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La apuesta perdida de Theresa May

La primera ministra británica, Theresa May, ofrece una rueda de prensa en el número 10 de Downing Street.

“Hung parliament”. Ésa es la expresión que se puede escuchar en los medios de comunicación británicos desde el jueves por la noche. Un Parlamento indeciso, sin mayoría de ningún partido. La situación es muy poco frecuente en la historia política británica: desde la Segunda Guerra Mundial sólo se ha dado en dos ocasiones.

Efectuado el escrutinio de las elecciones anticipadas, celebradas el jueves 8 de junio, los conservadores sólo han conseguido 315 escaños en la Cámara de los Comunes, muy lejos de los necesarios para conseguir la mayoría absoluta (326) y 12 representantes menos que los que sumaban en el Parlamento previo. Por su parte, los laboristas se encuentran en franca progresión: han logrado 261 diputados, 31 más que en la legislatura anterior. Los Liberal Demócratas apenas han sufrido cambios (12 escaños), mientras que el partido independentista escocés ha perdido 19 escaños y ahora tiene 35 diputados. La primera ministra Theresa May ha perdido el órdago lanzado, en su aspiración por reforzar su mayoría parlamentaria, para negociar mejor el brexit. No obstante, su formación ha conseguido más votos: casi 13,6 millones de sufragios, un 5% más que en 2015. El alza se debe, en parte a la importante participación electoral, que también ha beneficiado a los laboristas.

Aunque Theresa May anunciaba este viernes por la mañana su intención de mantenerse en el poder y formar una coalición con el Partido Unionista Irlandés (DUP, que ha obtenido 10 escaños), se avecina un nuevo periodo de turbulencias... en vísperas del inicio de las negociaciones del brexit, previsto para el 19 de junio, en Bruselas. Florence Faucher, investigadora, profesora en el centro de estudios europeos de Ciencias Políticas y experta en Reino Unido, analiza los resultados electorales

PREGUNTA: ¿Cuál es la principal enseñanza que podemos extraer de estas elecciones?

RESPUESTA: El elemento principal de estos comicios es la sorpresa. Es la segunda vez, en unas elecciones generales, y la tercera en tres años, que los británicos nos sorprenden en las urnas y sorprenden a las élites dirigentes. Cuando Theresa May disolvió el Parlamento hace siete semanas, pese a haber dicho que no lo haría, lo hizo con enorme confianza, estaba segura de que el Partido Conservador iba a aumentar su número de diputados; disponía de una ventaja de 17 escaños y, creía Theresa May, que esa mayoría podía ampliarse hasta los 80 asientos o incluso llegar al centenar de escaños.

Lo único cierto es que ahora se ve sin mayoría absoluta. May llegó a adelantar las elecciones para lograr  mayor peso, librarse de las presiones, garantizar su autoridad... Para la primera ministra, supone una auténtica catástrofe.

P: ¿Cómo explica la derrota de Theresa May?R:

Se dan varios elementos. En primer lugar, su programa electoral ha sido un poco chapucero. Además, dio un giro de 180 grados en determinadas cuestiones de su programa, al atacar sobre todo a un sector de la población que acostumbra votar a los conservadores: las personas mayores.

Además, durante la campaña se mostró incómoda y evidenció cierta rigidez en las entrevistas. Incluso se negó a participar en el debate televisivo frente a su rival Jeremy Corbyn. En resumen, se mostró huidiza y el Partido Conservador se vio un poco huérfano.

Los atentados no la han beneficiado; en general, este tipo de acontecimientos se cree que pueden favorecer al Gobierno en el poder y a un Gobierno de derechas. En la práctica, ha sucedido todo lo contrario. May ha politizado los atentados al denunciar a su rival y en ningún momento ha tratado de situarse por encima de los acontecimientos. Claro que May fue la responsable de la Policía y de los servicios de seguridad durante los seis años anteriores y ella misma es la responsable de la disminución de los efectivos de policía... No creo que se pueda hablar de incidencia directa de los atentados, pero el modo en que May ha gestionado lo ocurrido ha contribuido a debilitarla y a movilizar a un electorado que ya no confiaba en ella.

En resumen, personalizó enormemente estos comicios, como personalizó el brexit y su Gobierno: se trata de su mayor error y se ha emitido un voto de rechazo a ella. Hace apenas unos meses era muy popular. Estamos ante un verdadero desastre personal de Theresa May.

P: ¿Qué puede pasar ahora? ¿Es posible un Gobierno de coalición?

R: El escenario más probable, a corto plazo, es el de un Ejecutivo conservador minoritario, apoyado por el Partido Unionista Irlandés DUP. Históricamente, el DUP ha respaldado a los conservadores, pero no habrá un ministro del DUP; la tradición política británica no incluye la formación de gobiernos de coalición. El tipo de sufragio está pensado para aumentar la distancia en votos entre partidos, dando lugar a mayorías fuertes en el Parlamento; desde la Segunda Guerra Mundial, sólo en dos ocasiones se han formado Ejecutivos de coalición. Fue en 2010 y en 1974. Efectivamente, en 2010, se formó una verdadera coalición, con un acuerdo de coalición y el compromiso de no ordenar una nueva disolución. Por esa razón, el Gobierno aguantó cinco años. Se trata de un caso muy poco habitual en la historia política británica.

En ese panorama de un Gobierno en minoría, y dado que los conservadores han hecho una importante progresión con respecto a los laboristas, el Gobierno puede mantenerse unos meses antes de su probable disolución.

P: Theresa May ¿no se va a ver abocada a dimitir?

R: Me da la impresión de que va a seguir inicialmente un tiempo como primera ministra. O por lo menos eso afirmó este viernes por la mañana; tampoco tengo claro quién podría sustituirla a una semana del inicio de las negociaciones del brexit. El año pasado, ¡ya resultó muy difícil encontrar un nuevo líder tras el referéndum! Efectivamente, ahora la cuestión es saber cómo va a navegar el Partido Conservador hacia un nuevo líder.

Los medios de comunicación hablan ya de Boris Johnson. Se trata de la personalidad más brillante, pero tiene por costumbre enfadar a sus socios. Otro posible aspirante podría ser David Davis, el actual secretario de Estado para la salida de la UE. En cualquier caso, puede ser él quien se sitúe al frente de las negociaciones del brexit.

Sea como fuere, el Reino Unido entra de nuevo en un periodo de fuerte inestabilidad política. Theresa May se encuentra debilitada en vísperas del comienzo de las negociaciones del brexit. Las diferentes posiciones sobre la salida de la UE no estaban muy claras antes de conocerse el resultado de las elecciones y no lo están mucho más a día de hoy. De hecho, el brexit ha estado prácticamente ausente de la campaña electoral. Pero, una cosa está clara, el papel de los que defendían un brexit “más duro” se verá debilitado en el seno del Parlamento británico.

Curiosamente, ésa ha sido una de las paradojas de estas elecciones: Theresa May convocó elecciones precisamente para negociar mejor el brexit y, en la campaña, todo el mundo evitó, en cierto modo, hablar de la salida de la UE. Este hecho se debe a que, tanto ella como Jeremy Corbyn, no son europeístas convencidos y ellos mismos llegaron a hacer una campaña suave a favor del remain.

Theresa May tomó una decisión un poco precipitada al convocar elecciones anticipadas, probablemente porque se dio cuenta de que las negociaciones con Bruselas iban a ser muy duras y que el país se vería abocado a celebrar legislativas en 2020, justo después de la salida de la UE y por tanto en un momento en que la situación económica puede ser crítica. Quizás anticipó demasiado, buscó demasiado ser estratégica.

Lo que llama la atención es que en el Reino Unido se han sucedido dos primeros ministros conservadores y ambos lanzaron un órdago muy atrevido que ¡perdieron!

P: ¿Cómo explica el éxito de Jeremy Corbyn?

R: Ha hecho una buena campaña, no hay duda. Ha abordado de cuestiones que preocupan a los británicos, asuntos internos como la sanidad, los servicios sociales, las matrículas universitarias. Europa nunca ha estado dentro de las preocupaciones de los británicos.

Se ha movilizado mucho durante la campaña y se ha centrado en esa parte de la población más receptivo a su mensaje, el electorado popular y los jóvenes.

Dicho esto, el éxito es relativo: el Partido Laborista ha quedado en segunda posición. Y el laborismo está dividido, puesto que Corbyn no es santo de la devoción del Grupo Parlamentario, a diferencia de lo que sucede con la militancia del partido, que sí le apoya mayoritariamente. En lo que respecta a la labor de oposición a May, en el Parlamento, los diputados de su partido han dicho de él que es bastante mediocre. No los ha convencido. Sucede que como se esperaba una sonora derrota de Corbyn –algunos pronosticaban resultados similares a los de 1983, el peor de la historia del laborismo– los resultados logrados finalmente han sido una grata sorpresa. Y, a corto plazo, esto impide que el Grupo Parlamentario mueva ficha para acabar con él.

Ahora la verdadera cuestión es: ¿se puede considerar que es un premier ministrable? Pese a su buen resultado, no estoy segura de que haya convencido a nadie. Es verdad que, durante la campaña, ha convencido a los británicos afectados por los recortes sociales, a los usuarios de los servicios públicos, al electorado contestatario..., pero de ahí a convertirse en premier ministrable, no lo creo.

Por otro lado, durante los próximos meses, los dos partidos deberán darle vueltas a esa pregunta, ¿quién es un premier ministrable?

P: Más allá del resultado del Laborismo, el panorama político británico se ha transformado con estas elecciones?R:

Sí, en cierto modo, asistimos al regreso del bipartidismo. Durante 25 años, los dos principales partidos se habían debilitado notablemente. Ahora, por primera vez desde hace mucho tiempo, los votos obtenidos por los conservadores y los laboristas suman el 82% de los sufragios.

Este regreso al bipartidismo va unida a la desaparición del UIKP. Ya desde el sí al brexit, este partido euroescéptico había perdido, en cierta manera, la razón de ser. Con estos resultados, se constata que muchos de sus electores eran o conservadores radicales, que han vuelto al redil de los tories, o gente desencantada, de las clases populares, próximo al electorado de Donald Trump en Estados Unidos –y estos parecen repartirse a día de hoy entre laboristas y conservadores–.

En Escocia, el panorama también ha cambiado con el regreso de los conservadores. Allí no asistimos a la vuelta del bipartidismo, ya que el partido independentista del SNP sigue presente. Eso sí, retrocede al perder 20 escaños. El electorado escocés sigue su propia agenda. Las posiciones de Nicolas Sturgeon han cambiado a medida que evolucionaba Theresa May y, por último, creo que este resultado se ha visto influido por el hecho de que numerosos electores no querían la independencia de Escocia defendida por el SNP. Además, es justo subrayar el papel del líder del laborismo en Escocia, que ha llevado a cabo una excelente campaña.

También destaca algo en la geografía de estos comicios: Canterbury, un bastión conservador desde comienzos del siglo XX, ha pasado a ser laborista.

Por último, resulta interesante la tasa de participación, cercana al 69%, y superior a la registrada en 2015 y 2010... Asistimos a una repolitización del electorado británico, vinculado –en mi opinión– a las fuertes divisiones sociales, a las disputas internas del laborismo y al hecho de que desde hace tres años, se celebran elecciones todos los años. Estamos en un momento donde se da una fuerte politización y una fuerte inestabilidad política.

Traducción: Mariola Moreno

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