Música

Ucrania: sangre, techno y arte

Ucrania

Francisco Chacón

Mientras el conflicto ucraniano se agrava, sus consecuencias en la vida cultural del país se dejan notar en progresión geométrica. La ex república soviética se encuentra en estado de shock, con los prorrusos avanzando y las mafias haciendo negocio a través de su penúltima ocurrencia: el timo de las futuras esposas para incautos solitarios occidentales. Un contexto en el que se acaba de suspender el festival KaZantip, en la península de Crimea.

La meca de la electrónica en Europa del Este suele concentrar a miles de personas rendidas al hedonismo más desenfrenado, al estilo de Ibiza o Chipre. Pero ahora puede leerse en su web oficial: “Lanzar bombas para conseguir la paz es como planear una violación cuando lo que buscas es amor. No podemos celebrar el amor y la felicidad mientras nuestros hermanos y hermanas (no importa si son rusos, ucranianos o de cualquier otra nacionalidad) son asesinados. Por tanto, KaZantip 2014 no tendrá lugar este verano”.

Stanislav Tolkachev encabeza la lista de los mejores DJs ucranianos, por delante de Sasha DPL, Etapp Kyle o Exploit. Así lo evidencia el sello Techno.Ua en el recopilatorio 'Detroit, Berlín, Kiev'.

La escena del rap se divide allí entre los que cantan en ucraniano y en ruso. Lezo, DLF Squad o R Clan representan a los primeros y SVO, Yuzhny Tsentral o Fame a los segundos.

Hasta Eurovisión ha hecho mención a esta dualidad, pues la canción Together we are many (Juntos somos muchos), de Green Jolly, se convirtió en el himno no oficial de la 'Revolución Naranja' del pasado invierno.

De ahí, de aquellos días convulsos en el centro de la capital, procede la exposición The fire of love ('El fuego del amor'), que pudo verse en la galería M17 de Kiev. Una muestra en la que el artista Maksym Vegera sobrecogió a los asistentes con sus cuadros hiperrealistas pintados a escasos metros de las cargas policiales (en la imagen). Se exhibieron lienzos y también memorabilia de los enfrentamientos: granadas, chalecos antibalas, escudos y restos de barricadas.

Ahora la ciudad británica de Bradford reúne una selección de obras de arte ucraniano anterior y posterior a la Segunda Guerra Mundial, con la firma de Ivan Mykhailichenko, Vladimir Novikovsky, Pavljuk Arkady o Aleksander Maksimenko.

De forma paralela, la Fundación Ekaterina de Moscú ha cancelado una exposición sobre Damien Hirst, Tracey Emim, los hermanos Chapman y otros 'niños terribles' de la pérfida Albion, organizada por el British Council.

Las críticas del gobierno de David Cameron al exacerbado neoimperialismo ruso han motivado semejante decisión, en una prueba más del férreo control de Vladimir Putin para que las instituciones artísticas no promuevan actos de creadores demasiado libertinos.

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