La población iraní desafía otra vez al régimen: “Este año será el año de la sangre”

Protestas en contra ejecuciones en Irán en una imagen de archivo

Jean-Pierre Perrin (Mediapart)

Las primeras muertes, el sorprendente silencio del líder supremo Alí Jamenei y un movimiento social nacido el domingo en el gran bazar de Teherán a raíz de la indignación de los comerciantes por la depreciación de la moneda, se han convertido en un movimiento abiertamente político al sumar a los estudiantes, luego a la clase media, y extenderse por todo Irán.

Implicándose en el conflicto, el presidente Donald Trump afirmó el viernes que “si Irán dispara contra manifestantes pacíficos y los mata violentamente, como suele hacer, Estados Unidos de América acudirá en su ayuda”. “Estamos preparados, armados y listos para intervenir”, escribió en su red Truth Social.

“Trump debería saber que cualquier injerencia americana en este asunto interno equivaldría a desestabilizar toda la región y perjudicar los intereses americanos”, respondió inmediatamente Ali Larijani, que dirige la máxima autoridad en materia de seguridad en Irán. “Que cuide a sus soldados”, añadió en la red social X.

En el sexto día de protestas ya han muerto seis personas en los enfrentamientos entre manifestantes y fuerzas del orden. El jueves 1 de enero murieron tres civiles en Azna, provincia de Lorestán (oeste), y otros dos en Lordegan, una ciudad de 40.000 habitantes situada en la provincia de Chaharmahal y Bakhtiari (suroeste).

Según la agencia iraní Fars, que cita a las autoridades, los tres manifestantes muertos atacaban una comisaría de policía y los otros dos lanzaban piedras contra los edificios administrativos de la ciudad. También hay un número indeterminado de heridos. Según la organización de defensa de los derechos humanos Hengaw (con sede en Noruega), otro manifestante más murió el 31 de diciembre en Isfahán, en el centro del país.

Según la televisión estatal, por parte de las fuerzas de seguridad, un miembro de la Bassidj, la milicia de voluntarios islamistas afiliada a los Pasdaran (Guardias de la Revolución), murió en Kouhdasht, en Lorestán, donde precisamente 13 policías y miembros de la Bassidj también resultaron heridos.

El bazar y el clero

A pesar de la gravedad de la situación, el líder de la revolución, que en los últimos meses solía pronunciarse sobre la obligatoriedad del pañuelo, guarda desde el domingo un silencio absoluto. Esto recuerda el silencio que mantuvo durante toda la “guerra de los 12 días”, el ataque israelo-americano contra Irán en julio de 2025. Un silencio que vuelve a inquietar a la base y a los seguidores del régimen, lo que debilita aún más su posición y confirma la idea de que ahora son los Guardianes de la Revolución Islámica quienes detentan el poder real.

Lo que también asusta al régimen es que, con la revuelta del Bazar Bozorg, el inmenso y ramificado mercado cubierto de Teherán, acaba de perder uno de sus pilares políticos. Históricamente, el bazar y el clero son aliados inseparables, ya que los comerciantes financian a los religiosos, sus escuelas y las mezquitas. Fue el dinero del bazar el que apoyó la Revolución Islámica y pagó el avión de Air France que llevó al ayatolá Jomeini a Teherán el 1 de febrero de 1979.

Los bazaríes han perdido desde entonces su papel contestatario, pero siguen siendo un bastión conservador, sin haber participado en ninguna de las grandes revueltas contra la miseria, en diciembre-enero de 2017 y noviembre de 2019, ni en el movimiento Mujeres, vida, libertad, en 2022, provocado por la muerte de la joven Mahsa Amini, tras su detención por llevar el pañuelo supuestamente mal colocado.

La caída sin fondo del rial se vio reforzada en septiembre por el restablecimiento de las sanciones de la ONU relacionadas con el programa nuclear iraní

Si alguna vez se han declarado en huelga, ha sido para defender sus propios intereses, como en 2008, cuando se opusieron a la aplicación de un impuesto sobre el valor añadido a sus mercancías, bajo la presidencia del ultrarradical Mahmud Ahmadineyad.

Desde entonces, el bazar se ha empobrecido considerablemente y muchos comerciantes comparten ahora el abrumador destino de la clase media iraní, amenazada con la desaparición debido al alto coste de la vida y la inflación: en diciembre, el aumento de los precios fue, de media, del 52 % anual, según el Centro Iraní de Estadísticas, pero mucho mayor en el caso de los productos de primera necesidad (sin duda, del orden del 200 %). La tensión aumentó aún más la semana pasada con el anuncio de una nueva política de precios del combustible, que prevé nuevas subidas.

Pero fue la caída sin fondo del rial, agravada en septiembre por el restablecimiento de las sanciones de la ONU relacionadas con el programa nuclear iraní, lo que llevó el domingo a los comerciantes, en particular a los vendedores de teléfonos móviles, a cerrar decenas de tiendas. La moneda nacional acababa de alcanzar un mínimo histórico, con 1 dólar americano cambiándose por más de 1,4 millones de riales (820.000 hace un año) y 1 euro por 1,7 millones (855.000 hace un año).

Consignas que llaman a la unidad de los manifestantes

Mientras el régimen se esfuerza por contener el movimiento de los comerciantes, este se ha extendido rápidamente más allá de las callejuelas del bazar, tomando la forma de concentraciones en las inmediaciones de las arterias comerciales del barrio de Joumhouri. Luego se ha extendido a las universidades y, día tras día, a una treintena de ciudades, tanto grandes, como Isfahán y Shiraz, como pequeñas.

“Todavía no es un movimiento de masas. Los trabajadores, en general, no participan en él, al menos por ahora. Pero es un movimiento general, muy joven, que ha aprendido mucho de los levantamientos anteriores y, por lo tanto, ha evolucionado mucho”, opina Nasser Etemadi, especialista en Irán y relaciones internacionales. “No creo que se extinga rápidamente. La experiencia de Mujeres, Vida, Libertad es para él un modelo. Es el único movimiento que ha obtenido resultados reales en lo que pretendía conseguir: el cuestionamiento del pañuelo obligatorio”.

Al salir del bazar, las reivindicaciones han tomado inmediatamente un giro muy político. De ahí han surgido nuevos eslóganes, apenas escuchados hasta entonces, que apelaban a la unidad de los manifestantes: “No tengamos miedo, estamos todos juntos” o “Quien diga que es neutral no tiene honor”. Otros también desafían abiertamente al régimen, no solo con el eslogan Marg bar dictator (Muerte al dictador), muy utilizado en los últimos años, sino también con otro que, jugando con las rimas, llama a la confrontación directa con el líder supremo: “Este año será el año de la sangre, Seyyed Ali [Jamenei] será derrocado”.

En la ciudad de Qom, el “Vaticano” de la República Islámica, donde se encuentran la mayoría de las grandes escuelas teológicas, son los religiosos los ahora directamente atacados por los manifestantes con gritos de “que los mulás ardan en el infierno”.

Ahora hay muchas consignas que apelan a Reza Pahlevi, hijo del último sha de Persia, exiliado en Estados Unidos y figura especialmente divisiva de la oposición: “Esta es la última batalla, Pahlevi volverá”. En respuesta, también se oye, aunque con mucha menos frecuencia: “Abajo el opresor, el rey y el Guía”.

Lo que refuerza la determinación de los manifestantes es que ahora ven al régimen muy debilitado, especialmente desde ‘la guerra de los 12 días’

“Efectivamente, se oye el nombre de Reza Pahlevi y hay que reconocer que el hijo del último sha es cada vez más reclamado, lo que no ocurría en los levantamientos anteriores”, señala Nasser Etemadi. “Esto significa que hay un grave problema de liderazgo político y que se le considera, en la urgencia política, como el líder [del movimiento, ndr]. ¿Se considera él mismo como tal? Teniendo en cuenta la situación, creo que no”.

“No creo que sea una personalidad política excepcional”, añade el politólogo. “Tiende a eludir sus responsabilidades. Y ni siquiera estoy seguro de que quiera volver a Irán. Lo que le ha hecho entrar en la mente de la gente, en su imaginación, es que, en el contexto actual, se le identifica con un orden social y político que pretende restaurar el pasado, al representante de una dinastía que organizó la modernidad, sacó a Irán de la Edad Media de la dinastía Qajar [una dinastía de origen tribal que reinó en Persia desde finales del siglo XVIII hasta la llegada al poder de Reza Pahlevi, ndr], borrando parte de la realidad o idealizándola”.

En el régimen se percibe cierta indecisión. El presidente Massoud Pezechkhian, procedente de las filas reformistas, buscó en un primer momento la distensión. Intentó dialogar con los manifestantes y mostrarse tranquilizador, declarando el lunes por la noche en su cuenta de X que había “pedido al ministro del Interior que escuchara las reivindicaciones legítimas de los manifestantes” para que el Gobierno pudiera “resolver los problemas y actuar de forma responsable”.

Pero muy pronto, la institución judicial, controlada por los radicales, ha tomado las riendas declarando, a través del fiscal general de la República Islámica, que actuaría con “firmeza”: “Cualquier intento de convertir las protestas económicas legítimas en una herramienta de inseguridad, destrucción de bienes públicos o aplicación de escenarios diseñados en el extranjero será inevitablemente seguido de una respuesta legal, proporcionada y firme”, añadió.

Lo que refuerza la determinación de los manifestantes es que ahora ven al régimen muy debilitado, especialmente desde la “guerra de los 12 días”, en la que parte del aparato represivo quedó diezmado por los ataques israelíes y la aviación israelí tomó fácilmente el control del espacio aéreo iraní. También en el ámbito internacional, con la caída del régimen de Bashar al-Assad en Siria y el debilitamiento de Hezbolá.

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Sin embargo, aunque ya han muerto seis manifestantes y decenas más han resultado heridos o detenidos, las fuerzas represivas han intervenido poco en general. Y la experiencia de los últimos veinte años ha demostrado que eran terriblemente eficaces. Pero ellas también, si creemos lo que se lee en redes sociales, se ven gravemente afectadas por el coste de la vida y la pobreza. De ahí el nuevo lema de los manifestantes: “Policías, con nosotros”.

 

Traducción de Miguel López

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