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Los libros

Mentiras privadas, olvido público

  • En Cine Aliatar, de José María Pérez Zúñiga, el relato adquiere dimensión coral y resulta ser un paseo sobre la (intra)historia reciente de España
  • El narrador es un perdedor que ha superado los cuarenta y vive solo, aislado por los remordimientos, en un piso repleto de películas y libros

Jesús Ortega Publicada 02/06/2017 a las 06:00 Actualizada 01/06/2017 a las 20:04    
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Cine Aliatar
José María Pérez Zúñiga

Valparaíso
Granada

2017
  ¿Qué puedes hacer cuando has construido tu vida sobre una mentira?, se pregunta César, el narrador de Cine Aliatar, la última novela de José María Pérez Zúñiga, quien arrastra junto con su amada Lucía un viejo secreto de adolescencia, una culpa que solo ellos dos conocen y que ha torcido y malogrado sus vidas hasta hacerlas discretamente insoportables.

Los dos hicieron un pacto de olvido sobre ese horrible secreto compartido, pero ya sabemos que los crímenes no resueltos siempre vuelven, y César y Lucía (cada uno a su manera) sobreviven con una mezcla de melancolía e incomodidad, atosigados por el mister Hyde de los recuerdos, como si no tuvieran derecho a disfrutar del presente.

A la desesperada, el narrador decide afrontar por fin "la verdad de los hechos" mediante la escritura de una novela. Asoma entonces el tema de la escritura de ficción como terapia, pero también la escritura de ficción como apelación a la memoria personal y colectiva. El narrador es un perdedor que ha superado los cuarenta y vive solo, aislado por los remordimientos, en un piso repleto de películas y libros. Un soñador que no tuvo el coraje de escapar de su opresiva y fascinante ciudad, ni el coraje de inventar sus propias historias (trabaja como proyectista en los cines que van cerrando por el empuje digital, es decir, vive oculto detrás de su trabajo como operador, conformado con el placebo de dar vida a sus personajes con solo apretar el botón del proyector), ni el coraje de vivir su historia de amor a pesar de las barreras ideológicas y las diferencias de clase social. La escritura de la novela se conforma, pues, como una posibilidad luminosa de superación y reconstrucción personal.

En el empeño de querer contarnos la verdad, el narrador enlaza su crónica privada con las historias que marcaron las vidas de sus padres y sus abuelos, y las de los padres y abuelos de Lucía, de modo que el relato adquiere dimensión coral y resulta ser un paseo sobre la (intra)historia reciente de España. El relato va y viene, se entrelaza, se mueve entre el espacio (el Cine Aliatar como gran elemento simbólico, pero también los barrios, los bares, los pisos y, sobre todo, los cines de Granada) y el tiempo (la Guerra Civil, la División Azul, la posguerra, la Transición, los felices años ochenta, la crisis económica), entre la historia y la memoria, mezclando datos y ensoñaciones. Un modo narrativo —la libertad formal de la novela— que le permite desprenderse de la culpa sin tener que contarla completamente. La ficción narrativa como acto de magia. "Porque quizá, si contaba nuestra historia, todo podría volver a ocurrir, y así, acaso la historia de ficción se mezclase en un momento preciso con la historia real y todo volviese a ocurrir de nuevo, pero de otra manera."

Encontramos entonces un inquietante paralelismo entre la memoria —personal— del narrador y la historia —pública— del país. "Habíamos hecho un pacto de olvido sin tener en cuenta las consecuencias que esa decisión tenía para nuestras víctimas." Surge así la mirada crítica sobre la Transición: "Aquí no se ha hecho ninguna transición, sino un pacto de olvido. Las fuerzas políticas fueron simples testaferros de los poderes fácticos, y decidieron que la guerra civil era materia reservada. Aquí tenemos una democracia otorgada que, cambiándolo todo, ha permitido que todo siga igual".

José María Pérez Zúñiga es profesor en la Facultad de Derecho de la Universidad de Granada y conoce perfectamente los complejos mecanismos de la relación entre historia y memoria. Aunque la memoria sea "inseparable de las emociones y de los juicios de valor", y por ello el conocimiento que genera nunca es completamente objetivo (Santos Juliá), y aunque sea peligroso "permitir que la memoria sustituya a la historia" (Tony Judt, Pensar el siglo XX), hoy más que nunca la memoria (histórica) es necesaria, pues —con Walter Benjamin y Reyes Mate— su gran fortaleza consiste en que es capaz de abrir expedientes que la ciencia había dado por archivados. Pero José María Pérez Zúñiga es, sobre todo, escritor. ¿Qué puedes hacer cuando has construido tu vida sobre una mentira? Escribirla. Contarla en un libro. En una novela. En esta más que recomendable Cine Aliatar.

*Jesús Ortega es escritor y editor de Proyecto Escritorio (Cuadernos del vigía, 2016).

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