Gaza entra en la era del imperialismo tecnocrático con el “Consejo de Paz” trumpista

Un palestino repara su casa destruida usando barro como alternativa al cemento en Gaza.

Clothilde Mraffko (Mediapart)

En la cima está el presidente de los Estados Unidos, que tendrá derecho de veto. Donald Trump ha ideado una nueva administración para Gaza que se encargará de poner en marcha los 20 puntos de su plan para el enclave. Él dirigirá el “consejo ejecutivo fundador” que pensará el futuro de ese pequeño territorio palestino. Para este órgano, el inquilino de la Casa Blanca ha nombrado a sus más fieles: su secretario de Estado, Marco Rubio, su enviado especial para Oriente Medio, Steve Witkoff, y su yerno, Jared Kushner. El ex primer ministro británico Tony Blair completará el cuadro.

También se espera que participen quince jefes de Estado, a quienes ya se han enviado las invitaciones. Francia ha recibido una, al igual que Rusia, según el Kremlin, o Italia y Argentina. También se ha invitado a los mediadores egipcios, turcos y jordanos a unirse. Los líderes que deseen formar parte de forma permanente deberán pagar 1.000 millones de dólares (860 millones de euros), según informan los medios de comunicación estadounidenses. De lo contrario, el mandato será de tres años.

Paralelamente, se crea un “consejo de administración de Gaza” se encargará de la coordinación regional, en el que participarán Steve Witkoff y Jared Kushner, así como responsables diplomáticos y de seguridad turcos, qataríes y egipcios. Todo ello se completa con el “comité nacional para la administración de Gaza”, en la parte inferior de la escala, el único órgano compuesto exclusivamente por palestinos gazatíes. Esté comité estará compuesto por quince miembros y será dirigido por Ali Shaath, exviceministro de la Autoridad Palestina.

Al final del día, el entorno de Emmanuel Macron ha hecho saber que Francia no tiene intención, “en este momento”, de dar una “respuesta favorable” a esa invitación. La carta que rige este “Consejo de Paz” trumpista “plantea cuestiones importantes, en particular en lo que respecta al respeto de los principios y la estructura de Naciones Unidas, que en ningún caso pueden ponerse en tela de juicio”, indicaron a Mediapart.

Figuras consensuadas

El diplomático búlgaro Nickolaï Mladenov, exministro de Asuntos Exteriores, que fue enviado especial de las Naciones Unidas para Oriente Medio, será el encargado de actuar como enlace entre el comité tecnocrático palestino y el Consejo de Paz Internacional. El 8 y 9 de enero visitó Israel y Cisjordania. Cercano a los Emiratos Árabes Unidos (hasta ahora dirigía la academia diplomática Anwar Gargash en Abu Dabi), este diplomático de 53 años sigue siendo, a pesar de todo, una figura mucho más consensuada que Tony Blair, cuyo nombre circuló inicialmente para ese puesto.

Desde Hamás hasta la Autoridad Palestina, pasando por Israel, Mladenov ha dejado la imagen de un hombre de compromiso, “que, junto con su equipo, ha logrado evitar ciclos de violencia” en Gaza entre 2015 y 2020, recuerda Hugh Lovatt, investigador del instituto de investigación European Council on Foreign Relations.

Mkhaimar Abou Saada, profesor asociado de ciencias políticas de la Universidad Al-Azhar de Gaza, recuerda que todo, desde la arquitectura del Consejo de Paz hasta los 20 puntos del plan Trump, ha sido impuesto a los palestinos de Gaza por Estados Unidos y el Consejo de Seguridad de la ONU. En su opinión, los palestinos se encuentran “en el punto más bajo de toda su historia política”.

La opinión pública de Gaza está dividida, observa este profesor: ante la emergencia humanitaria, una parte deposita sus esperanzas en el comité tecnocrático palestino para “impulsar las operaciones de ayuda de emergencia, recuperación y reconstrucción”. Otra parte se muestra escéptica: el Consejo de Paz transmite la imagen de una población palestina incapaz de gobernarse a sí misma.

El papel de los tecnócratas del comité nacional para Gaza se limita a la gestión de la vida diaria

En cambio, matiza el profesor, todos coinciden en que los tecnócratas palestinos del comité nacional tienen el firme compromiso de servir a los habitantes de Gaza. Queda por ver cómo podrán llevar a cabo esta inmensa tarea.

El comité tecnocrático se reunió por primera vez en El Cairo el viernes 16 de enero. Su jefe, Ali Shaath, de 67 años, originario de Gaza, vive actualmente en la Cisjordania ocupada, por lo que tuvo que pasar por Jordania para llegar a Egipto, ya que los palestinos de los territorios ocupados, con la excepción de Jerusalén, no tienen derecho a utilizar el aeropuerto de Tel Aviv. Las autoridades israelíes le retuvieron en la frontera durante más de seis horas, según informó un responsable palestino al periódico israelí Times of Israel.

Sin embargo, recuerda Mkhaimar Abou Saada, aunque los tecnócratas del comité nacional fueron elegidos por las facciones palestinas, “Israel y Estados Unidos tuvieron la última palabra. Sus nombres fueron aprobados por los servicios de inteligencia israelíes, el Shin Bet y la administración estadounidense. Ninguno de ellos tiene conexión con Hamás ni con ninguna facción palestina armada”. Su papel se limita a la gestión de la vida diaria en Gaza; ya han anunciado su intención de enviar unas 200.000 casas prefabricadas al enclave, aunque por el momento Israel solo permite el paso de tiendas de campaña, y eso con cuentagotas.

Visión especuladora

El Consejo de Paz, además de excluir cualquier forma de política palestina en la gestión de Gaza, refleja en algunos aspectos la visión especuladora de Donald Trump. Junto a Jared Kushner, se ha nombrado a dos multimillonarios: el estadounidense proisraelí Marc Rowan y el israelo-chipriota Yakir Gabay, que ha amasado una fortuna en el sector inmobiliario.

Al Consejo de Paz Dos se han asociado dos “asesores estratégicos”, entre ellos Aryeh Lightstone, un rabino con doble nacionalidad estadounidense e israelí. Este empresario participó en la creación de la Fundación Humanitaria para Gaza, pensada para sustituir al sistema de ayuda humanitaria internacional en el enclave, que terminó en un sangriento fracaso, con más de 1.800 palestinos muertos. También desempeñó un papel importante en los llamados acuerdos de Abraham, que formalizaron la normalización de Israel con algunos países árabes.

Aunque estos anuncios dan una idea de las líneas de actuación, el futuro sigue siendo incierto. ¿Qué hay de la posición israelí, que hasta ahora ha rechazado en gran medida cualquier concesión? ¿Qué pasará con el desarme de Hamás? ¿Qué pasará con los habitantes de Gaza, que sobreviven en condiciones espantosas? ¿Qué pasará con Cisjordania, ahora totalmente separada de Gaza, gobernada por otra entidad pero sometida a la misma ocupación brutal israelí? ¿Qué pasa con la política palestina, cuando se supone que el comité de tecnócratas dejará paso a unas elecciones en un futuro indefinido? Aunque el plan de Trump menciona la autodeterminación del pueblo palestino, hoy en día parece fuera de alcance.

Nos encontramos ante un nuevo sistema en el que hay una ocupación, una población ocupada y un mecanismo [internacional]. Es muy problemático

Mkhaimar Abou Saada, profesor de ciencias políticas

Y lo que es peor, en la carta del Consejo de Paz publicada este fin de semana no se hace ninguna mención al enclave palestino. Todo esto “tiene poco que ver con Gaza”, subraya Hugh Lovatt. “Cada vez más responsables europeos y árabes afirman que, para Donald Trump, se trata de crear alternativas a la organización multilateral”, que aún hoy rige en parte las relaciones internacionales.

La otra gran pregunta gira en torno a la legalidad de estos mecanismos. Oficialmente, Israel es la potencia ocupante en Gaza y Cisjordania, por lo que las autoridades tienen la obligación de satisfacer las necesidades de la población civil. El Consejo de Paz exime en cierto modo a Israel de esa obligación, que recae en parte en la comunidad internacional, pero por el momento el país sigue imponiendo sus normas, en particular ocupando militarmente el 50 % del territorio de Gaza, vaciado de sus habitantes.

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“Es algo inédito”, afirma Mkhaimar Abou Saada. “Nos encontramos ante un nuevo sistema en el que hay una ocupación, una población ocupada y un mecanismo [internacional]. Es muy problemático.” Probablemente sea una de las principales razones que explican la cautela de la Unión Europea en asociarse a las iniciativas estadounidenses en Gaza: tanto el Consejo de Paz como el órgano encargado de prepararle el terreno, el Centro de Coordinación Civil y Militar (CMCC), están dirigido por Estados Unidos en el sur de Israel. Los Estados europeos son muy conscientes de que, de este modo, Donald Trump intenta imponer sus sistemas y mecanismos para, poco a poco, suplantar al sistema internacional, en particular a la ONU.

 

Traducción de Miguel López

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