Elecciones europeas

La izquierda europea busca el 'efecto Tsipras'

A la caza del 'efecto Tsipras'

La estrella eslovena de la filosofía pop, Slavoj Žižek, acaba de publicar en España su último ensayo, que lleva por título El Sur pide la palabraobra escrita en colaboración con el filósofo croata Srećko Horvat– y que versa sobre el futuro de la Europa en crisis. El texto está dando que hablar sobre todo porque Žižek toma distancias de la democracia directa que preconizaron los indignados del movimiento 15-M. Considera que a la izquierda le falta... una Margaret Thatcher.

El autor del prefacio del libro no es otro que Alexis Tsipras, líder del partido griego Syriza y candidato de la Izquierda Europea a la Presidencia de la Comisión Europea. No se dice si Žižek identifica a su amigo griego con la “dama de hierro” en potencia de la izquierda, pero la publicación del libro le ha venido de perlas a Grecia, ya que contribuye un poco más a hacer de él un portavoz contra la austeridad de toda una Europa del sur en crisis.

Alexis Tsipras, que cumplirá 40 años en julio, fue elegido en diciembre candidato de la Izquierda Europea, partido al que pertenecen los integrantes del Frente de Izquierda, que optan a suceder a José Manuel Durão Barroso. Así, mientras en Francia la atención de los medios de comunicación se centra sobre todo en los resultados que obtendrá el domingo Marine Le Pen y su capacidad para formar un grupo político en el Parlamento de Estrasburgo, quizás sea el Partido de la Izquierda Europea el que obtenga mejores resultados el 25-M, en los 28 Estados miembros, en cuanto a la progresión del número de escaños obtenidos.

En la legislatura 2009-2014, la Izquierda Unitaria Europea era el sexto grupo en el hemiciclo, con 34 diputados, muy por detrás de la derecha del PP (que obtuvo 273 representantes), los socialdemócratas (con 196 escaños) o los Verdes (con 57 diputados). Según las estimaciones recogidas en los diferentes sondeos publicados –que hay que coger con pinzas, ya que son solo son la suma de 28 sondeos nacionales–, la Izquierda Unitaria Europea tiene posibilidades de lograr en estas elecciones entre 45 y 55 escaños. De ser así, conseguiría mejores resultados que los Verdes o llegaría, incluso, a superar a los liberales del exprimer ministro belga Guy Verhofstadt.

Fundamentalmente, son tres los países que respaldan esta dinámica proTsipras. Por supuesto, Grecia: Syriza que ahora solo cuenta con un diputado en Estrasburgo tiene posibilidades de obtener entre siete y ocho representantes en estos comicios –sobre todo si tenemos presentes los resultados obtenidos en la primera vuelta de las elecciones locales celebradas el pasado domingo en Grecia–; en España, los ecologistas y comunistas de Izquierda Unida –que solo cuentan con un eurodiputado– parecen bien situados hasta el punto de poder llegar a triplicar, al menos, los resultados alcanzados en 2009.

En cuanto al Frente de Izquierda francés –con cuatro diputados–, también parece que mejorará el resultado de las últimas europeas, cuando obtuvo un 6,5% de los votos. También se esperan resultados propicios para la Izquierda Unitaria en Holanda, en Irlanda y en Portugal, lo que permitirá reforzar el grupo parlamentario.

A primera vista, la buena salud de las filas del Partido de Izquierda, presidido por el comunista francés Pierre Laurent, es fácil de explicar. Sobre todo, saca partido de la profunda crisis de por la que atraviesa la socialdemocracia en Europa, desacreditada por la gestión realizada de la crisis financiera y atrae a algunos que están decepcionados por el gobierno de izquierdas. En este contexto, la elección de Tsipras, oriundo de un país donde los socialistas del Pasok se han hundido en beneficio de Syriza, supone una jugada maestra.

Durante la campaña, Alexis Tsipras solo ha participado en un debate con sus contrincantes, candidatos todos ellos a la Presidencia de la Comisión, durante el cual prefirió expresarse en griego. El debate se celebró el jueves pasado en Bruselas y Tsipras supo sacar partido de una ventaja evidente, ante los ojos del gran público: de los cinco candidatos, era el único que no tenía ninguna vinculación con Bruselas. Martín Schulz (candidato socialista), Guy Verhofstadt (liberal), Ska Keller y José Bové (de los verdes) son todos eurodiputados salientes. Y Jean-Claude Juncker, de los conservadores de grupo popular (PPE), ha dirigido durante ocho años el eurogrupo, la reunión de los ministros de Economía y Finanzas de la eurozona.

Tsipras sorprendió a más de uno el jueves por su tono reposado, al asumir incluso un aire de cierta bonhomía –incluso cierta apatía, según los más críticos–, rompiendo con la imagen de la Izquierda Radical que, habitualmente, en Bruselas, no ha dejado de subir el tono y de escenificar sus conflictos irresolubles con relación a las instituciones europeas. La estrella del panorama político griego, ¿es capaz de reconciliar en torno a su figura a las izquierdas críticas de Europa, que están muy divididas?

Para el griego Gerassimos Moschonas, politólogo, “Alexis Tsipras encarna para los militantes de izquierda de Europa la lucha de un pueblo y la esperanza de un cambio. Se ha convertido en una figura emblemática de la izquierda radical europea y representa un papel unificador –no hay más que ver la coalición que se ha formado en Italia, 'Otra Europa con Tsipras'. Está en marcha una dinámica de convergencia– aunque se relativice, se puede decir que había comenzado antes del ascenso firme de Syriza, pero la crisis financiera y la crisis de la deuda han acelerado el proceso”.

Además, advierte el investigador de la Universidad Panteion de Atenas que “esta dinámica de convergencia se encuentra bastante incompleta”. Efectivamente, la figura de Tsipras no ha logrado reunir en torno a sí a toda la izquierda de la izquierda. Se han quedado fuera varios partidos de la Izquierda Europea como el Partido Comunista griego (KKE), su equivalente portugués (PCP), el partido chipriota de los trabajadores y del pueblo (AKEL), los socialistas irlandeses o incluso el Partido Socialistas Neerlandés (SP), antiguo partido maoísta dirigido por Emile Roemer.

Es decir, en torno al 40% de los eurodiputados miembros del actual Grupo de la Izquierda Unitaria Europea. Ciertas formaciones en el seno del grupo parlamentario parecen irreconciliables, como sucede con Syriza y el KKE en Grecia, entre quienes no existe el diálogo y presentan fuertes antagonismos.

“Un interlocutor para la recomposición de la izquierda”

Paradójicamente, “el grupo parlamentario de la Izquierda Unitaria Europea vota de forma consecuente”, destaca Gerassimos Moschonas, “aunque han pasado por profundos desacuerdos. Atañe a las debilidades congénitas de la izquierda europea, que siguen siendo difíciles de superar. Se trata de una izquierda plural en el sentido estricto de la palabra. Históricamente, nunca la izquierda radical ha estado tan dividida, con una línea de fractura importante entre los proeuropeos críticos y los antieuropeos, una división que tiene tendencia a reforzarse y que se encuentra también en el mismo seno de Syriza”.

El politólogo habla de una dificultad adicional: “La izquierda se ve confrontada con el ciclo largo de la ausencia de legitimidad socialista. Las heridas abiertas por el hundimiento del socialismo real siguen presentes. Ahora bien, el comunismo tenía perspectiva para el futuro –es en ese aspecto donde discrepaban con los socialdemócratas–. Hoy en día, esta cuestión de la utopía ya no funciona y presenta problemas identitarios profundos”.

Además, los partidos radicales existentes en nuestros días no se apoyan en bastiones como hacían en el pasado. “Incluso Syriza, que tiene mucho peso, no cuenta con las estructuras que tenían los antiguos partidos comunista, que eran edificadoras de la sociedad”. De hecho, Syriza es relativamente débil en los entornos sindical y asociativos o en el entorno académico: ahí no tiene el respaldo que consigue en las urnas.

En cualquier caso, Tsipras ha logrado formular una serie de proposiciones bien identificadas en el debate de la campaña como son el fin de las políticas de austeridad y la anulación de una parte de la deuda pública, con la organización de una conferencia sobre la deuda en Europa, un control democrático del BCE o la oposición al proyecto de acuerdo de librecambio entre la UE y EEUU.

Alexis Tsipras es partidario de mantener el euro como moneda única, al menos para los 18 Estados miembros que a día de hoy integran la zona euro. Sin embargo, “Europa no debe morir por el euro”, matiza Fabio Amato, director de campaña en Bruselas del Partido de Izquierda Europea PGE y candidato por Italia. Posturas similares a los compromisos ofrecidos por el Frente de Izquierda en Francia.

“Tsipras ocupa una posición central en el juego de la recomposición de la izquierda en Europa”, juzga Philippe Marlière, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad de Londres. “Una parte del ala izquierda de Syriza lo critica por haberse convertido en socialdemócrata de izquierdas, pero es demasiado pronto para decir si ha existido traición. Hoy, Tsipras es fundamental, se ha convertido en un interlocutor clave para el futuro de la izquierda”.

A las puertas del poder en Grecia, Tsipras a día de hoy conjuga una forma de radicalismo político, sin olvidarse del ejercicio del poder. “Pone de manifiesto, instruido por la situación griega, que es depositario de los votos del electorado socialista del Pasok, que se ha radicalizado, es verdad, pero que viene del Pasok... Defiende una refundación lógica de Europa, sin hablar de la ruptura”.

“La Izquierda Europea no ocupa un papel secundario, no es una fuerza periférica, una mera diversión...” prevenía Alexis Tsipras en una entrevista concedida a Mediapart, el pasado mes de abril. “Es una fuerza que quiere gobernar, como pondrá de manifiesto el resultado salido de las urnas”.

Del mismo modo que los otros cinco jefes de filas, candidatos a presidir la Comisión, Tsipras ha hecho campaña para el 25-M en su propio país, pero también a escala europea y ha estado presente en las principales ciudades de Europa. Ha asistido a manifestaciones y a mítines. 

Sin embargo, es el que tiene, de lejos, menos medios. Y el personal que le acompaña, en su mayoría consejeros griegos de Syriza, en ocasiones parecen superados por la magnitud del desafío. El Partido de Izquierda Europea está pagando sin lugar a dudas el precio de su juventud: nació hace diez años, cuando las otras formaciones europeas, como los conservadores del PPE y los socialistas del PSE, vieron la luz en los años 1970.

También ha hecho saber desde el principio que no contaba con ir a Estrasburgo, que prefería mantener su escaño en Atenas, una actitud que en parte desacredita su recorrido europeo. Tampoco ha desvelado mucho sus cartas durante la campaña, contentándose a menudo con repetir sus principios básicos.

Para después de las elecciones queda un asunto decisivo. Si el resultado es ajustado el 25-M, entre los conservadores del PPE (el grupo de Jean-Claude Juncker) y los socialdemócratas del S&D (para Martin Schulz), Tsipras, ¿pedirá el voto para que el alemán Schulz presida la Comisión? El sitio web Euractiv le formuló la pregunta en noviembre de 2013  y el jefe de Syriza respondió que no le correspondía a él sino a los futuros eurodiputados del grupo de la Izquierda Europea alcanzar un acuerdo al respecto. Aunque, para darle la vuelta a la pregunta, hizo la siguiente reflexión:

“Los socialdemócratas están perplejos por el fracaso masivo de sus políticas. Deben hacer frente a un dilema estratégico muy claro, ¿van a perseguir su integración en la estrategia neoliberal –una decisión que, en el caso de Grecia, ha provocado una ruptura total con las fuerzas sociales que habían representado hasta entonces– o van a decidirse a cambiar de estrategia? ¿Van a hacer campaña para gobernar en alianza con la derecha, sobre la base de un programa neoliberal o van a cambiar de dirección política y trabajar en una alianza con la izquierda radical? Creo que se trata de una cuestión interesante para todos”.

Traducción: Mariola Moreno

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