Cómo la cocaína ha unido históricamente a Venezuela con la costa gallega

Típico barco empleado para el narcotráfico en Venezuela.

En abril de 2020, en plena pandemia de la covid-19, los Greco Galicia de la Comisaría de Pontevedra incautaban 4.000 kilos de cocaína en el Karar. Un mes después, el entonces encargado de negocios de Estados Unidos en Caracas (que operaba desde Bogotá por la crisis diplomática que ya existía entre ambos países) aseguró que esa droga procedía de Venezuela, y no solo eso. "Hay personas del régimen involucradas", declaró. Esas fueron las palabras exactas de James Story, que fueron desmentidas por el ministro del Interior del país sudamericano, Néstor Reverol. "Es un falso positivo queriendo hacer que esa droga procedía de Venezuela".

Los datos a los que tuvo acceso este periódico apuntan a que la primera de las hipótesis podría ser la buena: la Brigada Central de Estupefacientes, la DEA y la Agencia Nacional Contra el Crimen (NCA, por sus siglas en inglés) situaron la carga de la droga en el buque, tripulado por personas de origen asiático y con un gallego de Bueu como garante de la mercancía, en el entorno de La Guajira. Esa región, ubicada en el extremo Norte de Sudamérica, en pleno mar Caribe y fronteriza con Colombia, ha vuelto a la actualidad en los últimos meses, a causa de los bombardeos por parte de Estados Unidos a embarcaciones con supuesta droga que seguían esa ruta.

Cuando han pasado seis años desde el alijo del Karar -caso del que se acaba de hacer pública la sentencia tras un mediático juicio—, Estados Unidos ha dado un golpe sobre la mesa al intervenir el Gobierno venezolano a través del secuestro de su presidente-dictador, Nicolás Maduro, y los acuerdos ya no tan secretos con las personas de su entorno, con la anterior vicepresidenta Delcy Rodríguez al frente.

Los generales de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) lucen insignias en forma de sol según su rango, entre una y cuatro. A partir de la década de 1990, los narcotraficantes colombianos relacionados con las extintas FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) y con otras organizaciones criminales del momento comenzaron a dirigir sus miradas hacia el Oeste. El mercado de la cocaína estaba saturado en Miami al tiempo que habían comprobado que en Galicia había redes mafiosas con capacidad para introducir y almacenar la droga para surtir a clientes de todo el Viejo Continente. Cali, Medellín y sus sucesores (El Loco Barrera estableció su residencia en Venezuela) diseñaron una ruta terrestre para el transporte de cocaína que debía incluir el paso por el país bolivariano, que serviría de lanzadera.

Los primeros cargamentos incautados por la GNB sirvieron para establecer los primeros contactos. El objetivo de los reyes de la coca colombiana era llegar a ellos para sobornarles. Ése fue el germen del Cártel de Los Soles. Los generales comenzaron por ‘permitir’ el paso por zonas fronterizas y hacer la vista gorda en los puertos y aeropuertos para la salida de la mercancía.

Con el paso del tiempo y en vista de lo lucrativo del negocio, las Fuerzas Armadas crearon su propia organización que, según la Fiscalía General de Estados Unidos lleva al menos 25 años coordinando partidas de grandes alijos hacia el Norte, pero también hacia el Este. La Udyco Central, punta de lanza de la lucha antidroga en España, situaba entonces a a Diosdado Cabello, que ha tomado el testigo de Néstor Reverol como ministro de Justicia, y a Hugo ‘el pollo’ Carvajal, que fue detenido en Madrid en septiembre de 2021, como hombres clave para el tránsito de miles de kilos de cocaína entre el Delta del Orinoco y las Rías Baixas. Los expertos apuntan a que la droga ‘venezolana’ acaba principalmente en Europa, más que en Estados Unidos, y así ha sido durante todo el siglo XXI.

Precisamente la figura de Carvajal ha resultado clave en lo sucedido en las últimas semanas, pues su testimonio será clave para sostener las acusaciones contra Nicolás Maduro por narcotráfico cuando sea juzgado en la Corte de Brooklyn.

Las primeras acciones por parte de una corte neoyorquina contra el régimen venezolano por narcotráfico se tradujeron en la acusación en 2016 al excomandante Néstor Reverol, antiguo director de la agencia antidroga venezolana. En esa etapa, la DEA y los servicios centrales de la Policía Nacional ya hablaban de una ruta establecida entre el delta del Orinoco y Galicia, con aprehensiones históricas como la del San Miguel (3.500 kilos en 2008), el Pacífico (1.800 en 2013), el Riptide (3.400 en 2013) o el Coral I (1.500 kilos en 2015). La presencia de venezolanos, algunos de ellos ya juzgados y condenados en la Audiencia Provincial de Pontevedra y en la Audiencia Nacional, se hizo cada vez más destacada en Galicia.

Llegaban notarios encargados de coordinar la recepción de los alijos. Sus tentáculos llegaron a Madrid e incluso tentaron a algún funcionario, también condenado por ello, con el objetivo de hacerse con información secreta de la DEA y de la Policía española. Como hombre fuerte, según los servicios de Inteligencia, estaría ‘el pollo’ Carvajal, que precisamente sería detenido en Madrid en 2021 y que, tras ser extraditado, colabora con la Justicia de Estados Unidos en la actual causa que se sigue en Brooklyn.

Las zonas fronterizas entre Colombia y Venezuela, pero especialmente el delta del Orinoco (cuya cuenca fluvial transcurre entre ambos países) y las cercanas aguas de Guyana y Surinam son los puntos clave para la partida de los alijos participada por Los Soles, siempre en alianza con los colombianos, y que tienen como destino Europa. El citado río, que, por su tamaño, llegó a ser considerado un mar por los primeros exploradores españoles, tiene aguas con una gran presencia de embarcaciones vinculadas al sector pesquero permiten que los barcos ‘de último viaje’, navíos en malas condiciones que normalmente se fletan para abandonarlos tras el narcotransporte, permanezcan durante días, incluso semanas, mientras se van cargando de cocaína poco a poco bajo el control de los venezolanos. Es un área que incluye numerosos islotes perfectos para esa faena.

Como tripulación, las organizaciones mafiosas apuestan por expertos marineros locales, pero en no pocas ocasiones contratan a personas procedentes del sudeste asiático. Muchas de ellas cumplen largas condenas en prisiones españolas en la actualidad por un trabajo por el que apenas iban a cobrar cinco o seis mil dólares.

Distinto es el papel del 'notario' de la organización, pero éste acostumbra a viajar en avión para controlar la recepción en Galicia. Las embarcaciones, muchas de ellas más aptas para la navegación fluvial que oceánica, están muy lejos de ser seguras.

Un segundo esquema de carga, más rápido y arriesgado que el del Orinoco, tiene lugar en puntos más expuestos ante las costas de los países citados. Planeadoras o avionetas efectúan la carga en pocas horas, y lo hacen en barcos de todo tipo. Una vez en el Atlántico, los barcos de último viaje toman cualquiera de las dos rutas principales, bien hacia las Azores, bien al Norte de Cabo Verde, hasta llegar a un punto en el que se hallan al alcance de las planeadoras gallegas y, últimamente, también del Sur de España. Cabe la posibilidad de la aparición de un tercer barco que efectúa las labores de acercamiento y que puede partir desde Galicia, Portugal o desde África Occidental.

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Donald Trump, por su parte, ha justificado la mayor parte de sus ataques con bombas saltándose la legalidad internacional contra presuntas narcolanchas alegando que se trataba de integrantes del Tren de Aragua, una de las redes criminales más peligrosas de Sudamérica y que, según la acusación de Estados Unidos, tendría relación directa con el gobierno de Maduro para el narcotráfico. Su jefe, alias Niño Guerrero, sigue prófugo, y su nombre aparece junto al de Maduro en la acusación. El hermano del jefe, Cheison Guerrero, fue detenido en España en 2024. El año pasado se desmanteló la primera célula de esta organización en la Península Ibérica, con un registro en Galicia.

on indicios de una presencia incipiente en la Península Ibérica por parte de una red que actúa con inteligencia, filtrándose entre la numerosísima colonia venezolana existente en España desde la llegada del chavismo al poder.

En la más reciente acusación, la Fiscalía de Estados Unidos ya no vincula directamente a Maduro con el Cártel de Los Soles, sino que habla de connivencia y de permisividad con los narcos. Esta nueva versión está más cerca de la realidad: son las disidencias de las FARC y el Ejército de Liberación Nacional (ELN), cuyo jefe, alias Santiago, acaba de ser abatido, los que se infiltran en territorio venezolano y, en alianza con cárteles locales -el de Paraguaná es un ejemplo- y con funcionarios públicos venezolanos, hacen fluir las drogas hacia Europa. La gran estructura corrupta ha perdido poder.

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