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Qué es lo que dice Anne Hidalgo (y lo que no) para convencernos de que Francia necesita una presidenta socialista

Anne Hidalgo en un acto del partido en Montpellier.

Fabien Escalona (Mediapart)

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"No digo que Anne Hidalgo sea una candidata por descarte... pero ¿a quién más podríamos proponer?". Así reflexionó un joven activista sobre la candidatura presidencial de la alcaldesa de París, a finales de agosto, en la universidad de verano del Partido Socialista (PS) en Blois. De hecho, la dirección del partido se acabó decantando por esta opción mientras las demás fuerzas de izquierda presentaban sus candidaturas, justificando oportunamente esta elección tras los buenos resultados del partido en las últimas elecciones municipales y autonómicas.

Si esta candidatura ya no estaba en duda, faltaba hacerla oficial. Anne Hidalgo lo hizo en Ruán este domingo 12 de septiembre a través de un discurso al que siguió una entrevista televisiva en la cadena de noticias France 2 (según Le Parisien, no consiguió convencer a TF1 para que la invitara).

"He venido a hablarles de Francia, yo, una francesa nacida en España, que llegó a nuestro país a los dos años, criada en Lyon en un barrio entrañable, en un barrio obrero", declaró la alcaldesa desde la capital normanda, desplegando los mismos temas que ha desarrollado en los últimos meses. Un discurso también marcado por los cuidados (sin pronunciar la palabra), a veces evocando las anteriores campañas socialistas por ciertas expresiones (cambiar la vida) o por ciertas frases (ser candidato para acabar con el desprecio tras un lustro que "dividió a los franceses como nunca antes").

"Con el trabajo duro, el amor a los demás y el coraje, podemos cambiar la vida, podemos cambiar el mundo", dijo Hidalgo, rodeada de cargos electos que la apoyan, como Mathieu Klein, Johanna Rolland, Carole Delga y Valérie Rabault.

El nombramiento de candidato del PS está pendiente aún, aunque la elección de Hidalgo es solo una cuestión de tiempo. Olivier Faure, primer secretario del partido desde 2018, acaba de ganar una votación interna antes del congreso que se abre en Villeurbanne el sábado 18 de septiembre. Durante el verano, había modificado el argumentario que defendía para añadir una mención explícita a su apoyo a la candidatura de Anne Hidalgo. Una forma de desmentir las acusaciones de borrado del partido lanzadas por el texto competidor, dirigido por la alcaldesa de Vaux-en-Velin, Hélène Geoffroy [la voz más crítica en el seno del PS ante una eventual disolución de la formación en beneficio de Los Verdes (EELV)]. Según los resultados oficiales, la moción de la dirección saliente ha recibido más de tres cuartos de los votos. El marcador presagia un amplio apoyo del aparato socialista a la alcaldesa de París.

Sin embargo, los estatutos del partido preveían unas primarias abiertas a todos los ciudadanos. En 2011 y 2016, este sistema llevó a la designación de François Hollande y Benoît Hamon. Pero ni Anne Hidalgo ni Olivier Faure quisieron renovar ese procedimiento, temiendo mostrar las divisiones entre los socialistas ante el público en general, ya desorientado por la multiplicación de los candidatos de la izquierda.

Por ello, el jueves 9 de septiembre, al mismo tiempo que se votaban los textos políticos, se consultó a los militantes sobre una reforma estatutaria para abandonar las primarias abiertas y allanar el camino para su sustitución por unas primarias cerradas, reservadas a los afiliados. El cambio fue aprobado por cerca del 70% de los votantes.

En consecuencia, y según las modalidades que aún deben precisarse en el congreso de Villeurbanne, corresponderá únicamente a los socialistas decidir entre la candidatura de Anne Hidalgo y la de Stéphane Le Foll. El ex ministro de Agricultura con François Hollande, alcalde de Le Mans y desafortunado competidor de Olivier Faure para el puesto de primer secretario del partido en 2018, es por el momento el único que se ha declarado candidato contra la alcaldesa de París. El mantra de sus partidarios es tener un debate interno, que consideran sofocado por la actual dirección.

Anne Hidalgo, por su parte, no ha ocultado su falta de motivación para pasar por una competición antes de entrar en el gran escenario. "No tengo que debatir con Stéphane Le Foll", dijo a los periodistas en Blois a finales de agosto. "¿De qué estás hablando? El partido no es una dinastía real", se atragantó Pierre Pribetich, partidario de Stéphane Le Foll y miembro del buró nacional del PS, a quien informamos de estas declaraciones.

En general, la alcaldesa de París nunca se ha involucrado en los asuntos internos del partido y más bien ha buscado distanciarse de una organización en ruinas al final del quinquenio de François Hollande. Durante su última campaña municipal y en el marco de su club Ideas en común, plataforma preparatoria de su candidatura presidencial, Anne Hidalgo había eliminado todas las referencias, logotipos y colores que daban cuenta de su pertenencia al PS. En la reunión de sus partidarios en Villeurbanne, el 12 de julio, dio la impresión de que los principales cargos electos locales del partido asumían la autonomía, sobre la base de una legitimidad anclada en "los territorios", más que una legitimidad de partido.

Sin embargo, una campaña presidencial requiere la recogida de 500 firmas de representantes electos y la movilización de millones de euros. Siendo la necesidad la ley, Anne Hidalgo debe, por tanto, cumplir religiosamente con los trámites socialistas. Su elección de Seine-Maritime para oficializar su candidatura no puede ser más simbólica: en este departamento, que solía estar controlado por las redes clientelares de Laurent Fabius (uno de los elefantes históricos del Partido Socialista), la federación socialista dio cobijo a muchos empleos políticos y cultivó una interdependencia basada en los recursos financieros de las autoridades locales (aquí puede leer nuestra investigación).

Un discurso todavía vago sobre el trabajo y conservador sobre la República

Una vez en órbita, ¿qué sentido político tendrá la candidatura de Anne Hidalgo? Los discursos y entrevistas que ha concedido desde el verano pasado han revelado una serie de puntos clave. Uno de ellos es el mercado laboral: sus condiciones, al igual que los sueldos, deben mejorarse. Tras la ausencia de una gran reforma social durante el quinquenio de Hollande, y el efecto devastador de la pandemia sobre la primera de las tareas, la candidata insiste en esa apuesta, que también está en el centro del proyecto del PS. Sin embargo, queda por aclarar el contenido programático, así como el compromiso ecológico que dice tener la candidata.

Otra palabra sigue apareciendo en su boca y en la de su entorno: "La República". Al igual que con la cuestión social, la idea es diferenciarse de los ecologistas, que se supone que son más débiles en estas cuestiones. Sin embargo, por el momento no se vislumbra ninguna innovación importante en lo que respecta a la cuestión estrictamente institucional.

Al tiempo que deploraba la brutalidad con la que Emmanuel Macron ha ejercido su poder personal, Anne Hidalgo afirmaba al semanario Le Point que no estaba "por la instauración de una Sexta República. La Quinta República ha demostrado su solidez". "Es necesario volver a poner el poder presidencial en el lugar que le corresponde", añadió sin precisar nada más, mientras que el proyecto del PS desvelado en agosto va bastante más lejos, previendo un nuevo sistema de votación para las elecciones legislativas, una modificación del calendario electoral para dejar de relacionar la elección de los diputados y la del jefe del Estado y, finalmente, "confiar al primer ministro el poder de disolver la Asamblea Nacional".

De hecho, la República es esgrimida por Anne Hidalgo como una oportunidad para contar una historia –la de su propia trayectoria como hija de inmigrantes españoles, que ya detalla en Femme française, título de su ensayo que se publicará este 15 de septiembre– pero también como una oportunidad para reformular una promesa de emancipación y justicia social. En este sentido, su discurso tiene dos facetas contradictorias, una de las cuales refuerza el zeitgeist ultraconservador.

Por un lado, la candidata afirma que la República no debe ser un encantamiento abstracto, sino que significa, por ejemplo, un mejor trato a los profesores (prevé duplicar sus salarios en cinco años, promesa que se cuidó de repetir el domingo en Ruán, limitándose a mencionar el necesario aumento de los salarios de "los profesores de nuestros hijos, los cuidadores, los policías, los bomberos, los soldados"), o la lucha contra la discriminación. "La mayor injusticia es que te asignen una vida en función del lugar donde has nacido y te has criado, que reduzcan tus horizontes en función de los medios de tus padres o del nivel de educación, que te remitan constantemente a tus orígenes", dijo en Villeurbanne el 12 de julio.

Portada de 'Charlie Hebdo'.

Por otra parte, Anne Hidalgo apuesta habitualmente por una concepción reduccionista del ideal republicano: la de un universalismo abstracto que es ciego a las diferencias o que no puede ser discutido demasiado por los excluidos. Sabemos lo cerca que está de los partidarios de una línea dura en materia de laicismo, que prescinden de su interpretación liberal en nombre de una concepción homogénea de la unidad nacional. En los últimos meses, también ha incluido en su vocabulario, para distanciarse mucho más, las palabras repunantes de todos los ideólogos conservadores e identitarios del debate público.

Preguntada por Le Point sobre el wokismo –término utilizado para designar un estado de conciencia o de intransigencia frente a las injusticias contra las minorías–, Anne Hidalgo no observó que la derecha lo utiliza sistemáticamente de forma denigrante y se comprometió a asegurar a los periodistas del semanario conservador que "no haría campaña con él". El pasado mes de enero, en una amplia entrevista concedida a Charlie Hebdo, arremetió contra la interseccionalidad –una forma de pensar sobre la interconexión entre las relaciones de clase, raza y género– cuando el término fue utilizado por los ministros Jean-Michel Blanquer y Frédérique Vidal en una ofensiva particularmente violenta, confusa y maniquea para deslegitimar las ciencias sociales.

"No puede ser un marco político", dijo al semanario satírico. "A todos los que vienen a explicarme que primero hay que conquistar los derechos de cada minoría, y que no importa el marco general de la igualdad, les digo: no entiendo cómo se puede promover un modelo que, al mismo tiempo que dice defender a las minorías, conduce a una cultura de la confrontación en la que cada uno vive en su comunidad sin tener en cuenta a los que no lo hacen". Es imposible saber a quién se dirigía Anne Hidalgo con esta arenga, pero se puede adivinar la intención: un llamamiento a los activistas que vienen a cuestionar lo irreflexivo del universalismo para que no lo hagan de forma demasiado ofensiva o molesta para la mayoría.

En general, Anne Hidalgo suele decir que lamenta la brutalidad de los enfrentamientos públicos y le gusta promover un método de gobierno orientado a la concordia. Incluso los temas en los que habrá ganadores y perdedores, y en los que están en juego modelos de sociedad antagónicos, inspiran este deseo. Para hacer frente al cambio climático, dijo en julio en Villeurbanne, será necesario reunir "a los más modestos porque son las primeras víctimas [...] pero también a los empresarios, las fuerzas económicas, las asociaciones y los sindicatos".

En este sentido, su candidatura refleja la trayectoria histórica de las élites socialdemócratas, que han pasado de una estrategia de compromiso social a una ilusión de gestión armoniosa del capitalismo, que sólo puede romperse en una época de estancamiento duradero de las ganancias de productividad.

Está por ver si existe una base social para una candidatura de este tipo que pretenda ser una alternativa a Macron. El apoyo del PS no dice mucho al respecto. El equipo de cargos electos que rodea a Anne Hidalgo se renovó en unas elecciones marcadas por una abstención récord, y realizadas en clave no nacional. En cuanto a la base militante del partido, se ha reducido como nunca antes. En el mejor de los casos, asciende a los 20.000 afiliados que participaron en las votaciones antes del congreso, según la cifra presentada por el propio partido. En 2006, durante las anteriores primarias cerradas organizadas por el PS, hubo diez veces más.

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