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Crisis humanitaria en el Mediterráneo

La mayoría de refugiados atrapados en Grecia no están siendo reubicados

Refugiados en un campo del distrito de Elaionas, en Atenas.

Helena Vázquez | Atenas

“Si no fuera por mi familia, volvería a Síria, aquí [en Grecia] no me siento tratado como un ser humano”, explica Yousef Rima desde un centro de alojamiento para refugiados de Atenas. Yousef desea poder viajar a Alemania, donde piensa que puede trabajar y escolarizar a sus hijas. Agarrando a su pequeña entre sus brazos, insiste que viene a Europa para poder proveerles la educación que en Homs, Síria, ya no podían recibir.

“Su escuela [señalando a su hija] fue bombardeada, yo mismo recogí los escombros”, añade el padre de dos hijas de cinco y siete años. Sin embargo, este septiembre ni su hija podrá volver a la escuela ni él podrá disponer de un salario para satisfacer sus necesidades básicas. Permanecen atrapados en Grecia, país que retiene a más de 58.000 refugiados, y la única esperanza es confiar en que la burocracia europea les abra las puertas.

Sin embargo, la incerteza y la arbitrariedad están marcando los limitados mecanismos legales a través de los cuales se les abre la posibilidad de poder continuar su viaje hacia el centro del continente europeo.

Los refugiados no quieren quedarse en Grecia

Grecia se convirtió el pasado febrero en una prisión para los solicitantes de asilo que llegaban desde las costas turcas. Los países balcánicos decidieron sellar sus fronteras dejando, a día de hoy, a más de 58.000 migrantes varados en Grecia que huyen de la guerra y el hambre de Oriente Medio y el norte de África. Los campos que albergan a refugiados, generalmente en condiciones de extrema precariedad, se han convertido en habitáculos donde sus residentes permanecen en un estremecedor estado de espera. La gran mayoría de de los afectados, solicitantes de asilo, denuncian que la situación en la que viven es inhumana.

Yousef, de 36 años, recalca que, para tener una vida digna, deben ser considerados “personas” en Europa. “Un ser humano no sólo necesita dormir o comer sino que necesita estar sano, tener la mente sana y ello pasa por trabajar en algo que les llene y curar las heridas de la guerra”, explica el refugiado. Grecia, herida tras una larga y dolorosa crisis económica, que ha dejado más de un 23% de paro y un 36% de personas en riesgo de exclusión social según datos oficiales, nunca sería el país europeo escogido para iniciar una nueva vida. “A veces tengo la sensación de que estoy en un país pobre [refiriéndose a Grecia], los hospitales no funcionan y encontrar trabajo es imposible”, declara el refugiado. Asegura que sus recursos económicos se han agotado, por lo que huir en un país con perspectivas laborales es una prioridad.

Un total de 3.493 solicitantes de asilo han sido reubicados desde Grecia en otros Estados miembros de la UE desde que el programa se puso en marcha, en noviembre del 2015. Otras 656 personas tienen previsto viajar en septiembre, según informa la prensa local. Sin embargo, estas cifras solo representan un pequeño porcentaje de los más de 58.000 que siguen esperando su turno para salir del país helénico. Las opciones que tienen para abandonar el primer país europeo que pisaron son pocas. Tras el cierre de las fronteras vecinas, solo pueden seguir su largo viaje desde Grecia a través del programa de reubicaciones de la UE, dirigido por la Oficina Europea de Asilo Servicio (OEAA) junto con el Servicio de Asilo griego, y el procedimiento de reunificación familiar, para los que tengan familiares que ya hayan solicitado la protección internacional en otro país de la Unión Europea.

Los solicitantes solo pueden dejar constancia de su preferencia por el país en el que quieren ser recolocados, pero, en muchas ocasiones, el resultado final es aleatorio. Antonis Spazis, abogado griego especializado en derechos humanos, explica que el número de plazas que se abren en los distintos países europeos varía de un día a otro. “Su vida depende de la decisión del funcionario griego de turno que coge la solicitud del solicitante de asilo y selecciona un país que tenga una plaza abierta aquel día”, subraya el letrado.

La última decisión recae en los Estados miembros, que deben estar dispuestos a aceptarlos. Si el solicitante se niega a ir al Estado al que finalmente ha sido seleccionado, su única otra opción legal es solicitar asilo en Grecia, lo que implica residir en este país.

Spazis, encargado de asesorar a migrantes y facilitar la comunicación entre el Estado griego y el Estado español, cuenta que asesores legales y refugiados “desconocen los criterios a través de los cuales los funcionarios al mando escogen un determinado país o, en el peor de los casos, deniegan la petición de reubicación”. “Nos hemos encontrado con casos en los que el estado de recepción ha negado el traslado sin exponer las razones de dicha negativa” , explica. Por ello, el experto legal concluye que el proceso es sumamente arbitrario y carece de las garantías legales básicas a través de las cuales los afectados pueden hacer valer sus derechos.

La burocracia europea genera incertidumbre entre los refugiados

Los trámites están llenos además de barreras burocráticas que dificultan el traslado inmediato al lugar de residencia deseado. El padre y los dos hermanos de Mohammed Tamim residen actualmente en Alemania y él espera ser reubicado desde febrero. Tamim es un doble refugiado, su familia huyó de Palestina antes de que naciera y se instaló en un campo de refugiados de Yarmouk, en Siria. La guerra en ese país le ha forzado a tomar, otra vez, el camino del exilio que un día ya hicieron sus padres. Un largo viaje que lamenta no saber cuándo terminará. Para este chico de 17 años el proceso de reunificación familiar le parece aún más complicado que el otro procedimiento alternativo, la reubicación.

“He tenido que recopilar un montón de información para probar que soy menor de edad y que mis parientes son realmente mi familia”, exclama Tamim. Destaca los impedimentos con los que se ha encontrado para obtener la documentación que le piden las administraciones de Grecia y Alemania. En concreto, se queja de las dificultades para recopilar todo el papeleo desde Siria, país que lleva inmerso más de cinco años en un conflicto bélico. Afirma que tuvo que contratar los servicios de un abogado en Damasco y pagar 2.000 euros a un funcionario sirio para recibir su libro de familia en Atenas. Sin este papel oficial, el menor no podía reencontrarse con su familia en Alemania. Han pasado tres meses desde que envió su petición con la documentación adjunta, pero aún no ha recibido ninguna respuesta por parte de las administraciones correspondientes.

Tamim tuvo la suerte de ser asesorado por su familia desde la distancia y recibir el respaldo de ONG. Sin embargo, la desinformación y la falta de asesoramiento legal predominan en los campos de refugiados en Grecia. Según la abogada de extranjería Aggeliki Nikolopoulou, “los refugiados no conocen sus derechos, algunos optan por la reubicación cuando podrían acogerse a la reunificación familiar, pero nadie les informa, es un caos”. Asimismo denuncia que, en ocasiones, se les deniegan sus peticiones de protección internacional pero ni siquiera saben que deben exigir constancia escrita de dichas negativas con el fin de que que puedan recurrir a un abogado para que les tramiten los recursos pertinentes. “La información es una de las herramientas esenciales para ejercer sus derechos y los migrantes en Grecia están gravemente desproveídos de ella”, lamenta la abogada.

La incertidumbre inunda los campos de refugiados esparcidos por toda Grecia. La mayoría de los migrantes llegados antes del 20 de marzo, que son los que pueden acogerse al programa de reubicación, no saben cuándo les van a dar luz verde a sus peticiones. El proceso consta de varias entrevistas, y entre las fechas de una cita y otra pueden transcurrir meses. Salah Afrin, un joven de 25 años que ha huido de Alepo, en Siria, se registró como solicitante de asilo y aspira a ser reubicado. No obstante, hace tres meses que se prerregistró como tal, y aún debe superar dos entrevistas más, cuyas fechas no puede apuntar en su agenda. Está impaciente por llegar a otro país europeo y continuar su carrera de Derecho, pero es consciente de que este sueño está pedniente de una larga lista de espera. Su solicitud de reubicación camina lentamente, tanto, que con frecuencia se desespera. Cuando acude a la ayuda de los teléfonos de contacto para recibir noticias de su procedimiento, nadie le aclara qué día le concertaran su segunda cita para estar más cerca de Irlanda o España, países que marcará como primera y segunda opción en su solicitud para ser reubicado.

Los que no podrán llegar a otro país europeo

Pero no todos ellos podrán conseguir ser trasladados a otro país de la Unión Europea. En primer lugar, la normativa de la UE ha restringido el acceso a refugiados de determinadas nacionalidades fijándose en la media de solicitudes de asilo aceptadas en la UE según la nacionalidad en cuestión. Así sólo tendrán la posibilidad de ser seleccionados dentro del programa aquellos refugiados de nacionalidades que cuenten con una tasa de aceptación de asilo del más del 75 %. Esta fórmula ha excluido a afganos y buena parte los iraquíes, que representan alrededor del 25% y el 15% de los refugiados en Grecia, según ACNUR. Esto significa que para muchos de los inmigrantes la única alternativa para evitar la deportación es conseguir el asilo en Grecia y, por ende, construir en este país del Mediterráneo su nueva vida.

Asimismo, sigue siendo una incógnita el futuro de las más de 12.000 personas que aún siguen atrapadas en las islas después de que la Unión Europea subscribiera en marzo el pacto con Turquía, a quienes se les niega el acceso al programa de reubicación y padecen más dificultades para conseguir el asilo en Grecia. El acuerdo entre la UE y Turquía firmado en marzo de 2016 y puesto en práctica un poco más tarde tiene como objetivo frenar la ola de migración a Europa.

Turquía, a cambio, debía recibir un fondo de ayuda de seis millones de euros para mejorar las condiciones de los migrantes y refugiados atrapados en las islas y conseguir, asimismo, la liberación de visados para sus ciudadanos. Sin embargo, los europeos no quieren conceder los visados que Ankara exige, por lo que Turquía amenaza con romper el acuerdo en octubre si los europeos no ceden. Esto podría abrir de nuevo el flujo de migrantes desde Turquía. Este agosto las llegadas ya han llegado a sus cifras más altas, lo que ha encendido de nuevo las alarmas en Grecia.

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