Clinton presidenta, Reagan fracasando y Giuliani ganando a Obama: cinco encuestas que "salieron mal"
La vida es lo que pasa entre una encuesta electoral y otra. Qué tiempos aquellos en los que Hillary Clinton tenía una cómoda y amplia ventaja de más de 20 puntos contra Donald Trump. La entonces senadora iba a convertirse en la primera mujer en ser presidenta de EEUU y la campaña del magnate se quedaría tan solo en una anécdota graciosa para contar a los nietos. Solo un loco podría pensar que ese señor que realizaba un cameo en la sobreexplotada película de Navidad Solo en Casa podría llegar a la Casa Blanca. El oscarizado actor Tom Hanks, incluso, fue más lejos: “Donald Trump será presidente cuando bajen naves espaciales repletas de dinosaurios”.
Casi diez años después de esas declaraciones, aún no se han visto las naves espaciales, pero ya son cinco los años que lleva Donald Trump viviendo en la Casa Blanca. Como diría Forrest Gump en su famosa frase (y negando las nulas habilidades de predicción del actor que le encarnaba): la vida es como una caja de bombones, nunca sabes lo que te va a tocar. Ni siquiera con las mejores encuestas. Por eso, en infoLibre vamos a repasar algunas encuestas “que salieron mal”, es decir, aquellas que predijeron algo completamente contrario a lo que terminó pasando en las elecciones presidenciales estadounidenses. No para burlarnos de ellas, sino para entender cuánto puede cambiar la sociedad en unos pocos meses.
Elecciones de 2016: Clinton vs Trump
Comenzamos con el que, seguramente, sea el caso más paradigmático y reciente de unas encuestas equivocadas. El Trump contra Clinton pasará a los anales de la historia como uno de esos momentos trascendentales en la historia de la política de EEUU. Un terremoto sideral que pocos vieron venir y que, sin embargo, ha determinado todo lo que ha pasado después. Hay muchos ejemplos de encuestas favorables a la exsecretaria de Estado de Barack Obama, pero quizás una de las más impactantes es una de finales de junio de 2016, en la que Clinton tendría una ventaja de más de 20 puntos sobre el magnate (59% contra 35%).
Desde ese momento, una concatenación de variables, incluida una carambola en el colegio electoral y una derrota en el voto popular, llevaron a Trump a la Casa Blanca. “La campaña de 2016 fue una combinación de factores que terminaron por minar las opciones demócratas. Clinton era, de base, una mala candidata porque tenía una máquina de propaganda en contra muy fuerte. Luego, los medios de comunicación nunca terminaron de tomarse en serio a Trump, lo cual ayudó a que su campaña tuviera éxito. Y, por último, el tema de los correos de Clinton, una investigación aireada por el propio director del FBI y que no dejó nunca de planear sobre las elecciones, incluso a pocos días de la fecha de las votaciones”, recuerda Roger Senserrich, politólogo experto en política de EEUU.
A eso se le unió la fatiga por los ocho años de Obama y la forma tan magnífica en la que Trump logró canalizar la voz del votante descontento y olvidado del llamado cinturón oxidado. Sin embargo, nada parecía augurar el éxito del republicano… o sí. “Es cierto que las encuestas estaban en contra pero en la noche de las elecciones a Nate Silver, un reputadísimo demoscópico estadounidense, le salía que Trump ganaba en un 33% de los casos. Él insistía en que era un porcentaje significativo, ya que vencer una de cada tres veces no era algo desdeñable. Por lo que sí, fue una sorpresa, pero no era algo impredecible”, aboga Pedro Soriano, experto en política estadounidense.
Elecciones del 2000: Bush hijo vs Al Gore vs ¿Trump?
Pero… ¿y si Trump hubiera podido ganar las elecciones mucho antes? Corría el año 2000, el fin de la era Clinton, y ambos partidos buscaban nuevas caras para gobernar un país al alza. “Era un momento en el que EEUU iba tan bien que no parecía importar quién estuviera gobernando. De hecho, muy pocos daban algo de crédito a Clinton por los logros de la presidencia”, asegura Senserrich. En ese contexto, el tabloide National Enquirer se preguntó un año antes de las elecciones qué pasaría si Donald Trump concurriera a los comicios. El resultado de su encuesta fue cuanto menos curioso: George W. Bush ganaría con un 39%, pero seguido muy de cerca por el magnate, que quedaría a solo dos puntos del futuro presidente, con el demócrata Al Gore más lejos, con el 24%.
“Trump entonces era una figura mediática muy importante, que hablaba mucho de política y tenía muchas opiniones sobre todo. Si se hubiera presentado, hubiera sido algo comparable con un Mario Conde o Jesús Gil en España, por lo que sí, podría haber sido viable como candidato, pero sería complicado ver una victoria por su parte”, señala el politólogo. Eso sí, matiza Soriano, en ese momento, Trump era muy diferente al que luego conoceríamos. “No era un reaccionario, de hecho, era visto más como un demócrata de Nueva York que como un republicano. Eran famosas sus buenas relaciones con los alcaldes y gobernadores del lugar que, en buena medida, eran demócratas”, comenta. Algo que confirma una encuesta de unos años más tarde, donde la aprobación de Trump entre republicanos y demócratas es prácticamente la misma.
Elecciones de 2008: Obama vs Giuliani
Rudy Giuliani era el alcalde de Nueva York. Tras el 11S, el entonces regidor de la ciudad de Nueva York se convirtió en la cara de la tragedia gracias a su cercanía con las familias de las víctimas, su impulso en la reconstrucción y su implicación incansable pese a estar en tratamiento por un cáncer. Una imagen que parecía destinada para dar el salto a política nacional, algo que intentó en las primarias republicanas del 2008. Las primeras encuestas no le daban malas perspectivas, incluso una de Quinnipiac le colocaba en ventaja en unas presidenciales contra los dos principales candidatos demócratas, Hillary Clinton (48-43%) y aún más con Barack Obama (47-40%).
Ahora, a partir de ahí, todo fue un desastre para el exalcalde. “Giuliani seguía siendo popular, pero no tenía ningún tipo de estrategia”, señala Soriano, que recuerda cómo renunció a competir en las primeras (y decisivas) primarias de Iowa y New Hampshire para centrarse en Florida, el primer estado grande que votaba y en el que, creía, tendría mucho apoyo por la emigración neoyorquina. Desgraciadamente para él, la estrategia fue un completo desastre. El exalcalde dilapidó la visibilidad que daban esas dos primeras primarias y ya nadie le tomó en cuenta, perdiendo la nominación contra John McCain. “Tampoco ayudó que su campaña, en pleno 2008, girara solo alrededor del 11S. Biden bromeaba diciendo que cada frase de Giuliani era sujeto, predicado y 11S”, zanja Senserrich.
Elecciones de 1992: Perot vs Bush padre vs Clinton
Las elecciones de 1992 parecían una hecatombe para los demócratas. Tanto que ninguno de los pesos pesados del partido se atrevía a presentarse. Por eso, tras unas primarias descafeinadas, y que parecían elegir a un político que iría directamente al matadero, un tal Bill Clinton, se hizo con la nominación. Las encuestas no eran muy alentadoras para él: una de ellas, de Gallup, le colocaba en última posición con solo un 24% de apoyo. Por delante de él, el presidente vigente, George Bush padre con un 31%, y en primer lugar, el tercero en discordia, el multimillonario Ross Perot, que se presentaba como independiente y al que las encuestas daban un 39% del voto.
Esa triple competición ha sido una de las pocas que se ha dado en la historia política estadounidense, y menos con un independiente con tantas papeletas para disputar la presidencia. “Perot se presentó cuando la economía se empezó a debilitar al final del mandato de Bush. Esa recesión hizo mucho daño a Bush y si a eso le sumamos la gran campaña de Clinton, el presidente se quedó sin opciones”, dice Senserrich. Pero… ¿y Perot?. “Nadie sabe qué hubiera pasado si no se hubiera retirado de la carrera cuando las encuestas le daban unos buenos resultados. Luego volvió, pero ese movimiento tan extraño le quitó todas las posibilidades. Aun así, logró el 18% del voto, algo muy remarcable para un tercer candidato”, sostiene Soriano.
Para el experto, hay una gran confusión cuando se habla de la campaña de Perot. “Mucha gente piensa que presentándose, el multimillonario le quitó a Bush toda posibilidad de ganar la Casa Blanca, pues dividió el voto de los republicanos. Y esto es falso, en las encuestas postelectorales se veía como, de no haberse presentado, su voto se habría repartido casi en un 50-50 entre Bush y Clinton”, comenta Soriano. Algo que muestra la fuerza de un programa antiestablishment que le convirtió en el tercer candidato más exitoso desde Teddy Roosevelt en 1912.
Elecciones de 1980: Carter vs Reagan
¿Por qué han fallado las encuestas en USA?
Ver más
Ronald Reagan ha sido, probablemente, uno de los presidentes más trascendentales de la historia de EEUU. Pero mucho antes de su famoso “Mr. Gorbachev, tear down this wall” frente al Muro de Berlín, el antiguo actor de Hollywood estuvo a punto de perder la presidencia. Las elecciones de 1980 fueron de las pocas, junto por ejemplo las del 1992, en las que un presidente en ejercicio pierde la reelección. En esa ocasión le tocó a Jimmy Carter, aunque solo unos pocos meses antes de los comicios, nada parecía ir mal para el demócrata. Una encuesta de ABC Harris le daba una gran ventaja, de más de 30 puntos (65-31%) frente a Reagan.
“Probablemente, lo que le pasó a Carter en ese año es la mayor combinación de mala suerte que ha tenido un presidente en ejercicio”, afirma Senserrich. Y es que la ventaja de Carter se evaporó por dos motivos principales que el demócrata no pudo controlar, o al menos, no de la mejor manera. El primero y más recordado es la crisis de los rehenes de la embajada estadounidense de Teherán. Una operación de rescate desastrosa, que incluyó el accidente de un helicóptero donde murieron ocho militares, que dio a Carter una imagen pésima a nivel internacional. “Solía decir que había estado a un helicóptero de la reelección”, recuerda Soriano.
Pero quizás el punto clave fue la economía. Durante ese último año, EEUU entró en una estanflación que minó hasta el final las posibilidades de Carter, a la vez que propulsaba a Reagan. “Lo que mucha gente no recuerda es que esto fue un daño autoinfligido, pues Carter se tomó en serio la inflación y puso al frente de la Reserva Federal a alguien independiente cuyas medidas llevaron a una recesión antes de las elecciones”, comenta Senserrich. Lo paradójico es que esas reformas para frenar la inflación tuvieron un gran éxito en el largo plazo, aunque este ya lo capitalizaría Reagan y no Carter, al que le afectaron sus negativas consecuencias iniciales. De hecho, asegura el politólogo, muchas de las medidas económicas que se atribuyen a Reagan tienen su origen o incluso empezaron durante el mandato de Carter. Aunque ya apenas nadie lo recuerde.