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Dibujos de la esencialidad

  • Bernier consigue fundir la poesía popular, esa que se pierde en la noche de los tiempos, con la más arriesgada en el plano reflexivo, estético y formal
  • En este Letra y nube el autor cordobés alcanza una madurez compositiva realmente encomiable, nada común en poetas de su edad

Alejandro López Andrada
Publicada el 16/06/2017 a las 06:00
Letra y nube
Juan Antonio Bernier
Pre-Textos
Valencia
2017
  Dibujar el silencio de la naturaleza y enhebrar lentamente las cálidas imágenes que el viento describe abrazándose a la luz antes de que anochezca sobre el bosque, cuando se estiran los brazos de la tarde, es una de las virtudes que el poeta Juan Antonio Bernier (Córdoba, 1976) consigue en Letra y nube, un libro conciso, puro y transparente, donde late el temblor de la auténtica poesía: la que bebe en las fuentes de la esencialidad. Si ya en su primer poemario, Así procede el pájaro (2004), con el que obtuvo el Premio Ojo Crítico, resaltaban las huellas de la naturaleza —el viento, los pájaros, el cielo azul, los árboles—, y en su segundo libro, Árboles con tronco pintado de blanco (2011), la brevedad poética se anudaba a una rotunda intensidad, en este Letra y nube el autor cordobés alcanza una madurez compositiva realmente encomiable, nada común en poetas de su edad.

El lenguaje sereno de la naturaleza se codifica en términos lumínicos, en símbolos suaves de plasticidad sonora, musical y pictórica, logrando concentrar en poemas sintéticos la visión caleidoscópica de un espacio poético muy bien delimitado, en el que destaca un genuino enfoque lírico, en algunos momentos muy a contracorriente de la poesía hoy de moda en nuestro país. El autor de este poemario consigue fundir la poesía popular, esa que se pierde en la noche de los tiempos, con la más arriesgada en el plano reflexivo, estético y formal,  consiguiendo salir siempre airoso de la empresa, como podemos ver en el poema titulado “Nocturno”: “Oscuramente ardía/ detrás de la alambrada/ la llama anaranjada/ de la refinería”.  Estamos ante un libro hermoso y sugerente. El lector avezado que entra en Letra y nube asiste a un festín de poemas memorables, arraigados en la luz de un universo elástico, absolutamente terso, emocionante, donde los versos son élitros de abeja suspensa en la orilla azul de un tiempo íntimo: “Los juncos congregados,/ el sol en la resina,/ la abeja que gravita/ sobre el lago inclinado”, del poema “Amarillo celeste”.

Juan Antonio Bernier, con una elegancia original, depura los versos, sintetiza las imágenes conjugando colores, aromas y murmullos, captando el misterio de lo mágico e inasible, a través de conceptos y símbolos genuinos que, en todo momento, remiten a una poesía de alta costura, sublime, magistral, en la línea del Juan Ramón más concentrado: “Transformándose en llama,/ la savia que transita/ por la adelfa amarilla:/ la luz es siempre sabia”. No obstante la voz del poeta cordobés tiene su acento propio, original, de un matiz muy distinto a la del Premio Nobel de Moguer. Poesía cristalina, limpia, delicada de un poeta genuino, en su  madurez expresiva, que en este libro de versos ha conseguido destilar un lirismo denso, intemporal.  El lector que se adentre en esta cápsula de luz y esencialidad hallará juncos y abejas, pájaros con el pico siempre azul, nubes como canciones de oro y agua. Aquí se congregan versos emocionantes: “Estrellas convertidas en veleta;/ variaciones genéticas/ del mismo ruiseñor”. Dividido en estancias armónicas, muy pulcras, el poemario rezuma misterio, concisión, y en muchos instantes onírica belleza, como en la pieza titulada “Molino de Rodalquilar”: “Perdiz entre el tomillo…/ oculta en el violeta/ eleva a las esferas/ su estribillo”.  No es fácil hallar un libro así de sugerente, donde los versos manan a cada instante tanta luz sonora, tanta serenidad. Un poemario encendido éste, Letra y nube, que evoca el lirismo del mago Juan Ramón, aquilatando, no obstante, la voz pura de un poeta instalado en la esencialidad.

*Alejandro López Andrada es escritor. Su último libro es una reedición de El viento derruido (Almuzara, 2017).

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