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África

El conflicto en Sudán del Sur golpea por segunda vez a los refugiados sudaneses en Maban

Refugiada cargando comida en el campamento

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Los medios con los que los numerosos sudaneses cuentan para su supervivencia se están viendo seriamente afectados. Se trata de las personas que huyeron de la violencia y la hambruna en el estado de Nilo Azul y que se rufugiaron en el condado de Maban, al noroeste de Sudán del Sur.

El pasado mes de diciembre estallaron en Sudán del Sur enfrentamientos entre soldados leales al presidente del país, Salva Kiir, de etnia dinka, y partidarios del exvicepresidente Riek Machar, de etnia nuer. Desde entonces, se estima que ha habido miles de muertos y decenas de miles de sursudaneses se han visto obligados a abandonar sus hogares.

El conflicto también ha tenido efectos en los 126.000 refugiados sudaneses que viven en los cuatro campamentos que hay en Maban —Doko, Kaya, Yusuf Batil y Gendrassa—, ya que desde el pasado mes de febrero, según el Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados (ACNUR) , han recibido insuficientes cantidades de alimentos y esto está afectando a su salud.

En marzo solo recibieron raciones alimentarias para siete días, mientras que en abril fueron para diez días y en mayo se ha conseguido que sean hasta para 20 días.

Escasez de alimentos

La semana pasada, el representante de ACNUR para Sudán del Sur, Cosmas Chanda, y el director para este país del Programa Mundial de Alimentos (PAM), Michael Sackett, visitaron los campamentos para hablar con los refugiados y las ONG que trabajan en ellos sobre los retos de transporte de la ayuda. Durante los mismos, les prometieron que se hará todo lo posible para que en junio puedan recibir raciones alimentarias para 30 días.

Para tratar de resolver el problema, y dada la dificultad de hacer llegar suministros por carretera desde Yuba, la capital de Sudán del Sur, o desde otros puntos del país, tanto el PAM como ACNUR están buscando alternativas.

Así, el PAM se dispone a enviar alimentos en barcazas por el Nilo desde Yuba, lo que permite envíos grandes y a un precio bajo, y está discutiendo con el Gobierno del vecino Sudán sobre la reapertura de la frontera para la entrada de envíos humanitarios.

Por su parte, ACNUR y otras organizaciones humanitarias están explorando la posibilidad de que los refugiados cultiven sus propios alimentos, para lo cual se han adquirido algunos terrenos para el cultivo y se han adquirido 45 toneladas de semillas.

Pero por ahora, el avión ha resultado ser el medio más efectivo de hacer llegar los esperados alimentos, que normalmente el PAM hacía llegar desde Etiopía y almacenaba en la zona para su reparto. Así, se han enviado aviones, que en algunos casos han lanzado la ayuda desde el aire, desde Gambella, en la vecina Etiopía, y Yuba.

"El PAM está comprometido a prestar asistencia alimentaria a los refugiados en el condado de Maban y las operaciones aéreas nos han permitido esta asistencia crítica", ha reconocido Sackett. "Sin embargo, lo que sería mejor es el transporte terrestre o fluvial que no solo es más barato sino que nos permite mover grandes volúmenes de alimentos", ha precisado.

En este sentido, el director del PAM en Sudán del Sur ha defendido que "es absolutamente crítico detener los combates y levantar otros obstáculos que impiden estos repartos de ayuda que salvan vidas".

Sudán del Sur, la catástrofe más joven

Una de las que se han beneficiado de esta ayuda es Falcime Idriss, de 22 años y que hace tres huyó junto a su familia del estado sudanés de Nilo Azul. "Los combates (en Sudán del Sur) no han llegado hasta nosotros pero afectan a nuestra zona", reconoce.

"Las carreteras están bloqueadas, la gente no puede traer alimentos y esto está afectando a muchas personas, especialmente los más vulnerables como los niños y las mujeres que están amamantando", relata la joven.

"Los que luchan están matando a personas inocentes. Sé lo que significan los combates", añade, haciendo un llamamiento para que "dejen de combatir y resuelvan sus diferencias pacíficamente".

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