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Los libros

El hambre manda

  • En esta novela proletaria, Neel Doff nos cuenta la situación de una familia en Ámsterdam a finales del siglo XIX, donde la pobreza es la constante
  • La escritora salió adelante por su necesidad de contar por lo que pasó, y con Días de hambre y miseria logró ser finalista del premio Goncourt en 1911
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Publicada el 04/06/2021 a las 06:00

Días de hambre y miseria
Neel Doff
Traducción de Javier Vela
Editorial Firmamento
Cádiz
2021

Una editorial nueva, la Editorial Firmamento, en una cuidada edición, ha llevado a las librerías su libro número uno, curiosamente con una fecha simbólica para su lanzamiento: el 14 de abril de este año. Con una encuadernación rústica cosida con solapas, dentro de lo que se puede llamar ficción autobiográfica, esta novela de la neerlandesa Neel Doff, es la primera entrega de su Trilogía del hambre. Una novela proletaria, como si fuera nuestra Luisa Carnés, nos cuenta la situación de una familia en Ámsterdam a finales del siglo XIX, donde la pobreza es la constante. Pobreza entre nueve hermanos, un padre desesperado por no poder alimentarlos que termina alcohólico, con unos hermanos que se encargan los más mayores de los pequeños, y los enfrentamientos que se producen entre la protagonista, Keetje Oldema, y su madre, a la que achaca no poner remedio para evitar seguir trayendo hijos a un mundo de miseria. La novela comienza cuando la protagonista, con tintes muy parecidos a la autora, tiene nueve años, y finaliza cuando ya es una joven bella de dieciocho años y, por tanto, carne de cañón.

La autora, como la protagonista, también pasó sus años de juventud en Ámsterdam. Tras instalarse en Bélgica, publicaría numerosas novelas y relatos a caballo entre el realismo y el naturalismo, en un momento en que todavía no existía la novela proletaria como tal, y las descripciones populares obedecían a códigos burgueses y masculinos. Quizá el haberse adelantado a su tiempo la situó en tierra de nadie, aunque tuvo cierto reconocimiento literario en su época que, posteriormente, llegó a desaparecer.

Con una estructura muy sencilla, de capítulos cortos, casi todos de página y media o dos páginas, va soltando como mosaicos de una realidad distintos aspectos: el hambre, los desahucios, el dormir en la calle, pedir cartillas de alimentos, ir a las organizaciones de caridad para llevar pan a su casa (qué similitud con las colas del hambre actuales). Evidentemente, la situación entonces era mucho más dramática, ni un atisbo de estado de bienestar, ni medicinas, ni médicos.

A través de capítulos como "Sinfonía del hambre", "Oigo caminar a las pulgas", "Pan a cambio de sellos", "Un desahucio" y "La peonza y la cometa" nos va dando pequeños detalles de una familia numerosa que ansía salir adelante una y otra vez, que empeña lo que haga falta para poder comer, que pasa de trabajo en trabajo, siempre eventuales, mal pagados, de suplencia de alguien porque todos ellos son menores, menos el padre, cochero, con una paga tan exigua que empuja a toda su prole a tener diversos oficios para recolectar unas cuantas monedas. Incluso a robar. Nos cuenta cómo vuelve feliz a casa cuando empeña el vestido de primera comunión hecho por la madre, o cómo el alguacil los desahucia de una habitación donde vivían todos y los deja por la noche en la calle:

Estábamos sin hogar en pleno invierno —dos adultos y nueve niños, uno de ellos en edad de mamar— por una deuda de cuatro florines.

 

Lo más interesante del libro se concentra, para mi gusto, al final, en los últimos capítulos, cuando la protagonista se ha convertido en una bella joven a la que los hombres admiran y cómo, para salir de la última miseria, es su propia madre quien la lleva por las calles a prostituirse. Solo que la primera vez, estando la madre demasiado cerca, el señor que la utiliza se marcha sin pagarle. Allí aprende la lección, mantiene a su madre alejada, consigue cobrar el dinero que le corresponde en su nuevo oficio y, por fin, sus hermanos pueden comer caliente todos los días.

Una vez más, no teníamos nada que llevarnos a la boca… Las pequeñas piernas de Klaasje, que yacía en el suelo contra la pared, habían desaparecido bajo su torso. Los otros niños estaban esparcidos por la habitación, aquí y allí, todos ellos enfermos de hambre… estábamos esperando a nuestro padre, que había salido por la mañana en busca de unos francos. Llegó a casa borracho, pidiendo comida… Mi decisión estaba tomada.

 

Esa decisión, justo esa y no otra, es la que consigue que la familia salga adelante:

Al cabo de algunos días nuestro hogar funcionaba regularmente, como nunca antes lo había hecho. Los niños comían a su hora, estaban limpios e iban a la escuela… La simplicidad con que mis padres se adaptaban a esta situación me hacía experimentar hacia ellos una aversión que aumentaba día a día. Habían llegado a olvidar que yo, el polluelo más bello de la nidada, me vendía cada noche a los transeúntes…

 

Es una reflexión sobre la necesidad humana, la falta de oportunidades, es una novela proletaria escrita con todo rigor y detalle, con la valentía como para decir: a ver ahora quién se atreve a juzgarme. Una escritora que pasó hambre, sufrió y salió adelante por su ansia de leer, por su necesidad de contar por lo que pasó, que consiguió tener reconocimiento hasta el punto de que con esta primera novela fue finalista del premio Goncourt en 1911. Gran desconocida en España, como tantas y tantas, esta mujer nacida en 1858 y que falleció en Bélgica en 1942, acaba de ser traducida por Javier Vela para la editorial Firmamento.

Es un libro bello en todos los sentidos, tanto por su contenido como por el formato, que denota un buen gusto por parte del equipo que pone en marcha el proyecto. Iniciar una nueva editorial en estos tiempos que corren siempre es de alabar y no me queda más que desearles mucha suerte. Como ellos mismos dicen en su página web, la editorial tiene dos líneas: la recuperación de obras y autores españoles e hispanoamericanos que han podido verse desatendidos o ignorados pese a su talento, y la publicación de nuevas voces y libros singulares del panorama internacional, en ediciones de cuidada factura. Doy fe de ello en este primer libro y si visitáis su web podréis ver cuáles son sus siguientes publicaciones.

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Carmen Peire es escritora. Su último libro es Cuestión de tiempo (Menoscuarto, 2017).

 

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