Elecciones en Portugal

Portugal llega a las urnas con la previsible victoria de los socialistas y un necesario acuerdo de Gobierno aún por decidir

El primer ministro portugués y secretario general del Partido Socialista luso, António Costa.

Portugal decide este domingo si reedita la alianza de izquierdas, la conocida como gerigonça, si explora otras vías de Gobierno o si adopta la vía española del bloqueo. Las tres opciones parecen factibles. Tanto, que ni los expertos se atreven a augurar qué ocurrirá a partir de este 7 de octubre. "Me resulta extremadamente difícil hacer una predicción sólida", dice Pedro Magalhães, sociólogo y politólogo de la Universidad de Lisboa. "Hay muchos escenarios abiertos", añade el sociólogo, también portugués, Fernando Bessa. Ni siquiera las encuestas han sido capaces de predecir un resultado, aunque hay algo que sí vaticinan con seguridad: el actual primer ministro y líder del Partido Socialista (PS) luso, António Costa, repetirá en el poder. Luego, a partir del día siguiente, "habrá que ver el reparto de escaños del resto de partidos" para conocer el Gobierno, dice Bessa. 

La incertidumbre con la que los portugueses llegan este domingo a las urnas concuerda con el movimiento que han tenido los sondeos durante los últimos meses. "En un primer momento, las encuestas daban una mayoría absoluta al Partido Socialista, algo que en Portugal puede obtenerse con poco más del 40% de los votos" y 116 escaños, dice Bessa. Pero, "a medida que fue pasando la campaña, todos los sondeos" cambiaron de idea. Y aunque todavía no se puede hablar con resultados en la mano, "sería muy extraño que todas las encuestas se equivocaran", asegura. Uno de los últimos pronósticos, realizado por Cesop-UCP y publicado por el periódico portugués Públicoel pasado 1 de octubre, auguraba que los socialistas ganarían las elecciones, pero necesitarían el apoyo de otros partidos para gobernar. Eso sí, ya no sería necesario reeditar la gerigonça, es decir, el Gobierno de Costa apoyado exteriormente por el Bloque de Izquierda (Bloco, BE, por sus siglas en portugués) y la Coalición Democrática Unitaria (CDU), que agrupa al histórico Partido Comunista Portugués (PCP) y a Los Verdes. Ahora, afirma Marina Costa Lobo, politóloga en el Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de Lisboa, si las encuestas acertaran, a los socialistas les bastaría con el único apoyo del Bloque, un partido que aglutina a socialistas, ecosocialistas, feministas, anticapitalistas y libertarios y que, con matices, podría extrapolarse y apodarse como el Podemos portugués. 

Ese acuerdo se fraguó en el año 2015. La cita con las urnas dio la victoria a Pedro Passos Coelho, líder del derechista Partido Social Demócrata (PSD), con 102 escaños. Se formó un Gobierno con él al frente, pero sólo duró 11 días, según recuerda Patricia Lisa, investigadora del Real Instituto Elcano. Y es que las izquierdas, con una suma de escaños mayor, presentaron una moción y lograron acordar un Ejecutivo alternativo, explica. Algo similar a lo ocurrido en España con la moción de censura presentada por el PSOE y apoyada por Podemos y los partidos independentistas que logró desalojar al conservador Mariano Rajoy de la Moncloa. Así, el PS de Costa (con 86 escaños), el BE de Catarina Martins (con 19) y el CDU de Jerónimo de Sousa (con 17), consiguieron aupar a Costa como primer ministro. 

Serán las correlaciones entre las fuerzas, añade Lisa, las que tengan la última palabra. Y estas podrían cambiar con el crecimiento de otra fuerza política que, hasta ahora, no estaba en el tablero: el Partido Personas, Animales y Naturaleza (PAN) de André Silva. La misma encuesta vaticina que la formación podría duplicar el número de diputados actuales, convirtiéndose posiblemente también en una llave para el futuro Ejecutivo. No es el único sondeo que lo avanza: otro elaborado por Intercampus y publicado el pasado 3 de octubre prevé la misma irrupción. Y todos los expertos consultados lo sitúan como parte activa de las futuras negociaciones de Gobierno. 

Un amplio abanico de escenarios

El voto, a la luz de las encuestas, está muy fragmentado, por eso no hay nada decidido. Y esto tiene una explicación. Según Bessa, los portugueses "guardan un mal recuerdo de los gobiernos con mayoría absoluta", tanto de los de izquierdas (como el de 2005) como de los de derechas (como los de 1987 y 1991). "Lo que quieren los ciudadanos es obligar al PS a que llegue a acuerdos con otras fuerzas políticas", opina el experto. Algo similar, añade, a la experiencia de estos últimos cuatro años. Porque, según Lisa, las previsiones no contemplan un futuro Gobierno de coalición, sino un Gobierno en solitario con ayuda externa de otros partidos. ¿De cuáles? Eso es lo que está por ver. 

 

La líder del Bloque de Izquierdas portugués, Catarina Martins. | Bloco de Esquerda (BE)

"Hay muchas posibilidades", dice Bessa, que cree que, no obstante, el principal objetivo de Costa es alcanzar un acuerdo con un PAN crecido en las urnas (ahora sólo cuenta con un diputado). Esto podría ocurrir, pero el reparto de escaños también podría permitir a los socialistas gobernar solo con el Bloque —sus enemigos en campaña, según Bessa— o solo con el CDU. Al menos, si las encuestas aciertan en su vaticinio de que no tendría porqué reeditarse una gerigonça. Y hay una última opción, aunque más complicada: que el PS gobierne con el apoyo del PSD, es decir, de la derecha.  

"Depende de los incentivos que tengan los diferentes partidos para aliarse o no con el PS", dice Magalhães. "Para el Bloque y el Partido Comunista, apoyar un acuerdo gubernamental era una estrategia arriesgada que podía ser castigada por sus votantes", dice. "Los resultados" de este domingo "serán la prueba de si esta estrategia ha dado sus frutos", sostiene. 

Pero si las opciones son tan amplias, dice Bessa, es porque Costa "es un político muy hábil, muy experto y con muy pocos principios". "Es un superviviente de la política portuguesa. En las anteriores elecciones fracasó y consiguió llegar a un acuerdo y ser primer ministro", recuerda. Una actuación que, sin duda, repetirá ahora, según cree el experto. "Será rápido y astuto y hará todo lo necesario para mantenerse en el Gobierno", asegura. 

Cuatro años de gerigonça

 

El líder de la Coalición Democrática Unitaria (CDU), Jerónimo de Sousa. | Coligaçao Democrática Unitária (CDU)

"Lo único que está claro, y cualquier experto coincidirá conmigo, es que Costa será primer ministro el lunes", dice Bessa. Un resultado previsibile que también tiene una explicación. Y es que, durante estos cuatro años, el líder de los socialistas cambó parte de las medidas que la Troika —la Comisión Europea, el Banco Central Europeo (BCE) y el Fondo Monetario Internacional (FMI)— impuso durante la crisis. Tal y como recuerda Costa Lobo, el Ejecutivo de la gerigonça aumentó el salario mínimo hasta los 600 euros, revirtió los recortes a los funcionarios y a los pensionistas, eliminó los aumentos de IVA para los restaurantes y redujo las horas de trabajo semanales del sector público de 40 a 35 horas. "En términos macroeconómicos han sido capaces de reducir el desempleo, aumentar el crecimiento y producir el déficit presupuestario más bajo desde 1974", dice. "El Gobierno ha tenido una trayectoria muy positiva, ha sido un modelo de Gobierno que ha permitido que Portugal ocupe un lugar más relevante en la UE", afirma Diego López Garrido, vicepresidente de la Fundación Alternativas.

No obstante, Bessa insta a relativizar y comparar los datos. Si se analiza el Producto Interior Bruto (PIB) portugués con el español, dice, los lusos salen claramente perdiendo. Aun así, marcar una nueva era diferente a la influida por la Troika ha generado muchos beneficios al Gobierno liderado por Costa. "La gente estaba muy enfadada con esas políticas, muy cansada de ellas. Por eso, un Gobierno que hiciera una política un poco diferente ya iba a gustar a la gente", argumenta Bessa. Aun así, critica, han quedado cosas por hacer. 

Por ejemplo, la reforma laboral tan solicitada por sus socios de Gobierno. Costa "ha hecho pequeños retoques de la ley aprobada por la derecha, pero nada más", lamenta Bessa, que explica este hecho enmarcando al PS dentro de los partidos socialdemócratas europeos, que "procuran hacer políticas de izquierdas sin enfrentarse a los intereses de la patronal". Además, aunque es cierto que ahora mismo el empleo no supone un problema, el sociólogo critica que los puestos de trabajo creados durante estos años en Portugal son precarios, "con bajos salarios y ligados al turismo y a la hostelería". 

Aun así, a Lisa le parece importante resaltar que esta experiencia de Gobierno, que ha logrado mantenerse desde 2015, muestra una "resiliencia de la política portuguesa" que ha sabido salir de la fractura social que generó la crisis y estabilizar la ruptura del bipartidismo. Y esto, dice, deja importantes lecciones: "El sistema se ha adaptado a un escenario de fragmentación entre partidos abriéndose a alianzas inéditas que, en el futuro, podrán hacerse a la izquierda y a la derecha". 

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