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24 de enero de 1977

  • En la novela Atocha 55, Joaquín Pérez Azaústre narra el atentado contra los abogados laboralistas a partir de los testimonios de los supervivientes
  • El autor, que ha ganado con este libro el premio Albert Jovell, sabe aunar la tristeza con la esperanza, y las envuelve con el compromiso de sus personajes

Publicada el 19/06/2020 a las 06:00

Atocha 55
Joaquín Pérez Azaústre
Almuzara
Córdoba
2020

Nos presenta Joaquín Pérez Azaústre esta novela, Atocha 55 (Almuzara), donde relata, con un punto de vista distinto, los sucesos que acaecieron en 1977. Lo hace a través de un narrador que se acerca, con los personajes protagonistas que sobrevivieron a aquel atentado, ocurrido hace ya más de 40 años, a aquel asalto y asesinato perpetrado en el despacho de los jóvenes abogados laboralistas de la calle Atocha, número 55, todos militantes del PC. Este relato es un documento histórico imprescindible para los que no vivieron aquellos años: no sólo está narrado de forma testimonial, didáctica y necesaria sino que se cuenta de una manera distinta. Y esto es lo nuevo, lo más importante: es un canto de vida que viene a cauterizar esas heridas pasadas. Es en este escenario trágico donde se rememora con justicia este episodio del pasado.

Joaquín Pérez Azaústre, nacido en Córdoba en 1976, un año antes del infortunio, está afincado en Madrid. Tiene una dilatada obra: novelas, poemarios, ensayos y libros de relatos, así como reconocidos premios. Con Atocha 55 le ha sido concedido el Premio de Novela Albert Jovell.

Cuenta el autor, en unas notas que anteceden a las cinco partes en las que está dividido el volumen, que fue siendo estudiante en la Facultad de Derecho de Córdoba cuando alguien le habló por primera vez de esto: "Me pareció una historia de sufrimiento y dolor, pero también de plenitud y belleza". Así, durante veinte años, Pérez Azaústre le ha dado vueltas y ha estado atento a todo lo publicado referente al tema. Quizá siendo abogado, como su padre, y sintiendo el tema próximo, decide escribir este relato con la mejor documentación escrita y con la mejor compañía, la de sus encuentros con varios de sus protagonistas, los que sobrevivieron a la masacre. Me llaman la atención tres curiosidades ocurridas durante los meses de enero, que enhebran el tejido de esta narración. La primera fue la matanza ocurrida el 24 de ese mes del 77. La segunda fue en enero de 1999, cuando Pérez Azaústre encontró y leyó un reportaje sobre este asesinato brutal que sería crucial para él. Y también en este mes de 2013 será cuando conozca a Alejandro Ruiz-Huerta Carbonell, el último superviviente de esta historia.

Pérez Azaústre dibuja la claridad ante la oscuridad de aquel momento en que la dictadura vivida aún acechaba. Un volumen repleto de documentación, de entrevistas, de conversaciones con los pocos supervivientes que quedaron. Sabe transmitirnos y acercarnos a estos hechos. Relata con veracidad y humanismo las motivaciones éticas y políticas de estos abogados que defendieron a la clase obrera y lucharon por la defensa de las libertades en las orillas de un franquismo que ya agonizaba pero que no se quería ir.

En la novela se alían idealismo y realidad, un punto de unión por la defensa de una sociedad más digna. Con un tono social, ha creado una novela sobre la traumática matanza de Atocha que ha sabido humanizar a través de diálogos y conversaciones mantenidas con los personajes protagonistas. Situada en un espacio entre luces y sombras, en aquella España bajo la presidencia de Adolfo Suárez que comenzaba a soñar y a la que le quedaba la utopía, como diría Mario Benedetti. Cuando este presidente promulgó la Ley 1/1977 para la Reforma Política, los españoles progresistas andábamos unidos por la ansiada democracia que abría caminos a la libertad, puertas a los partidos y ventanas a los presos políticos. Seguía habiendo resistencia: se había vivido, como cuenta este libro, una dictadura durísima, y aún sus cimientos seguían erguidos y con privilegios y derechos que no estaban dispuestos a perder, pero fue tan enorme la fuerza social, que se comenzó a conseguir su desmoronamiento. Pérez Azaústre nos traslada a aquel gesto único, de unidad y entendimiento entre contrarios, mostrándonos fielmente aquel suceso que conmovió al país entero. Describe esos días negros y fatídicos y nos recuerda aquella masiva manifestación en donde todos estaban a una. Parece que corren ahora mismo, también, tiempos difíciles, en otro tono, pero donde todos debemos estar solidarizados y unidos para salir del panorama terrible que estamos viviendo.

La armonía, el equilibrio y un ritmo narrativo excepcional nos acercan a la historia. Sabe aunar la tristeza con la esperanza, y las envuelve con el humanismo solidario del compañerismo, la camaradería y el compromiso de sus personajes. Alejandro Ruiz-Huerta, afincado en Córdoba, es el verdadero protagonista, es él quien puede contar en primera persona lo ocurrido, lo padecido y sufrido tras el suceso, y lo que ha tenido que revivir durante el proceso. Es fantástico el relato que hace Pérez Azaústre, resaltando la lucha mantenida por transformar, por alcanzar un país moderno, libre y digno. Todos debemos estar agradecidos a personas tan valientes. 

La ambientación real que envuelve la novela es fiel, cómplice y entrañable, porque se adentra de una manera excepcional en los hechos, recuperando la memoria y la conciencia histórica. Así escribe Joaquín Pérez Azaústre, en el último capítulo, ante este escenario vivo que ha narrado sobre estos héroes: "Para Goya, los asesinos seguirán de espaldas toda la eternidad. Son solo los rostros de las víctimas los que nos interesan. Los que miraremos siempre. Los que recordaremos".

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Carmen Canet es crítica literaria y aforista. Su último libro es Olas (La Isla de Siltolá, 2020).

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