Literatura

Texto, errores y ventas de libros

Escaparate de una librería.

El pasado 29 de junio, la Federación de Gremios de Editores de España (FGEE) presentó en rueda de prensa su Análisis del Mercado Editorial en España 2015 partiendo de los datos de los avances del informe Comercio Interior del Libro en España 2015, elaborado por la FGEE, y del de Comercio Exterior del Libro 2015, realizado por la Federación Española de Cámaras del Libro, ambos con el respaldo del Ministerio de Educación, Cultura y Deporte.

El titular de la nota de prensa emitida desde la propia FGEE, 'El sector editorial crece un 2,8 por ciento impulsado por el libro de texto y la novela', fue utilizado acríticamente por algunos medios ("La novela y el libro de texto impulsan el mercado editorial") que también se hicieron eco del resto de las conclusiones antes incluso de detenerse a analizar las cifras.

Esas explicaciones oficiales afirmaban en lo esencial:

– Que la facturación del libro en el mercado interior confirmaba la tendencia positiva registrada el año pasado.

– Que los buenos resultados venían impulsados en parte por la facturación del libro de texto y la novela contemporánea.

– Que el libro digital continúa creciendo y supone el 5,1% de la facturación del sector en el mercado interior.

– Que las exportaciones del sector crecieron un 1,9%, arrojando nuevamente un saldo positivo.

Sin embargo, algo chirriaba. "Las ventas del libro literario siguen cayendo en España. La facturación del sector creció un 2,8% en el 2015, pero gracias fundamentalmente al libro de texto", escribió Ernest Alós en El Periódico de Catalunya.

"Aunque en la rueda de prensa se ha atribuido al crecimiento de ventas de la novela en papel otra parte de la responsabilidad del repunte del año pasado (parece un mantra del sector editorial, que las cifras no sustentan, celebrar una recuperación del libro impreso y un declive del digital), el detalle de las cifras desmiente esta percepción. En los últimos años se ha producido un descenso sostenido de las cifras de ventas del libro literario", sostenía Alós.

Y poco a poco empezaron a aparecer más análisis críticos con otros aspectos del trabajo que todos los organismos e instituciones citados al principio habían presentado.

Aun reservándose el juicio definitivo hasta la publicación del informe definitivo, allá para Liber, Manuel Gil, en su blog Antinomias Libro, señalaba algunas incongruencias y curiosidades: errores en el sumatorio de epígrafes, la confirmación de que la literatura no sube, sino que baja, y de que el crecimiento final es consecuencia del aumento de ventas de los libros de texto por la aplicación de la LOMCE ("el cliente cautivo escolar ha pasado por caja"); la extraña subida del libro científico técnico, cuando desciende su producción (-4,6%), la producción de ejemplares (-9,4%) y la tirada media (-5%); o el aumento de facturación, aun limitado, del libro digital "a pesar de los mensajes apocalípticos que los talibanes del papel pregonan y de las barreras que se levantan al despegue de este mercado".

Precisamente en lo relativo al libro digital se detenía también Aranxa Mellado, consultora editorial y directora de actualidadeditorial.com, para confesar que no entiende los conceptos que el estudio utiliza. "Se trata de un problema de terminología en unos casos y de falta de acotación en otros", escribió, confusiones tales como el uso sistemático de "editado" por "publicado" (palabras que en el informe parecen sinónimas cuando no lo son), y en lo relativo a los canales de distribución y venta del libro digital. Es un asunto técnico en el que no entraré aquí; si les interesa, lean su artículo.

En definitiva, un análisis menos apresurado desvelaba algunos errores técnicos y ciertas incoherencias, además de confirmar un hecho central: el sector editorial sigue lejos de esa arcadia que alcanzó en 2008, con cifras de facturación casi un 31% inferiores a las de entonces. Y si bien es cierto que se ha invertido la tendencia, tras el año negro de 2013, el camino no parece despejado.

Parte del pesimismo se justifica por el hecho de que, como admite Daniel Fernández, presidente de la FGEE y de la empresa editora de infoLibre, "la mayor parte de la recuperación se debe al libro de texto", mientras que los libros que determinan el estado de salud de la lectura, los de literatura e infantil, han dado un año más muestras de extrema debilidad.

El cuento de la novela

Queda dicho, según las cifras oficiales la facturación de los distintos géneros novelísticos aumentó un 8,8% hasta los 399,43 millones de euros. Un subidón que en entrevista concedida a este periódico Antonio Mª Ávila, director ejecutivo de la FGEE, atribuye, entre otras cosas, a "la mejora del consumo que también se ha observado en otros productos y, además, se han ofertado buenos productos que incentivan la lectura".

Sin embargo, también lo hemos apuntado más arriba, Ernest Alós detectó que la serie de cifras ofrecidas por los editores en este apartado contiene una peculiaridad: en el estudio del año 2014, en el epígrafe de "otros literatura" se produjo un incremento súbito de 40 millones de euros en ventas (2013: 34,47 millones de euros; 2014: 73,67) que se restaron del apartado de novela (que pasó de 426,27 en 2013 a 366,96 en 2014); y en 2015 las cosas han vuelto a la normalidad ("novela": 399,43; "otros literatura": 34,93). Es decir, el incremento de ventas de la novela no es tal.

Daniel Fernández admite que lo descubierto por Alós "parece desmentir un poco que haya habido una recuperación de la novela", y eso le preocupa. En la conversación que mantuvimos con él nos dijo que ha pedido que se revise pero todavía no tiene respuesta, e insistió en que "no hay ni voluntad de cocina ni voluntad de ocultamiento".

En cuanto al descenso, tras años de crecimiento, del libro infantil escribía Manuel Gil: "Hay quien atribuye la caída a la inexistencia de sagas que tiren del mercado, en mi caso lo atribuyo a la saturación del propio mercado. A esta área de la edición han entrado casi todas las editoriales y han colapsado el segmento. A un panal de rica miel… Lo que era un buen negocio para unos pocos ahora es un mal negocio para todos".

En la rueda de prensa de presentación de los datos, Daniel Fernández señaló que precisamente ese descenso era el más preocupante, porque quizá indicaba que el libro estaba perdiendo, en familias y escuelas, "su papel central y de prestigio que había tenido siempre". Ahora, pasados los días, apunta además otra posibilidad: que como las familias han tenido que gastar más dinero en libros de texto, han gastado menos en el libro infantil.

Menos románticos, más eróticos 

Analizando los datos, encontramos también un descenso de facturación de la novela romántica (-19,8%: 25,53 millones frente a los 31,82 de 2014), un cambio de tendencia para el que Ávila aventura una explicación: "En estos subgéneros cualquier aparición de un título que haya tenido un gran éxito puede suponer un incremento porcentual importante que, a nivel global, tampoco tiene porqué ser muy significativo. Títulos como los publicados de Megan Maxwell o Palmeras en la nieve, entre otros, se han publicado en 2015 con cierto éxito de ventas y quizá pueda explicar ese incremento".

Sin embargo la erótica sigue gozando de una salud excelente: su facturación aumentó un 125,3%, quizá porque el mega fenómeno 50 sombras ha creado escuela y hábitos de lectura. Y también se mantiene (+54,6%) la literatura policiaca y de espionaje, porque funciona bien en general y, quizá, porque uno de los títulos de 2014, La chica del tren, "aún hoy sigue estando entre los más vendidos", apunta Ávila.

Y luego está el declive sostenido de los libros de bolsillo, que viven instalados en la contradicción: el número de títulos editados se ha incrementado un 16,5% (4.211), "lo que quiere decir que las editoriales siguen apostando por este formato", pero la facturación ha vuelto a caer. ¿La razón? "Una parte de los lectores que acudían a este formato puede que hayan decidido ir a la versión digital y, por eso, la facturación se ha resentido —señala el director ejecutivo—. Además, hay que tener en cuenta que en España el bolsillo comparte muy directamente con los quioscos y ha vuelto la oferta de libros en quioscos".

Que será, será 

Dice Daniel Fernández que "en el último trimestre de 2015 vivimos una cierta recuperación, que todavía no sabemos si es una recuperación cierta. Y lo que sí nos daba esperanza era que no había ningún fenómeno de mega bestseller tirando del mercado, y por tanto opacando el resto de mercado".

Pero ese repunte en la recta final de 2015 no le llama a engaño. Por un lado, porque aunque durante mucho tiempo se dijo que el libro era anticlíclico y que los ciclos económicos no le afectaban, esta crisis está demostrando que eso no es así: "El final no es tan distinto de la recuperación del PIB, de la recuperación del consumo", explica.

Y, sobre todo, porque los españoles no leemos, que es la madre del cordero. Fernández recuerda casi con nostalgia esos años no tan lejanos en los que las estadísticas de hábitos de lectura decían que el 35% de la población española no leía ningún libro. "Nos parecía un drama", acepta, pero es que ahora ese porcentaje es del 40%. "El libro está desapareciendo del sistema educativo español, de los hábitos de consumo cultural españoles, incluso del prestigio social español", se lamenta. 

De ahí que en su conclusión relacione la recuperación del sector con la de la economía general; vaticine que al final no será una década perdida, sino muy probablemente dos; y confiese que lo que más le preocupa "es que no haya una generación perdida para la lectura".

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