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Librepensadores

Los obispos suprimen la cruz

Felipe Domingo Casas
Publicada el 13/04/2019 a las 06:00 Actualizada el 12/04/2019 a las 18:46
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Con frecuencia salta a los medios de comunicación y a la opinión pública algún hecho o acontecimiento individual, aislado y no previsto, por una causa noble y justa, en ocasiones heroico, que tiene una incidencia en la sociedad, mayor que largos largos años de lucha por esa causa y, en todo caso, consolida en la conciencia de los ciudadanos la nobleza de esa causa.

Esto es lo que ha ocurrido con las imágenes del vídeo del estado y sufrimiento de María José Carrasco y su deseo de morir asistida por su marido Ángel Hernández, que han supuesto un aldabonazo, ya sin retorno, en la sociedad española como en su día lo fueron las imágenes del suicidio de Ramón Sampedro y la película de Amenábar, Mar adentro. Ni instituciones sociales, políticas y religiosas ni personas individuales y dirigentes políticos han podido quedarse al margen sin ofrecer su opinión sobre cómo terminar nuestros últimos días y si hay que legalizar la eutanasia.

Sacudida su conciencia y conscientes los obispos de su lugar en la sociedad y de su pérdida de influencia moral en ella, se ha reunido en secreto la Conferencia Episcopal y en dos sesiones con intensos y, en momentos,  bruscos debates (como el Tribunal Supremo cuando discutió la supresión o no del Impuesto de Actos Jurídicos Documentados). Han acordado por una mayoría muy ajustada suprimir la cruz como símbolo de la fe cristiana y como enseña que llevan visible colgada al cuello.

La pregunta que ha dado origen a la reunión de la Conferencia y al posterior debate ha sido: ¿Cuál es el mensaje que transmitimos con el icono de la cruz y el crucifijo? Y la respuesta fue que la cruz es un símbolo que significa y transmite un mensaje muy preciso: sufrimiento. La deliberación la encauzó el obispo que intervino en primer lugar, quien en sus años de juventud jugó al baloncesto con cierto prestigio e incluso entrenó con Emiliano Rodríguez, famoso jugador del Real Madrid, y que, coincidencias de la vida, fue nombrado y consagrado obispo en el año 2005. Ese mismo año, España se proclamó campeona del mundo al pronunciar con el mismo énfasis la palabra su-fri-mi-en-to, como lo hizo el entrenador de la selección entonces, Pepu Hernández, con la palabra ba-lon-ces-to (sobra decir que Pepu tiene asegurado el voto de este obispo).

Tal mensaje, dijeron, aparece difuminado y oculto porque los creyentes y no creyentes están acostumbrados desde que nacen hasta que mueren a ver ese símbolo en las ocasiones más dispares y en los momentos menos pensados.

Deliberaron los obispos que el mensaje de sufrimiento y dolor no fue el que Jesús quiso transmitir en su corta vida adulta, sino una consecuencia no querida que le trajo su modo de vivir y actuar, por su enfrentamiento a los poderes constituidos, tanto políticos como religiosos. Un sábado entró en la sinagoga de Nazaret y puesto en pie, hizo la lectura: “El espíritu del señor está sobre mí, porque él me ha ungido para que dé la buena noticia a los pobres. Anunciaré la libertad a los cautivos y a los oprimidos”( Lucas 4, 14-18).

Se mencionó también en las deliberaciones que el símbolo de la cruz, como el celibato, no se introdujo en la iglesia en los primeros siglos, por lo que en el siglo XXI la cruz, más que signo de salvación y esperanza, es un signo de sufrimiento y dolor, por lo que había que volver a la tradición del pez como símbolo más auténtico. Esta afirmación fue tomando fuerza porque la mayoría había visitado las catacumbas de San Calixto en Roma, donde el pez como símbolo de la iglesia primitiva está muy representado. Consideraban los cristianos primitivos que la cruz era un símbolo siniestro y muy doloroso que entraba en contradicción con el mensaje de Jesús como salvador del mundo que quería transmitir, dijeron al unísono dos obispos.

Al estar próxima la Semana Santa, otro obispo abundó también en esta idea para criticar que en la liturgia del viernes santo se adore el lignum crucis y se cante tres veces: “Mirad el árbol de la cruz donde estuvo clavada  la salvación del mundo. Venid a adorarlo”.

Varios obispos  expusieron, y alguno con vehemencia, que el sufrimiento, y más si es extremo, no redime ni hace mejores a las personas y  que puede incluso llevar a la increencia, recordando las palabras de Jesús en los últimos momentos de su vida: “Dios mío, Dios mío, ¿por que me has abandonado?”.

Llegados a ese punto de las deliberaciones, un obispo emérito, casi nonagenario —nacido en un pueblo de la España vaciada, que atribuye como una de las causas primeras de la despoblación de su pueblo y de otras  zonas rurales castellanas a la cooptación de niños y niñas en la época del franquismo que llevaron a cabo el señor cura, el señor maestro y el médico para llenar los seminarios, los colegios de religiosos y frailes y algunos conventos de monjas; que también proclama “yo soy rural” provocando las risas entre sus hermanos y que atribuye también su longevidad a los alimentos disponibles entonces, sanos y saludables—, dijo con voz solemne, todavía juvenil y autoritaria: escuchadme, hermanos en Cristo, Dios  es neutral.

Todos intentan apropiarse de él, de su favor, y es muy corriente al hacer el garabato de la cruz, servirse de él: lo hacen los futbolistas, los toreros, los atletas, los ciclistas, los políticos, los curas y clérigos de las diversas iglesias, los ricos y  los pobres. Y a nadie hace caso. Viene a decir: Arregláos como podáis, pero a mí no me metáis en vuestros  líos. Y recordó a  Benjamín Forcano, que escribió: “Sería una crueldad tremenda mantener la idea de ese Dios sádico que exige la muerte de su hijo, una muerte infamante, como reparación de su honor”. Todo depende de nosotros y de nuestros esfuerzos por hacer de este pequeño planeta en el que vivimos una tierra de felicidad, de amor, de paz, de convivencia.  A pesar  de tantos avances de la ciencia y la medicina, seguimos en un valle de lágrimas, lleno de enfermedades, guerras, calamidades, hambre y sufrimientos no queridos ni buscados y puesto que hemos nacido para morir, hagamos que nuestros últimos días no se conviertan en un suplicio y una  tortura. Y se atrevió a nombrar la palabra eutanasia, que era la causa de la reunión, pero que ninguno había pronunciado todavía, lo que provocó un silencio estremecedor.

De estos debates derivaron de una forma natural a cosas más materiales al recordar algún obispo que nos encontrábamos en periodo de la declaración de la renta y que una consecuencia lógica de lo acordado consistiría en suprimir también la cruz de la planilla de la declaración para financiarse autónomamente y sentirse más libres a la hora de criticar a los Gobiernos. Un obispo más leído e incisivo dijo que la cruz de San Andrés con la que se marca normalmente la declaración no tiene la tradición mayoritaria de la cruz latina. Esta menciones a algunos de los obispos les revolvió de sus sillones.

Por la proximidad de la Semana Santa salieron a colación las procesiones en las que las tallas de los Cristos yacentes de Gregorio Fernández o de otros Cristos de Juan de Mesa, Juan de Juní y otros redundan en el mismo mensaje de dolor y sufrimiento, pero dejaron las deliberaciones para otra próxima reunión porque esas menciones afectaban a la propia iglesia y al Estado por su influencia en la economía y el turismo. Esto fue lo que dió de sí la reunión extraordinaria de la Conferencia episcopal.

Entre las múltiples declaraciones al suicidio asistido de María José destaco como oportunas las de Ramona Maneiro, que no pudo estar al lado de Ramón Sampedro, que dijo: “En estos años no se ha avanzado una mierda”. “Sufre tú, si quieres, yo no”, refiriéndose a la postura de la iglesia. Y Miguel Ángel Revilla declaró: “El que quiera sufrir como Cristo en la cruz que lo haga, pero yo no quiero”.

Entre las leyes pendientes que tendrá que acometer el nuevo Gobierno, pende así mismo una legislación progresista con el trabajo del cuidado, de los cuidados. Ya es un clamor que el trabajo remunerado no lo es. Ignoro cuántos años tiene cotizados Ángel Hernández y qué pensión tiene reconocida, y la que le pueda quedar como viudo, pero ya existe una  sentencia pionera de la que fue ponente la magistrada Gloria Poyatos, por la que ha optado al premio Mallete, en la que se reconoce el derecho a percibir una pensión a una mujer que estuvo durante años dedicada a cuidar a su madre sin haber cotizado y que el Instituto de la Seguridad Social le denegó. Se trata del derecho a una justicia equitativa y que el feminismo ha recogido ya como uno de los ejes de su movimiento.

En el ámbito institucional la OIT y la OCD han dado ya el paso de considerar los cuidados como una ocupación. Lo ha expresado muy bien María Angeles Durán: “Toda la población produce y consume cuidado, aunque en cantidad y calidad muy variable”. “La necesidad de cuidado no va a reducirse en el futuro sino a aumentar”. “Habrá que recordar que lo privado también es político, que cientos de miles de cuidadores en dedicación exclusiva y no remunerada no lo son por elección voluntaria, sino porque las condiciones sociales no les dejan otra opción”. Para solucionar  estas cuestiones y los debates que originarán tendremos que depositar nuestros votos en las próximas citas electorales.
 
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Felipe Domingo Casas es socio de infoLibre
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1 Comentarios
  • AMP AMP 13/04/19 10:41

    ¡Fantástico, Felipe, fantástico tu escrito!

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