Guille Galván y su primer disco sin Vetusta Morla: "Una defensa de la canción como refugio y medicina"

Guille Galván, compositor y guitarrista de Vetusta Morla, publica su primer disco en solitario: 'Nadie con ese nombre vive aquí'.

El compositor y guitarrista de Vetusta Morla, Guille Galván (Madrid, 1980), deja de lado temporalmente el rock de estadio de la banda para mostrar su cara más intimista en su primer disco en solitario, Nadie con ese nombre vive aquí (Esmerarte, 2026), disponible este viernes 8 de mayo. Un trabajo artesanal, delicado, predominantemente acústico, grabado en su propia casa y que remarca la importancia de la canción como refugio y celebración de quienes están cerca. De este regreso a la esencia para volver a empezar su propio camino y de muchos otros asuntos nos habla el músico mientras su grupo de toda la vida se toma un descanso que terminará en otoño.

¿Qué es Nadie con ese nombre vive aquí?

El primer disco que lanzo con mi nombre y con canciones propias. Porque había lanzado bandas sonoras, pero esta es la primera vez que me pongo al frente de un proyecto defendiéndolo con mi propia voz, interpretándolo yo.

¿Por qué dar este paso?

Es una buena pregunta (risas). Supongo que llevo 20 años haciendo canciones, he tenido la suerte de tocarlas por todo el mundo con mi grupo, y quizá tenía la necesidad de construir un espacio un poco más controlable, más pequeño, donde no existiera nada más que la canción pura en su sentido más austero y alguien que la defendiera. Era un reto que tenía desde hace tiempo y se han ido dando condiciones y circunstancias que me han empujado a hacerlo, así como también canciones que me han permitido una determinada manera de componer, pensar por primera vez en mi propia voz y no tanto en la de otros.

¿Es una reivindicación de la canción en sí misma?

Había una idea de ir a la esencia máxima y a lo mínimo para encontrar una manera de cantar y una voz que me permitiera ser comunicativo y creérmela yo mismo. Y, antes de pensar en producciones, en estudios y demás, tenía la necesidad, o la sensación o la intuición, de que eso iba a pasar si lo convertía casi en un vis a vis con quien lo escuchara, contando algo de manera muy directa. 

El resultado es muy delicado y artesanal.

Lo quería hacer en casa por eso también. Siempre me han gustado mucho los discos especiales dentro de las carreras de la gente, esos que son casi como una perlita, donde casi te tienes que imaginar la producción, porque lo que te está contando es lo que es y ya está. También quería grabarlo de una manera compatible con mi día a día, con mi familia, con no tener que cortar muchas veces, porque cuando tienes que ir al estudio desapareces un tiempo, pero para mí este ha sido un proceso muy natural ligado a mi día a día durante este tiempo un poco de desaparición de Vetusta. De hecho, casi nadie sabía que estaba haciendo un disco hasta que lo terminé. Ese anonimato me ha permitido tener bastante libertad a la hora de trabajarlo. 

A veces parece que ser tierno o cariñoso es algo casi peyorativo, pero me gustaría pensar que reconocer el amor de los demás y ponerlo en valor desde la ternura es la base de todo

Salvando las distancias, me viene a la cabeza Nebraska, cuando Bruce Springsteen dejó de lado temporalmente a su E Street Band y se desmarcó con un álbum acústico y minimalista.

Para mí, Nebraska siempre ha sido una referencia, desde adolescente. Es un disco que me marcó mucho, tanto por la manera que está hecho, por el sonido, como por las letras. Fue uno de los primeros discos que me hizo fijarme en los textos, cuando con 13 o 14 años me hice con aquel vinilo que además venía traducido al castellano por Jesús Ordovás, y me empapé de aquellas canciones mucho antes de saber que me iba a dedicar a esto. Me gustaba el reto de que este disco partiera de tomas, porque está hecho con tomas únicas de voz y guitarra, y a partir de ahí había canciones que se quedaban así y otras que he ido compartiendo con otra gente para que se completaran y se fueran ramificando para conseguir mayor riqueza. En un momento con tanta sobreproducción y posibilidades, me gustaba la idea de poner reglas y límites, porque tenía la sensación de que eso iba a darle entidad al disco.

¿Qué directrices tenían los colaboradores del álbum?

Cuando se lo pasé al resto de músicos y productores que han participado, les decía: "Este es un disco de alguien en una habitación con una guitarra y una voz contándole una historia al que tiene delante. No quiero que llenéis la habitación de músicos. Lo que os sugiero que hagáis es que seáis los que decoréis esa habitación, los que elijáis si hay una alfombra, si la pared está de este color o de otro". Me gusta trabajarlo desde ese lugar casi arquitectónico. Quiero que quien escuche las canciones se imagine dentro de esa habitación.

Este disco tiene mucha madera, pero también hay pinceladas de electrónica en los arreglos.

Grabé todas las canciones de guitarra y voz y en algún momento me planteé sacarlo así. Pero también quería que fuera un disco de 2026, sin redecorarlo más de lo necesario, pero mandándoselo a distintas personas para que añadieran cosas. Así, hablé con Campi Campón, que hizo tres canciones, con Pablo Martín Jones, que hizo una, y David Soler y Marcel Bagués que hicieron dos. El resto las hice yo todas en casa con Héctor G. Fazzo, que es el ingeniero con el que he grabado todo, y al final hemos acabado coproduciendo el disco. Gracias al trabajo de todos ellos, en algunas sí que hay tintes que tienen más que ver con el tratamiento de texturas, de software electrónico. Todo lo que había de literal en la manera de cantar y la manera de tocar, quería probar a mezclarlo con lo abstracto de esos arreglos para ver qué tal encajaban. 

¿Cómo ha sido dejar la guitarra eléctrica de lado y darle un disco como este a Carlos Raya para las mezclas? Con lo eminentemente rockero que es él.

Con Carlos he trabajado mucho mezclando cosas, y me parece uno de los mejores mezcladores que hay en España, con una sensibilidad muy grande a la hora de entender las canciones como tales. Necesitaba a alguien que entendiera la canción y que supiera defenderla por encima del arreglo. Además, buena parte de las guitarras que he utilizado en el disco son suyas, porque tiene una colección muy grande y mucha habilidad tocando la acústica.

Es casi un disco contracultural, que reclama una escucha pausada entre tanto ruido en estos tiempos en los que precisamente escuchar es quizás lo que menos hacemos. 

Supongo que hay tiempo en la vida para hacer de todo, y que todos los tipos de producción y de planteamientos bien hechos tienen sus cosas reseñables, pero yo necesitaba desprenderme de casi todo y ver de lo que era capaz con una guitarra y con una voz, que es como empezó todo y como recuerdo la música cuando me la cantaba mi padre o mi madre de niño. Tenía una necesidad de partir de ahí, de un lugar muy de principio, para arrancar un proyecto como este. 

Este disco es, además, una mirada cercana a toda la gente que te rodea. ¿Está la inspiración siempre más cerca de lo que parece, en lo cotidiano?

Cuando pasas tantos años girando y viajando, teniendo la suerte de poder vivir de esto con cierto reconocimiento, muchas veces los aplausos te los llevas tú, pero para que tú estés ahí hay mucha gente que pone soporte y estructura: mi pareja, mis hijos, mi familia. Detrás de cada carrera siempre hay alguien que está al lado y que no se lleva los aplausos, y sí que tenía la sensación de que era el momento de devolver parte de lo que me había dado mi gente. Por eso también lo quería hacer en casa y, además, me pilló en un momento bisagra en mi vida en el que perdí a mi padre y tuve que pasar un duelo, plantearme un montón de cosas. Todo eso está ahí, pululando como un fantasmilla que te hace revisitar muchas cosas. 

En estos tiempos tan terroríficos, donde todo son malas noticias y casi invitaciones a la extinción, tenemos la necesidad de encontrar lugares de seguridad. Cada cual tiene los suyos, para mí ha sido hacer estas canciones

No es de extrañar, además, como autor de varios poemarios, que la poesía aparezca aquí como otro elemento esencial de la intimidad de estas canciones. 

Sí. En estos tiempos tan terroríficos, donde ves lo que sucede fuera y todo son malas noticias y casi invitaciones a la extinción, necesitamos encontrar lugares de seguridad. Cada cual tiene los suyos, en este caso, para mí, ha sido hacer estas canciones, cantarlas, el tiempo que he dedicado al tránsito del disco. Haberlo atravesado y haber hecho todo esto, para mí, forma parte de esa manera de luchar contra el abismo que parece que tenemos delante, tanto a nivel mundial como, muchas veces, en lo personal. A mí la música ajena de la gente que me gusta me da eso, y ojalá estas canciones, igual que me ha servido hacerlas, le puedan servir a alguien para sentir algo parecido. 

Ahí está, de hecho, Canción muralla, que pone en valor la capacidad de la canción exacta para defendernos de una manera a la que muchas veces personalmente no llegamos. Canciones que dicen las cosas que necesitamos.

Hay una defensa de la canción como refugio, como herramienta y como medicina también. Al final, los médicos curan, los profes enseñan, los camareros ponen copas y ¿qué hacemos los músicos? No hacemos nada útil o práctico, más que hacer canciones que se queden ahí y en algún momento alguien las recuerde y le mejoren el día.

Ese es el poder de la creación en el ámbito que sea, y cada cual puede encontrar la obra que necesite para detener el mundo por un instante y sentirse a salvo.

La creación es una de las herramientas, como la educación, que no deja de tener un origen similar, que tenemos los seres humanos de proyectarnos en un lugar mejor. Porque, para que exista un lugar mejor, primero hay que pensarlo y crearlo, es importante que no nos neguemos ese derecho.

Los médicos curan, los profes enseñan, ¿y qué hacemos los músicos? No hacemos nada útil o práctico, más que canciones que se queden ahí y en algún momento alguien las recuerde y le mejoren el día

Hemos hablado de delicadeza, pero este disco tiene también mucha ternura, algo que a lo mejor no está muy de moda en este mundo, como decíamos, tan horroroso.

Es así de una manera deliberada. A veces parece que ser tierno o cariñoso es algo casi peyorativo, pero me gustaría pensar que reconocer el amor de los demás y ponerlo en valor desde la ternura es la base de todo. Esa me ha parecido la puerta de comunicación con mi manera de cantar y con lo que quería contar.

Hablábamos de la poesía, pero hay también canciones muy cinematográficas ya desde el título. Túnel de la M-30, por ejemplo.

Me parecía muy bonita la imagen de un gorrión intentando escapar del túnel de la M-30, que probablemente para los que vivimos en Madrid es el lugar más oscuro y largo que existe en la ciudad. Es una canción que escribí un día que mi hijo empezó a mostrar miedo por hacerse mayor, por olvidarse de las cosas que recordaba de niño. Volviendo a lo práctico de las canciones, me pareció que era bonito dejar escrito en una canción todo lo que le estaba contando y hablarle de cómo percibo yo el hecho de crecer, y que, aunque te olvides de cosas, todo eso lo llevas dentro y todo el mundo que te ha querido, aunque ya no esté, o no lo recuerdes, de alguna forma como los troncos de los árboles, ya forma parte de ti y lo llevas ahí, como dice la canción al final: "Todos los que fuimos te llevan". Y es la primera vez que escribo a mis hijos una canción de una manera tan explícita, algo que tiene que ver con lo que decía de la ternura. Porque el rock no solo tiene que hablar de grandes excesos, tiene que hablar de la verdad, y si esto es lo que necesitas hacer, adelante. 

¿Qué te parece tu manera de cantar? ¿Cómo es pasar de estar en un lado del escenario parapetado detrás de una guitarra a estar en el centro?

Pues es un cambio grande (risas). Desde crío he tenido problemas con escuchar mi propia voz, siempre me ha dado mucho pudor. Escuchaba mi voz cuando grabábamos casetes en casa y me daba mucha vergüenza, porque además de niño tenía vegetaciones y una voz fea. Esa ha sido una cosa que siempre he tenido que ir arrastrando, y al principio, cuando empecé a cantar, sabía que ese era el caballo de batalla. No tanto tener una voz técnicamente impoluta, porque me gustan las voces que comunican, no tanto las perfectas, y estaba buscando la manera en la que tanto por mi manera de cantar, como por la forma de colocar mi voz en la mezcla funcionara en ese sentido. He tardado en no escucharme y escuchar la canción entera, pero es verdad que llegó un momento en el que ya pude hacerlo y olvidarme de que estaba yo. Pero bueno, el cambio sobre todo es pasar de ser compositor a ser intérprete, porque cuando eres compositor y el intérprete es otra persona, digamos que terminas de escribir el guion y alguien lo hace carne. Y cuando te toca a ti, hay un ejercicio de decir: "La canción ya está hecha, el compositor ya ha muerto, ahora me toca darle vida". A nadie le importa que la canción sea mejor o peor  si no la defiendes como hay que defenderla.

¿Habrá gira en solitario?

Tengo idea de tocar, lo que pasa es que tengo que ver cómo hacerlo bien y encajar las fechas con todos los compromisos alrededor. Ahora no se anunciarán las fechas, pero tengo idea de hacerlo más adelante.

¿Qué sería un éxito para ti con este disco? Con Vetusta Morla ya vas a llenar el Movistar Arena de Madrid tres veces en noviembre, así que seguro que es otra cosa diferente a esa.

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Haber hecho el disco, haberlo terminado, verme reflejado en él y estar orgulloso ya es un éxito. De verdad tengo una paz muy grande con lo que he hecho porque me ha costado mucho, muchos años. Aunque suene a tópico, para mí el éxito está en el día que llegó el mastering. Ahora tengo que contarlo, que va por otro lado. Ojalá le parezca también importante a la gente, igual que me ha parecido a mí, pero el éxito ya lo tengo. 

Ojalá la gente se aprenda las canciones y luego se le olvide de quién son. 

Eso es a lo que aspiramos todos los que hacemos música popular, que lo que haces forme parte de la gente hasta el punto de que digas: “No sé de quién es, me lo cantaba mi madre", o "lo cantábamos con los amigos en el parque".

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