Cisjordania, una tierra cada vez más hostil para periodistas palestinos y extranjeros
¿Y si, en lo que respecta al bloqueo informativo, Gaza hubiera servido de laboratorio para unas prácticas que Israel pretende ahora replicar en Cisjordania? Entre las agresiones, a menudo impunes, de colonos a periodistas, el acceso cada vez más restringido al terreno y las detenciones arbitrarias de reporteros, la cobertura periodística de la ocupación israelí en Cisjordania nunca ha estado tan obstaculizada.
“Es la culminación de un proceso que comenzó mucho antes del 7 de octubre, que se intensificó con la prohibición de entrar en Gaza y que continúa debido a la imposibilidad de acceder a determinadas zonas de Cisjordania”, coinciden en señalar una decena de periodistas, palestinos y extranjeros, así como observadores de la libertad de prensa en la región, todos ellos entrevistados por Mediapart.
La voluntad del Estado hebreo de estrechar el cerco en torno a la prensa internacional volvió a quedar patente el 11 de junio de 2026, con la expulsión por parte de las autoridades israelíes de la reportera francesa Alice Froussard, pocas horas después de su llegada al aeropuerto Ben-Gurión de Tel Aviv.
Cuando se presentó el día anterior en la aduana israelí, la periodista de Radio France Internationale (RFI) llevaba consigo todos los documentos necesarios, un visado y una orden de misión oficial de la emisora pública.
Sin embargo, las autoridades locales la detuvieron y la llevaron a un interrogatorio. Durante unos veinte minutos, apenas le hicieron preguntas; más bien le dirigieron reproches sobre su labor periodística, a la que acusaban de ser sistemáticamente desfavorable a Israel.
Hasta aquí, nada realmente inusual, piensa Claire Duhamel, corresponsal de France 24 en Jerusalén, que viaja con ella. “Ya le ha pasado varias veces; este tipo de interrogatorios suele durar mucho más. En ese momento, una piensa que una llamada a la embajada de Francia puede arreglar rápidamente la situación”, explica.
Motivos políticos para justificar la expulsión
A Alice Froussard le confiscan el pasaporte y se ve obligada a pasar la noche en la terminal del aeropuerto de Tel Aviv, sin poder salir de allí. Al día siguiente, hacia las 9 de la mañana, los agentes de control israelíes le indican que debe subir a un avión de regreso a Francia.
En la notificación “destinada a impedir la entrada en Israel de Alice Froussard”, firmada por el director general del Ministerio de la Diáspora y de la Lucha contra el Antisemitismo, a la que Mediapart ha tenido acceso, solo se esgrimen motivos políticos para justificar la expulsión de la periodista.
Se le reprocha, en particular, haber calificado de “draconianas” las leyes aprobadas por el Parlamento israelí para autorizar la expulsión de familias palestinas acusadas de vínculos con el terrorismo, y haber afirmado que “el sistema judicial israelí era de dos velocidades y constituía un ejemplo de apartheid”. Una constatación ampliamente compartida y documentada por la prensa internacional y las organizaciones de defensa de los derechos humanos.
Las autoridades israelíes también reprenden a Alice Froussard por haber calificado de “masacre las operaciones llevadas a cabo en Gaza” y por hacer un llamamiento a no olvidar que la violencia en la región no comenzó el 7 de octubre de 2023.
Para respaldar estas críticas, las autoridades israelíes aportan capturas de pantalla de publicaciones de la periodista en las redes sociales o de artículos, uno de los cuales fue publicado por Mediapart en julio de 2024 —Alice Froussard colabora con nuestro periódico y ha escrito varios artículos sobre la situación en Palestina—, titulado “En la ‘carretera del apartheid’, la segregación va a toda velocidad en Cisjordania”.
En definitiva, pues, ha sido precisamente el ejercicio de un periodismo, crítico pero claramente objetivo, lo que ha servido de base legal para la expulsión de la reportera. Según nuestra información, Alice Froussard ha recurrido la decisión de prohibición de entrada en el territorio israelí y cuenta con la ayuda del abogado de RFI.
La dirección de la emisora pública ha denunciado, además, en un comunicado, “la expulsión de la periodista Alice Froussard a su llegada a Israel” que se produce “en un contexto de crecientes dificultades a las que se enfrentan los periodistas para cubrir la actualidad de la región”.
Tal como señala el Comité para la Protección de los Periodistas, al igual que la reportera francesa, durante el último año se ha prohibido la entrada en Israel o en los territorios palestinos a seis periodistas extranjeros.
En la mayoría de los casos, las autoridades israelíes han alegado motivos relacionados con su labor periodística, en particular el uso de los términos “apartheid” o “genocidio” para describir la política israelí en Gaza o en Cisjordania.
La violencia física, cada vez más habitual
Las trabas al periodismo no se detienen en los aeropuertos israelíes. Los periodistas extranjeros a los que aún se les permite entrar en los territorios palestinos se enfrentan cada vez más a actos de violencia física, hasta ahora reservados principalmente a los periodistas palestinos.
En marzo de 2026, un equipo de la cadena estadounidense CNN fue agredido cerca de la localidad de Tayasir, en el noreste de Cisjordania, y posteriormente retenido brevemente por el ejército israelí.
Todo el mundo acaba contando el número de artículos negativos sobre Israel que ha escrito y preguntándose si no corre además el riesgo de perder su visado
Los periodistas estaban cubriendo los ataques de colonos israelíes y el establecimiento de un nuevo puesto avanzado ilegal, cuando unos soldados les apuntaron con sus fusiles y les amenazaron con confiscarles la cámara. A continuación, un soldado se acercó por detrás al reportero gráfico de la CNN Cyril Theophilos, para estrangularlo y tirarlo al suelo.
“Las dos horas que pasamos detenidos pusieron de manifiesto la ideología colonizadora que mueve a muchos de los soldados que operan en Cisjordania ocupada, así como la forma en que suelen actuar al servicio del movimiento colonizador”, comentaron los reporteros de la CNN.
El ejército israelí confirmó el 13 de julio que, tras la investigación llevada a cabo por la policía militar, no se iniciaría ningún proceso penal contra el soldado autor de la agresión al reportero gráfico de la CNN. Solo recibirá una amonestación.
“Lo que le ha ocurrido a Alice Froussard le podría pasar a cualquier periodista extranjero que lleve mucho tiempo trabajando aquí y que crean que ofrece una cobertura desfavorable para Israel”, opina Claire Duhamel. Otra periodista occidental coincide en lo mismo: “Todo el mundo acaba contando el número de artículos negativos sobre Israel que ha escrito y preguntándose si no corre además el riesgo de perder su visado.”
Y es que las trabas a la prensa internacional en Cisjordania pueden además llegar a llevar a los periodistas palestinos a la misma situación que en Gaza: cuanto más recae sobre ellos la responsabilidad de informar al mundo sobre las violaciones del derecho internacional en esos territorios, más expuestos están a la represión feroz y sin límites de las autoridades israelíes, que tienen muchos menos reparos a la hora de obstaculizar, encarcelar o matar a los reporteros si son palestinos o árabes.
Esos mismos periodistas ya han pagado un alto precio por la guerra sin cuartel que libra Israel contra la libertad de información en la región. Cabe recordar que, desde el 7 de octubre de 2023, han sido asesinados por Israel más de 250 periodistas, en su gran mayoría palestinos, pero también libaneses.
Detenciones arbitrarias y dificultades para acceder al terreno
“Siempre ha sido muy difícil cubrir la actualidad en Cisjordania y Gaza, pero la situación se ha agravado notablemente desde el 7 de octubre”, afirma Shuruq As’ad, periodista palestina desde hace más de treinta años, afincada entre Jerusalén y Ramala. Y menciona, en primer lugar, las dificultades para desplazarse y acceder al terreno.
De hecho, hay más de mil puestos de control cortando y rodeando todas las ciudades y pueblos de Cisjordania, lo que alarga considerablemente los tiempos de desplazamiento. “Pasamos mucho tiempo yendo de un sitio a otro para saber qué puesto de control está abierto y cuál no", explica.
“Ahora se necesita toda una red para realizar un reportaje e informarnos sobre el estado de las carreteras”, explica otra reportera. “Ya no podemos simplemente subirnos a un coche y lanzarnos a la aventura”.
La situación se ve agravada aún más por la arbitrariedad con la que actúan las autoridades israelíes al prohibir el acceso de los periodistas a determinados territorios declarándolos “zonas militares”. Algunos campos de refugiados, como los de Jenín, Nablus o Tulkarem, se han vuelto completamente inaccesibles.
“A veces, los periodistas documentan ataques de colonos y, de la noche a la mañana, se encuentran en zonas declaradas militares. En ese caso, pueden ser detenidos y encarcelados por las autoridades israelíes, incluso si muestran una carné de prensa”, señala Jonathan Dagher, responsable de la oficina de Oriente Medio de Reporteros sin Fronteras (RSF).
Es más, lejos de garantizar su libertad de movimiento y de expresión, el carné de prensa parece haberse convertido en un pretexto para tratar aún con mayor dureza a quienes la poseen.
“Durante los controles, en cuanto les dices a los soldados israelíes que eres periodista, reaccionan con brutalidad, como si hubiera una orden de tratar a los periodistas de forma diferente, como si fuéramos para ellos un objetivo”, explica Shuruq As’ad, también miembro del Sindicato de Periodistas Palestinos.
La periodista cuenta que en varias ocasiones ha sido amenazada con ser detenida por soldados que la acusaban de difundir mentiras sobre Israel y de contribuir a la mala imagen del país en el mundo. Según RSF, hay actualmente en las cárceles israelíes unos veinte periodistas recluidos por su trabajo, a veces sin haber tenido derecho a un juicio.
“Estamos aterrorizados ante la idea de que algún día los militares llamen a la puerta y me detengan sin motivo, delante de mi hijo”, confiesa Shuruq As’ad. “Y sabemos que las cosas se van a poner más difíciles, ya que hace unos días unos colonos se acercaron a mi casa, a unos treinta metros, y colocaron bloques. Tenemos la sensación de estar en tierra de nadie. No hay ley, ni derechos humanos, ni protección, y nadie tiene que rendir cuentas”.
Tratos inhumanos y degradantes
Para Tasnim*, el temor a ser detenida acabó haciéndose realidad. En el verano de 2024, fue puesta en prisión preventiva tras ser citada para un interrogatorio que duró setenta y dos horas en el asentamiento de Ariel. Posteriormente se enteró de que había sido condenada a seis meses de cárcel. Fue puesta en libertad a finales de ese mismo año.
El Estado israelí la acusa de “incitación al odio en las redes sociales” y de apoyar a organizaciones terroristas por haber publicado fotos de su hermano, asesinado por disparos del ejército israelí.
Durante su detención fue sometida a tratos inhumanos y degradantes. “La primera noche en la cárcel me metieron en una celda minúscula, infestada de insectos y equipada con cámaras de vigilancia. Las cucarachas andaban por todo mi cuerpo. No podía soportar el olor del lugar”, recuerda Tasnim.
También cuenta que la esposaban y la golpeaban cuando bajaban a su celda y que fue sometida en varias ocasiones a humillantes registros al desnudo. “Me amenazaban con llamar a funcionarios de prisiones varones si me negaba a ser registrada”.
Varias de sus compañeras de prisión también padecían enfermedades respiratorias crónicas y se veían gravemente afectadas cuando los funcionarios de prisiones rociaban gas lacrimógeno por las celdas. “Vivíamos en un estado constante de miedo y alerta. Las mujeres soldado comían helados y chocolate delante de nosotras para provocarnos”, detalla.
Durante su encarcelamiento, Tasnim perdió 28 kilos debido a la falta de comida y a la pobreza nutricional del rancho. Ahora que está en libertad, vive con el temor constante a ser detenida de nuevo, ya que su condena fue acompañada de una pena de cinco años de prisión condicional.
Nunca había visto a palestinos reacios a contar sus vivencias; eso fue lo que más me impactó
Las fuentes de los periodistas tampoco se libran. Varios reporteros y reporteras palestinos informan de que comerciantes que habían prestado testimonio ante medios locales o internacionales han recibido multas y han sido amenazados con represalias si volvían a hablar con la prensa.
“Las autoridades intentan que nos convirtamos en sinónimo de problemas para la población palestina”, afirma un periodista que ha pedido el anonimato.
“Nunca había visto a palestinos reacios a contar sus vivencias, eso fue lo que más me impactó”, afirma una periodista palestina, con treinta y cinco años de experiencia a sus espaldas y que trabaja para una importante cadena de televisión árabe. Tras dos años de ausencia, que pasó en otro país de la región, regresó a Cisjordania en diciembre de 2025.
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Según ella, el poder absoluto de los colonos, respaldados por el ejército y seguros de su impunidad, hace que el trabajo de periodista sea especialmente peligroso. “No recuerdo haber tenido nunca la sensación de que mi vida dependiera de un solo gesto, de un solo colono que puede disparar en cualquier momento y que sabe que, haga lo que haga, tiene la ley de su parte.”
Caja negra
* Se ha modificado el nombre de pila a petición propia para preservar su anonimato y protegerla de posibles represalias por parte de las autoridades israelíes.
Traducción de Miguel López