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Luces Rojas

Ni Filadelfia ni Petrogrado. Respuesta a Álvarez Junco


Publicada el 11/06/2015 a las 06:00 Actualizada el 10/06/2015 a las 23:55
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En estos días El País publicó un artículo del eminente historiador José Álvarez Junco que, aunque escrito, como corresponde a la vocación de su autor, en clave histórica, no deja de buscar advertencias sobre la realidad política española del momento. A simple vista trata sobre la figura de Stalin, pero en realidad va mucho más allá, tratando de buscar las claves del pasado, del presente (¿y el futuro?) del totalitarismo. Así, el lector se entera de dos cosas. En primer lugar, que Izquierda Unida “no se ha desprendido suficientemente de su pasado estalinista”. En segundo lugar, que la causa última de las depredaciones de Stalin es que Marx era un ingenuo en teoría política, sobre todo si se le compara con los padres del constitucionalismo norteamericano que “montaron unos mecanismos de reparto de poderes, controles y contrapesos, que ponían las máximas trabas posibles a los abusos.”

Dejemos que sean los miembros de Izquierda Unida los que se encarguen de debatir el primer punto. Yo, menos sagaz que Álvarez Junco, nunca creí que ni Gaspar Llamazares ni Cayo Lara fueran a confiscar la cosecha de Murcia pero, bueno, ya estamos advertidos.

En cambio, me llama la atención la segunda sentencia sobre todo porque no parece escrita por un historiador sino por un propagandista. Si Álvarez Junco hubiera echado mano de sus vastos conocimientos históricos, habría tomado en cuenta que las circunstancias en las que escribió Marx eran muy distintas a las que vivieron los fundadores del constitucionalismo norteamericano, tan distintas que la comparación es simplemente insostenible.

La primera diferencia es que, precisamente, Hamilton, Madison y sus aliados, a diferencia de Marx, estaban escribiendo una constitución, no unos interminables tratados de crítica social. Marx nunca tuvo poder político de ninguna especie. Su actividad política era la de agitador y mentor intelectual de movimientos disidentes que en aquel momento no tenían la más mínima probabilidad de llegar al poder. Hubiera sido un poco extraño, por no decir que una pérdida de tiempo, si Marx se hubiera dedicado, en medio de las penurias económicas y las decepciones políticas que siempre lo acompañaron, a elaborar un cuidadoso andamiaje constitucional para cuando el proletariado llegara al poder, algo que para su tiempo no cabía ni en la imaginación más febril. Las revoluciones que Marx vio de cerca y que tuvieron algún tinte obrerista, la de 1848 y la Comuna de París de 1871, lo cogieron por sorpresa, al igual que a muchos otros. Ambas influyeron sobre Marx, pero en cambio, él tuvo muy poco que ver con ellas; fue más bien un observador.

Pero, podría responder Álvarez Junco, si aceptamos que Marx no tenía ninguna razón para dedicarse a la ingrata tarea de escribir constituciones porque sí, sin saber cuándo ni dónde se van a aplicar, la cosa es distinta tratándose de Lenin. Él sí tuvo responsabilidades políticas en un Estado, él sí fue líder de una revolución.

¿Por qué, entonces, no hizo gala de la sapiencia política de los padres fundadores de los Estados Unidos?

Vistas las cosas desde los comienzos del siglo XXI (o incluso desde las postrimerías del XX), podemos decir que la creación política de Hamilton y Madison funcionó mejor y con menos violencia que la aventura bolchevique. Claro, setenta y dos años después de la Revolución Americana, los mismos que duró la Unión Soviética, la población negra del Sur de Estados Unidos aún vivía en algo parecido a un Gulag, pero reflexionar sobre ese punto nos desviaría muchísimo. Pero un historiador del calibre de Álvarez Junco podría haberse fijado en que, una vez más, las circunstancias eran muy distintas en ambos casos.

La Revolución Americana fue una revolución de propietarios. El principal problema político al que se enfrentaban Hamilton y Madison era el de crear un sistema de reglas que garantizara que cada una de las élites económicas que participaban en la revolución se pudiera defender de las demás, al tiempo que limitaban las expresiones políticas que podían emanar desde abajo. Había que equilibrar el poder de los estados manufactureros y comerciales del Norte, con mano de obra libre, y el poder de los estados agrícolas, esclavistas del Sur, para lo cual se creó un sistema de representación híbrido que en algunas instancias privilegiaba la población (Cámara de Representantes) y en otras el territorio (Senado). Había que evitar que la elección popular introdujera influencias subversivas, por lo que solamente la Cámara, a diferencia del Senado o del Presidente de la República, era elegida por sufragio directo, por lo demás bastante restringido. La constitución americana como fue concebida originalmente era todo menos democrática.

En cambio, la Revolución Rusa, se enfrentaba a problemas muy distintos. Su objetivo no era armonizar los intereses de distintos propietarios sino, precisamente, erradicar dichos poderes fácticos de una vez por todas. En esa medida, era casi inevitable que dicha revolución, a diferencia de la americana, generara inmediatamente una guerra civil con intervención de las grandes potencias occidentales. (Dicho sea de paso, el delicado sistema de equilibrio de poderes de Estados Unidos estuvo a punto de colapsar precisamente ante la intervención de Inglaterra y Francia en los primeros años de la revolución.)

Tanto los Founding Fathers como Lenin evitaron los mecanismos de participación democrática que hoy tomamos como dados en las naciones más ricas del planeta. La pregunta que va a definir buena parte de la política de los próximos años, como lo sabe cualquiera que haya seguido la crisis del euro, es si dichos mecanismos sirven para apuntalar los derechos de propiedad más poderosos o si pueden ser herramientas de cambios sociales más profundos. La respuesta no está ni en la Filadelfia de 1789 ni en el Petrogrado de 1917. Pero la pregunta es ineludible.
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7 Comentarios
  • luzin luzin 11/06/15 23:44

    Que Álvarez Junco oficia de propagandista no cabe duda, como lo hace el propio sr. Medina, cayendo en aquello que critica. El Capitalismo se desarrolla, incluso en la China comunista, es más, podría decirse que no le va mal un sistema dictatorial, y no parece que necesite de la "democracia liberal". Es más, parece que Europa vira hacia esa dictadura donde los dueños del capital se mueven como peces en el agua.

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  • jorgeplaza jorgeplaza 11/06/15 21:03

    Ni uno sólo de los regímenes comunistas ha sido un éxito. Ni la URSS, ni Cuba, los países de Europa del este hasta la caída del muro, no digamos Camboya. China, oficialmente comunista, es muy parecida al franquismo tardío pero a lo bestia, con cuarenta chinos por español y libertades muy restringidas para los 1200 millones. Los regímenes comunistas son incapaces de reemplazar a sus líderes originales de manera ordenada y democrática. Su tendencia a la dictadura es casi una constante: Stalin, Castro, Mao. Cuando los dictadores comunistas mueren (siempre en su cama, como el "Caudillo") los directorios que los suceden no son elegidos más democráticamente. Todo lo cual no equivale a santificar el capitalismo, pero es cierto que el muro de Berlín se construyó para que la gente no se pasara del Este al Oeste y no al revés. Para recordar todo lo anterior no hace falta ser historiador: basta con tener 60 años y no padecer Alzheimer todavía.

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  • miramar miramar 11/06/15 18:46

    A mi éste artículo tan excelente,no deja de parecerme, aunquede forma inmejorable un "ZAS EN TODA LA BOCA"

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  • Irenepaz Irenepaz 11/06/15 16:46

    Una agradable lección de historia. José Alvarez Junco haría el articulo de encargo. Ya sabemos la deriva del diario el País. y las raíces del Sr. Cebrian. Un saludo. 

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  • pedrobenitez pedrobenitez 11/06/15 10:59

    La tan cacareada democracia norteamericana se apoya en un principio fundamental heredado de Montesquieu: "hay que evitar a toda costa el gobierno popular". Bastaría leer los Federalist Papers, especialmente el X, donde se ve clara la labor de ingeniería institucional para impedir que el pueblo o, más explícitamente, los no propietarios, puedan acceder al poder político. La democracia no es heredera del liberalismo (que es en lo que se convirtío el republicanismo de los padres fundadores), antes al contrario, ha sido siempre su opuesto.

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  • Milkhouse Milkhouse 11/06/15 08:53

    Como todos los que critican el marxismo, NUNCA se han leído El Capital, si no hablarían de mercancía y el valor del trabajo que es de lo que habla esa obra monumental, rigurosa y llena de citas de informes oficiales de los servicios sociales británicos de las décadas 40 y 50 del siglo XIX ... Su ignorancia, nuestra sonrisa.... Ah y en Iraq van ya millón y medio de muertos y cinco de desplazados.... Gulag...

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  • lolalibre lolalibre 11/06/15 07:34

    GRACIAS SR. Medina por una leccion de HISTORIA a un historiador en plena deriva...

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