Libertad de prensa

Los dueños de la información: ¿quién está detrás de los grandes medios del mundo?

Los dueños de la información, ¿quién está detrás de los grandes medios de todo el mundo?

Medios de comunicación que coquetean con la banca, la industria telefónica, constructoras, o que directamente son propiedad de magnates y Estados. Los oligarcas se van de compras es un informe que aborda cómo grandes empresarios acaparan grupos de medios de comunicación, una denuncia del uso deshonesto del poder mediático con la intención de investigar a los propietarios de estas grandes fortunas.

"De Turquía a China, pasando por India y Rusia". Reporteros Sin Fronteras (RSF) recupera el término "oligarca" para denominar a los dueños de los panoramas mediáticos de todo el mundo.

Según el informe de RSF, ningún continente parece escapar "al apetito mediático de estos nuevos oligarcas", a quienes el poder económico, sumado a la adquisición de medios de comunicación, otorga un poder casi ilimitado.

“Los mejores amigos del presidente”

Durante los sucesivos mandatos de Tayip Erdoğan en Turquía, los nuevos oligarcas de la prensa "ratificados por el poder y fieles a éste, prosperaron", y han terminado por convertirse en “los mejores amigos del presidente”, apunta el documento. Los más díscolos, por su parte, son "asfixiados poco a poco".

El presidente Erdoğan, según RSF, disfruta de varios "mejores amigos" de este tipo. Entre los más destacados se encuentran Ferit F. Sahenk, presidente de Dogus Group, que controla la televisión NTV; el multimillonario del sector energético Turgay Ciner, propietario de la televisión y el diario Haberturk, y Yildirim Demiroren, director ejecutivo de un holding con su nombre que engloba petróleo, gas, turismo y construcción, y que en 2012 compró uno de los diarios con mayor tirada en el país:Milliyet.

La organización explica que el caso de Turquía es la continuación de un camino ya iniciado por países como Rusia u otros de Asia y África, donde manda un "capitalismo sin democracia".

"Cibersoberanía"

El auge de las redes sociales y medios de comunicación online hicieron pensar que Internet sería la mejor herramienta para sortear la censura aún existente en países de medio mundo.

No obstante, RSF subraya que hay quienes son capaces de vender hasta el último rincón de Internet y “con orgullo”, como en el caso de Li Yanhong, director del buscador chino Baidu –la sexta fortuna del país–, que “se jacta de haber dado una patada en el trasero a Google para echarlo del país” a petición del Partido Comunista Chino.

Las grandes empresas como Facebook, Twitter y Amazon no han conseguido esquivar la censura china, por lo que cuentan con sus homólogos –Weibo, Tencent, Sina y Alibaba–, propiedad de magnates del país y cercanos al poder, que dominan en la esfera virtual a cambio de favorecer al Partido Comunista.

Herencia post soviética

Desde Yeltsin hasta Putin, durante los primeros pasos del capitalismo ruso, que vinieron acompañados de privatizaciones masivas, los oligarcas supieron sacar provecho y se adueñaron de los medios de comunicación, iniciando una guerra político-mediática entre sí.

Pero con la llegada de Putin al Kremlin las reglas cambiaron y, a partir de ese momento, los medios no sólo dejaron de ser armas al servicio de la política sino que debieron dejar de inmiscuirse en ella.

El primer canal de televisión, ORT, se convirtió en Pervyi kanal, confiscado por el Estado y considerado, según el informe, como el principal medio de propaganda del Kremlin; Gazprom, por su parte, –a día de hoy la principal propietaria de medios de comunicación en el país–, se hizo con el popular canal NTV, la cadena de radio Echo de Moscú, diarios, revistas y webs.

El ejemplo más reciente de esta larga pugna por el control mediático ha sido el del principal diario económico del país, Vedomosti, que se vio afectado por una nueva ley que limita la inversión extranjera en medios de comunicación, obligando al Financial Times y The Wall Street Journal, dos de sus principales accionistas, a vender su parte a un oligarca.

Dinero, política y medios de comunicación

"¿Un político puede ser un propietario de medios de comunicación?”. Los magnates de los medios no solo habitan en países autoritarios o asiáticos; el mejor ejemplo es Silvio Berlusconi, cuya fortuna asciende a más de siete mil millones de dólares, y que convirtió a la Radiotelevisión Italiana (RAI) en la líder casi absoluta del sector audiovisual durante sus tres mandatos como primer ministro de Italia.

Purgas, aislamiento y censura que modelaron un panorama mediático implacable con los críticos hacia la figura del primer ministro y que fomentó la creación de otros medios paralelos de resistencia.

La familia francesa Dassault, una de las cinco más ricas del país, ha sido dueña desde 2004 de Socpresse, propietaria de numerosos diarios, entre los que destaca Le Figaro. Serge Dassault nunca ocultó su simpatía por la derecha conservadora e hizo convivir su carrera política como alcalde y senador con el control de sus diarios.

El aspecto más controvertido de este caso es su papel en la industria de las armas y la aviación. A este respecto, la Sociedad de Periodistas de Le Figaro ha alertado sobre las “intervenciones” del dueño en el contenido, además de los tratos preferenciales a países y políticos potenciales compradores del avión de guerra Rafale, fabricado por su propia compañía.

Grecia dispone de un capítulo del informe sólo para ella. Desde hace 50 años, las familias dueñas de la industria petrolera y de la construcción, los banqueros, etc., son propietarios de la mayoría de acciones de los medios de comunicación. Concretamente, los Vardinoyannis, que controlan la cadena Skai, con una de las mayores audiencias, además del principal diario griego, Kathimerini.

“Decenas de Berlusconis”

El “modelo Berlusconi” tiene “un largo futuro en los países de América Latina”, apunta el informe. Concretamente en Brasil se da una situación muy similar a la italiana pero “con decenas de Berlusconis”, aun cuando la Constitución impide que los políticos posean medios de comunicación.

Según RSF, en Río de Janeiro alrededor de 40 parlamentarios controlan directa o indirectamente al menos un canal de radio o televisión en su Estado de origen. En ocasiones se declaran abiertamente propietarios de los mismos, como es el caso de Aécio Neves, candidato a la presidencia en 2014.

De generación en generación

Al Jazeera revolucionó la información en el mundo árabe. “¿Es la voz de Catar o de la familia real de Al Thani, que reina desde hace cerca de 150 años y define el destino de este pequeño país del Golfo? ¿Y Al Arabiya?”, se pregunta RSF.

La proyección política y económica o la ambición personal de familias o comunidades religiosas son algunas de las motivaciones por las cuales se crearon las cadenas señaladas en el informe.

Estas empresas y otros grandes medios de África, Oriente Medio y la India se han consolidado como defensoras de los intereses de monarcas o clanes que controlan la prensa del sector privado y que son dirigidas por oligarquías familiares cercanas al poder. Se trata de imperios mediáticos que se heredan en la mayoría de ocasiones de generación en generación, como ocurre en los países del Golfo.

El caso de la familia Hariri es el más destacado en el documento: una dinastía económica y política que controla el grupo mediático Futuro, que opera en el Líbano, Siria y Arabia Saudita; en este último país con estrechas relaciones con la dinastía Saud.

No obstante, tampoco pasan desapercibidos en el informe países como Marruecos u otras monarquías en su mayoría orientales que, como las petroleras, se “prendaron de los medios de comunicación”, que quedaron supeditados a la arbitrariedad del poder en detrimento de la independencia de la información.

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