Entrevista

García Ferreras: “Para mí la religión del periodismo es la decencia”

Antonio García Ferreras.

Habla con la misma pasión con la que presenta Al Rojo Vivo o hace un directo desde la Plaza de la Bolsa de Bruselas en plena catarsis tras el último atentado terrorista. Antonio García Ferreras (León, 1966) responde a las preguntas de infoLibre en el décimo aniversario de La Sexta, un modelo audiovisual tan insólito como exitoso: propiedad de derechas (el Grupo Planeta, a través de la Corporación Atresmedia), línea editorial de izquierdas. Ferreras es el director de la cadena desde su fundación.

Pregunta: En gran parte, el éxito de La Sexta tiene que ver con la apuesta por formatos informativos innovadores. ¿Ha sabido ver la demanda social de información y de debate o son los demás los que la han ignorado?

Respuesta: Yo creo que es una combinación de ambos factores. Hay una demanda en un momento determinado muy importante, de profundos cambios políticos, económicos y sociales del país, de muchísima tensión. Un momento donde cambian las reglas de juego. Y hay una cadena de televisión que apuesta en un momento dado por ofrecer pasión informativa frente a otros medios de comunicación que están más centrados en el entretenimiento. Una cadena que, en un momento determinado de la historia de este país, que además es un momento muy especial por todo lo que te decía antes, apuesta por ello.

Y además hay un factor añadido: La Sexta utiliza un nuevo lenguaje, unos nuevos códigos. No sólo se circunscribe a los programas estrictamente informativos: se incorporan programas de debate, programas de análisis y además con un lenguaje un poco más fresco de lo habitual. Yo creo que toda esa combinación de factores hace que La Sexta se haya convertido en referente.

P.: Cuando La Sexta realizó esa apuesta, seguramente no fue sencillo.

R.: Sí, sobre todo porque nadie estaba pendiente de ello. Nadie se planteaba hacer retransmisiones como las que nosotros hemos hecho sobre acontecimientos informativos, nadie levantaba habitualmente la programación para ofrecer especiales. Yo recuerdo alguna de las noches claves fundamentales en que se estaba produciendo el 15M en la Puerta del Sol: nosotros decidimos trasladar la programación de La Sexta 2, que era donde se estaba emitiendo, a La Sexta 1, porque notábamos, sentíamos, que lo que estaba pasando allí tenía una trascendencia importante.

Desde el principio La Sexta quería convertirse en referencia informativa, referencia del periodismo, referencia de actualidad. Eso se va ganando con el tiempo. Y los espectadores te ponen a prueba cuando se producen esos acontecimientos: el fin de ETA, el 15M, la crisis económica, un atentado terrorista en París... Ahí es donde tenemos que responder, en la apuesta por ese tipo de periodismo y ese tipo de información.

P.: ¿De qué proyecto se siente más orgulloso en estos diez años?

R.: No diría sólo de una cuestión en concreto, sino de haber armonizado en La Sexta Noticias una fábrica de productos de actualidad. Que La Sexta sea un referente informativo que pueda competir y ser alternativa a los grandes medios de comunicación clásicos de este país. Es un logro de un montón de trabajadores anónimos.

P.: Algunos formatos, sin embargo, no reciben alabanzas por parte de todos. Algunos dicen que el griterío en La Sexta Noche es, en algunos momentos, el Sálvame de la política. La Sexta NocheSálvame

R.: Es absolutamente injusto. Es verdad que es un debate en el que hay un nivel de pasión en algunos momentos muy intenso, pero es un lugar en el que también se invita a un científico a hablar de Einstein, a jóvenes científicos españoles que se están buscando la vida, escritores como Arturo Pérez Reverte o Almudena Grandes, a cantantes como Sabina… Es verdad que es un programa en el que hay mucha pasión política y mucha intensidad en el debate, pero creo que es un termómetro perfecto del clima político que se vive en estos momentos en el país. Los formatos de estas características son muy habituales en las democracias más antiguas, como la norteamericana o la británica.

Nosotros, de todas maneras, ni lo buscamos ni nos agrada especialmente. Tenemos una norma en La Sexta Noticias: no sólo hacemos televisión, hacemos periodismo. Cuando se ha producido algún momento de choque, no ha sido provocado y no es algo que nos agrade.

P.: El cambio de propiedad de la cadena, cuando los dueños de Antena 3 (el grupo Planeta) tomaron el control de La Sexta, fue percibido por muchos como una amenaza. ¿Ha sido difícil mantener una línea de izquierdas?

R.: Esa fusión lo que provocó fue un mestizaje que nos enriqueció y nos dio más fortaleza. Entiendo que muchos espectadores tuvieran dudas de si la línea editorial iba a mantenerse, pero yo creo que siempre en estas cosas lo mejor son las pruebas del día a día. Y ahí es evidente que las líneas editoriales de Antena 3 y de La Sexta son muy, muy diferentes. Y eso es mérito también del editor de Atremedia, que es el que lo permite. 

Yo creo además que cuando Atresmedia decidió fusionarse con La Sexta, o que La Sexta formase parte de su grupo, lo que buscaba era la filosofía de la cadena, su identidad. Porque además era una apuesta por el periodismo que era muy compatible: no ofrecían un producto similar sino tan diferente que eran absolutamente compatibles. Las pruebas están ahí: líneas editoriales muy diferentes, pero que los propietarios de Atresmedia permiten que existan.

“Hay que hacer una televisión donde las noticias son un deber”

P.: De algún modo, La Sexta ha sabido leer el interés renovado de los ciudadanos por la política. ¿Teme que el atasco actual pueda bloquear la situación y acabar creando hastío en la audiencia?

R.: Es evidente que hay un momento de enorme efervescencia política y un montón de incógnitas que siguen sin resolverse. Y que una repetición electoral puede provocar un cierto cansancio en un determinado ciudadano. Pero nosotros no hacemos una apuesta por una televisión donde la actualidad esté muy presente en función de una circunstancia determinada; lo hacemos porque consideramos que es lo que tenemos que hacer. Nosotros creemos que hay que hacer una televisión donde las noticias son un deber y son una obligación, son una pasión. Pero pase lo que pase, ocurra lo que ocurra, tenga más o menos intensidad la actualidad política. Evidentemente, puede producirse un cierto cansancio, sobre todo porque también otros medios de comunicación imitan o intentan imitar nuestro modelo, pero nosotros vamos a mantener esta identidad, este ADN de vivir las noticias como una obligación, como un deber y como una pasión sea cual sea el nivel de intensidad de la actualidad.

P.: En todas partes los medios, también la televisión, se preguntan cómo adaptar la información a Internet. ¿Cómo enfocan los informativos de La Sexta la 'tiranía' de las redes sociales y la cada vez mayor tasa de consumo de contenidos audiovisuales a través de la Red?

R.: El producto televisivo lo puedes consumir de la manera que tú quieras: puede ser en la pantalla clásica, puede ser a través de las redes sociales, puede ser a través de Internet o de la página web. Para mí lo importante es qué contenido estás ofreciendo a través de tu fábrica de contenidos, eso es lo esencial. Las redes sociales son una oportunidad con muchos riesgos, pero como todo este tipo de cuestiones en Internet. A mí me parece que una redacción no sólo puede alimentarse de redes sociales, pero tiene que saber que las redes sociales son una realidad.

El periodismo –a veces se nos olvida– sigue siendo mejor de lo que creemos cuando lo llevamos a cabo como una profesión que tiene que abominar de la indiferencia, que se indigna ante la injusticia, que pone en duda las versiones oficiales, que incomoda a los poderes. Y ese periodismo yo creo que sigue estando vivo. Evidentemente, la crisis ha debilitado a las empresas periodísticas, que se han hecho algo más vulnerables, pero yo creo que esta pasión, y a veces se nos olvida, sigue siendo mejor de lo que a veces creemos.

P.: ¿La gestión del PP ha matado a TVE o cree que todavía es recuperable? ¿Cuál debería ser el modelo o el espacio de la televisión pública en España?

R.: Yo creo en la televisión pública, creo que tiene una misión y tiene que ser en muchos aspectos alternativa, que no sólo busque la audiencia de las cadenas de televisión privada. Hay muchísimo trabajo por hacer. En la radiotelevisión pública española hay magníficos y excelentes profesionales que en estos últimos cuatro años han vivido posiblemente uno de los peores períodos de la historia de la decencia informativa.

P.: España es uno de los pocos países en Europa que siguen sin contar con un Consejo Audiovisual que supervise a las televisiones. ¿Qué le parece este tipo de organismos independientes? ¿Hace falta uno en España?

R.: No soy especialmente partidario de ningún Consejo Audiovisual. Sí creo que los periodistas tienen que tener como límite el Código Penal, ser respetuosos con la verdad. Yo personalmente no soy partidario de ningún tipo de consejo que tenga nada que decir sobre la actuación de los medios, para eso están los límites del Código Penal.

Ya sé que es polémico y que hay gente que lo defiende, pero para mí la religión del periodismo es la decencia. Y en eso es en lo que yo creo. En el periodismo que vive la decencia como su religión. Los Consejos Audiovisuales tienen muchísimos riesgos y en el fondo nunca acaban de ser independientes.

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