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El 'ole 'indie' de Soleá Morente

La música Soleá Morente.

Cuando Soleá Morente (Madrid, 1985), hija mediana de Enrique Morente, debutó en solitario en 2015, aquel Tendrá que haber un camino no resultó ser lo que muchos esperaban. Sus hermanos, Estrella y Kiki, son cantaores. Así, sin duda, y desde el cante clásico. La música de Soleá, desde su trabajo con Los Evangelistas (unión de parte de Los Planetas y Lagartija Nick), iba por otros derroteros. Por muchos, de hecho: se atrevía a mezclar unas sevillanas con duras guitarras eléctricas, versiones de Leonard Cohen tocadas por la mano del padre y un electropop con guitarra flamenca. Ole lorelei(Sony), el segundo disco de la cantante, parecía destinado a elegir un sendero de los muchos que proponía hace tres años. No ha sido así.

"Este disco es bastante diferente, estéticamente", admite Soleá Morente en las oficinas de la discográfica, en Madrid. Su incursión en el pop de los sesenta y setenta que presenta este nuevo trabajo no viene siquiera de un elaborado planteamiento teórico, sino de una amistad. En Tendrá que haber un camino, la música se rodeó de Los Planetas, de Antonio Arias (Lagartija Nick), de Pájaro Jack, de La Bienquerida o de su hermana Estrella, pero hubo alguien que se le escapó: Alonso Díaz, o Alonso a secas, de Napoleón Solo, otra de las bandas del underground granadino en el que Soleá se ha hecho ya un hueco. Este llegó con el single "Ya no solo te veo a ti", un tema de aires funk que la discográfica compara con los temas más conocidos de Jeanette. "Me sentí muy atraída por el sonido", dice, simplemente, "me dejo llevar por mis intuiciones y acabo en sitios que no esperaba".

El atrevimiento le lleva al disco revisitado de "Baila conmigo" —Soleá menciona a Las Grecas sin un punto de ironía— o a los aires rythm&blues de "Por qué será". A mezclar sintetizadores y flamenco. Como en "La misa que voy yo", a la que identifica bajo el palo de "soleá con Auto-tuneAuto-tune", ese procesador de audio que ha pasado de ser utilizado para enmascarar errores a convertirse en la marca estilística de una generación musical. Es uno de los tres "microcantes", bautizados así por su brevedad, que figuran en el disco, junto con "Grandes locuras" (alegrías) y "Por tu querer como un niño" (fandango). Las tres preceden a canciones pop de la misma temática. Porque ella, si descarta la etiqueta de cantaora, sí se considera flamenca. Tan flamenca como indie.

No tiene miedo, dice, a lo que puedan objetar los guardianes de la tradición. "La tradición es muy importante. Ir a la raíz, al origen. En mi casa lo he visto: el cante es sagrado. Pero eso no quiere decir que no se pueda actualizar o llevarlo a otros públicos. Hay que ir al compás de los tiempos", lanza. A su padre ya le costó algún disgusto: Omega es hoy referente, pero en su día no fue bien recibido en todos los sectores. "Mi padre era un hombre que no tenía miedo ni prejuicios a olfatear otros tipos de música", apunta, "todo lo contrario: era partidario de la investigación, de la innovación, de emprender caminos hacia lugares en los que antes no había estado". En ese "no quedarse quieto", en ese "hablar con otra gente", Soleá descubrió, junto a Los Evangelistas, a grupos como Cocteau Twins o Stereolab, amigos del pop rock y de los sintetizadores y parte ya de su imaginario creativo. 

De los Cocteau Twins es la canción "Lorelei" que da título al disco. "Yo lo veo también como un 'ole'. Como el 'ole' del indieindie", dice Morente. Resultó que Lorelei también era un personaje de la mitología germánica, una sirena burlada que, como venganza, se dedica a seducir a incautos que morían ahogados en las aguas del Rin. La historia venía de perlas: "Este disco es un canto a la decepción, al desengaño, también como metáfora, porque a través de lo amoroso se le canta a otras cosas. Es un canto a la Lorelei gitana". Ahí entra Lorena Álvarez, artista asturiana interesada en la música popular (jotas, romances), además de feminista. Feminista es Soleá Morente y feminista, reivindica, es también su disco. "Una tórtola canta/ en un almendro/ y en su cante decía/ no tengo dueño", se arranca en unas alegrías que convierte en una reivindicación de independencia y un rechazo del amor tóxico. 

Parte de su eclecticismo, explica, tiene que ver con la escena granadina. Ahora la promoción del disco le obliga a poner un pie en Madrid, su ciudad natal y la de su madre, la bailaora Aurora Carbonell, pero su hábitat natural es Granada. Una Granada que dibuja como un espacio de música y de colaboración: "Yo salgo a tomarme una cerveza y me encuentro con Napoleón Solo, con Pájaro, con Jota, con Antonio Arias… Nos contamos qué estamos haciendo, si tenemos una letra, decimos 'oye, pues échame una mano'...". Así, dice, acaba liada en más proyectos de los que puede llevar hacia adelante, pero así encuentra también un sustrato creativo siempre fértil. "Entiendo la vida en equipo. Creo que juntos podemos conseguir más cosas que aislados o solos, y más en los tiempos que corren", dice Soleá, y no habla solo de música. "Estamos en un momento en que es difícil que te escuchen. Y si te juntas y haces ruido, quizás te escuchen más".

Ese relato de colaboraciones surgidas a la orilla de una tapa granadina recuerdan a los ya míticos orígenes de Omega, uno de los grandes legados de Morente padre. La estrategia de los Lagartija Nick para camelar al maestro fue buscarle por los bares. Podría no haber funcionado. Pero una noche el cantaor se plantó al otro lado de la barra y acabaron, más tarde, ensayando entre cables los que serían los primeros compases de uno de los hitos de la historia musical española. "Había y hay mucho movimiento", dice Soleá. "En el Bora Bora, en el Ruido Rosa… Era fácil encontrarse a Enrique Morente tomándose una copa. Y ahora, con los traperostraperos, que es otra escena que ha nacido y que considero que es sublime...". ¿El trap? ¿Llevará un paso más allá el Auto-tune y acabará grabando con su admirado Yung Beef, uno de los referentes del género? "Me encantaría". Y reitera: "No tengo prejuicios". 

¿Significa eso que hay que esperar a Soleá Morente más cerca de la música urbana, más lejos terrenos que labró su padre? No necesariamente. Con él preparaba, antes de su muerte, que iba a ser su debut. Entre los temas en los que trabajaban, una versión de "Palabras para Julia", el poema de José Agustín Goytisolo que musicalizó Paco Ibáñez, que ya canta en los directos. El trabajo con los versos del catalán le ha servido de cimientos para su propio tanteo, con poemas de José Ángel Valente, Josefina de la Torre o Cernuda, en compañía del grupo granadino Pájaro Jack. Es fruto, dice, de sus estudios de Filología pero también del respeto a la palabra que aprendió en casa. "Tengo ahí una ilusión con la obra de Paco, en la que estoy muy, muy metida. Probablemente por ahí vaya mi próximo trabajo", apunta. Y en seguida se encoge de hombros: "Aunque nunca se sabe". 

 

Luis García Montero y Soleá Morente se encuentran en Paco Ibáñez

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