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Los libros

'Pensar el islam', de Michel Onfray

  • El filósofo francés había sido ubicado tanto en la islamofobia como en la islamofilia. Estos artículos aclaran su postura
  • Para el autor existen dos vertientes bien diferenciadas del islam: el que sigue las suras del odio y el que sigue las suras del amor y la paz

Publicada 20/01/2017 a las 06:00 Actualizada 19/01/2017 a las 19:47    
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Pensar el islam
Michel Onfray

Traducción de Núria Petit
Paidós

Barcelona
2016

Se han cumplido recientemente dos años del atentado contra la revista satírica Charlie Hebdo. Si el ataque contra las Torres Gemelas –con sus réplicas en Londres y Atocha— supuso una gruesa línea que separó la Historia reciente en dos, la masacre parisina fue reciente banderazo de salida para el nuevo terrorismo en Europa (Bataclan, Bruselas, Niza, Berlín, Estambul…). Pocos pensadores se atreven a levantar la voz, y mucho menos a salirse de los guiones preestablecidos. Michel Onfray en uno de ellos, y Paidós ha publicado hace poco Pensar el islam, una reflexión sobre qué sucede en Francia.

Los postulados de Onfray reivindican una izquierda republicana, pues “Mitterrand traicionó dos veces a la izquierda”, insiste el filósofo. Una izquierda pacifista, incluyente y que siempre fue una alternativa al liberalismo. En esos márgenes, donde la actualidad emocional de los medios de comunicación le han ubicado tanto en la islamofobia como en la islamofilia, Michel Onfray debía –a sí mismo y a todos nosotros— publicar su pensamiento acerca de la situación actual de Francia, que puede servir como marco para la comprensión del fenómeno más allá de sus fronteras.

El libro compila algunos artículos –que no fueron publicados, a pesar de ser encargados en diversos medios franceses— y, sobre todo, una entrevista que ofreció a la periodista argelina Asma Kouar para el periódico Al Jadid. Para el autor existen dos vertientes bien diferenciadas del islam: el que sigue las suras del odio y el que sigue las suras del amor y la paz. Conocedor del Corán, lo que considera piedra angular imprescindible para poder opinar sobre la situación, la propuesta de Onfray (sí, Onfray propone, otros solo pronostican) reside en la re-republicación del Islam, su encaje en el espíritu ilustrado y en la República. Puede parecer un difícil ajuste, incluso contradictorio con el raciocinio de la Ilustración y el conocido ateísmo ejercido por el autor. Sin embargo, Onfray insiste en que es el Estado el responsable de acercar el islam pacífico al abrigo de la República, de apoyarlo frente al islam violento y dar una esperanza a los seguidores del profeta que se pueden ver desasistidos ante la radicalización violenta de individuos en ciertas comunidades.

Pone por delante Onfray dos hechos que considera irrebatibles: la interpretación desde la corrección política hecha por la izquierda insiste en descargar a los musulmanes de las responsabilidades de los atentados. Primer error: no puede desvincularse el islam de estos atentados, desde el momento en que los que lo cometan lo hagan en nombre de Alá y de determinada interpretación del Corán. Pero tampoco puede la izquierda vivir entre el discurso del Frente National –la “escoba del aprendiz de brujo” que fabricó Mitterrand— que muestra el bando racista y el discurso tibio sobre la inmigración. Francia se debate en un discurso islamófobo en el exterior, iniciado con la guerra iniciada por el primer Bush en el año 1991 —y que llega hasta la guerra declarada por Hollande, que solo tuvo el intermedio del compromiso chiraquista— y el discurso islamófilo interior. La derecha y la izquierda (pasada al liberalismo desde 1983) han bombardeado Afganistán, Iraq, Libia, Mali, Siria… ¿Podía esperarse una respuesta diferente por parte de las comunidades islámicas de esos territorios sino el atentado indiscriminado? ¿Por qué Dinamarca, Suiza o Finlandia no han sufrido el terrorismo? Para Onfray la respuesta está en la belicosidad de algunas naciones occidentales. Para el filósofo, se trata de una manifestación más del colonialismo, de la explotación económica de los países pobres por parte de los países ricos. Mediante el derecho de injerencia algunas naciones –Francia entre ellas, España tras la famosa reunión de las Isla Azores— decidieron que era inevitable la intervención en países islámicos que no respetaban los derechos humanos… ¿Por qué unos países y otros no? ¿Por qué Siria y no Arabia Saudí? Es una respuesta que la izquierda aposentada en el poder nunca contesta.

La pequeña guerra teorizada por Clausewitz parece adueñarse del territorio francés –y cada vez más, en otros países europeos—, pero ¿cómo combatir contra un ejército oculto? A veces nos asalta la sensación de que los atentados son cometidos por decisión propia e instintiva de los soldados, y que el “alto mando” los reivindica por rutina, atribuyéndose unas sangrientas agresiones que no siguen un claro modo operativo (unos enclaves estratégicos, unos perfiles susceptibles de ataque, unos objetivos finales que alcanzar) más allá que la estrategia de la guerra santa desatada, descabezada, tan cruel como atolondrada tantas veces. Así, ¿cómo luchar contra un ejército secreto de soldados, en su mayoría europeos, que viven en Europa? La política de bombardeos al Estado Islámico es para Onfray solamente una “respuesta de bravucón ignorante, que un día tendrá que hacer las paces con aquellos a los que se les hace la guerra y que hay que empezar por hacer todo lo necesario para no recurrir a ella si no es como último recurso”. Para Onfray el terrorismo islámico no atenta contra Francia por “lo que es” sino por “lo que hace”. Esa es la gran responsabilidad de la izquierda, asumir la múltiple historia francesa: la de Robespierre, la de la Comuna, la de Camus, la de Pétain y la de Sartre, la de Giscard y la de Mitterrand, la de las luces y la de las sombras. Y en la actualidad el comportamiento de Francia es el propio del Occidente belicoso y mamporrero de los Estados Unidos, más cerca de la sombra que de la luz.

Ante tal contradicción, Onfray apuesta por potenciar el islam de paz, la comunidad que repudia el atentado con el fin de que esta asuma y defienda –como ha hecho gran parte del cristianismo— la separación entre Estado y religión. El peligro está en la sharia, en el triunfo de la ley religiosa sobre la ley política. Las mezquitas francesas son construidas con el apoyo de Estados extranjeros, ya que la comunidad musulmana francesa no puede recurrir al apoyo estatal. Francia ha cambiado. No es la Francia generalmente católica, excepcionalmente protestante, de hace un siglo. La alimentación de los grupos de extrema derecha reside en el mito del retorno a una Francia ya inexistente. Para Onfray hay una minoría islámica activa y violenta, encastrada en una mayoría silenciosa que practica el islam en privado conforme a las suras pacíficas, rechaza la violencia y es consciente de la preeminencia de los valores de la República. Esa Francia islámica de las suras pacíficas también es Francia, como también es Europa.

*Alfonso Salazar es escritor. 
 
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5 Comentarios
  • juan alvarez juan alvarez 23/01/17 07:33

    " ¿Por qué Siria y no Arabia Saudí? "¿Porqué Irak y los Emiratos Árabes no? ¿Porqué Afganistan y Dubai no?Que farsa. No existen unas "suras del odio". ¿Porqué no analiza usted y compara el "odio" del Deuteronomio, libro sagrago cristiano y judio, con el Corán? LO que ocurre es que ustedes, por ignorancia o malicia, siguen extendiendo una idea de la libertad, de la Revolución Francesa, que ya Schopenhauer les demostró, con puntos y comas, que e falsa. No hay tal libertad si no es como un engaño de bobos, y abuso de listos. Sin retribución, sin consecuencias de lo "elegido", sin ética, diferencia entre lo elegido y lo no elegido, sin justicia, no hay libertad. La única libertad oscila en el misterio de la creación del universo y en el misterio de la existencia del mal. ¡Cuanta educación perdida!¡Qué Francia, qué Europa desbaratada! No es el Islam, es la mentira y la falsedad del concepto de libertad lo que sta desbaratando Europa y el Mundo. Que unos cuantos "musulmanes" crean que la violencia indiscriminada es Coránica, es una mera estupidez. La misma de todos los reyes franceses desde Carlomagno hasta la República. La misma de la República hasta ahora. Privilegios, lucro, vanidad y guerra. Francia es un paradigma de la falta de libertad. ¿Cuantos franceses pueden hoy escoger lo mas facil? Quedarse sin nada, como una alimaña, de las pocas que quedan en sus bosques? No digo ya lo difícil: ayudar sin trabas a los pobres de la tierra. como recomienda el Corán.

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    • jesus123 jesus123 25/01/17 23:24

      Tiene usted una buena paja mental

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  • jorgeplaza jorgeplaza 20/01/17 09:52

    "Mediante el derecho de injerencia algunas naciones –Francia entre ellas, España tras la famosa reunión de las Isla Azores— decidieron que era inevitable la intervención en países islámicos que no respetaban los derechos humanos… ¿Por qué unos países y otros no? ¿Por qué Siria y no Arabia Saudí? Es una respuesta que la izquierda aposentada en el poder nunca contesta." Que yo recuerde, a la reunión de las Azores fue Aznar y cuando, por fortuna, perdió el poder, la primera orden importante que dio Zapatero (nada santo de mi devoción, por otra parte) fue que Bono, Ministro de Defensa, sacara nuestras tropas de Iraq, como así se hizo. O sea que lo de "la izquierda aposentada en el poder" es muy matizable. Será la izquierda francesa, en todo caso (pero Francia tampoco participó en el disparate de Iraq). Eso, suponiendo que los partidos socialistas sean de izquierdas , cosa que yo sí creo pero que es una opinión muy minoritaria en estas páginas.

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    • Inocencio XIV Inocencio XIV 20/01/17 13:58

      Vaya, usted por aquí. Soy lector de Onfray, un ideólogo del ateismo que, en la mejor tradición del pensamiento progresista francés se lanza a la reflexión y la propuesta (fíjese que digo "y"). Suele ser su estilo el de la partera de Sócrates, deontología  del filósofo, supongo. Esta mayéutica la desarrolla en un delicioso "Manual de Antifilosofía" que debería ser de estudio obligatorio en el Bachillerato (si estudiar algo fuera obligatorio en el Bachillerato). Me parece que se queda usted enganchado en un detalle sin importancia pues la parte del texto que cita, aunque confusa, es inteligible y su sentido no es el que usted le atribuye (si me lo permite). Yo interpreto que la izquierda debe reflexionar sobre las maneras neocolonialistas como causa, una de ellas, del terrorismo islamista en determinados países. Pero, a lo que voy, lo importante de la noticia es la propuesta de Onfray de disección del Islam y de integración de la parte basada en la interpretación amable del Corán en la sociedad occidental (en la República, cuando se piensa en términos franceses). No hay mejor alternativa. Ni otra. 

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      • jorgeplaza jorgeplaza 20/01/17 17:56

        De Onfray tengo y he leído el "Tratado de ateología". Quizá lo leí muy apresuradamente, pero no recuerdo que dijera nada original, nada que no hubiera leído antes en otro sitio. Estoy de acuerdo en que me fijo en un aspecto secundario, pero me interesaba destacarlo porque, primero, fue uno de los pocos aciertos de ZP (pero muy importante) y porque los franceses, sobre todo los de letras, tienen una fuerte propensión --cada vez más alejada de la realidad-- a considerarse el ombligo del mundo, también cuando hablan de "la izquierda" ex cátedra. En cuanto a la propuesta concreta de Onfray, Santidad, ¡qué quiere que le diga! Soy muy escéptico. Es posible --pero yo no lo veré aunque viva veinte años más-- que los países mahometanos y los propios islamistas evolucionen a posiciones más flexibles, más compatibles con otras religiones e ideologías, pero lo dudo. La tendencia actual es justamente la contraria y, por desgracia, a Arabia Saudí le quedan ingentes reservas de crudo. Quiero decir que la rama más tenebrosa del Islam cuenta con financiación larga en cantidad y en tiempo. Un último elemento de escepticismo: teniendo en cuenta la soberbia de ricos venidos a menos que tienen los musulmanes (en eso nos parecemos un poco a ellos), en el improbable caso de que evolucionen a mejor nunca será porque los infieles les ayudemos, financiemos o cooperemos, que me parece que era la propuesta de Onfray basándose en la "mitad buena" de las suras. De esto último sí estoy seguro: se consideran los amos del mundo aunque sean la última palabra del Credo y no aceptarán nada que venga de este lado, precisamente por venir de los perros infieles.

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