FEMINISMO

Ayax contra Fallarás o cómo la ofensiva machista en los tribunales busca apagar el altavoz de las mujeres

La escritora y periodista Cristina Fallarás.

Cuando una primera mujer señaló públicamente al rapero Ayax Pedrosa Hidalgo por la violencia sexual presuntamente ejercida contra ella, enseguida brotaron otras muchas que se reconocieron en sus palabras. Es, en parte, la dinámica que reproduce el movimiento testimonial: una da el paso de hablar y otras pierden el miedo a hacerlo. Pero a toda ruptura del silencio le sigue una reacción. Ayax decidió entonces denunciar a quien les había dado voz: la escritora y activista feminista Cristina Fallarás, responsable de abrir en redes sociales un espacio donde compartir y visibilizar relatos anónimos de violencia.

El músico le reclama 750.000 euros por un delito de calumnias. Lo hace a pesar de que la periodista nunca le mencionó, ni publicó su nombre, ni le señaló de forma directa. Sí se hizo eco de aquel primer testimonio, hace año y medio. La víctima hablaba de "un cantante muy famoso de aquí", sin citar la ciudad concreta, prácticamente desconocido en el momento de los hechos y que "ahora mismo ha hecho hasta series y películas para Netflix".

Este lunes, la escritora está llamada a declarar ante la jueza. Pero Cristina Fallarás no caminará sola hasta las puertas del juzgado: a la cita acudirán otras tantas mujeres que han decidido concentrarse en su apoyo, el mismo lunes a las 10:30 horas en los juzgados de Zaragoza. En una convocatoria que lleva circulando en redes sociales durante la última semana, las feministas tratan de tejer una red sólida capaz de sostener a la escritora, seguras de que la estrategia de sentarla en el banquillo es en realidad un mensaje disciplinante para todas, una advertencia y una ofensiva global para frenar a las mujeres. 

"Me siento muy acompañada, pero además las mujeres que me acompañan entienden que esto no va sólo conmigo, sino también con ellas", subraya la escritora en conversación con este diario, exhausta pero firme. El acompañamiento, celebra, "no es sólo emocional y afectivo, sino casi político". Y eso es una suerte de bálsamo ante la violencia que no ha cesado en los últimos meses.

Apagar el altavoz de las mujeres

La ofensiva reaccionaria ha ido puliendo su estrategia con el paso del tiempo. Si el rapero ha optado por denunciar a la activista feminista –en lugar de a las mujeres que lo acusaron– es a sabiendas de que es ella quien ha construido un espacio seguro para dar cobijo a muchas otras. A las que ya han hablado y a las que podrían hacerlo en un futuro.

"El sistema patriarcal produce y reproduce estas violencias. El objetivo es el silencio para poder continuar con la impunidad y que el statu quo no se ponga en cuestión". Habla María Naredo, abogada feminista, quien desliza además un hecho relevante: tratar de poner coto a los espacios informales donde las mujeres se han sentido cómodas para hablar de violencia tiene que ver también con la certeza de que es prácticamente el único refugio al que acuden.

Según la Macroencuesta de Violencia contra la Mujer, apenas un 4,9% de las mujeres que se reconocen como víctimas de violencia sexual fuera de la pareja o expareja dan el paso de denunciar. Pero además, el 86,9% ni siquiera pide ayuda formal. Con todas las puertas cerradas, las redes sociales y los espacios en los que confeccionar un relato colectivo se constituyen como el único salvavidas para ellas. Y es ahí precisamente donde pone el foco la ofensiva reaccionaria.

"Existe lo que podemos definir como un silencio estructural" y es justo eso lo que "los agresores y los machistas" quieren preservar, porque si algo les molesta es "la colectivización del relato", zanja la abogada.

"El hecho de que me elijan a mí es un ataque evidente al movimiento testimonial, a la voz de las mujeres y a la posibilidad de relatarnos", completa Fallarás. No sólo se trata de impedir que las mujeres señalen a sus agresores, sino de evitar que se nombren como víctimas. "Hay un relato que va en paralelo: la idea disparatada del honor de los hombres, junto a la mentira de las mujeres", una narrativa "completamente asumida" que termina por generar frustración entre las feministas. Muchas, al final, terminan preguntándose "si merece la pena".

Disciplinar a golpe de tribunales

No es casualidad que los tribunales se conviertan en el campo de batalla preferido de la reacción patriarcal. Es ahí precisamente donde las mujeres se sienten solas, violentadas y desprotegidas, uno de los espacios señalados tradicionalmente como foco de violencia institucional por las feministas. 

Por eso, Cristina Fallarás no es un caso aislado. A la activista asturiana Blanca Cañedo la demandó Abogados Cristianos, hace ahora ocho años, por señalar en una entrevista a la organización ultracatólica. Buscaba retratar la contradicción de que la entidad recibiera fondos públicos al tiempo que hacía oposición contra los derechos reproductivos de las mujeres. La ofensiva judicial llegó hasta el Tribunal Supremo y Cañedo ganó la batalla, pero el desgaste fue mayúsculo.

También lo fue para la periodista y divulgadora Yolanda González, denunciada por el influencer ultra conocido como Un tío blanco hetero. González dijo que él era un "machista, troll y violento con las mujeres", así que él contraatacó atrincherándose en su derecho al honor. Primero, la justicia la condenó, pero la feminista recurrió hasta llegar al Tribunal Supremo. E igual que en el caso de la activista asturiana, los magistrados colocaron lo sucedido bajo el paraguas de la libertad de expresión.

Fallarás: “Hay que hablar de cómo nos castigan cuando las mujeres llegamos a presidentas o  a directivas”

Fallarás: “Hay que hablar de cómo nos castigan cuando las mujeres llegamos a presidentas o a directivas”

Contra la humorista Pamela Palenciano la emprendió la Asociación de Hombres Maltratados. Hablaban de delito de odio, a raíz de su monólogo No solo duelen los golpes. La Audiencia de Madrid concluyó que aquella querella ni siquiera debería haberse admitido a trámite.

La vía judicial es un arma poderosa para disciplinar a las mujeres. "Tiene un impacto importante, primero en los bolsillos, pero también en lo psicológico y en el plano social", asiente Naredo, quien de hecho enmarca estas acciones antifeministas como una forma de violencia, algo así como "utilizar los resortes del Estado para disciplinar". El objetivo último no es otro que "apartarlas, obligarlas a dejar de hacer feminismo porque de lo contrario se van a ver sometidas a este tipo de demandas".

Lo sabe bien Fallarás. "Estos procesos te destrozan, aunque creas que estás fuerte", reconoce. En su caso, el desgaste se nutre también de una genuina incomprensión: "No entiendo lo que me está pasando, cómo esto puede estar sucediendo". La escritora recuerda que el caso del rapero tuvo un importante impacto mediático, pero la ofensiva judicial ha recaído exclusivamente sobre sus espaldas. "Lo que modifica la realidad no es lo que pasa en las redes, sino lo que salta a los medios. Es ahí donde adopta su carácter casi institucional", clama. Pese a ello, es ella quien deberá sentarse en el banquillo. Un trago amargo que espera encontrar alivio con el respaldo de todas las mujeres que la sostienen.

Más sobre este tema
stats