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Los libros

Versos lejos del centro

  • El vivero de la poesía española de las últimas décadas que muestra esta antología no responde necesariamente a cánones oficiales ni a listas de más vendidos
  • Del mayor de los seleccionados, Rikardo Arregi, a Juan Andrés García Román distan 21 años; por eso el arco temporal recoge desde la poesía de la Transición a hoy

Publicada 20/10/2017 a las 06:00 Actualizada 19/10/2017 a las 19:53    
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La cuarta persona del plural. Antología de poesía española contemporánea (1978-2015)
Edición de Vicente Luis Mora

Vaso Roto
Madrid

2016
  De entre el marasmo de publicaciones poéticas rutilantes y el fulgor de los jóvenes maestros de las redes sociales, no podíamos dejar de citar este enjundioso volumen, La cuarta persona del plural. Antología de poesía española contemporánea (1978-2015), editado por Vicente Luis Mora (Córdoba, 1970), autor prolífico que ya ha transitado por el camino del ensayo y la reflexión teórica en obras como Singularidades. Ética y poética de la literatura española actual (Bartleby, 2006), y el más reciente El sujeto boscoso. Tipologías subjetivas de la poesía española contemporánea entre el espejo y la notredad (1978-2015) (Iberoamericana-Vervuert, 2016), el cual recibió el I Premio Internacional de Investigación Literaria Ángel González, entre otros textos interesantes e importantes que podríamos destacar aquí. Otros premios le avalan. Además, Mora es un excelente poeta que posee lugar propio en su generación, y su poética bien podría situarse en algunas de las diferentes franjas aquí representadas. Hay de todo en La cuarta persona del plural, y de calidad. Vicente Luis Mora argumenta el criterio de la excelencia como el que le movido (p. 68 y ss.): "He aquí la cuestión clave, la madre del cordero; cómo determinar los criterios de excelencia literarios; algo que siempre se suele considerar inviable, sobre todo cuando no se intenta" (ibíd.). La labor de Mora, por consiguiente, no puede ser más encomiable. Así que el vivero de la poesía española de las últimas décadas que muestra esta antología no responde necesariamente a cánones oficiales ni a listas de más vendidos, si bien hay autores muy leídos, seguidos y celebrados, tratándose de una apuesta que, por lo demás, también atiende a otras lenguas del Estado como el catalán, el vasco y el gallego.

A propósito de las antologías, a modo de defensa del género, no podemos dejar de señalar que son el mejor instrumento para difundir poesía o cualquier otro tipo de literatura. Desde la Antigüedad se han mostrado como la mejor herramienta de divulgación de obras que de otro modo nunca podrían haber sido conocidas. No son solo una selección y un crisol que sería inabarcable de reunir, sino un compendio de apuestas, gustos, influencias, tradiciones, generaciones, estilos, corrientes, autores, géneros, etcétera; sin olvidar que son también una manera de conservar, preservar en el tiempo y en el espacio. Por ejemplo, acercarnos a una antología de poesía de un país americano o centroeuropeo, es un lujo para los lectores avisados, para los estudiantes y para los especialistas. En ese sentido en España han proliferado afortunadamente —de manera quizás acusada, es cierto— las antologías, en muchos casos con textos bilingües, de culturas cercanas o no, y es de agradecer esos esfuerzos editoriales. España, en su tradición editora, necesita revitalizar su canon cada cierto tiempo. Así que la divulgación de otras culturas enriquece nuestro bagaje, y forma parte del intercambio que nos nutre. También las traducciones han mejorado ostensiblemente, y ya casi no se realizan traducciones de lenguas interpuestas. Las antologías, en general, marcan la pauta del tejido cultural y poético de un momento determinado. Son indicativas de lo que se hace o no se hace, de lo que preocupa. Si son antologías más estéticas, o más sociales. O más vanguardistas. O más en la tradición. Por sus antologías los conoceréis.

Por otro lado, que las antologías vayan conformando el canon es un tópico que no deja de ser cierto. El canon, no obstante, no es algo definitivo, y dependiendo de quién configure o compile la antología, va cambiando. Hay cánones muy poco canónicos y hay antologías que más que selecciones son repertorios o panoramas, por su amplitud o poca definición. Hay también antologías que recogen la poesía de los amiguetes. Hay antologías sin criterio ninguno. Del mismo modo que se están publicando más libros que nunca, también se están publicando más antologías que nunca, y debido a esta cuestión numérica, también es cierto que nunca ha habido tantas malas antologías como hoy día. Pero también nunca ha habido tantas buenas antologías, ya que aunque haya esfuerzos compiladores que buscan la objetividad, se olvidan de que siempre serán parciales. Además, habría que matizar que algunas de las antologías que se han publicado en los últimos años, por la ingente cantidad de poetas que recogen, dejan de cumplir su función principal, que es acotar el territorio de las voces o tendencias, aunque en cualquier caso —y es en serio— todas las aportaciones son estimables. También se podría hacer una antología de las antologías, que en cierto modo son los manuales de texto, aunque el canon que se recoge en estos últimos también cambia. Nada hay eterno, dice la máxima lucreciana. Como ya se ha dicho, hay que tener en cuenta que el panorama editorial es muy amplio, y hay muchos autores que merecen la pena. En cualquier caso una antología siempre es una apuesta estética, y como tal propugna una serie de nombres y propuestas ya sea para lanzarlas o ya sea para refrendarlas. Una antología siempre asume riesgos, y siempre posee errores. Pero también aciertos. Una antología nunca abolirá el azar. Habría que reflexionar con mucha más profundidad sobre la historia de las antologías, al menos en la poesía española contemporánea (no son pocos los estudios que se ocupan de este asunto, desde luego), e ir perfilando las falacias y las perfidias, los escamoteos de nombres y las inclusiones de otros que luego ni publicaron libro. Hacer una antología es complicado, pero mentalmente todos la elaboramos, y cuando leemos a un poeta que nos gusta lo seleccionamos. Grandes y discutidas herramientas, las antologías, y útiles sin duda alguna. ¿Qué harían los antólogos si no existieran las antologías? Y más los poetas, en sus continuas luchas alrededor de capital simbólico y no tan simbólico, ¿ya no se preocuparían por estar incluidos en ellas?

La lista de los seleccionados en La cuarta persona del plural es muy extensa en el tiempo y los estilos, a saber: Rikardo Arregi (traducido por Gerardo Markuleta y Ángel Erro), José Ángel Cilleruelo, Jesús Aguado, Esperanza López Parada, Eduardo Moga, Jorge Riechmann, Vicente Valero, Diego Doncel, Ada Salas, Álvaro García, Eduardo García (que en paz descanse), Jordi Doce, Antonio Méndez Rubio, Agustín Fernández Mallo, Melcion Mateu (traducido por él mismo, el propio Vicente Luis Mora y José Luis Rey), Mariano Peyrou, Julieta Valero, Pablo García Casado, José Luis Rey, María do Cebreiro (traducida por ella misma), Sandra Santana y Juan Andrés García Román.

La poesía española del siglo XX y parte de lo que va del XXI tiende de un modo u otro a bipolarizarse. Incluso historiográficamente, son varias las tendencias que quieren resumir la historia por dicotomías, desde los culteranos y los conceptistas a la Poesía de la Experiencia y Poesía de la Diferencia. No sé si hay algo de esto en esta antología, más bien se pretende romper con esta inercia taxonómica que reduce por sinécdoque lo que se cuece en el panorama. Del mayor de los seleccionados, Rikardo Arregi (1958) a Juan Andrés García Román, distan 21 años, si las cuentas no me fallan; por eso el arco temporal recoge desde la poesía de la Transición a hoy, ya que cuando aún no había nacido el último de los poetas, el primero se encontraba en edad de publicar. Muy recomendable, en suma, este volumen, no solo por la heterogénea nomina poetarum, sino también por el enjundioso estudio introductorio, dinámico y sin pelos en la lengua, de Vicente Luis Mora, del que nos gustaría extraer esta cita, del apartado "Conclusión": "La consecuencia del panorama sociocultural descrito con anterioridad y de sus inercias históricas es que España, poética y críticamente, lleva un par de décadas de retraso cultural respecto a otras naciones desarrolladas. Hablo en términos generales; por supuesto que hay excelentes poetas y críticos y ensayistas serios y rigurosos, pero no se les ve" (p. 91). Después insiste en el asunto de la poesía/crítica oficial frente a las tendencias oficiosas, como las aquí representadas, que bien podría calificarse como "excéntrica", en el sentido de eludir la oficialidad y recopilar las propuestas de los márgenes, aunque como advertimos al principio, no siempre es así, ya que hay autores muy vendidos también en La cuarta persona del plural.

Sea como sea, poco más se puede argumentar al respecto excepto recomendar —para todos los lectores avisados— con especial entusiasmo esta antología.
 

[Estamos demasiado ocupados…]

Estamos demasiado ocupados para atender.
La primera mañana nos desvela y esta tierra
vacila entre su sombra y la opuesta, pero nosotros
somos todo oscuridad, somos un pueblo que pasa.
En la caravana sólo veríamos la mercancía,
tiesa sobre su lecho inmóvil. Nosotros tenemos
dos párpados como quien tiene dos negaciones.
Oculto un vaso de plata en una cueva, brilla
el concepto, la fácil entelequia de haber comprendido.
Pero arriba, en la luz, cada brizna de día contradice
el ejercicio de hombres, desautoriza esta simetría
del negocio. Lo que la rama canta con plena nitidez
lo sospechaba desde siempre la raíz que tiene
otras averiguaciones, de qué modo hacer llegar
las sales verdes del hierro hasta la copa del tilo. (pp. 171-172)

Esperanza López Parada


*Juan Carlos Abril es poeta y profesor de Literatura. Su último libro es Lecturas de oro. Un panorama de la poesía española (Bartleby, 2014).
 
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