Liebre por gato

Paraíso

El escritor Juan García Armendáriz.

Juan Gracia Armendáriz

La sección de microrrelatos inéditos Liebre por gato está coordinada por Fernando Valls y Gemma Pellicer. En esta nueva entrega recoge un texto del escritor Juan Gracia Armendáriz.

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  Paraíso

Nadie recordaba porqué, pero nadie debía entrar allí, y ellos lo hicieron. El pueblo se quedó sin niños. Los vi cruzar la pradera, los más pequeños de la mano o en brazos de los mayores. Se alejaron sin prisa, con el paso que preludia un largo viaje, y desaparecieron en la espesura del bosque.

Sólo debía acercarme, detenerme en la linde invisible y permanecer agazapado: comían bayas de mirto, hongos, raíces… Las ortigas no parecían herirles. Un día los vi abrazos al árbol más grande. Era un roble hueco que había visto nacer el mundo. Al parecer, mis padres me bautizaron en su interior. Pasaron las noches y los niños, desnudos, bailaban. El deseo se impuso con naturalidad. En el pueblo decían que fornicaban con lascivia, que sus juegos eróticos acababan en orgías violentas donde la sangre era un signo de placer. Yo eso no lo vi, pero es cierto que a veces se asomaban y nos sacaban la lengua. Algunos se masturbaban. “¡Estamos en el paraíso!”, gritaban. Paraíso: no sé de dónde sacaron semejante palabra aquellos críos. Ante sus afrentas, en el pueblo alguien quiso organizar una batida. Ya no eran sus hijos, sólo bestias. Las mujeres habían dejado de lamentar el vacío que dejaron en las calles embarradas del poblado.

Yo no participé en la batida y me alegré cuando vi a los hombres regresar a las casas con barro hasta la cintura y la vista extraviada. Más de uno cojeaba. A medianoche, desde mi ventana podía ver luces correteando en la negrura acompañados de gritos que no parecían infantiles. Una noche me arrastré hasta su campamento, si es que así puede llamarse a lo que vi: dormían entre helechos secos, desnudos, inmunes al frío, cubiertos de barro. El mayor de todos afiló una piedra y en el roble que solían abrazar grabó un corazón. Cuando regresé a casa escuché gritos que me oprimieron el pecho. Ningún ser humano podía gritar de ese modo. A la mañana siguiente sólo una niña abandonó el bosque. Se acurrucó en mi puerta. Debía de tener quince años. Hasta que no la metí en la tina no supe si en verdad era una muchacha. Dormía en el suelo y comía con las manos. Me costó hacerle entender qué era una cama, una estufa, unas botas. Apenas habla, pero se entiende bien con mi perro. No sé si es feliz. Lo ignoro todo de ella y ella de mí, pero aquí seguimos, escondidos. Ella, a veces, mira hacia el bosque. Es una mirada que no sé descifrar. Luego, se acuesta a mi lado y lame mi cuerpo cansado. _____

Juan Gracia Armendáriz (Pamplona, 1965) es autor de los libros de microrrelatos Noticias de la frontera (1994) y Cuentos del jíbaro (2008), cuyas narraciones han sido recogidas en diversas antologías del género. Ha publicado diarios, novelas, relatos y colaboraciones en diversas revistas y periódicos. Su última obra es la novela corta Guía de extraviados (Pre-Textos, 2018).

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