Investigación

Ascenso y caída de Maluferru, el capo de la 'Ndrangheta detenido en Barcelona

Retrato artístico de Giuseppe Romeo, alias Maluferru.

Cecilia Anesi (IrpiMedia), Margherita Bettoni, Giulio Rubino (IrpiMedia)

En sus años de juventud, el narcotraficante italiano Giuseppe Romeo, conocido como "Maluferru", estaba fascinado con los narcos mexicanos. En particular, según fuentes policiales familiarizadas con el traficante, admiraba a Los Zetas, el cártel hiperviolento conocido por sus decapitaciones, atentados y descarados ataques a las tropas del gobierno mexicano.

Pero en la vida real, Maluferru y sus hermanos –todos ellos hacían negocios con la 'Ndrangheta, el grupo criminal basado en clanes que ha crecido hasta convertirse en el más poderoso de Italia en las últimas décadas– no mostraban ningún temor a los narcos mexicanos.

En un incidente recordado por figuras del hampa en 2016, su banda tuvo un tiroteo con otra mexicana en las calles de una ciudad europea no identificada, asustándolos.

"Empezaron a disparar tres, cuatro veces en medio de la carretera", dijo un socio de la 'Ndrangheta a otro en un chat intervenido judicialmente. En otra ocasión, según los mismos delincuentes, Maluferru dejó que los traficantes mexicanos mantuvieran como rehén a uno de sus propios hermanos durante ocho días, como garantía de un cargamento de droga de dos millones de euros.

Este enfoque frío y calculador de los negocios puede ser cosa de familia.

El padre de Maluferru, Antonio Romeo, dirigió el bien conectado clan Romeo-Staccu de la 'Ndrangheta hasta que fue detenido a mediados de los años 90 y condenado a 30 años de prisión.

Tras tomar las riendas de las operaciones de tráfico de drogas de su familia, Maluferru se convirtió en un enlace de dos mundos: un hombre con los contactos necesarios en América Latina para asegurarse enormes suministros de cocaína, y en Europa para hacer pasar la droga por puertos clave.

Como parte de un grupo conocido en los círculos del hampa como la "banda de Bélgica", obtenía la cocaína en Colombia y Brasil, la enviaba a través de Costa de Marfil y la introducía en los muelles del noroeste de Europa: Amberes, Hamburgo y Rotterdam. En todas las paradas, engatusaba e intimidaba a otros narcos para que cumplieran sus órdenes, y utilizaba trucos para ocultar los envíos que le convirtieron en uno de los mayores traficantes de Calabria.

Tenía fama de no meterse en líos. En las grabaciones telefónicas se oyó a un cliente suyo decir con admiración que Maluferru sólo había sido "jodido" una vez, cuando se incautaron 18 ladrillos de cocaína en una casa donde se almacenaba un alijo.

En una traducción libre, Maluferru significa "armado y peligroso". Pero hoy Giuseppe Romeo al menos ya no está armado. El pasado 11 de marzo fue detenido en Barcelona en el marco de una investigación dirigida por la Interpol con la Guardia Civil española y la policía italiana.

Dos meses más tarde, muchos de sus socios de la 'Ndrangheta, incluidos sus antiguos clientes del clan Giorgi-Boviciani, de los que se habló en la primera parte de esta investigación [la puedes consultar aquí], fueron detenidos en la llamada operación Platino, una redada transfronteriza dirigida contra el grupo delictivo en toda Europa. Maluferru, que ya había sido condenado provisionalmente en rebeldía por las autoridades italianas a 20 años de cárcel por tráfico internacional de drogas, ha sido extraditado y se enfrenta a nuevos cargos.

Descrito en su día por un compañero narco como capaz de enviar cocaína "mancu li cani" –que significa "como nadie" en el dialecto calabrés–, Maluferru había construido desde 2008 un imperio que se extendía por medio mundo y que trasladaba toneladas de droga a los puertos europeos.

Las organizaciones periodísticas OCCRP e IrpiMedia utilizaron documentos judiciales y policiales, órdenes de detención italianas y entrevistas con fuentes policiales, para observar el interior de su presunto sistema de narcotráfico: cómo se construyó, cómo corrió la droga por él y por qué acabó colapsando. Su trabajo se recoge en este reportaje, que infoLibre publica en exclusiva en España.

Giuseppe Romeo y otros personajes citados en esta investigación están aún pendientes de juicio por algunos de los cargos a los que se enfrentan, y no todas las acusaciones expuestas han sido probadas en los tribunales. Un abogado que representa a Romeo dijo al OCCRP y a IrpiMedia que no deseaba responder a las preguntas debido al proceso penal en curso. Su cliente, dijo el abogado, es "inocente" de los delitos de los que se le acusa.

SU pueblo natal

El pueblo de San Luca se encuentra en la punta de la bota de Italia, separado de Reggio Calabria, la principal ciudad de la región, por las montañas del Aspromonte. A pesar de su posición ventajosa envuelta en las colinas con vistas a un valle, la localidad de 4.000 habitantes carece de la mayoría de los encantos que se esperan de los pueblos italianos. Al caminar por sus estrechas calles, las casas monótonas están llenas de ropa secándose, y las casas inacabadas dan la clara sensación de penuria.

Pero las apariencias engañan. San Luca es el hogar espiritual de la 'Ndrangheta, quizá la banda de crimen organizado más poderosa del mundo. La mayor parte de la población de la ciudad está afiliada a uno de los al menos nueve clanes delictivos importantes que nacieron en el pueblo.

Fieles bailando durante las celebraciones de Santa Maria di Polsi, en la plaza frente al santuario. | Michele Amoruso/Pacific Press/Alamy

A poca distancia de San Luca, en las montañas de un parque nacional cercano, se encuentra el santuario de Santa Maria di Polsi, encaramado en un espectacular desfiladero. La abadía está estrechamente relacionada con la reunión anual de CrimineCrimine, el órgano de gobierno de la 'Ndrangheta.

Fue aquí, en San Luca, donde Maluferru, que entonces tenía 16 años, tuvo su primer encuentro con la policía por un caso de fraude y bienes robados. A los 22 años ya había sido acusado de narcotráfico y había salido de San Luca como muchos hijos de la 'Ndrangheta, que exporta sus operaciones exportando a su gente. Pero, a pesar de su rápido ascenso en las filas de la familia, no fue hasta mediados de la década de 2010 cuando su presunto papel en varias operaciones de gran repercusión le llevaría a la fama.

Maluferru no empezó desde abajo. Se cree que su clan, los Romeo-Staccu, está alineado con el principal clan Pelle-Gambazza, que comparte el control de la zona de Locride, en Calabria, y es conocido por su destreza en el tráfico de drogas.

Estos poderosos clanes también están alineados con otros respetados clanes de San Luca, como los Nirta-Scalzone y los Mammoliti-Fischiante, así como con los más pequeños, como los Giorgi-Boviciani, los Giorgi-Bellissimo y los Strangio-Fracascia.

Maluferru utilizó ágilmente todas estas conexiones de San Luca para construir su poderosa red de tráfico de drogas. Pero, a diferencia de muchos de sus compañeros, nunca fue condenado por la acusación común de "afiliación mafiosa" a la 'Ndrangheta, que los fiscales italianos suelen imponer a los delincuentes.

De hecho, su destreza en el oficio no quedó clara de inmediato para la policía. Utilizando fragmentos de información obtenidos de la vigilancia de otros narcos radicados en Europa, los policías fueron comprendiendo poco a poco que Maluferru –cuyo aspecto diminuto hacía que sus enemigos le llamaran el Enano– tenía una influencia desmesurada en los asuntos del hampa.

En 2015, era una pieza clave de la banda de Bélgica junto con sus hermanos Domenico y Filippo, así como Antonio Calogero Costadura, un narco nacido en Bélgica y también de origen calabrés conocido como U Tignusu, que significa "el Atrevido".

A esas alturas, Maluferru ya había hecho una fortuna y construido una red de contactos en el hampa que cualquier narco en ascenso envidiaría. El nombre de la banda de Bélgica subestimaba su influencia, ya que operaba mucho más allá de dicho país.

Al recibir cargamentos de droga procedentes de América Latina, la banda utilizaba las conexiones criminales en los puertos europeos para ayudar a sacarla, antes de trasladarla a Italia y otras partes del continente. Maluferru tenía una red regional que operaba entre los Países Bajos, Italia, España y Alemania. Aparte de unos pocos contactos de confianza, según las fuentes, mantenía las distancias con muchas figuras de la 'Ndrangheta, lo que le ayudaba a permanecer en libertad dentro de Europa mientras otros llamaban la atención de la policía y eran detenidos.

La policía finalmente hizo grandes incursiones en su imperio con el lanzamiento de la operación Pollino, una redada realizada en diciembre de 2018 por Eurojust, el organismo judicial transfronterizo de la UE. Se incautaron unas cuatro toneladas de cocaína y se detuvo a 84 miembros de la 'Ndrangheta e intermediarios, incluidos los dos hermanos de Maluferru. Basándose en las llamadas interceptadas durante la operación Pollino, la policía italiana sospechaba que Maluferru trasladaba la droga desde los puertos europeos a Milán.

Aunque la red de Pollino atrapó a la mayor parte de la banda de Bélgica, Maluferru eludió su captura. Se le localizó en una dirección de Kierspe, una ciudad a una hora de Colonia, pero cuando las autoridades alemanas registraron la casa ya no estaba.

Sin embargo, los investigadores pudieron establecer un patrón de sus actividades tras insertar un programa espía en el teléfono de Domenico Pelle, un joven jefe de clan de San Luca que había estado comprando cocaína a la banda de Bélgica.

Mientras tanto, dos operaciones distintas –una dirigida por la fiscalía antimafia de Turín y otra por sus homólogas de Génova y Nápoles– pusieron a Maluferru bajo un mayor escrutinio.

La primera, una investigación de años de duración con el nombre clave de Geenna, dio lugar a órdenes de detención emitidas en diciembre de 2018 contra el clan Nirta-Scalzone de San Luca y sus asociados. Uno de los elementos de esta investigación apuntaba a dos hermanos que habían trabajado con Maluferru en Barcelona desde 2016.

La investigación fue importante porque sacó a la luz la región de la Costa Brava, cerca de Barcelona, como un importante centro de tráfico de drogas, y acabó efectivamente con los líderes del clan Nirta-Scalzone.

Una segunda operación policial igualmente trascendental, iniciada en 2018 y con el nombre en clave de Spaghetti Connection,Spaghetti Connection rastreó por primera vez un sistema de tráfico global en el que estaba implicado Maluferru, que la policía creía que comenzaba en São Paulo y llegaba a Abiyán, en Costa de Marfil, antes de serpentear hasta Rotterdam y Amberes.

En conjunto, estas dos operaciones dibujaron un panorama de sus amplios negocios, no sólo en Europa, sino ahora en medio mundo.

Lecciones de la Costa Brava

Maluferru construyó una red especialmente fiable en España, donde revoloteaba entre varios refugios. Entre sus contactos se encontraban dos hermanos del clan Nirta-Scalzone, Giuseppe y Bruno Nirta. En otros lugares, también se había asociado con un tercer hermano Nirta, Antonio.

Maluferru vivió durante un tiempo en Calella, una localidad costera situada a menos de una hora en coche de Barcelona. Los documentos vistos por los periodistas muestran que su dirección era una propiedad anodina en la que vivía con su novia colombiana y Vincenzo Macrì, un fugitivo de la 'Ndrangheta en ese momento.

Gran parte de lo que las autoridades conocerían más tarde sobre los negocios del grupo en España y en otros lugares provino de la cooperación de Daniel Panarinfo, que en su día fue un recadero de Bruno Nirta pero que se convirtió en testigo protegido en 2016.

Entre otros muchos planes, mientras Maluferru se asociaba con Giuseppe y Bruno Nirta, los hermanos habían tramado traficar con cocaína líquida desde Latinoamérica hasta el sur de España, dijo Panarinfo. Con un hombre apodado Xavi –un empresario catalán de zumos de frutas que, según Panarinfo, tenía contacto directo con los narcos colombianos– planeaban abrir una empresa, aparentemente para importar zumos de Argentina.

La cocaína líquida se escondería en cajas de zumo y se enviaría a España a un coste de entre 12.000 y 13.000 euros por kilo, para luego ser descargada en un puerto español por un grupo de albaneses aliados. A continuación, los cargamentos se enviarían a un almacén en la localidad costera de Sitges, a 45 minutos en coche de Barcelona, donde se confiaba en un hombre al que llamaban Compañero para volver a solidificar la droga.

Vista áerea de la ciudad de Sitges. | Werner Lang/WikiMedia Commons

Los investigadores no pudieron confirmar si el plan llegó a ponerse en marcha, pero nuestros reporteros descubrieron que Xavi sigue dirigiendo empresas de bebidas en Calella.

Por la misma época, Maluferru se movía entre España, Italia y Bélgica, comprando cargamentos de cocaína a una familia de calabreses afincada en la ciudad de Maasmechelen, al norte de Bélgica. Se abastecían de los cárteles colombianos, cuyos envíos procedentes de América Latina eran recogidos en Amberes y Rotterdam y luego vendidos por Maluferru a compradores como el clan Giorgi-Boviciani de San Luca.

Panarinfo también dijo que Maluferru recibió al menos 170 kilos de cocaína de proveedores mexicanos, una parte de los cuales fueron almacenados en Italia por su principal ayudante, un calabrés conocido como Pitti. Aunque la banda de Maluferru logró vender 100 kilos, los otros 70 fueron robados de su apartamento en Saronno, al noroeste de Milán, por hombres con pasamontañas que derribaron la puerta con un ariete a las cinco de la mañana.

Sin embargo, estos contratiempos no frenaron el ascenso de Maluferru. Con el paso de los meses, empezó a moverse con jugadores cada vez más grandes.

en el mundo de los grandes

Según Panarinfo, Maluferru también trabajaba con Gabriele Biondo, alias El Italiano, uno de los narcos más poderosos de la Costa Brava. Biondo, de quien fuentes policiales dijeron al OCCRP que era conocido por trabajar con el grupo criminal italiano de la Camorra e incluso con la mafia rusa, acabaría siendo detenido y extraditado a Estados Unidos a principios de 2019 para enfrentarse a cargos de tráfico de drogas.

A través de parientes del lado materno de la familia, Maluferru también podía contar con contactos clave entre los Strangio-Fracascia, otro clan de San Luca que estaba asentado en Bélgica y podía ofrecerle acceso al puerto de Amberes, según la policía.

Sus aliados del clan Pelle-Gambazza, por su parte, habrían establecido un importante centro de tráfico en Argentina, y se cree que han abierto la puerta de Maluferru a Rocco Morabito, otro de los principales intermediarios de la 'Ndrangheta antes de su detención en mayo de 2021 en Brasil. Morabito es originario de otro bastión de la 'Ndrangheta, Africo, al sur de San Luca y sobre el papel una de las ciudades más pobres de Italia, aunque es el hogar de ricas familias de narcotraficantes.

Conocido en su día por los medios de comunicación como el "rey de la cocaína de Milán", Morabito estaba huido desde mediados de la década de los noventa y es famosa su fuga de una cárcel uruguaya en 2019. Entre otras fuentes, la policía cree que recibía cocaína del Clan del Golfo de Colombia, un grupo paramilitar de derechas.

Por si fuera poco, Maluferru también había empezado a abastecerse de droga a través de Nicola Assisi, que dirigía una enorme operación de contrabando desde Brasil con su hijo, mientras ambos estaban huidos de las autoridades italianas. Assisi, del norte de Calabria, había sido uno de los principales narcos de la 'Ndrangheta en América Latina durante años. Enviaba a Europa cargamentos de al menos 500 kilos cada vez, y mantenía su posición gracias a una fuerte relación con el Primer Comando Capital (PCC) de Brasil, un sindicato del crimen arraigado en las prisiones.

Un agente de antinarcóticos hace guardia tras quemar un laboratorio de cocaína en una zona rural del estado de Guaviare, Colombia. | REUTERS/John Vizcaino/File Photo

Se sabe que el PCC colabora con los antiguos rebeldes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) para abastecerse de drogas cultivadas en la selva colombiana. El grupo también goza de gran influencia en Perú y Bolivia, países productores de cocaína, y en países de tránsito como Paraguay.

Entre Morabito, los Asís y el PCC, el conducto latinoamericano de Maluferru era el estándar de oro del narcotráfico. Incluso el azar parecía jugar a su favor: cuando los Assisi fueron arrestados en el estado de São Paulo en julio de 2019, la fuga de Morabito de la prisión de Uruguay significó que el suministro de Maluferru no se interrumpió.

Pero además de la suerte ciega, Maluferru también fue inteligente y precavido. Un narco, claramente impresionado por su destreza, explicó a un colega cómo Maluferru mantenía a raya a los investigadores.

"Es como... compra diez teléfonos que duran seis meses cada uno, ¿entiendes? Te da uno, le da uno a él, le da uno al otro y se queda con uno para él. Luego le da el teléfono a otro y se queda con el suyo, para confundir a los investigadores", dijo, según las transcripciones policiales de la operación Pollino.

La ironía, por supuesto, era que, independientemente de las precauciones que tomara Maluferru, la policía seguía sabiendo mucho de él a través de las llamadas intervenidas a sus socios.

La operación de Abiyán

No contento con sus contactos latinoamericanos, Maluferru siguió expandiéndose y pronto tuvo en su punto de mira las zonas de tránsito en África. Y a través de documentos confidenciales, el OCCRP e IrpiMedia descubrieron que probablemente estaba detrás de una trama de importación de cocaína de alto nivel que hizo que cuatro italianos fueran condenados a largas penas en 2021, mientras que él quedó libre.

Según los investigadores, fue un dentista de origen suizo quien conectó por primera vez a Maluferru con un conjunto de empresarios italianos de Nápoles que vivían en Abiyán, todos ellos vinculados a la Camorra italiana.

Un bote en la laguna de Abiyán. | Roux Olivier/Alamy

Maluferru, según los documentos, había viajado por primera vez a Costa de Marfil en 2018, y el dentista le aseguró el acceso directo a un facilitador clave de Costa de Marfil: una policía que le proporcionó permisos de inmigración y acceso a un piso en la lujosa Zona 4 de Abiyán, alquilado a nombre de la mujer.

A través de un restaurador italiano de la ciudad, el dentista también había sido presentado a Angelo Ardolino, propietario de dos empresas registradas en Abiyán: A.G.L. Sarl, creada para la importación y exportación de maquinaria pesada, y Fruit Company di Ardolino, creada para la importación y exportación de frutas. Ardolino también tenía vínculos familiares con un alto funcionario de aduanas del puerto africano.

Ardolino, a través de A.G.L. Sarl, facilitaba los trámites necesarios para obtener los visados de Costa de Marfil, lo que permitía a Maluferru viajar regularmente a Abiyán. Según los documentos de la investigación de Spaghetti Connection de 2018, a veces le acompañaba Antonio Nirta –el único hermano Nirta que quedaba en el partido después de que Giuseppe muriera de un disparo en 2017 y Bruno fuera detenido en 2018–. Maluferru también contaba con el apoyo de su compinche Pitti, y de un primo, en Abiyán.

Con la ayuda de los empresarios napolitanos vinculados a la Camorra, Maluferru y su equipo supuestamente comenzaron a importar cocaína a Abiyán directamente desde Brasil utilizando A.G.L. Sarl, que recibía maquinaria pesada Dynapac y Caterpillar desde el puerto de Santos.

El 17 de septiembre de 2018, en el marco de Spaghetti Connection, la policía de Santos se incautó de 1,195 kilos de cocaína dentro de los rodillos de las máquinas Caterpillar. Utilizando una empresa con sede en Santos llamada Brazilian Ocean Eireli, la banda había cortado los rodillos en Brasil con un soplete, ocultado la droga en el cilindro y luego soldado la maquinaria para enviarla a Abiyán.

El narcotraficante brasileño Marcos Camacho o Marcola, jefe de la temida pandilla PPC. | Reuters/Adriano Machado

La brasileña Ocean Eireli es propiedad de un hombre que la policía brasileña sospecha que está relacionado con la banda carcelaria del PCC. Los investigadores italianos, por su parte, creen que el suministro de cocaína se organizó con la ayuda de Assisi, el hombre de la 'Ndrangheta en América Latina con las conexiones del PCC.

La incautación de Santos no detuvo a los traficantes, que pensaron que era una redada al azar. Pero la policía brasileña alertó a la de Costa de Marfil, que avisó a sus homólogos italianos. En una operación conjunta, la policía rastreó al dentista cuando viajó a Abiyán el 26 de octubre de 2018, lo que finalmente les llevó al círculo de Maluferru.

Los investigadores sospechan que la banda había estado enviando cocaína en maquinaria Caterpillar desde al menos julio de 2017, y la policía brasileña rastreó dos envíos de Caterpillar desde la brasileña Ocean Eireli a A.G.L. Sarl en Abiyán. Las operaciones de importación-exportación de fruta de Ardolino también estuvieron bajo sospecha, pero resultó ser una operación más complicada de descifrar.

"Siempre hemos sospechado que parte de la cocaína podría haber pasado también a través de envíos de fruta", dijo un investigador italiano al OCCRP, "pero era difícil de probar... dado que, cuando empezamos a investigar, la banda ya llevaba tiempo importando".

A partir de diciembre de 2018, los movimientos de Maluferru fueron cada vez más restringidos porque se le buscaba por una orden emitida en la operación Pollino. Desde entonces, uno de sus socios se quedó en Abiyán para hacer el trabajo por él, abriendo el 26 de febrero de 2019 una nueva empresa de importación-exportación, registrada en un apartado postal de la ciudad.

Los policías construyen un perfil

Con treinta y pocos años, Maluferru ya había dejado impresiones duraderas en muchos narcos, no todas positivas.

El informante Panarinfo lo describió a la policía como "bajito, un poco calvo" y alguien que "me parece que tiene una cicatriz o granos en los pómulos, físico delgado, pelo rubio ceniza no muy largo".

Alessandro Giagnorio, utilizado por Maluferru como correo de dinero, también dio una descripción poco halagüeña después de que fuera detenido a finales de 2018 en un Audi Q3 con matrícula francesa, en el que la policía encontró 420.000 euros pertenecientes a Maluferru y sus socios.

Al hablar con la policía, Giagnorio dijo que Maluferru era "bajito, delgado, nervioso, mandón y maleducado. Cuando digo 'rápido' me refiero a que en tres minutos te decía lo que tenías que hacer, muy rápido, hablando con un fuerte acento calabrés, y realmente tenías que prestar mucha atención para entender lo que decía".

Maluferru tenía fama de bala perdida, y algunos le llamaban U Pacciu, o El Loco. Se decía que mostraba poco respeto porque estaba acostumbrado a rodearse de personajes más débiles que le trataban con deferencia.

En una ocasión, Maluferru envió a Giagnorio a un restaurante propiedad de Walter Cesare Marvelli, miembro de la familia Giorgi-Boviciani, para que recogiera algo de dinero para gastos de viaje. Marvelli, según se desprende de las conversaciones telefónicas, se escandalizó de lo grosero que era Maluferru, que le trataba como a un empleado. Recordó:

"El domingo por la tarde... él [Maluferru] dice: 'Voy a enviar a una persona a tu pizzería dentro de una hora. Dale 1.000 euros... viene de Francia'".

"Le dije [a Maluferru]: 'Estás bromeando ... estoy en el centro de Turín con mi familia'. Y él me dijo: 'Siempre estás por aquí'".

Pero, aunque se criticaran por la espalda, en persona Maluferru y Marvelli mantenían las apariencias.

En agosto de 2018, la pareja viajó junta a un almuerzo previsto con otros narcos de San Luca en una zona rural cercana al santuario de Santa María de Polsi. La perspectiva de una comida tradicional de montaña no les dejó impresionados.

"Me importa una mierda la cabra", exclamó Marvelli, al que la policía seguía la pista, en una conversación intervenida en el coche.

Durante el trayecto, la pareja arremetió contra el famoso fiscal italiano antimafia Nicola Gratteri. Marvelli desestimó la cruzada de las autoridades como una farsa, razonando que los fiscales querían que existiera la 'Ndrangheta para poder hacerse famosos.

"Si no hay enfermos, no se venden medicamentos", indicó.

El fiscal antimafia italiano Nicola Gratteri. | SrI/Alamy

Las investigaciones policiales, sin embargo, sugieren que la ambición de Maluferru ya estaba empezando a erosionar algunas relaciones. Los documentos de la operación Platino vistos por nuestros reporteros muestran que en noviembre de 2018, los Giorgi-Boviciani en particular se habían cansado de él.

Como los Giorgi compraban cocaína cerca del final de la ruta, pagaban un precio más alto. Algunos habían empezado a sospechar que Maluferru, mejor conectado, les estaba estafando.

En una llamada intervenida, Giovanni Giorgi le dijo a Marvelli que Maluferru decía comprar la cocaína para los Giorgi a "27", pero que en cambio "la compraba a 24 y robaba el resto".

Por ello, los Giorgi empezaron a intentar prescindir de Maluferru. Pero pronto se dieron cuenta de que éste tenía el suministro controlado y se había hecho fuerte incluso en la conexión abierta por ellos con mucho esfuerzo con los Assisi en Brasil. Los Giorgi no podían hacer otra cosa que quejarse, y cuanto más se quejaban, más información obtenía la policía.

La caída de Maluferru

Al final de la carrera de Maluferru, se supone que había trabajado con el quién es quién de los traficantes internacionales, incluso aparentemente con el cártel que más admiraba, Los Zetas.

Durante el interrogatorio, el cooperante Panarinfo dijo a la policía que Maluferru había heredado algunos contactos mexicanos de un tío encarcelado. Dijo que estos hombres se llamaban "Zeta" o "Zita", indicando que pertenecían al mismo cártel cuyos vídeos bárbaros había estudiado Maluferru en una ocasión.

Forenses retiran un cuerpo de la escena del crimen cerca de una pared pintada con el símbolo Z, del cartel de la droga de Los Zetas. | REUTERS/Daniel Becerril

Pero una combinación de su propia arrogancia, la vulnerabilidad de sus socios y el tenaz trabajo policial acabaron por vencerle. Los expedientes judiciales muestran que Maluferru tenía fama de traicionar a la gente, y siempre parecía estar dispuesto a vincularse a otros, para que luego le debieran favores. Esas tácticas pueden resultar fructíferas a corto plazo, pero al final la gente se pone a hablar.

En una llamada interceptada en 2016, un traficante le dijo a Domenico Pelle que el hermano de Maluferru, Filippo, le había ofrecido droga a 31.000 euros el kilo, a pagar cuando pudiera. El traficante, sin embargo, consideraba que la cocaína procedía realmente de Maluferru, y no quería estar al servicio de éste. "Si Maluferru me regala aunque sea un gramo, no lo quiero", dijo.

Después de que las redadas de la operación Pollino de diciembre de 2018 acabaran con la mayor parte de su banda de Bélgica, Maluferru seguía prófugo, pero poco a poco se iban acumulando pruebas contra él.

Policía en una heladería del Citypalais de Duisburg. | Reichwein/dpa/Alamy

En junio de 2019, una redada coordinada por la policía de Francia, Italia y Brasil alcanzó al propietario de A.G.L. Sarl, Ardolino, y a otros cinco italianos vinculados a la Camorra. Las detenciones ofrecieron una infrecuente visión de cómo la Camorra y la 'Ndrangheta compartían intereses coincidentes, a miles de kilómetros de su patria italiana.

Y también ofrecieron a los policías algunas piezas finales del rompecabezas.

Ardolino admitió conocer a Maluferru y dijo a los policías que éste había querido invertir uno o dos millones de euros en Costa de Marfil. Antonio Cuomo, otro de los detenidos, negó conocer a Maluferru y a otros calabreses de su equipo, pero durante un registro la policía encontró en su casa documentos de identidad pertenecientes a los calabreses.

La policía marfileña –aunque posteriormente fue absuelta de todos los cargos– admitió haber ayudado a tramitar los visados de varios calabreses y haber encontrado el piso de Abiyán para Maluferru. En febrero de 2021, cuatro de los detenidos, incluido Ardolino, fueron condenados a 20 años de prisión.

Tras unas semanas frenéticas entre bastidores, en marzo de 2021 la Guardia Civil española, tras recibir un chivatazo de la policía italiana que trabajaba en la investigación de Pollino, se abalanzó sobre Maluferru cuando iba a tomar una cerveza en el mercado de Sant Gervasi de Barcelona.

Aunque se ganó muchos enemigos por el camino, en lo que sí estaban todos de acuerdo era en que Maluferru era bueno en lo que hacía. Incluso los Giorgi-Boviciani, que usaban un apodo poco halagador para él, estaban dispuestos a admitirlo.

"Ya conoces al Enano", se oyó decir a Giovanni Giorgi en una conversación con micrófonos en su apartamento de Cerdeña. "Si lo quieres, lo tiene. Es cuestión de días".

Maluferru, como le recordó un socio a Giovanni, enviaba cocaína "mancu li cani". Maluferru movía efectivamente cocaína "como nadie". Sin embargo, su mayor problema era que la policía escuchaba a todos los demás.

"Todo el mundo iba detrás de él", explicó a OCCRP un agente de la Guardia Civil que participó en la detención. "Los italianos nos avisaron de que podía estar en Barcelona. Aquí le pusimos el lazo".

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Esta es la segunda entrega de esta investigación realizada por reporteros de IrpiMedia y de OCCRP que explora el funcionamiento de la 'Ndrangheta. infoLibre publicó ayer la primera parte, que puedes consultar aquí.

Luis Adorno, Nathan Jaccard, Benedikt Strunz y Koen Voskuil contribuyeron a la investigación periodística.

Este reportaje ha sido financiado en parte por subvenciones de Journalismfund.eu y Reporters in the Fields.

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