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Grecia aguanta el golpe del covid-19 pero ahora preocupa el futuro económico del país

Maestros griegos, con máscaras y guantes protectores, participan en una protesta en el centro de Atenas.

Elisa Perrigueur (Mediapart)

Sábado 25 de abril, 6 de la tarde. El infecciólogo Sotiris Tsiodras aparece en televisión, con gesto serio y traje oscuro. Tras sus gafas finas, baja la mirada y evita la cámara. Grecia contabiliza 16 nuevos contagios del covid-19, de un total de 2.506, ninguna nueva muerte, anuncia con voz neutra el representante del Ministerio de Sanidad. El virus ha matado en Grecia un total de 130 personas “de las cuales (…) el 81% de más de 70 años”. Frente a las pantallas, son millones los que siguen la actualización diaria sobre la pandemia mundial que hace este discreto científico, ya muy popular. Excelente carrera internacional, ortodoxo prácticamente y padre de siete hijos. “El señor Tsiodras tiene un perfil que gusta a la mayor parte de la opinión pública. Era el candidato ideal para la comunicación en esta crisis sanitaria”, destaca Filippa Chatzistavrou, investigadora en Ciencias Políticas de la Universidad de Atenas.

Este aliado del Gobierno, que pasó de la sombra a la luz en menos de dos meses, tranquiliza sobre todo porque que el virus progresa oficialmente muy despacio en el país, especialmente en comparación con la hecatombe de Francia, Italia, España, Gran Bretaña... Los vecinos de los Balcanes se han librado también de la mortalidad del covid-19.

En Grecia, el virus ha aparecido en ciudades pobladas como Atenas y Patras en el oeste, y en Salónica, en el norte. Se ha propagado también en un hotel lleno de exiliados y en dos campos de refugiados –muchos asintomáticos– que viven allí en condiciones indignas y de promiscuidad. A pesar de las recientes evacuaciones de menores, continúa siendo preocupante la situación en muchos campos donde viven miles de migrantes. “Los grupos sociales minoritarios, como refugiados, prisioneros y gitanos, están encerrados en lugares superpoblados”, alerta Eirini Gaitanou, portavoz de Amnistía Internacional. “Son dejados de lado, el gobierno les aplica un confinamiento diferente del resto de la población, sin acceso a las atenciones sanitarias”. El 2 de abril, Sotiris Tsiodras diferenciaba así los primeros casos de covid-19 detectados entre los migrantes de los de los griegos, anunciando “27 nuevos casos de covid-19 en nuestro país, a los que hay que añadir 23 casos en el campo de refugiados de Ritsona”, situado al norte de Atenas. Esta otra realidad de la crisis fue al principio eludida por los prometedores anuncios que siguieron, pero a partir de ahora los datos de los campos están ya incluidos en el balance global.

Nueva Democracia, en el poder, se beneficia actualmente de una crisis sanitaria de baja intensidad. Medios del país aplauden su éxito. El Gobierno cuenta ahora con el 41,2% de opiniones favorables, contra un 23% a favor del segundo partido, Syriza (izquierda). Algunos editorialistas internacionales elogian al primer ministro Kyriakos Mitsotakis al considerarle “una voz razonable de la escena internacional” que reaccionó pronto.

El primer ministro ordenó el confinamiento del país el 10 de marzo, justo antes del inicio de la temporada turística. En ese momento, el país contaba sólo con 89 casos de covid-19, en su mayoría peregrinos que regresaban de Israel o de Egipto. Cierre de bares, restaurantes, iglesias, etc. El país se fue paralizando progresivamente durante diez días para llegar al confinamiento total el 23 de marzo. “Estamos en guerra”, justificaba en un discurso a mediados de marzo el primer ministro Mitsotakis, adoptando la misma retórica que la utilizada días antes por el presidente francés.

Un mes más tarde, el 23 de abril, se ha evitado la saturación de los hospitales. El jefe del Gobierno griego ha dado las gracias a los ciudadanos “por su confianza y su comportamiento disciplinado. Eso nos ha dado más ánimo para continuar la batalla”. Pero esa concordia parece frágil ya que en redes sociales han aparecido mensajes con la etiqueta #θα_λογαριαστουμε_μετα (Ya arreglaremos cuentas más tarde).

Si se respeta el confinamiento “es porque los griegos tienen más miedo por el estado del sistema sanitario, del que nosotros, los médicos, hemos informado, que por las multas”, matiza Panagiotis G. Papanikolaou, neurocirujano y consultor en el hospital del Pireo, cerca de Atenas. “Incluso antes del confinamiento total, los habitantes salían menos, mirando con preocupación la evolución en Italia”.

A cambio de una ayuda financiera internacional, ha habido tres planes de austeridad (memorandums) que han afectado a los hospitales públicos. Planes firmados por diferentes gobiernos tanto de la derecha de Nueva Democracia, de los socialistas del Pasok como de la izquierda de Syriza. Los grupos hospitalarios han pasado de 60 a 45 y unos 18.000 médicos jóvenes y 9.000 enfermeras jóvenes se han marchado del país desde 2010, según nos dice el doctor Papanikolaou. No podían ganarse la vida y se han ido a Alemania, Gran Bretaña, Suecia, Francia, Canadá, etc. Y cuando en este mes de confinamiento se podía haber “aprovechado para reforzar al máximo la capacidad de los hospitales, siguen faltando medios”, se lamenta.

Los test son un tema sensible también aquí

Por el momento, las inversiones no vienen de las autoridades sino sobre todo de fundaciones creadas por los armadores, actores económicos importantes en el país, que han publicitado sus donaciones. El grupo millonario Onassis ha comprado mascarillas para el sistema sanitario griego por valor de 7,75 millones de euros, y su competencia, la Fundación Niarchos, invertirá 92 millones de euros en la lucha contra el covid-19.

No es suficiente para afrontar una pandemia, asegura Panagiotis G. Papanikolaou. El 28 de abril se manifestará junto a sus colegas antes los hospitales y el Ministerio de Sanidad. “Hemos conseguido hasta ahora la creación de 120 camas de reanimación, lo que lleva a un número total de sólo 690 por cada 10 millones de habitantes”, dice este médico.”Faltan al menos 1.500 médicos y enfermeras y equipos de protección (guantes, máscaras, trajes). Han sido contagiados por el virus 120 profesionales sanitarios y ha muerto un médico”. Aunque hay establecimientos que se han dedicado oficialmente al covid-19, planea el riesgo de una contaminación intrahospitalaria. “Algunos enfermos con síntomas acuden a urgencias. Otros son ahora reticentes a venir al hospital y no están atendidos. Es absolutamente necesario hacer los test para clasificar a los pacientes”, insiste el Dr. Papanikolaou.

Los test son el otro tema sensible. La gestión del Gobierno se evalúa ahora por su capacidad para detectar casos en la población. Hasta ahora han sido realizados en Grecia unos 63.000 test virológicos (PCR), que se practican cada día. Los laboratorios que supuestamente se encargan de los análisis son muy pocos y están desbordados. “Esta semana vamos a comenzar a hacer sobre 3.000 personas (médicos y ciudadanos) una serie de test serológicos que hemos pedido en Estados Unidos o en China, con tres meses de intervalo para tener una idea de la difusión del virus, test que se supone medirán la inmunidad al virus”, afirma Andreas Karaminis, un profesor de Medicina de Urgencias de la universidad de medicina de Atenas y jefe de reanimación cardio-quirúrgica del centro privado Onassis, que participa en la detección. “No sabemos aún el número real de gente en contacto con el covid-19 en Grecia”, admite. “El confinamiento daba buenos resultados en el plano de la difusión, pero la inmunidad es problemática”.

El Gobierno cuenta a pesar de todo con un desconfinamiento progresivo a lo largo de mayo. El primer ministro dará los detalles a principios de semana.

Atenas se prepara para relanzar una economía sometida a una dura prueba por el parón total. El FMI cuenta con una recesión del 10% para 2020. El turismo, que constituye el 20% del PIB, está amenazado por un desplome, un sector basado en unas interacciones y desplazamientos incompatibles con el contagioso covid-19. Depende también de una clientela que llega de países muy afectados por el virus, como Francia, Alemania, Estados Unidos... Los profesionales sanitarios temen una importación del virus. En la actualidad, cada viajero procedente del extranjero debe estar confinado durante 14 días, bajo pena de una multa de 5.000 euros.

“El señor Mitsotakis ha decidido cerrar totalmente la economía para evitar una hecatombe en los hospitales. Una elección que nadie puede juzgar como mala, pero esta parálisis de la actividad debería haber sido acompañada de más medios para apoyar a los trabajadores parados, y no es el caso”, señala la politóloga Filippa Chatzistavrou. Alrededor de un millón de trabajadores obligados a ir al paro, un 25% de la población activa, perciben una prestación de 800 euros para 45 días, es decir, 533 euros al mes. “Es una ayuda muy débil y mal asignada. No están amparados por esta medida los parados de larga duración, incluidos los que trabajan en negro, los trabajadores despedidos colectivamente del servicio de tierra de compañías aéreas, ni los trabajadores 'uberizados' o desplazados “, destaca la politóloga.

No se ha anunciado nada sobre las ayudas que habrá después. En Bruselas, la Unión Europea ha decidido emitir préstamos sin contrapartidas para los gastos sanitarios por el coronavirus. Pero cualquier otro préstamo que no tenga que ver con la salud –concedido a través de la institución financiera MES– irá acompañado de “ciertas condiciones”. Algo que podría hacer temer nuevas medidas de austeridad para este país que ha conocido ya diez años de rigor.

Traducción de Miguel López.

Texto original en francés.

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