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Al Baghdadi, el 'califa de Mosul', se pasa al desierto

Captura de imagen de un vídeo sin fechar y cuya localización se desconoce del líder del autodenominado Estados Islámico, Abu Bakr al-Baghdadi.

Jean-Pierre Perrin (Mediapart)

En el vídeo se ve que ha perdido su esplendor. Ya no tiene esa majestuosidad de quien subía ceremoniosamente, kalashnikov en mano y rodeado de un magnífico thob (abrigo tradicional), los escalones del púlpito de la vieja mezquita Al Nouri de Mosul, en el norte de Irak, desde la que se dirigía al mundo para anunciar que el califatose había restablecido, que él era su encarnación y que todos los musulmanes debían "obedecerle".

Han pasado cinco años desde ese 4 de julio de 2014, fecha de su primera aparición pública tras una década en la clandestinidad. El que sus partidarios llaman, con el mayor respeto, "califa Ibrahim", pero que se conoce más por el nombre de guerra de Abu Bakr Al-Baghdadi, en referencia al primer califa (sucesor del Profeta) del Islam, esta vivo y bien vivo. Pero en esta segunda aparición se le ve en una tienda de campaña. El califa de Mosul ha regresado al desierto. De ahí su nuevo apodo: el "califa del desierto".

Su verdadero nombre es Ibrahim Awad Ibrahim Ali Al Badri, alias Abu Du'a durante sus primeros años de rebelde. El jefe del Estado Islámico ha reaparecido este 29 de abril en un vídeo difundido en Al Furqan, la web de la organización. Sigue siendo el hombre más buscado del mundo y los Estados Unidos ofrecen 25 millones de dólares por su captura.

Conocido también como "el fantasma", nunca ha merecido tanto este apodo puesto que, hasta su reaparición, nadie sabía si estaba vivo o muerto. El último mensaje que se le atribuye es una grabación audio difundida en agosto de 2018.

El nuevo vídeo parece auténtico. La fecha en que ha sido filmado no se conoce ni, evidentemente, tampoco el lugar de la grabación. Pero en una parte del vídeo, en la que no aparece, Abu Bakr Al-Baghdadi reconoce los atentados perpetados el 21 de abril, durante la Pascua católica, contra iglesias y hoteles en Sri Lanka, que han causado la muerte de 253 personas y han sido reivindicados por su organización, aunque no sea seguramente la autora.

 

Para él, esta masacre viene de una "venganza por los hermanos (muertos) de Baghuz", último reducto del Estado Islámico reconquistado por las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS), la alianza árabo-kurda apoyada por fuerzas de la coalición internacional.

En las imágenes, el yihadista está envejecido, con la cara cansada, barba grisácea y en parte enrojecida con hena. Su voz es pausada y entrecortada. Tiene las piernas cruzadas y se dirige a tres personas cuyos rostros están pixelados. Hay un kalashnikov apoyado en la pared, viste al estilo beduino y hace pensar más en un guerrillero en fuga que en el "amir al mouminine", el "comendador de los creyentes" que dice ser.

"El vídeo me recuerda mucho al grabado por Abu Musab Al Zarqaui en el que se le ve tirando ráfagas de kalashnikov. Era unos meses antes de su muerte (por un ataque americano, en junio 2006). Se ve que Al Baghdadi está, como estaba Zarqaui, en la lucha por la supervivencia", analiza Khattar Abu Diab, un politólogo especialista en el mundo árabe.

Zarqaui era el fundador de Al Qaeda en Mesopotamia, una organización creada tras la invasión americana de Irak, en abril de 2003, a la que se agregaron otros grupos de combatientes para formar la matriz del Estado Islámico.

En su mensaje, el "califa Ibrahim" parece indicar que el Estado Islámico ha entrado en una segunda fase estratégica después de la pérdida de su "califato", que llegó a tener más de siete millones de habitantes y una superficie comparable a la de Gran Bretaña. La pérdida de su último bastión de Baghuz, el 7 de febrero de 2019, que él evoca de entrada en su sermón, parece cerrar para él la fase del Estado Islámico en tanto que entidad territorial. Habla de ello largo y tendido, nombrando a los diferentes comandantes y felicitando a los combatientes por su valor. A continuación anuncia un nuevo ciclo de combates contra occidente, una batalla que prevé larga.

En el vídeo se ve que él se considera aún el "comendador de los creyentes" y llama a los musulmanes del mundo entero, y por supuesto a los yihadistas, a serle leales. Pero, a diferencia de Bin Laden, está lejos de ser carismático. Tampoco se distingue la perspicacia estratégica de Auman Al Zawahiri, el actual jefe de Al Qaeda, que se esconde probablemente en Pakistán. Tampoco se ve que habite en él el ardor guerrero de Zarqaui, que combatía en primera línea.

"En su sermón, subraya Khattar Abu Diab, se ve que hay dos países particularmente señalados. Son Arabia Saudita y Francia, este último especialmente por su implicación en el Sahel. Se puede ver que menciona a Burkina Faso, donde precisamente acaba de producirse un atentado contra una iglesia protestante, y que exhorta a la acción a Abu Walid Al Sahraui, el jefe del Estado Islámico en el Gran Sahara (EIGS), sospechoso de haber participado en la emboscada de Tongo Tongo que costó la vida, el 4 de octubre de 2017, a cinco militares nigerianos y a cuatro miembros de las fuerzas especiales americanas. Abu Walid Al Sahraui pudo librarse por poco, el 22 de febrero de 2018, de una operación conjunta de soldados franceses de la fuerza Barkhane y de combatientes tuaregs".

El "califa del desierto" no ha olvidado tampoco mencionar a dos yihadistas franceses muy conocidos, Fabien y Jean-Michel Clain.

Como hacía Osama Bin Laden, Al Baghdadi se ha dedicado a un amplio panorama general. Ha mencionado las revueltas populares de Sudán y Argelia, pero evitando apoyarlas porque no se ajustan a "la única vía posible, la de la Yihad". Sobre esto dice, felicitando a los yihadistas libios por un reciente ataque: "Alá nos ha ordenado la Yihad, pero no la victoria".

Queda por saber desde qué refugio ha lanzado su campaña el jefe del Estado Islámico. El investigador Hicham Al Hachemi, especialista en movimientos yihadistas y cercano a los servicios secretos iraquíes, cree que se esconde en la Badiya, una vasta zona desértica que va desde el centro de Siria hasta Irak y que bordea también una parte de Turquía. Se basa en la muerte de su hijo Houdhayfah Al Badri, muerto en julio de 2018 en la gruta donde se escondía por tres misiles rusos teledirigidos.

Ya no estaría protegido más que por un puñado de combatientes y una mini guardia cercana constituida por su hermano mayor, Joumoua, su chófer y guardaespaldas Aldellatif Al Joubouti, que conoce desde la infancia, y su mensajero Saud Al Kurdi. Sus días estarían pues contados aunque en esta región, al Este del Éufrates, el Estado Islámico cuente todavía con numerosos grupos armados. Esto es lo que ha informado recientemente una delegación kurda de visita en París.

  Traducción de Miguel López.

Aquí puedes leer el texto original en francés.  

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