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Los libros

‘Sobrevida’, de Ida Vitale

'Sobrevida', de Ida Vitale.

Carmen Canet

Sobrevida. Antología poética

Ida VitaleSelección y prólogo de Minerva Margarita VillarrealEsdrújula EdicionesGranada2016

La relación con las palabras “cambia su forma de andar por el mundo”, dice Ida Vitale (Montevideo, 1923). Ella está enamorada de estas, trata de curarse y de combatir el frío abrigándose con ellas a través de sus versos, que éstos se memoricen y acaben con el ruido del silencio. Y ese calor es el que nos encontramos en su último libro: Sobrevida. Antología poética, toma su título de uno de sus poemas. Se abre con un prólogo para cerrarse con un epílogo. La edición de Esdrújula, impecable, apostando por la buena literatura como siempre.

Acaba de recibir el Premio Internacional de Poesía Ciudad de Granada Federico García Lorca, 2016, en su decimotercera edición. Esta poeta, traductora, ensayista, profesora y crítica literaria cuenta con una excelente trayectoria literaria formada por más de una veintena de libros de poesía, ha sido incluida en numerosas antologías y es autora de una decena de libros de ensayo y crítica, dedicados a Cervantes, a Antonio Machado, a Juana de Ibarbourou, entre otros estudios, siendo importante su labor como traductora de Simone de Beauvoir, Benjamin Péret, Gaston Bachelard y Luigi Pirandello. También ha recibido el Premio Internacional Octavio Paz de Poesía y Ensayo (ex aequo, 2009), el Premio Internacional Alfonso Reyes (2014) y el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2015).

Forma parte de la Generación del 45, la llamada Generación Crítica que, hacia mitad de siglo, había irrumpido en el panorama literario como primer grupo cultural en Uruguay con conciencia de serlo y con voluntad de aplicar un rigor crítico, tanto en sus trabajos como en su difusión al exterior. Estivo encabezada por el ensayista, editor y periodista Ángel Rama, Emir Rodríguez Monegal, Idea Vilariño, Amanda Berenguer, Juan Carlos Onetti, Mario Benedetti, Saranday Cabrera, Carlos Maggi e Ida Vitale entre otros. Pertenecen al grupo de la revista emblemática Marcha con la que, además de colaborar en otras, emprendieron una intensa labor editorial. Los comienzos literarios de Ida Vitale se encuadran con esta generación. Fue alumna de José Bergamín en Montevideo y conoció a Juan Ramón Jiménez, que la incluyó en una presentación de poetas jóvenes. Compaginó la enseñanza con los trabajos de traducción y la colaboración en revistas culturales, dirigiendo páginas literarias en diarios, y no ha dejado nunca de escribir.

La selección de esta antología viene a cargo de la poeta Minerva Margarita Villarreal, con un prólogo que titula, "Ida Vitale: entre el exilio y la conciliación". Nos dice : "Valorar la vida trae consigo no solo disponerse a una entrega a pesar del destierro, sino ir lentamente escarbando el vacío, los actos despojados, la vida entera puesta de pronto entre paréntesis, (…). Ejercitan su silencio en la contemplación y sumergidos en la oscuridad aterradora de la lejanía acceden a una regadera de luz". Así refleja el exilio en 1973 de Ida Vitale a México y, posteriormente, a Estados Unidos, donde vive actualmente, en la ciudad de Austin (Texas). También es excelente la selección de poemas que ha reunido recorriendo todos los libros de la autora y que recoge bajo epígrafes con singulares y significativos títulos ya que, como nos dice, que: "A lo largo de sus libros de poemas, Ida Vitale recobra la luz de los objetos amados y logra subjetivarlos. Sus poemas activan una velocidad cristalina, tocada por la transparencia. Una suerte de ráfaga o corriente de vientos dispone la travesía del mundo por su palabra. Y en ese mundo vibra en esa mano capaz de atraer un animal. Allí el corazón del universo late su mayor esplendor. Son árboles y flores y tierras. Son aires y aves. Son paisajes pasajeros que han decidido posarse en la página, como el pájaro, como el amor. Allí establece su casa la fugacidad".

Sobrevida ha sido estructurada en siete partes, reunidas en torno a temas y asuntos vinculados a lo largo de su extensa trayectoria poética, un viaje vital y literario en donde “solo el verbo la guiará”. La primera parte, "Fiesta propia", formada por 16 poemas, juega con el título de un poema del mismo nombre, en el que escribe: “Sí, cantar es alegrarse, / como el aire se alegra en la mañana/ por cada cosa que a la vida vuelve, (…)/ a la medida del olvido ajeno/ a la medida de la propia fiesta”. "Alguien cuidó un jardín" nos abre 13 poemas donde habita una naturaleza plena: son árboles, flores, aves. “Alguien cuidó un jardín, / creó un paisaje, / partitura de música / para ver con los ojos”, es el jardín la vida que hay que cuidar con música de fondo. La tercera, "Brasas", recoge 22 poemas que buscan luz: “Dame, noche, verdad / para mí sola, / tiempo para mí sola, / sobrevida”, ”Como una sombra de uno mismo / o como incendiado fósforo violento / No otra muerte. / No mayor vida”. "Aire enemigo", 11 poemas con nostalgia y fuerza: “Se murió el pan en los armarios, / murió la leche entre las jarras/ que olvidé al sol”. En la quinta, "Manzano con cipreses", 20 poemas sobre las pequeñas cosas son, a modo de odas elementales para sobrevivir, donde se acepta la vida y la muerte sin dramatismos y se constata una y otra vez el paso del tiempo, como en sus poemas "Cuadro", "Nieve", "Estornino", entre tantos. En "Casa en el viento", los 17 poemas contienen la nostalgia de la esperanza: "Canta esta casa./ ¿Baila en la noche a solas?/ Casi escondida dice/ una historia todavía humana (…)". En "Exilios", otro de sus poemas, y en "Nombre en el viento" —“Busca ese nombre y se le esconde/ en el orden del diccionario./ Olió la hoja y su recuerdo,/ saltó la palabra a sus labios/ y las letras danzaron,/ unidas por un instante/ antes de volver a ser libres”— está el recuerdo de su abuelo, de su abuela, de la Historia, a los que dedica un poema respectivamente. En "Aquí te quedas", cuatro poemas finales nos sacan del abismo y nos cicatrizan heridas: “Pido silencio/ y es pedir la fruta/ en la flor del verano”.

El magistral epílogo a cargo de Jessica Nieto, titulado "La insistida palabra", es un breve ensayo, un estudio minucioso y riguroso en el que adjunta una bibliografía consultada sobre la obra de Ida Vitale. En él, como ya confirma la crítica y la propia lectura de los poemas, la escritura de Vitale se nos define como una poesía concisa, de orfebre, en donde el sentido, la forma y el ritmo van acompasados. Poesía esencial que gira en torno a la palabra, a que esta sea siempre un hallazgo. Una escritura que apunta a expresar lo no aparente, en esa búsqueda que nos describía María Zambrano: “La palabra que define y la palabra que penetra, lentamente en la noche inexpresable. (…) La palabra que quiere fijar lo inexpresable, porque no se resigna a que cada ser sea solamente lo que aparece”.

Su poesía indaga en el lenguaje, es sensorial, conceptual, simbolista, vanguardista, renovadora, exigente, insistente, precisa. Consigue esa unión de ideas y sensaciones con un manejo inigualable de la métrica, de la retórica, la acentuación, la entonación, ese gusto por los recursos de la aliteración, reiteración, antítesis, enumeraciones que llenan de música sus versos, en donde cada palabra quiere decir más de lo que dice. La importancia del tiempo, de los instantes. El poema se construye desde un tú que implica al lector o desde la tercera persona, como propuesta objetiva, quizá no podremos rastrear casi nada de su biografía sentimental leyendo sus poemas, aunque sí mucho de su mundo ideológico y de los fragmentos de realidad que le interesan. Es la tradición del lirismo como renovación, pero unida a elegancia de la retórica, y ahí se nos muestra heredera de los poetas del Siglo de Oro y de la Generación del 27.

Ida Vitale invita a las palabras, conversa cordialmente y las agasaja, les da claridad. Proclama la palabra como realidad y como lucha para combatir los silencios del mundo. Dirá “Ya nunca más, diríase, / el silencio”. Por eso su poesía late.

*Carmen Canet es escritora y crítica literaria. Su último libro, Carmen CanetMalabarismos (Valparaíso, 2016).

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