El futuro de los medios
Ocho retos que el periodismo está obligado a afrontar para sobrevivir a la inteligencia artificial
Imagine abrir una noticia, ver una fotografía o contemplar un vídeo y no poder distinguir si fue escrita, tomada o grabada por un periodista o por un algoritmo. Este escenario ya no es ciencia ficción: la inteligencia artificial está transformando el periodismo a una velocidad vertiginosa.
Lo que hace solo unos años parecía una herramienta auxiliar hoy plantea preguntas fundamentales sobre ética, credibilidad y sostenibilidad económica. El periodismo, como ejercicio profesional imprescindible para garantizar la salud social, se enfrenta a decisiones que marcarán la relevancia del oficio en la próxima década y, probablemente, la supervivencia del modelo democrático. Estas son algunas de las más relevantes.
1. Defender la autoría y el criterio humano
Aunque la IA pueda generar borradores o resúmenes, no debería decidir qué historias importan ni valorar su impacto social. Los periodistas deben mantener el control de las piezas relevantes, firmarlas y supervisarlas, asegurando que la voz humana siga guiando la agenda informativa. Automatizar la rutina puede ahorrar tiempo, pero nunca puede reemplazar la responsabilidad editorial.
Sin embargo, ya hay medios que elaboran y publican textos completos sin participación humana que, en el mejor de los casos, pasan por una más que limitada supervisión. Hay páginas web construidas enteramente por herramientas de inteligencia artificial que tratan de pasar por medios reales con el único objetivo de captar tráfico y atraer ingresos publicitarios.
2. Aprovechar lo bueno
La IA permite automatizar tareas repetitivas —como transcribir entrevistas, subtitular vídeos, resumir documentos o clasificar grandes volúmenes de datos—, liberando tiempo para que los periodistas puedan investigar, contrastar fuentes y aportar contexto.
Además, facilita el análisis rápido de información compleja, ayuda a descubrir patrones ocultos en bases de datos difíciles de manejar, amplía la capacidad de verificación mediante herramientas de detección de manipulación audiovisual y permite personalizar la distribución de contenidos sin renunciar al criterio editorial.
Encontrar la forma de aprovechar estas ventajas sin perder de vista el papel de los periodistas como garantes finales de la calidad de la información es uno de los mayores desafíos de los próximos años.
3. Ser transparente con los lectores
La confianza del público es frágil. Por eso, los medios deben explicar cuándo y cómo se ha utilizado IA en la producción de contenido. Políticas visibles y avisos claros no solo fortalecen la credibilidad, sino que ayudan a diferenciar la intervención humana de la generación automática. La transparencia deja claro que la IA es una herramienta, no la voz decisiva.
Los medios —y los periodistas— que quieran sobrevivir a la era de la inteligencia artificial tendrán que apostar por la transparencia, demostrar que son ellos, y no las máquinas, quienes hacen el trabajo de selección, verificación y redacción de las noticias, y ganarse, como hasta ahora, la credibilidad que cada vez exigen más las audiencias.
4. Adaptar la ética profesional
Los códigos deontológicos tradicionales no contemplan algoritmos capaces de inventar datos o reproducir sesgos. Los medios necesitan responder: ¿quién corrige los errores de la IA? ¿Cómo se evita que un sesgo algorítmico comprometa la imparcialidad? Revisar y actualizar los principios éticos es esencial para mantener la responsabilidad y la rendición de cuentas frente a la sociedad.
Las organizaciones de periodistas, y en particular los consejos de la información en los que haya espacio para agentes sociales y representantes de la sociedad civil, están llamados a jugar un papel cada vez más relevante en la supervisión del trabajo profesional.
5. Combatir la desinformación a gran escala
Textos, imágenes, audios y vídeos falsos se producen hoy a escala industrial gracias a la IA. Esto multiplica la desinformación, especialmente en contextos electorales o crisis sociales. Los medios deben fortalecer la verificación con herramientas avanzadas, protocolos más rigurosos y redes de fact-checking que permitan mantener la integridad de la información.
Poco a poco, a medida que las herramientas de inteligencia artificial se van perfeccionando, será más difícil distinguir lo que tiene apariencia de verdad de lo que es verdad. El compromiso ético de los profesionales cobra ahí un papel de especial relevancia, así como el rol que los medios deben jugar como espacios de confianza entre lectores y periodistas.
6. Gestionar la “crisis de lo real”
Los deepfakes hiperrealistas permiten negar pruebas auténticas, alimentando lo que se conoce como “el dividendo del mentiroso”: la ventaja que obtiene quien miente cuando, en un entorno donde ya no se distingue lo verdadero de lo falso, puede negar hechos comprobados alegando que todo es manipulable.
Verificar ya no es un acto final, sino un proceso narrativo: explicar cómo se confirmó la autenticidad de un contenido se vuelve parte de la noticia misma, devolviendo al lector la capacidad de confiar en lo que ve y lee. El periodismo deberá prestar atención no solo a los hechos, sino a la forma en que los profesionales tienen acceso a la verdad y la comprueban.
7. Formación y alfabetización digital
Los periodistas están obligados a aprender a leer la IA. En las redacciones surgen perfiles nuevos: editores de inteligencia artificial, auditores de algoritmos y especialistas en verificación digital. Pero la audiencia también tiene una responsabilidad, porque son muchos los ciudadanos que, inadvertidamente, contribuyen a difundir desinformación.
Aquí, la educación mediática es clave: entender cómo funcionan los contenidos sintéticos —y que existen medios que son espacios seguros contra la mentira— ayuda a discernir lo verdadero de lo falso en un mundo saturado de información. La alfabetización mediática en las escuelas debe no solo incrementarse, sino evolucionar para hacer frente a los riesgos de la IA.
8. Proteger la sostenibilidad y el valor económico del periodismo
Las grandes plataformas usan contenidos periodísticos para entrenar modelos de IA, mientras los usuarios obtienen información sin visitar las cabeceras originales. Esto amenaza la viabilidad económica de los medios, especialmente los independientes.
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La lucha pasa por acuerdos de licencia, compensación justa y modelos que reconozcan el valor del trabajo periodístico frente al uso masivo de contenidos generados por algoritmos. Pero también exige una actitud activa por parte de los usuarios que creen en el valor del periodismo y una estrategia decidida por parte de los medios para construir comunidades que no pasen por los buscadores ni por las redes sociales y que estén blindadas frente a la desinformación.
La inteligencia artificial no es un enemigo, pero tampoco un socio pasivo: pone a prueba todo lo que distingue al periodismo de la simple generación de información. Automatiza tareas, multiplica riesgos y exige transparencia, pero también puede liberar tiempo para investigar, analizar y contextualizar. Los próximos años decidirán si la IA será una aliada que potencia el oficio o una fuerza que lo desdibuja.
Como asegura Hany Farid, autoridad mundial en deepfakes y profesor de la Universidad de Berkeley, “nuestra salud global, la salud de nuestro planeta y nuestras instituciones democráticas están bajo ataque debido a la desinformación desenfrenada, las conspiraciones y las mentiras”.