Brasil, México y Colombia: la izquierda que hará frente al “plan de Trump” para Latinoamérica en 2026
Tras el brutal acto de guerra perpetrado por Estados Unidos contra Venezuela y el secuestro de su presidente, Nicolás Maduro, la izquierda democrática latinoamericana ha entrado en estado de zozobra. Desde que Donald Trump retornó a la Casa Blanca hace ahora un año y hasta la madrugada del sábado pasado, sus amenazas contra Gustavo Petro (Colombia), Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil) y Claudia Sheinbaum (México) por cuestiones dispares se habían saldado con la imposición de aranceles (de quita y pon), la retirada de determinadas ayudas y un sinfín de exabruptos de distinto calibre en redes sociales. Pero a partir del 3 de enero, el mundo ha cambiado. Además del Fuerte Tiuna de Caracas, ese día saltaron también por los aires todas y cada una de las cláusulas del Derecho Internacional.
El nuevo orden en las relaciones de Washington con Latinoamérica queda reflejado en las cuatro páginas que dedica a la región el documento de la Estrategia de Seguridad Nacional publicado a finales de noviembre por la Secretaría de Estado estadounidense: “Tras años de descuidos, Estados Unidos reafirmará y aplicará la Doctrina Monroe para restaurar su preeminencia en el hemisferio occidental; para proteger nuestra patria y nuestro acceso a puntos clave de la región, negaremos a nuestros competidores no hemisféricos la capacidad de posicionar fuerzas (…) o de poseer activos estratégicamente vitales en nuestro hemisferio”. Aunque no menciona a China, el “corolario Trump” a esa doctrina, según se denomina en el informe, expresa claramente el deseo de la Casa Blanca de minar la influencia de su rival asiático en el que siempre ha considerado su patio trasero.
Colombia, injerencia electoral a la vista
Es probable que el nombre de Iván Cepeda todavía no le diga nada a Trump. Pero su secretario de Estado, Marco Rubio, azote de la izquierda latinoamericana, lo tendrá a buen seguro anotado en su agenda con una fecha: 31 de mayo de 2026. Cepeda lidera las encuestas de cara a las elecciones presidenciales que se celebrarán ese día en Colombia. Se impuso en las primarias de la izquierda y es un firme candidato a suceder a Petro (quien no puede presentarse a la reelección por mandato constitucional). Junto a Brasil y México, Colombia completa el núcleo principal de países con gobiernos progresistas que resisten la embestida neocolonialista del magnate republicano en América Latina.
Aunque Trump no agreda militarmente a Colombia, se da por descontado un decidido respaldo político (y tal vez financiero) a cualquier líder opositor que tenga posibilidades de batir a la coalición progresista que encabezará Cepeda. Este senador de 63 años, hijo de un histórico dirigente del Partido Comunista de Colombia, Manuel Cepeda, asesinado por fuerzas paramilitares en 1994, se ha distinguido desde hace años por su labor de mediación en los procesos de paz en su país. Ha librado, asimismo, una larga batalla jurídica contra el todopoderoso expresidente derechista Álvaro Uribe, condenado en julio pasado a 12 años de prisión por soborno a testigos y fraude procesal y absuelto unas semanas después en segunda instancia. La derecha llega a las elecciones dividida pero podría aunar fuerzas en los próximos meses para hacer frente a una izquierda que ya cuenta con un candidato de consenso. Según la consultora Invamer, Cepeda obtendría un 32% de los votos, frente al ultraderechista Abelardo de la Espriella (18%). El sondeo del Centro Nacional de Consultoría (CNC) también sitúa en primera posición al senador progresista con un margen más estrecho frente al aspirante de la extrema derecha (21%-14,5%).
Con el abordaje a Venezuela ya en marcha, Colombia aparece como el próximo enemigo a batir en el marco de esta nueva estrategia de control regional en la que los comandos de élite Delta Force reescriben a balazos las relaciones diplomáticas ante la pasividad de la OEA y la ONU. Petro, el líder latinoamericano más crítico con Washington, finaliza su mandato en agosto, cuando tomará posesión el presidente electo en los comicios de mayo y junio (habrá segunda vuelta si en la primera ningún candidato obtiene más del 50% de los votos). Trump ha lanzado duras amenazas contra el mandatario colombiano. Con el silabario de taberna que suele utilizar, le ha aconsejado que cuide su trasero. Durante el viaje de Mar-a-Lago (su residencia en Florida) a Washington el domingo por la noche, reiteró su advertencia ante un grupo de periodistas: “Me suena bien”, dijo cuando le preguntaron si planeaba un posible ataque a Colombia parecido al efectuado en Venezuela. Y abundó: “Colombia está gobernada por un hombre enfermo, que le gusta hacer cocaína y venderla a Estados Unidos, pero no va a seguir por mucho más tiempo”.
Petro fue el primer presidente latinoamericano en condenar la intervención armada en Venezuela. Bogotá, a su vez, ha firmado el comunicado de repulsa contra esa agresión que también han suscrito los gobiernos de España, Brasil, Chile, México y Uruguay. Muy activo en redes sociales, el líder colombiano no ha bajado el tono de sus críticas: “Lo hecho por Donald Trump es aberrante. Han destruido el estado de derecho a nivel mundial. Se han orinado sangrientamente sobre la soberanía sagrada de toda Latinoamérica y el Caribe”, ha escrito en uno de sus últimos mensajes en la red X. Al acusarlo de narcotraficante, Trump coloca sobre él la misma espada de Damocles que le ha servido de pretexto para atacar Venezuela y secuestrar a Maduro y a su esposa, Cilia Flores. Una imputación sin prueba alguna que la sostenga.
México, una izquierda hegemónica en la frontera
Las más recientes amenazas de Trump contra gobiernos de la región se han centrado, además, en Cuba (“está a punto de caer”) y México (“algo tendrá que hacerse” con los carteles de la droga). Con un tono sosegado pero resolutivo, Sheinbaum ha frenado hasta ahora las ambiciones comerciales y militares de la Casa Blanca al sur del río Bravo.
La sucesora de Andrés Manuel López Obrador ganó las elecciones en 2024 con un 60% de los votos, superando la marca de su mentor político en 2018. Con una popularidad todavía elevada, Sheinbaum tiene todavía cinco años de mandato por delante para consolidar la hegemonía del oficialismo de izquierdas. México comparte tres mil kilómetros de frontera con Estados Unidos, su primer socio comercial. Más allá de la guerra arancelaria emprendida por Trump, el principal foco de tensión entre los dos vecinos es la lucha contra el crimen organizado. Con visiones opuestas sobre la estrategia a seguir, la línea roja para Sheinbaum es el deseo del líder republicano de enviar tropas a territorio mexicano para combatir a los grandes carteles del narcotráfico como si fueran un ejército enemigo.
Tras condenar el ataque a Venezuela, la dirigente progresista ha insistido en que la presencia militar estadounidense en suelo mexicano “no es una opción”: “Lo más importante es la responsabilidad compartida (…) Ellos también deben evitar que lleguen armas a México y combatir a la propia delincuencia organizada que opera en Estados Unidos”.
Brasil, hasta que Lula aguante
Lula también ha criticado abiertamente la agresión a Venezuela: “Estos actos superan una línea inaceptable y representan una grave afrenta a la soberanía de Venezuela y un precedente extremadamente peligroso para toda la comunidad internacional”. Como gran potencia sudamericana, Brasil es hoy un dique de contención contra el avance de la extrema derecha en Latinoamérica. Las elecciones presidenciales previstas en octubre serán, por tanto, determinantes para el equilibrio de fuerzas en la región.
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Trump pinchó en hueso cuando quiso entrometerse en el juicio contra el expresidente Jair Bolsonaro. Las amenazas de aranceles astronómicos y las sanciones contra jueces del Tribunal Supremo no evitaron que el excapitán del Ejército fuera condenado a 27 años de cárcel por golpismo. Lula salió fortalecido ante una opinión pública que aplaudió la defensa de la soberanía nacional ante las injerencias extranjeras. El mandatario ha crecido desde entonces en las encuestas mientras Bolsonaro purga su condena en instalaciones de la policía federal tras haber intentado reventar la tobillera electrónica que le imponía la prisión domiciliaria.
La ultraderecha brasileña se debate ahora entre aupar electoralmente a uno de los hijos del exmandatario —el senador Flávio Bolsonaro— o poner todos los huevos en la cesta de un candidato más competitivo: el gobernador de São Paulo, Tarcísio de Freitas. Cualquiera de ellos tendrá muy complicado batir a Lula en las urnas. En una reciente encuesta de la consultora Real Time Big Data, Lula aventaja a Flávio Bolsonaro en 15 puntos (35%-20%) y a Freitas en nueve (35%-26%). Las alarmas para la izquierda brasileña pasan, no obstante, por la falta de recambio a un líder que ya ha cumplido 80 años.
Con la nueva versión de la Doctrina Monroe (ideario que data de 1823 y supuso el primer aviso para navegantes sobre las intenciones de Estados Unidos en su hemisferio), Trump ha querido dejar su impronta para extender su influencia -manu militari si es preciso- en toda la región. Además de contar con potentes herramientas comerciales y militares, tiene el apoyo incondicional de varios aliados en la zona. La lista va en aumento: Milei (Argentina), Bukele (El Salvador) Noboa (Ecuador), Mulino (Panamá), Jeri (Perú), Peña (Paraguay) o Kast (presidente electo de Chile). A los gobernantes díscolos les tiene reservada la sutil diplomacia de los cañones.