La televisión ya no dirige la opinión pública o cómo las redes sociales han sustituido a la 'caja tonta'
Medio siglo después de que llegara la democracia a España, el cómo se hizo vuelve a ser objeto de debate. Unos dicen que no había alternativas, otros que fue una continuación del franquismo. Algunos, como el rey emérito, aseguran que lo hicieron ellos solos, y desde una parte del mundo de la cultura se vuelve a reclamar la figura de Adolfo Suárez como autor de la democracia española, con series como Anatomía de un Instante (basada en la novela de Javier Cercas) o documentales como Voladura 76, de RTVE.
Se ha hablado mucho de todo ello, pero hay un elemento indispensable para el conjunto del plan al que no se le da tanta importancia: la televisión. Como centro neurálgico de los salones españoles y con tan solo dos cadenas, su capacidad para hacer llegar un mensaje era enorme. Y Suárez lo sabía. “Era una revolución, la gente podía ver que existía la democracia, porque lo decía la televisión”, apunta Virginia Martín Jiménez, profesora de Historia del Periodismo de la Universidad de Valladolid y autora del libro Televisión Española y la Transición democrática. Aun así, se daba una paradoja: en la nueva era de la democracia, los medios estaban siendo controlados por el Estado.
Este control es (y era) conocido por todos, según la escritora. La influencia que tenía sobre las casas españolas, también. Moldeaban el debate e introducían los temas que querían en la agenda, para vender la nueva idea de democracia y la recién conquistada libertad de expresión (aunque solo para algunos), asegura Martín Jiménez. Poco queda de esta dinámica de poder estatal. De hecho, el informe sobre libertad de prensa de Reporteros Sin Fronteras da a España un 77,35 de puntuación, el puesto 23 de todo el mundo.
Sin embargo, esto no nos libra de que nuestras fuentes de información estén controladas por una pequeña (y poderosa) élite. El teléfono, y más concretamente, las redes sociales, avanzan a pasos agigantados para sustituir en influencia a lo que era antes la televisión. En España, un 55% de los ciudadanos acuden a estas plataformas en busca de información, según datos del Estudio de Redes Sociales 2025 realizado por IAB Spain.
Esta información es de todos, pero quien moldea el debate siguen sin ser los ciudadanos. Empresarios como Elon Musk, dueño de X (antes Twitter) y Mark Zuckerberg, de Meta, son los encargados de esa tarea. Ambos han sido acusados de apoyar ciertas políticas de la extrema derecha a través del diseño de sus algoritmos (o directamente en publicaciones propias) para así beneficiar a unos u otros en las elecciones de Estados Unidos, por ejemplo.
No es sorpresa para nadie. Musk fue uno de los mayores inversores de la campaña de 2024 del ahora presidente e, incluso, llegó a formar parte del Gobierno. Zuckerberg, por su parte, donó un millón de dólares al mandatario para su investidura. Estos beneficios políticos se relacionan con el propósito de todos o de la mayoría de los empresarios: ganar dinero. Y las redes son un método más para conseguirlo. “El interés económico de sacar más provecho de las interacciones en las redes sociales, es lo que ha llevado a la polarización y desinformación que vemos ahora mismo”, asegura Andrea Rosales Climent, profesora de estudios de la comunicación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).
Pero, ¿esto es tan nuevo cómo parece? Las redes han venido para cambiarlo todo y, aun así, esto recuerda a los tiempos de Suárez, según las expertas. “En la televisión de la Transición no había democracia. Con las redes sociales pensábamos que iban a ser un gran foro de debate, pero ahora estamos viendo justo lo contrario. La gente que veía la televisión en la época de Suárez era consciente de que la controlaba el gobierno. Pero ahora, con las redes hay una falsa sensación de libertad, pero no somos conscientes de los intereses que hay detrás, tenemos la falsa sensación de que hay democracia”, apunta Virginia Martín Jiménez.
La televisión pasa a un segundo plano
Para la televisión, mucho ha cambiado desde el 75 en España. Con la llegada de plataformas como Netflix o HBO, su consumo ha bajado y con ello, su impacto e influencia en las casas españolas también. De hecho, solo un 20% de la población considera el peso de la televisión decisivo, según datos del Digital News Report de España, elaborado por la Universidad de Navarra. En contraposición, se van consolidando las redes sociales, que son la segunda fuente de información más común, con un 46%.
Según datos del Análisis de Audiencias TV de 2025, elaborado por la consultoría de comunicación Barlovento Comunicación, la cantidad media de minutos que los españoles pasan frente al televisor está cayendo. En 2025, la media estaba en los 171 minutos diarios, 10 menos que en el 2023. El Estudio General de Medios también acredita esta tendencia. En su última edición, la televisión ha englobado el 79,3% de la audiencia, una cifra muy alta, pero que queda lejos del nuevo líder entre el consumo de información: Internet, que acapara el 90,7%.
“La era de la televisión ha concluido. Ya no tiene público apenas en sí, pero debe pensarse que las empresas globales incluyen medios distintos y distribuyen funciones para redes sociales y televisión”, asegura Vicente Sánchez-Biosca, historiador y profesor universitario.
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A la pérdida de atención, se suma la falta de un consenso por los contenidos que se consumen, algo completamente opuesto a la falta de oferta en el 75. La homogeneización que supuso la falta de cadenas en la Transición se ha perdido, con la fragmentación de los medios y, en consecuencia, del discurso. El 38% de las personas encuestadas por la Universidad de Navarra declaran que sólo confía en las noticias concretas que consulta en un medio específico, acorde a su ideología.
Entonces, ¿hay algún espacio para el debate?
La desinformación y el control por parte de magnates, junto con una personalización de la información que hace que cada uno estemos a lo nuestro, conforma un cóctel molotov que puede hacer creer que la posibilidad para el debate o la información más rigurosa dentro de la cultura de masas se ha acabado justo ahora. Sin embargo, esta situación no es nueva y viene produciéndose desde hace mucho. “Las redes sociales no son un espacio para el debate, pero tampoco lo es la televisión y nunca lo ha sido, es un lugar en el que se descalifica y en que cada medio tiene una orientación política, por lo que se difunden los contenidos con los que están de acuerdo”, argumenta Rosales Climent.
Aunque se ha comprobado que las redes sociales sí que pueden generar una movilización que permita el cambio social, como se ha visto con las protestas de la Generación Z en Asia, realmente tampoco son el método más propicio para ello por los intereses que pueden esconder sus dueños, asegura la profesora de la UOC. “Si hablamos de movilización de la ciudadanía, el mundo de las redes sociales es completamente distinto. En España solo había una televisión pública y esto servía para unificar el mensaje. En el mundo digital es todo muy diverso, es infinito. En este sentido no es comparable, desde el lado del cambio y la manipulación, las redes son más potentes. Ahora, estamos viendo que hay un interés por desinformar porque hay grandes intereses moviéndose”, zanja Martín Jiménez.