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La extrema derecha brasileña refuerza su alianza histórica con Netanyahu

El expresidente de Brasil, Jair Bolsonaro, estrecha la mano con el primer ministro de Israel, Benjamin Netanyahu, en marzo de 2019.

"Por respeto y admiración al pueblo de Israel repudio el ataque terrorista de Hamás, grupo terrorista que felicitó a Luís Inácio Lula da Silva cuando el Tribunal Superior Electoral le anunció como vencedor de las elecciones de 2022". El primer tuit del ex presidente de Brasil Jair Bolsonaro tras los atentados de Hamás fue un estudiado triple salto mortal: seguía sembrando dudas sobre la victoria electoral de Lula, le asociaba al terrorismo y cerraba filas con Israel. Mientras el gobierno brasileño intentaba una declaración del Consejo de Seguridad de la ONU para abrir un corredor humanitario, Bolsonaro redoblaba su apoyo incondicional a Israel. Tras dar por válido el bulo de los bebés isralíes degollados en Palestina, el ex presidente insinuó que Hamás, Hezbolá y el Gobierno de Lula quieren destruir Occidente. Algunos de sus tuits, repletos de banderas israelitas, concluyen con "¡Que Dios bendiga Israel, Occidente y Brasil!".

La alianza de la familia Bolsonaro y Benjamín Netanyahu es tan corta como intensa. Netanyahu se convirtió en el primer ministro de la historia de Israel en visitar Brasil. Unos días antes de su pose presidencial, Jair Bolsonaro le recibió con todos los honores. Con la cortina de humo de trasladar la embajada brasileña de Tel Avi a Jerusalén, algo que acabaría no ocurriendo, Bolsonaro relanzó una relación privilegiada con el gobierno Netanyahu. En abril de 2019, Jair Bolsonaro realizó su primera (y polémica) visita a Israel. Aparte de sellar acuerdos sobre tecnología militar y conocer empresas start up, visitó el Muro de las Lamentaciones de Jerusalén (algo que irritó a los países árabes). Unos meses después, Eduardo Bolsonaro, el más internacional hijo del entonces presidente, visitó Psagot, un asentamiento judío ilegal en Cisjordania.

Las visitas a Israel de la familia del ex presidente redondeaban una construcción narrativa que desde 2016 une la figura de Jair Bolsonaro a la "Tierra Santa" con un híbrido de armamentismo y fe, de narrativas militares y profecías.

La mitología israelí de Bolsonaro

En mayo de 2016, mientras el Senado votaba la tramitación del impeachment contra Dilma Rousseff, Jair Bolsonaro apareció en el río Jordán de Israel siendo bautizado por el pastor evangélico Everaldo. En un vídeo de cuarenta y tres segundos, rodeado de algunos de sus hijos, Bolsonaro vestía una túnica blanca para la ocasión. Un día después de su bautizo, Bolsonaro felicita desde Israel al pueblo brasileño por haber apoyado el impeachment. De ahí en adelante, pasó a divulgar su segundo nombre, Messias. Hasta entonces, era conocido como Jair Bolsonaro o simplemente como Bolsonaro.

Jair Mesías Bolsonaro, más que un nuevo nombre, era la punta de lanza de un nuevo mito de carácter profético diseñado para lanzar una campaña presidencial. La trabajada narrativa de enviado divino contra la corrupción venía acompañada por una profusión de símbolos israelíes. En muchos mítines bolsonaristas, las banderas de Israel pasaron a ser habituales. En el segundo turno de las elecciones de 2022, Michelle Bolsonaro fue a votar con una camiseta de Israel.

Ante una izquierda extraviada, incapaz de detectar los movimientos tectónicos del relato de la derecha radical brasileña, la familia Bolsonaro fue ejecutando una peculiar adaptación tropical del ala conservadora del sionismo. La alianza israelí sirvió de puente para unir elementos tan dispares como el armamentismo, las iglesias evangélicas y el emprendedurismo. Uno de los principales objetivos sería conseguir el apoyo del electorado evangélico, que considera a Israel un actor fundamental en la supuesta lucha del bien contra el mal. "Hay una construcción de esa idea de un judío imaginario. Y ese judío es blanco, heterosexual, armamentista y de derecha. Esa imagen pasó a ser muy usada por la derecha brasileña", aseguró a la BBC Brasil. Michel Gherman, profesor de Sociología de la Universidad Federal de Río de Janeiro (UFRJ) e investigador del Centro de Estudios de Antisemitismo de la Universidad de Jerusalén.

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El Templo de Salomão de la Igreja Universal do Reino de Deus de São Paulo ha sido durante años un laboratorio del puente israelí del bolsonarismo. El mismísimo Jair Bolsonaro visitó en varias ocasiones este templo repleto de banderas y símbolos israelíes, todo un bastión del neopentecostalismo, línea dura de las iglesias evangélicas. Las historiadoras Ana Beatriz Tavares y Melissa Maria dos Santos, en su artículo O Templo de Salomão e a estética da teologia da prosperidade, estudian las dinámicas de esta iglesia. El Templo de Salomão abraza la "teología de la prosperidad", una teoría que concilia el cristianismo y el capitalismo. "El discurso del individualismo exacerbado, de la meritocracia, del emprendedurismo y de la acumulación se hace compatible con el cristianismo dentro de una perspectiva materialista capitalista", escriben Ana Beatriz Tavares y Melissa Maria dos Santos.

La extrema derecha brasileña se apoya con frecuencia en la profecía bíblica que solo contempla la resurrección de Jesús si Jerusalén está sobre dominio judío (Salmos 122.6). Y en el bolsonarismo, de la profecía bíblica a la arenga armamentística, hay apenas un paso. En 2019, Jair Bolsonaro aprovechó su visita a Israel para propagar la apología de las armas. Con una imagen situada en "Jesuralén, Israel", escribió en su perfil de Instagram: "Lo que vuelve a un arma nociva depende 100% de las intenciones de quien la posee. Defiendo la libertad, con criterio, para ciudadanos que quieren protegerse y proteger a sus familias".

La nueva guerra entre Israel y Hamás, aparte de reforzar la alianza de la extrema derecha brasileña con Netanyahu, viene como anillo al dedo al bolsonarismo. Las múltiples investigaciones por golpismo y corrupción que cercan al exmandatario de Brasil han pasado a un segundo plano. La guerra cultural que coloca a la familia Bolsonaro y sus aliados como enviados divinos contra las fuerzas del mal que pretenden destruir los valores de Occidente, vuelve a tomar aire en un país que continúa fuertemente polarizado.

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