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El regreso de Angela Davis

La activista Angela Davis, en 2006.

Angela Davis (Birmingham, Alabama, 1944) es una de las referencias en el activismo afroamericano, feminista y comunista. La imagen de su pelo afro es un icono (casi pop) de la insurrección ante el sistema. Su discurso, que unifica género, raza y clase, ha sido una referencia para las siguientes generaciones de pensadores y activistas. Sin embargo, hasta este año el lector español interesado en acercarse a sus obras escritas solo podía hacerse con Mujeres, raza y clase (Akal, 2004) y, con suerte, con su Autobiografía publicada por Grijalbo en 1975. En los últimos meses, tres sellos se han dedicado a recuperar su obra, inédita en algunos casos y olvidada en otros. 

No se han puesto de acuerdo. Democracia de la abolición (Trotta), Autobiografía (Erata Naturae) y Una historia de la conciencia (Ediciones del Oriente y del Mediterráneo) llegan a las librerías con meses de diferencia. El primero aúna dos textos escritos en 2003 y 2005 que recogen la última etapa reivindicativa de la autora, centrada en la crítica contra el sistema penitenciario, y especialmente la pena de muerte. El segundo reedita el relato en primera persona publicado en 1974, después de ser enviada al corredor de la muerte acusada de asesinato y secuestro, y posteriormente absuelta y puesta en libertad. El último reúne varios de los ensayos de la pantera negra. 

La fecha de lanzamiento de los títulos orbita, además, en torno a la visita de Davis a España en febrero. La activista, que ha popularizado el concepto de "complejo industrial penitenciario", trató de visitar a Arnaldo Otegi en la cárcel de Logroño antes de su liberación, petición que fue denegada por la prisión. Después de reclamar la "libertad de todos los presos políticos", Davis impartió una charla en el Museo Guggenheim de Bilbao bajo el título de "¿Por qué sigo siendo comunista?". Otegi, con quien mantiene una relación epistolar desde su primer encarcelamiento, prologa la Autobiografía editada por Capitán Swing. 

Pese a su carácter icónico —basta con introducir las palabras "angela davis camiseta" en Google para comprobarlo—, Davis no ha sido dulcificada. Sus aristas siguen tan afiladas como siempre. ¿Cómo es posible que una mujer que fue incluida en la lista de más buscados del FBI en los sesenta, que fue acusada de asesinato y que se acerca sin pudor a figuras tan polémicas como la de Otegi puede seguir siendo admirada en la sociedad capitalista? "Los temas que trata son de total actualidad: el feminismo, el racismo en las cárceles...", explica Ana Soteras, de Trotta.

Extracto del documental The Black Power Mixtape 1967-1975.

Es cierto que algunas de las ideas defendidas por Davis han trascendido el discurso radical en el que nació para insertarse en un imaginario más amplio. Por ejemplo, su desarrollo del feminismo interseccional —aquel que cruza la discriminación que se sufre por ser mujer con aquella sufrida por ser negra, lesbiana, trans, pobre...— le valió el recelo de sus compañeras de movimiento, pero es hoy defendido por un sector importante de la lucha de la mujer. Lo mismo ocurre con su crítica del sistema penitenciario, que denuncia como un tentáculo del racismo institucionalizado desde la esclavitud. Hoy, ese debate está presente en medios mayoritarios estadounidenses. 

Otras partes de su pensamiento continúan, sin embargo, en los márgenes, por mucho que sea profesora emérita de la Universidad de California, honoris causa por la Universidad de Nanterre. Ex integrante del Partido Pantera Negra, movimiento nacionalista negro antirracista que abogaba por combatir con fuerza la violencia del sistema, Davis no descarta la revolución como movimiento político, y no cree que sea posible corregir las fallas del edificio institucional, levantado sobre la opresión: hay que echarlo abajo. 

"No es una autora a la que se le haya prestado tanta atención", admite Daniel Moreno, de Capitán Swing, especializada en ensayo sobre política y movimientos sociales, "Tiene mucha producción propia, pero es muy militante". Y eso, claro, supone un problema para editoriales generalistas. "Nosotros tenemos una línea bastante desarrollada de pensamiento afroamericano", explica, con títulos como Pimp, de Iceberg Slim; Autobiografía. Contada por Alex Haley, de Malcolm X; Una autobiografía, de Assata Shakur... "Teníamos una deuda personal con ella", admite el editor. 

Conseguir los derechos de impresión de la Autobiografía —un libro del que Davis se siente particularmente lejana, ya que lo escribió con solo 28 años— no fue sencillo. No estaba claro quién tenía los derechos, y acabaron topando con International Publishers. "Tardamos varios meses, nos sorpendió que no lo manejara ninguna agencia conocida", dice Moreno. En el caso de Trotta, se hicieron con el permiso a través del profesor de Filosofía Eduardo Mendieta, cercano a la autora. 

Las iniciativas editoriales parecen encontrarse con una recuperación que comenzó en la calle, y que trasciende con mucho las generaciones que crecieron con el rumor de aquella peligrosa revolucionaria llamada Angela Davis. El pasado fin de semana, la asociación de afrodescendientes Kwanzaa, integrada por jóvenes activistas, encabezaba la manifestación antifascista. Varios de ellos llevaban camisetas con un rostro estampado en ellas. El de Angela Davis. 

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