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Los libros

Un mundo en equilibrio

  • En el libro de relatos La vida sumergida, de Pilar Adón, sobresale la idea de dominio, el invisible poder que alguien ejerce sobre los otros
  • Las historias de este volumen se plantean desde una perspectiva lateral, se soslaya la intención final porque los personajes se presentan poco a poco

Pedro M. Domene Publicada 19/01/2018 a las 06:00 Actualizada 18/01/2018 a las 19:15    
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La vida sumergida
Pilar Adón

Galaxia Gutenberg
Barcelona

2017

Para Pilar Adón (Madrid, 1971), que ensaya una literatura lírica, elegante, cargada de observaciones tan inteligentes como certeras sobre la vida, su percepción del mundo se parece a “una araña que dejara como único rastro los invisibles hilos de su asfixiante tela”. Excepcional y reveladora en sus planteamientos narrativos breves, ha publicado hasta el momento las colecciones de relatos, Viajes inocentes (2005), cuyo tema, esencial y común, es la debilidad del ser humano y cuanto se deriva de ella: locura, ansiedad, soledad y desconfianza, o la huida, en definitiva; con El mes más cruel (2010), volvía al terreno del cuento, y entregaba un libro que, cuando uno cierra sus páginas, percibe cómo una curiosa atmósfera unifica el conjunto, y una expresa y manifiesta voluntad sustituye, en ocasiones, a la auténtica trama de las historias contadas, como si de un auténtico tratado sobre el miedo y las perversidades se tratara, y todo ello fruto de una extraña, interesante, e inquietante escritura que de la mano de Adón nos traslada a los confines de lo aparentemente previsible y/o, aún más, de lo imprevisible en nuestra debilitada visión de la vida cotidiana. Y, su más reciente colección, La vida sumergida, en cuyos cuentos sobresale esa idea de dominio, el invisible poder que alguien ejerce sobre los otros, porque para la mayoría de los personajes de la madrileña la vida acecha siempre en todas las partes.


La narradora ha señalado, en alguna ocasión, que “los seres salvajes no han nacido para ser felices”, y lo afirma a propósito de La vida sumergida, cuyos cuentos nos devuelven a la memoria algunos de los temas que narrativamente obsesionan a la escritora: la dependencia y la sumisión humanas, la naturaleza asfixiante y, por consiguiente, cruel, que lleva a sus personajes al aislamiento como forma de huida y refugio, buscan la seguridad de la utopía, y sufren su posterior desencanto; incluso se verán envueltos en las relaciones de interdependencia, que ya había ensayado anteriormente en su narrativa extensa y en su faceta lírica. Las historias de este volumen se plantean desde una perspectiva lateral, se soslaya la intención final porque los personajes se presentan poco a poco y de una manera abstracta sin que sepamos nunca qué les ocurrirá, o deparará el destino cercano. De ahí el juego y la magnífica construcción de los asuntos planteados, característica reforzada por una carga psicológica bastante fuerte, lo suficiente como para que el lector se vea obligado a analizar el resultado, porque la reflexión y las referencias abundan en esa otra realidad, en esa otra manera particular de mirar al mundo que propone Pilar Adón.

Los trece cuentos que forman La vida sumergida muestran un particular estilo porque las abstracciones y las ideas se conciben como un medio natural por donde se mueven los protagonistas de sus historias, personajes de los que se ofrece apenas la idea que representan; tan es así que el estilo por el que podríamos definir la escritura de Adón se nutre básicamente del poder de la irracionalidad, y en muchos de ellos las sensaciones que predominan es lo instintivo, o tal vez un exclusivo poder intuitivo, que nos obliga como lectores a emplear todos nuestros sentidos, nos somete a definir muchos de sus significados, que de una forma ejemplar favorecen esa continuidad que se espera en un buen relato. La narradora concibe la mayoría de sus cuentos como esa historia en la que predomina una dimensión psicológica muy acentuada, y quizá por ello limita sus escenarios a espacios cerrados, y en este sentido nunca ligado a un lugar determinado y preciso, porque muchos de los personajes de Adón apuntan una tremenda inseguridad.

Y La vida sumergida propende a reincidir en esa supuesta vida ideal a través de una utopía alternativa que nos recuerda y devuelve a tiempos pasados, esa especie de comuna descrita por Tolstói y que la narradora recrea en el excelente cuento “Un mundo muy pequeño”, la historia de un noble rico que deja todo para seguir una vida alternativa de pobreza que, finalmente, acaba por desencantarlo y, aun más, por asfixiarlo. En un cuento anterior, “Vida en colonias”, ya se apunta esa dificultad comunitaria porque una chica espera a su hermano mayor para ir juntos en autobús hacia una comuna en la que vivirán esa experiencia de la desposesión total ante una vida sin prejuicios y valores superfluos, pero una vez mostrado ese desencanto, se incide en la idea de caída, de dependencia y, finalmente, de decepción. No menos magistral resulta el cuento titulado “La primera casa de la aldea”, porque implica una versión del miedo al lobo del clásico infantil, pero solo reducido a la angustia y a cierta espera. Otros cuentos reiteran situaciones de soledad, de incomunicación y de desamparo, encarnadas en seres condenados a la lucha entre la realidad y el deseo, y se concretan en espacios de incertidumbre y de aislamiento, como se cuenta en la difícil convivencia entre las dos hermanas del relato “Pietas”, en el frustrado acuerdo de Lea y Jermo en “Vida en colonias”, en la búsqueda del otro en “Virtus” y en la fragilidad de la paciente postrada en “Recaptación”.

Pilar Adón consigue escribir unas historias exigentes que recrean una vida tan extraordinaria como perturbadora, una existencia casi espiritual sostenida por la imagen de un mundo, creado a su medida, donde la extrañeza se despliega y convierte en inestabilidad el devenir de sus personajes, pero debemos a puntar que su mayor acierto consiste en esa elusiva técnica de tanta eficacia en el cuento que se percibe como un auténtico apunte onírico, abstracto e impresionista que en ningún momento deja indiferente al lector.

La narradora madrileña aspira, con cada uno de sus libros, en convertirse en el reflejo de ese espejo donde uno se mira y, una vez fijada la imagen, ser capaz de sentir la curiosidad de ver a través de él para así poder seguir avanzando.

*Pedro M. Domene es escritor. Su último libro es El secreto de las Beguinas (Trifaldi, 2016).
 
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