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El sabor agridulce de ganar un Goya

La protagonista de 'La herida', Marián Álvarez, con su Goya a la mejor actriz.

En la pasada edición de los Goya, la actriz Candela Peña aprovechó su discurso de agradecimiento para pedir trabajo. Recogía su tercer Goya, esta vez, como actriz de reparto en Una pistola en cada mano. Llevaba tres años sin rodar nada y sabía, después de haber ganado ya dos premios y estar nominada en tres ocasiones, que el efecto Goya puede dar una segunda vida a una película o reactivar la carrera de un actor relegado al olvido. efecto Goya Un año después, ha pasado por cinco proyectos, pero como ha señalado en una entrevista, su efecto Goya ha sido bastante precario desde el punto de vista económico, menos en El tiempo de los monstruos, ha cobrado “un tercio de lo que pagaban antes o nada”.

“Existe una leyenda negra que dice que si ganas un Goya tu caché sube y vas a ser más caro”, explica Fernando Franco (Sevilla, 1976) que el año pasado se llevó una estatuilla en la categoría de mejor director novel por La herida. A pesar de que ya tenía cierta reputación como director de cortos y montador de películas (Alacrán enamorado, Blancanieves o Bon appetit, entre otras) dice que el Goya le ha dado sobre todo “visibilidad” y “reconocimiento” a su trabajo. “Pero esto es algo extensible a todos los premios, no sólo al Goya, todos te colocan un poco más en el radar”, opina. Y es que antes de recalar en los premios de la Academia, La herida ya había recibido el premio especial del jurado en el festival de San Sebastián y la Concha de Plata por la interpretación de Marian Álvarez.

Lo mismo le pasó a Stockholm, la gran sorpresa indie de la pasada edición. Su director, Rodrigo Sorogoyen (Madrid, 1981) está a punto de rematar el guión de su tercer largometraje que probablemente empezará a rodar en verano. “Lo de esta nueva película vino por el festival de Málaga, donde un productor la vio y contactó conmigo”, cuenta. Una gran noticia para el realizador ya que el ajustado presupuesto de Stockholm, 215.000 euros, se había financiado en parte a través de crowdfunding. Tras anunciarse la lista de nominaciones de los Goya, las visualizaciones en Filmin empezaron a subir como la espuma, pero fue después de que Javier Pereira recogiese el 'cabezón' cuando la película se reestrenó, discretamente, en dos salas de Madrid. “Con que hubiese un ligero incremento ya lo habríamos notado”, bromea Sorogoyen.

Aumentar la recaudación con el impulso del Goya

La herida también tuvo una segunda vida tras el efecto Goya. La recaudación en taquilla pasó de los 116.000 euros antes de la gala a algo más de 140.000. Una segunda vida, en todo caso, “limitada” y que, según Fernando Franco, no hizo mutar la esencia de la cinta. “No es una película masiva, está más en el circuito de cine de autor. No es como Vivir es fácil con los ojos cerrados, que tuvo un proceso de exhibición bastante raro y después de los Goya todo el mundo quería tenerla”, apunta, haciendo referencia a la negativa de Cinesa de estrenar el filme de David Trueba por un desacuerdo económico con la distribuidora.

Durante este tiempo, Franco ha seguido trabajando como montador y con su productora Ferdyduke ha formado parte del equipo de la película uruguaya El apóstata. También está escribiendo el que será su próximo largometraje y confía en que el “aval” que supone haber recibido un Goya les ayude a financiarlo. Y no, su efecto Goya no se tradujo en decenas de productores para trabajar en su proyecto ni tampoco le ha llamado nadie para ver en qué estaba trabajando.

Roberto Álamo en un fotograma de 'La gran familia española'.

La tarde anterior a recibir el Goya al mejor actor de reparto por La gran familia española, a Roberto Álamo (Madrid, 1970) le llegó un correo donde le anunciaban que la serie en la que estaba trabajando, Bienvenidos al Lolita, se caía de la programación de Antena 3. “Me quedé en paro y estuve 10 meses sin currar”, cuenta. Desde entonces, sólo ha hecho una película, Incidencias, el último proyecto de José Corbacho y Juan Cruz, y hasta hace poco estuvo en los Teatros del Canal de Madrid con la obra Lluvia constante. Dice haber tenido “exactamente” la misma experiencia que Candela Peña en temas de retribución, con la diferencia de que tras La gran familia española ha cobrado “cuatro o cinco veces menos” de lo que ganaba antes.

También hay quien hace un balance totalmente positivo de su paso por el palmarés de los Goya. Natalia de Molina (Linares, Jaén, 1990) dice que su premio como actriz revelación le ha servido para conseguir “una visibilidad que antes no tenía”. En este año ha rodado cuatro películas, Techo y comida, Cómo sobrevivir a una despedida, Pozoamargo, Sólo química y la serie de televisión Bajo sospecha, todas pendientes de estreno. En cuanto a la parte económica, achaca los sueldos bajos a que el cine español “no se encuentra en su mejor momento”. Cuesta mucho levantar una película, la mayoría cuentan con un presupuesto menor al de hace años y todo el mundo sufre las consecuencias. Tampoco sé muy bien qué decir porque no llevo en esto lo suficiente como para poder comparar. Me ha tocado vivir esta situación, no he conocido otra”, explica.

El trampolín de los Goya parece dejar sensaciones agridulces, e incluso para algunos, como Roberto Álamo, un actor con una amplia trayectoria en el teatro, ni tan siquiera deja sensación alguna: “El Goya no me ha servido para nada”, dice sin acritud. De todas formas, es innegable que ofrece una promoción extra a proyectos que antes no lo habían tenido, además de ayudar a maquillar cifras de recaudación poco boyantes. Vivir es fácil… pasó de cosechar 600.000 euros a más de un millón tras conseguir seis estatuillas, y en 2011 Pa negre alcanzó también el millón de euros al pasar de exhibirse en 75 salas a 109. Todo este baile de cifras, que en su equivalente hollywoodiense y salvando las distancias, se denomina Oscarnomics, no quita nada, según opina Álamo, aunque no dé frutos.

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