxito", cuenta.

No oculta que el narrador de Alegría es, seguramente, el mismo de Ordesa, pero en otro momento vital: "Se ha dado cuenta de que la alegría es el sentimiento más importante de la vida. Ve que es un sentimiento activo, frente a la felicidad, que es pasivo; ve que la felicidad es una construcción sociocultural y que la alegría es biológica y atávica. Tiene que ver con el hecho exclusivo de existir, sin ninguna otra finalidad. La felicidad parece venir de haber conseguido socialmente algo. Y el éxito social no existe, es una construcción. Solo existe el amor". Si en la novela anterior era fundamentalmente hijo, en esta el narrador se revela como padre, pero sigue presente, en cualquier caso, el peso de la raíz y la familia. Hay un motivo: "El amor incondicional me parece el mayor grado de humanidad, y lo he visto solo de madres y padres a hijos. Se ha ensanchado el concepto de familia, pero la idea de familia sigue vigente, porque es la construcción de un espacio de humanidad plena frente a la agresión global del capitalismo, que solo genera relaciones de mercancía".

Aunque se refiera a su narrador en tercera persona, Manuel Vilas sabe que es inevitable identificarle con ese que habla en sus libros. ¿Por qué esa distancia? "Yo hablo de 'el narrador de Alegría' porque quiero protegerme. Son novelas muy autobiográficas, todo lo que cuento en Alegría lo he vivido. Pero hay que recordar que el narrador es una construcción novelesca, y yo como ciudadano intento distanciarme de él". No cree que su posición sea única, al contrario, señala varios ejemplos de la literatura en castellano que se han acercado francamente a la autobiografía: Marta Sanz (La lección de anatomía o Clavícula), Marcos Giralt (Tiempo de vida), Luis Landero (El balcón en invierno)... ¿Cree que se le agotará esa vía de la no ficción, como dice ahora Cercas? "Es verdad que estamos en momentos muy distintos", reflexiona Vilas. "Tuve necesidad de escribir Ordesa porque murió mi madre, y de hecho, perder a mi padre y a mi madre cambió mi registro literario. No sé lo que voy a ir viviendo, entonces no sé hacia dónde evolucionará mi escritura". 

 

Y mientras tanto, la vida

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