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El lado oculto de Beckham

El exjugador del Real Madrid David Beckham.

En febrero de 2015, para conmemorar los 10 años de colaboración con su embajador David Beckham, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (Unicef) lanzaba el proyecto 7: El Fondo David Beckham, en alusión al número que lucía en la camiseta el exfutbolista. De este modo, la estrella británica pasaba a contar con un fondo a su nombre, y del que tenía que haber sido el principal donante, puesto que la idea era que su imagen alentase a los particulares a hacer donaciones, como él. Eso sí, cada uno en la medida de sus posibilidades “para proteger a millones de niños”. Y precisaba: “Es el momento de que haga todo lo que esté en mi mano para ayudar a los niños de todos los rincones del globo”.

Los documentos de Football Leaks, a los que ha tenido acceso Mediapart –socio editorial de infoLibre– y la European Investigative Collaborations (EIC), describen por vez primera una realidad bien distinta. Beckham se sirve de Unicef, organización de la que es embajador itinerante, en beneficio propio, de su imagen y de sus negocios. Pero no quiere que parte de los millones que atesora se destinen a la causa humanitaria. Por ejemplo, en 2015, escribía a su amigo y confidente, Simon Oliveira, director operacional de la agencia Doyen Global, que gestiona sus negocios: “No me apetece hacerlo y no lo haré con mi dinero”.

Al término de su carrera, el hombre “más sexy” del mundo ha atesorado una fortuna, mayor que la de la reina de Inglaterra, gracias a la imagen que proyecta de generosidad, franqueza y modestia. Eso sí, Beckham también ha tratado de escapar al sistema de redistribución de la riqueza más tradicional: los impuestos y cuyo pago han eludido, en parte, tanto su mujer Victoria como él mismo, recurriendo a un entramado económico que la Justicia inglesa no ve con buenos ojos. Y, como consecuencia de ello, para gran enfado del exjugador, no ha podido conseguir el codicioso título de Caballero de la Orden del Imperio Británico.

Los abogados de Beckham cuestionan que estas informaciones sean de interés general. El consorcio EIC discrepa. Donantes del mundo entero ¿van a entender que una estrella juegue con la causa de los niños que pasan dificultades, que gracias a la miseria engorde su cuenta bancaria? Y todo ello mientras a Unicef la financian los Estados (y, por ende, los Estados), así como los comités locales, en los que se pide, también a los más jóvenes (desde los 10 años en Francia) y a los más desfavorecidos, que realicen un esfuerzo financiero en la medida de sus posibilidades.

El exjugador del Real Madrid no ha respondido a nuestras preguntas. Sus abogados sí han dado respuesta a algunas cuestiones formuladas por Der Spiegel.

Los asesores de Beckham se muestran imprecisos, no aportan ningún documento, pero aseguran que donó “una suma de 7 cifras” a Unicef “hace muchos meses”. Unicef confirma que Beckham realizó una donación y que “seguirá” haciéndolo. El Fondo de Naciones Unidas para la Infancia, que nos amenaza con emprender medidas legales, defiende sin reservas a su embajador, que “ofrece generosamente su tiempo, su apoyo y su energía”.

Los documentos de Football Leaks demuestran que el exfutbolista más rico del mundo redujo al mínimo sus donaciones. Y que, incluso, en una ocasión trató de ganar 8.000 euros, una miseria siendo él quien es, con la devolución de un billete de avión que ni siquiera había pagado.

Los incondicionales de la estrella dirán que no hay que hacer un mundo por unos miles de euros. En su web, y para demostrar que cada céntimo cuenta, el fondo Beckham precisa que “27 libras permiten llevar agua potable a tres familias víctimas de un conflicto o de un desastre natural”.

La actitud del exjugador confunde porque, mientras que en el mundo del fútbol justifica, por norma general, se exculpa a los jugadores con el pretexto de que son las personas de su entorno quienes los llevan por el mal camino, en el caso Beckham sucede precisamente lo contrario; son sus asesores los que les piden que efectúe. Y es el jugador quien los despacha con viento fresco.

En junio de 2015, cuatro meses después del anuncio de la creación del Fondo 7, la responsable de los embajadores de la Unicef en Londres, muy preocupada, remite un e-mail a Simon Oliveira. Necesita un cheque para “literalmente proporcionar kits de ayuda” a los niños de los países que el Fondo 7 ha prometido ayudar. “Los países esperan el dinero”, insiste.

La mujer termina por enviarle a Oliveira un borrador de carta. Sólo tiene que completar los huecos para indicar el importe de la donación. Tres días después, Simon Oliveira responde que Beckham pagará “casi 1,5 millones de dólares” a partir del otoño. Pero en Unicef desconfían: “¿En otoño, cuándo?”. La pregunta resulta más que pertinente puesto que Beckham debía pagar ese dinero en junio y en agosto parecía que no estaba dispuesto a soltar un céntimo.

Su mánager hace lo que puede por ablandar al pupilo; para que Beckham no tenga que recurrir a su propio dinero, le sugiere dos alternativas; o bien ir (en avión privado) a los Juegos Africanos, a Brazzaville (Congo) el 4 de septiembre, donde David recibiría un millón de dólares por asistir a la ceremonia inaugural y a una cena o bien va a Shanghái a una gala de una revista de lujo, cobrando un cheque por idéntico importe. Beck se obstina: “Tengo que pensarlo, ninguna opción me parece bien”.

Oliveira subraya lo evidente: “De los embajadores se espera que pongan, en un primer momento, dinero de su bolsillo”. Pero esta perspectiva toca a la estrella en lo más hondo de su ser: “Poner un millón de dólares de la cena benéfica es como poner mi propio dinero. Si no fuese por esta obra de caridad, el dinero iría directo a mi cuenta del banco”. Cuando Oliveira insiste, Beckham le pone en su sitio: ese “jodido dinero” es suyo, “con independencia del modo en que llegue”. Aunque sólo implique acudir a una cena.

En junio de 2015, cuando sigue mostrándose reticente a efectuar donación alguna, David Beckham recorre Asia para engrosar su colosal fortuna, muy superior a la de un Cristiano Ronaldo: la estrella británica ingresó 46 millones de euros el año pasado y ya cuenta con un patrimonio total de 325 millones de euros, según The Sunday Times.

No le gusta pagar por viajar

Entre dos eventos privados remunerados sus patrocinadores, uno de ellos en jet privado, aprovecha por incluir una misión de Unicef, pero se muestra reacio a permanecer dos días en Camboya como estaba previsto. El hombre anuncio está harto de viajes. Al menos de aquellos que son por una buena causa.

Oliveira muestra su preocupación a un dirigente de la empresa del jugador, David Beckham Ventures Ltd (DBV): “Acaba de firmar [con Unicef] el mayor acuerdo de colaboración benéfico para una estrella. Sin embargo, todavía no ha visitado ninguno de los proyectos pese a que no le hemos programado las demandas más estrictas. Tenemos que asegurarnos de que da muestras de compromiso porque si, después de un día sobre el terreno, se marcha en su jet privado al hotel de seis estrellas, no va a dar buena imagen”.

Y, lo que es más, DBV envía una factura por importe de 6.685 libras (más de 8.000 euros) a Unicef por el viaje a Camboya. En Unicef no dan crédito: “Habíamos entendido que DB viajaba en jet privado y que el Fondo no tenía que pagar”. Lo mismo da, según DBV, contractualmente tiene derecho a viajar en business.

En Unicef se preocupan. El organismo debe pagar “un billete que no ha comprado” ya que “utilizó un jet privado para realizar una gira por Asia” financiada por sus patrocinadores. En resumen, para David Beckham no se trata de obtener el reembolso del viaje –de por sí discutible como embajador–, sino de aprovechar un viaje benéfico para enriquecerse por importe de varios miles de dólares adicionales.

Sus abogados aseguran que habitualmente Beckham pagaba por sus billetes de avión, sin entrar en detalles sobre este desplazamiento en concreto. También dicen que costeó su alojamiento. No obstante, según los documentos que obran en nuestro poder, en este viaje a Camboya, Beckham sólo propone asumir los gastos que supone el alojamiento en un hotel de categoría superior al muy elegante Sofitel de Angkor, establecimiento que no era suficientemente lujoso para su gusto.

Por su parte, el Fondo para la Infancia justifica que a sus embajadores se les reembolsan los gastos de los viajes, en las mismas condiciones que los desplazamientos que efectúan los secretarios generales adjuntos de la ONU. Eso sí, Naciones Unidas “anima” a sus ricos embajadores a “reducir los gastos al mínimo”.

El contencioso sobre los gastos de viaje parecen la norma en el caso del exjugador. Así, a principios de 2014, cuando se desplazó a Filipinas también con Unicef, meses después del tifón Haiyan, Beckham se mostraba furioso: Unicef estaba dispuesto a pagarles su billete de avión, pero no el así el de sus colaboradores.

Como Beckham no quiere pagar de su bolsillo los billetes de sus colaboradores, David Gardner, que trabaja para la marca Beckham con la agencia de Los Angeles XIX Entertainment, se queja a Oliveira. Considera que gastar 4.000 libras estaría justificado, ya que Unicef “es utilizada” en las actividades comerciales “DBD”. “Unicef es vital para la marca y para su vida”, dice Gardner, que se queja de que Beckham considere al Fondo “como una carga”.

Despechado –es la tercera vez que le apartan de un viaje–, Gardner, que “presentó Unicef a David hace diez años”, resume la estrategia: “Beckham debe “realizar acciones para obras de caridad con el fin de mejorar su imagen, para que la gente vea las importantes cosas que hace, en lugar de leer continuamente artículos sobre lo que gana”. Otro asesor menciona el “efecto halo que crea la cobertura mediática positiva” que resulta de sus actos de caridad que, según un tercero, “va a generar enormes ingresos en un caso que conoce ya un éxito enorme y que genera un enorme beneficio financiero”. Dicho de otro modo, las grandes marcas retribuirán esta imagen de generosidad.

Por otro lado, al día siguiente de la rueda de prensa del lanzamiento del Fondo 7, Simon Oliveira envía un e-mail a Beckham en el que detalla los 156 temas publicados sólo en Inglaterra (120 audiovisuales, 14 artículos de prensa, 22 en internet). Y traduce esta exposición mediática en ganancias: supone una audiencia de más de 87 millones de personas, lo que equivale exactamente a 580.139,90 libras (673.715 euros), según sus cálculos.

Claro que, decididamente, a Beckham no le gusta pagar por viajar. En febrero de 2015, acepta participar en una emisión de la BBC en Londres, en compañía del actor americano Hugh Jackman. Eso sí, quiere asistir el mismo día a un torneo de fútbol en Liverpool en el que participa su hijo. Sus deseos son órdenes: la cadena de televisión acepta pagarle el viaje en jet privado. Según las estimaciones de la EIC, el coste se eleva a alrededor de 23.000 euros.

¿Por qué la BBC, que se financia sólo con fondos públicos, acepta pagar el viaja a este hombre inmensamente rico? Respuesta: “En las productores, es una práctica normal sufragar los viajes de los invitados, en caso de que sea necesario”. ¿También cuando exigen un jet privado? La BBC se niega a responder. La productora no ha querido hacer comentarios, con la excusa de que la BBC nos ha respondido ya.

Optimización fiscal

En materia de transporte aéreo, el galáctico ya se ha visto en otros vuelos. Y más altos. En agosto de 2013, Simon Oliveira y su asistente de Doyen Global, Tess O’Sullivan, tratan de hacer realidad un sueño de niño: viajar al espacio. Para ello, se organiza una formación de astronauta con el fin de que el play boy pueda ir a la estación espacial internacional, en colaboración con la sociedad Space Adventures de turismo espacial. El problema es que un viaje así cuesta unos 35 millones de dólares, según estimaciones periodísticas.

Tess O’Sullivan preparó un documento para el encuentro mantenido en Nueva York entre Oliveira y los representantes de Space Adventures. Se trata de un plan de financiación a tres años denominado: “Los ingresos previstos para la aventura espacial de DB”. Doyen cuenta con conseguir un importante patrocinador (que pagaría 12 millones de dólares), tres o cuatro patrocinadores “secundarios” que desbloquearían entre 3 y 5 millones cada uno y otros socios para la difusión.

El documento elaborado por Doyen también contempla a donantes privados, que deberían invertir al menos 500.000 dólares, a cambio de tener acceso privilegiado al proyecto y a la estrella. Entre los posibles objetivos: los presidentes de Gabón, de Azerbayán y de Kazajistán, este último es un gran amigo de los oligarcas kazajos de Doyen. Beckham propulsado a las estrellas bajo la atenta mirada de los dictadores Ali Bongo, Ilham Aliyev y Noursoultan Nazarbaïev; la foto parece no darle miedo al jugador.

Pero, por encima de todo, hay que incluir a ONG que trabaje por el medio ambiente como WWF. Como se recoge con crudeza en el documento, el objetivo es “ofrecer un objetivo y una causa legítima al viaje de DB, que podría atraer apoyos y patrocinadores de pago”. Esta pátina benéfica “podría revelarse de un valor incalculable para nuestras negociaciones de patrocinio, gracias a una cobertura mediática mayor y al aspecto político del programa”. Igual de imparable que un tiro libre del jugador en sus mejores tiempos.

Sin embargo, no todo le va sobre ruedas a David Beckham. Su proyecto espacial no se hizo realidad. Y, lo que es más, sigue persiguiendo un título que se le escapa: el del Caballero de la Orden del Imperio Británico, de las mayores distinciones del Reino Unido. Al Spice Boy le encantaría ser sir David.

Corría el año 2013, acababa de retirarse después de 20 años de carrera, cuando hace acto de presencia la idea de convertirse en sir. El futbolista acudió a la cadena británica ITV el 14 de diciembre de 2013. Simon Oliveira dejar caer entonces a los productores del programa que el presentador “podría preguntarle sobre el título de caballero y sugerir que debería concedérselo”, a lo que Beckham respondería que él no pide nada. Así lo hace el presentador, entusiasmado. “Que alguien le entregue el título de caballero a este hombre”, dice en el plató. Y añade: “No sé cómo podrían negártelo”. Como estaba previsto, Beckham se hace el modesto y dice que los honores no le interesan.

Para su desgracia, el fisco británico se opone porque David y su mujer Victoria se han embarcado en un proceso de ingeniería fiscal complejo. La pareja se ha ahorrado una suma desconocida en el impuesto de la renta gracias a una ingeniería vinculada a inversiones en películas para todos los públicos como Avatar y Die Hard 4. El fisco británico considera este sistema artificial y los Beckham rechazaron el acuerdo financiero propuesto para zanjar el conflicto.

Oliveira avisa al amigo y asesor David Gardner que hay que reforzar la campaña de cara a 2014: “Esto nos da aún más razones para trabajar este año con Unicef, las Fuerzas Armadas y otros fines benéficos”. La clave del sistema Beckham.

En julio de 2014, la empresa Ingenious Media, responsable del sistema de inversión en las películas, avisa a sus clientes de que el fisco le va a reclamar las sumas deducidas en impuestos, más intereses.

Oliveira, que no se desanima, sigue haciendo campaña por el sir. En agosto de 2014, pide a Bechkam que grabe un mensaje en contra del independentismo escocés: antes del referendo, “estaría bien visto por el establishment”. El exjugador acepta. Oliveira prepara una declaración en la que Beckham, mostrando su alegría por las victorias escocesas en los Juegos Olímpicos de Londres, en 2012, dice: “Espero sinceramente que votéis por esta renovación de nuestra relación histórica [...]. Lo que nos une es más de lo que nos separa. Sigamos juntos”.

Pese a esta incursión en el terreno político, la estrella sigue sin conseguir su fin y se indigna. Según las informaciones obtenidas por Oliveira, en el comité había “un sentimiento mayoritariamente positivo” para concederle a Beckham la distinción, pero el fisco colgó una “bandera roja” en su nombre y los miembros se mostraron reticentes a contradecir[lo]”.

Y lo que es más: los miembros del comité de selección no imaginan hasta qué punto la cuestión fiscal marca el día a día del jugador. Cuando anunció, en febrero de 2014, que quería lanzar una franquicia de fútbol en Estados Unidos e invertir 20 millones, su contable teme que el anuncio despierte la curiosidad de las autoridades fiscales de EE. UU. y le riñe: “No digas que te mudas a Miami. No compres casa en Miami [...]. Di que tu casa está en Londres y que tus hijos van allí a la escuela”. Beckham no debe permanecer más de seis meses y un día en el país de los hot dogs. Se ha marcado un calendario, a petición del contable, con la duración de cada estancia en cada país, para evitar las sorpresas fiscales.

Pero esto obliga a ciertas cosas. En 2013, Unicef le pide a su embajador Beckham que encabeza una delegación de un centenar de niños que visitan al primer ministro británico, en una operación de sensibilización, poco antes de la cumbre del G8. Pero Beckham no quiere acudir por razones fiscales. “El problema es que no puedo volver al país”, escribe. Su asesor y amigo Dave Gardner se pregunta cómo debe responder a Unicef porque “evidentemente no se le puede decir toda la verdad”. La sugerencia de Oliveira es que Beckham debe permanecer en Estados Unidos por “razones personales importantes”.

Por supuesto, nada de esto debe filtrarse. Ni tampoco las informaciones personales que puedan ensuciar la imagen del jugador. Oliveira llama la atención de un Beckham demasiado orgulloso por su nuevo ordenador chapado en oro. “El primero en el mundo... Magnífico regalo”, escribe la estrella a su amigo. E incluye una foto. “No la cuelgues en las redes sociales, sino los idiotas van a decir que somos ególatras como Lewis Hamilton con sus aviones privado... Tú y VB [su mujer, Victoria] debéis ser prudentes en eso”. Y añade: “Eres el hombre del pueblo”.

  El consorcio European Investigative Collaborations (EIC) está integrado por 12 diarios europeos, entre ellos Mediapart. Dichos medios analizan los 18,6 millones de documentos, obtenidos por el diario alemán Der Spiegel y relacionados con el mundo del deporte. Se trata de la operación Football Leaks.

Para esta investigación sobre Beckham, basada fundamentalmente en informaciones de The Sunday Times, Mediapart contactó con todas las partes implicadas, así como con UNICEF. Los abogados de David Beckham no nos respondieron, pero sí contestaron al semanario alemán Der Spiegel. Aunque nuestras preguntas no eran similares, las hemos incluido, como en nuestras investigaciones precedentes, las informaciones dirigidas a nuestros socios del EIC, en este caso Der Spiegel.

Unicef por el contrario sí se ha dirigido directamente Mediapart. El Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia considera que sería “falso y difamatorio” alegar que David Beckham ha sido deshonesto en lo que a sus obligaciones de embajador se refiere. No es lo que escribimos. Unicef discute los hechos en sí mismos y asegura que Beckham no ha hecho un ingreso en el fondo que lleva su fondo y su número como respuesta a nuestras preguntas.

Unicef también discute el hecho de que estas informaciones sean de interés general. Mediapart y sus socios del EIC discrepan.

Unicef, financiada mediante fondos públicos y con donaciones particulares, eligió a un embajador que hace tiempo que hace lo contrario que defiende. Mientras que las informaciones que se facilitaron sobre el fondo 7 llevaban a  pensar que David Beckham era el primer y principal contribuyente, éste se negaba a aportar dinero. Sin contar con que trató de conseguir el reembolso de unos gastos (en los que no incurrió), como se dice en el artículo, sin que se sepa si lo consiguió finalmente. Los donantes de Unicef (algunos quizás llevados por la imagen de Beckham, construida en torno a la generosidad y a la modestia) tienen derecho a conocer el comportamiento de éste que encarna su causa y que les ha engañado.

Del mismo modo, la divulgación de su estrategia de ingeniería fiscal, que le ha impedido conseguir el título de sir, es de interés general.

Traducción: Mariola Moreno

Leer el texto en francés:

   

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