GOLPE DE ESTADO EN VENEZUELA
Trump usa la caída de Maduro para enviar a la región un mensaje: su dominio total del hemisferio occidental
Ni siquiera el talento de Philip Roth hubiera podido recrear lo que ha sucedido en Venezuela desde la madrugada del sábado. En su novela La conjura contra América, Roth imaginaba una ucronía en la que el fascismo se apoderaba de Estados Unidos en plena Segunda Guerra Mundial. En un abrir y cerrar de ojos, los Delta Force del ejército norteamericano secuestraban a Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, mientras la aviación bombardeaba instalaciones estratégicas y la operación militar ponía contra las cuerdas al chavismo, en estado de shock y con la única opción de sentarse a negociar una rendición. Un golpe quirúrgico con el que Donald Trump ha querido enviar un mensaje diáfano a toda América Latina: el dominio total de Washington sobre el hemisferio occidental.
El presidente estadounidense dio algunas pistas sobre los próximos pasos a seguir en una rueda de prensa celebrada en su residencia de Mar-a-Lago. Si Caracas no se rinde, habrá una segunda intervención armada. Una opción que pareció descartar al sugerir que los dirigentes bolivarianos habrían entendido el mensaje. Aunque el chavismo sigue hoy en el poder, Trump habla ya de una transición “segura y ordenada” en Venezuela en la que Estados Unidos se arroga el papel de árbitro y gendarme. Una transición en la que todavía no está claro cuál será el papel de la oposición y de su principal líder, María Corina Machado, de quien Trump dijo que no contaba con los apoyos suficientes para gobernar. ¿Está negociando Washington entre bambalinas con los sucesores de Maduro esa “transición ordenada”? Esa es la pregunta que quedó flotando en los salones de Mar-a-Lago tras la revelación hecha por Trump de que la vicepresidenta, Delcy Rodríguez, se habría puesto a su disposición.
La intervención armada en Venezuela —la mayor en la región desde la invasión de Panamá en 1989— ha sido el primer gran experimento de la nueva Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos. De su éxito final depende que el “corolario Trump” a la doctrina Monroe, como figura en ese documento, se pueda desarrollar a lo largo y ancho de la región. Como ha publicado The New York Times en su editorial, el ataque de Donald Trump en Venezuela es “ilegal e imprudente”. Pero eso no parece importarle al líder republicano. Es más, no descarta ataques, ilegales o imprudentes, contra otros gobernantes "si no son justos con sus pueblos". Unas palabras de las que habrán tomado nota en La Habana y Managua.
A Maduro y Flores les aguarda ahora una acusación por narcotráfico en un tribunal de Nueva York. La fiscal general de Estados Unidos, Pam Bondi, no tardó en confirmar los cargos por narcotráfico y corrupción contra los dirigentes chavistas: “Ambos enfrentarán pronto la ira de la Justicia estadounidense”.
Entre las hipótesis que se barajan sobre el éxito del secuestro de Maduro y Flores cobra fuerza la del apoyo interno. Según la agencia Reuters, la CIA habría contado con una fuente en el interior del Gobierno venezolano que les habría ayudado a rastrear y localizar a la pareja presidencial en la residencia en la que pernoctaban. Es sabido que la agencia de inteligencia estadounidense opera en Venezuela desde hace tiempo. Hugo Chávez (1999-2013) ya denunció su intromisión durante su mandato y su participación en el efímero golpe de Estado de abril de 2002.
Sucesión o transición
Mientras el chavismo se sacude el golpe y busca posibles traidores en su propio seno, hay varias figuras que se postulan como posibles sucesores de Maduro. Si se respeta el orden constitucional, sería la vicepresidenta Delcy Rodríguez la que tome el mando Ejecutivo del país. No se sabe con certeza desde dónde transmitió un mensaje de audio exigiendo una prueba de vida de Maduro. En un principio se informó de que estaba en Rusia pero más tarde el canal oficialista Telesur confirmó que se encontraba en Venezuela. Su hermano Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional y tercero en la línea de sucesión, sería otro de los dirigentes susceptibles de permanecer en la nueva cúpula del poder. No ha aparecido públicamente desde los ataques. A quien sí se vio en las calles de Caracas, y así lo emitió la televisión venezolana, fue al ministro del Interior y número dos del régimen, Diosdado Cabello, con chaleco salvavidas y arengando a un grupo de seguidores a mantener la calma. Otro peso pesado del chavismo es el ministro de Defensa, el general Vladimir Padrino. La cúpula militar ha cerrado filas, hasta ahora, en torno a su mando. La fidelidad del ejército al chavismo será, sin duda, una de las claves de su supervivencia o debacle.
A estas alturas, ya hay pocas dudas de que las verdaderas intenciones de Estados Unidos en Venezuela no pasan por acabar con el narcotráfico. Como ha sucedido históricamente en la región y la Casa Blanca se ha encargado de reconocer en la reciente Estrategia de Seguridad Nacional, Washington sólo tiene un objetivo en el país caribeño: hacerse con sus ingentes recursos naturales. En territorio venezolano se encuentran las mayores reservas de petróleo del mundo y enormes yacimientos de gas. Además, es rico en minerales y tierras raras. Para consumar sus propósitos, Trump precisa de un gobierno títere que le entregue en bandeja de plata esos recursos. Así ha sido siempre y así quiere el magnate republicano que siga funcionando esa relación desigual con sus vecinos del sur. En palabras del propio Trump: “Vamos a tener a las mayores empresas petroleras allí, van a arreglar las infraestructuras y a hacer que el petróleo reporte dinero”.
Pero, ¿quién conformará ese gobierno entreguista? Hasta el ataque de este sábado, la dirigente María Corina Machado era la principal baza de la oposición para el postchavismo. Sin embargo, Trump parece que ha cambiado de planes respecto de la polémica Premio Nobel de la Paz. Mientras Machado proclamaba en un comunicado que estaban listos para “tomar el poder”, el magnate republicano sugería que tiene otros nombres en la cabeza para la transición.
La caída de Maduro ha sido desde hace un año la gran apuesta del secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio. De padres cubanos, Rubio no ha escondido nunca su animadversión hacia los gobiernos de izquierdas en América Latina. Si el chavismo se desmorona en Venezuela, será un primer trofeo para un Rubio que tiene también en la mira a Nicaragua y, especialmente, a Cuba. A Trump, más pragmático, no le preocupan tanto esos países con escasos recursos naturales. Está más preocupado por un cambio político en Colombia, con elecciones a la vista en mayo. Nadie duda de que intervendrá de una u otra manera en ese proceso electoral a favor de los candidatos de la oposición. Aunque su mayor deseo sería ver al presidente Gustavo Petro fuera del gobierno antes de mayo.