El acuerdo UE-Mercosur llega a su firma en Bruselas con Francia aislada y concesiones de última hora

Los agricultores franceses continúan sus bloqueos de autopistas y carreteras en torno a París.

Lucie Delaporte (Mediapart)

Oficialmente, Francia sigue insistiendo en que, en lo que respecta al Mercosur, "las cuentas no cuadran". El Ejecutivo seguirá hasta el final echando un pulso para aportar “equidad y justicia” a sus agricultores, según ha informado el Ministerio de Agricultura. Pero entre bastidores, todo el mundo admite que ya está todo decidido.

Tras 25 años de negociaciones, el tratado de libre comercio deberá aprobarse en Bruselas este viernes 9 de enero. Ursula von der Leyen podrá, como estaba previsto, volar a Paraguay para oficializar la firma del texto con los otros tres países: Brasil, Argentina y Uruguay.

Con el anuncio realizado el martes 6 de enero en una carta de la Comisión Europea de una ampliación de 45.000 millones de euros en el próximo presupuesto de la política agrícola común (PAC) para el periodo 2028-2034, Italia se ha sumado a la mayoría de los Estados que desean avanzar hacia la ratificación. En diciembre, la oposición de Giorgia Meloni permitió ganar tiempo frente a una firma del tratado que parecía ya inminente.

Francia, muy aislada, vio así cómo se esfumaba la posibilidad de crear una minoría de bloqueo para contrarrestar un tratado defendido con fervor por Alemania o España.

El miércoles 7 de enero se reunieron en Bruselas los ministros de Agricultura de la Unión para hablar “del futuro de la agricultura y la seguridad alimentaria en Europa”. Una reunión informal que consistió principalmente en negociaciones de última hora para amortiguar el impacto de la firma del tratado en el mundo agrícola.

Un impuesto casi suspendido

El importe del presupuesto de la próxima PAC (2028-2034), que debía pasar de 387.000 a 300.000 millones de euros, fue el primer motivo de enfado para los grandes sindicatos agrícolas franceses. Al aceptar que los importes que normalmente se consideran reservas a medio plazo puedan utilizarse por adelantado, la Comisión Europea ha dado un primer paso para apaciguar a los países más recalcitrantes.

Giorgia Meloni y Emmanuel Macron se felicitaron inmediatamente por esta decisión, como forma de dar a conocer que su presión sobre la Comisión había dado sus frutos, y de preparar a la opinión pública para la inexorable firma del Mercosur.

Otra concesión que estaba sobre la mesa era el aplazamiento de la aplicación del impuesto sobre el carbono a los fertilizantes. El mecanismo de ajuste en frontera por carbono (CBAM), que entró en vigor el 1 de enero, tiene por objeto frenar la importación de los productos industriales más contaminantes, entre ellos los fertilizantes.

“Hoy me he mostrado muy firme en Bruselas: ¡hay que suspender su aplicación a los fertilizantes!”, indicó en la red social X la ministra francesa de Agricultura, Annie Genevard, quien se felicitó de que el comisario europeo de Comercio, Maroš Šefčovič, la hubiera seguido desde el principio.

Intentan salvar su pellejo mostrando que han obtenido contrapartidas, pero que en el fondo no cambian nada

Maxime Combes, economista

Tras una primera versión triunfal del mensaje de la ministra afirmando que el impuesto “se suspenderá”, esta tuvo que aceptar que dicho impuesto “podrá” aplicarse, pero solo tras la adopción de un texto legislativo al respecto. Por lo tanto, no se ha hecho nada.

Este impuesto sobre los fertilizantes supondría un coste adicional medio de 4.000 euros al año por explotación, según los cálculos del Ministerio de Agricultura. En este tema, Francia, que ha liderado la rebelión —sin preocuparse demasiado por sus objetivos en materia de descarbonización—, ha sido secundada por una coalición de países entre los que se encuentran Polonia, Portugal y, ahora, Austria, Hungría, Rumanía e Irlanda.

Ante las protestas de los agricultores, en septiembre se concedió un primer trato de favor a los fertilizantes nitrogenados, ya que la Comisión aceptó una supresión casi total del recargo sobre los valores por defecto de los fertilizantes (los valores del coste del carbono calculados por país).

En cuanto a las medidas destinadas a suavizar la firma del acuerdo con Mercosur, Francia aprobó el martes un decreto que prohíbe la importación de vegetales tratados con sustancias prohibidas en la Unión Europea, en concreto un herbicida y cuatro fungicidas. Al no haber logrado convencer a la Comisión de que avanzara en este tema, Francia decidió adoptar unilateralmente este decreto, que afecta a frutas, verduras y cereales, muchos de los cuales proceden de Sudamérica. La Comisión tiene diez días para decidir si lo acepta o no. Al término de la reunión de ministros de Agricultura, la ministra Genevard aseguró que la Comisión estaba de acuerdo con la prohibición de las importaciones que contuvieran residuos de tres de esas sustancias. “Los agricultores son sensibles a la reciprocidad de las normas de producción”, explicó, y dijo que esperaba “seguir avanzando” en este tema.

Una votación en el Parlamento Europeo

¿Serán suficientes esas concesiones para apaciguar al mundo agrícola? No hay nada seguro. La Federación Nacional de Sindicatos y Productores Agrarios (FNSEA), mayoritaria, aseguró que el “trapo rojo” del Mercosur provocaría movilizaciones “más importantes” que las que ya han comenzado esta semana en el campo.

En el ámbito político, mientras que Mercosur cuenta con una oposición prácticamente unánime, no se han hecho esperar las advertencias contra un voto favorable de Francia el viernes. “Si el presidente de la República vota a favor del Mercosur después de todas las declaraciones [que ha hecho], se arriesga a una moción de censura”, declaró el miércoles en una rueda de prensa Bruno Retailleau, presidente de Los Republicanos (LR). Jordan Bardella (RN) aseguró en X que “Macron está preparando a la opinión pública para una verdadera traición a nuestros agricultores, justificada por ‘garantías’ ilusorias y promesas sin futuro”.

En la izquierda, Jean-Luc Mélenchon (LFI) explicó que la firma del tratado sería “una catástrofe” y “significaría el fin de toda esperanza para la agricultura familiar”.

Para el economista de Aitec Maxime Combes, miembro del colectivo Stop Mercosur, las vacilaciones de Emmanuel Macron sobre un tratado cuya filosofía comparte en general no han ayudado a la diplomacia francesa. “Intentan salvar el pellejo mostrando que han obtenido contrapartidas, pero que no cambian nada en el fondo. La oposición al Mercosur es una labor diplomática que requiere cierta constancia”, de la que, en su opinión, Francia ha carecido cruelmente.

Si tiene lugar la aprobación del tratado, como está previsto, en Bruselas, “no será el final de la historia, ya que el Parlamento aún deberá pronunciarse”, concluyó Annie Genevard, reconociendo entre líneas que Francia ya ha perdido.

Francia y sus agricultores se oponen al acuerdo entre la Unión Europea y Mercosur

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Traducción de Miguel López

 

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