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El virus y el verano

Publicada el 16/08/2020 a las 06:00

Las palabras están pegadas a la piel de la vida, nadie sabe lo que puede caber dentro de ellas. Pienso, por ejemplo, en la palabra virus. En los últimos años la hemos utilizado mucho en relación con las costumbres tecnológicas de nuestra vida cotidiana. El Diccionario de la lengua española lo definió como un programa introducido subrepticiamente en la memoria de una computadora que, al activarse, afecta a su funcionamiento destruyendo total o parcialmente la información almacenada. También nos habituamos a usar el adjetivo viral para referirnos a los mensajes que se difunden de forma muy rápida por las redes. La tecnología le había comido el terreno a la biología.

Pero un arrebato de la naturaleza le ha devuelto el protagonismo al significado más viejo. Virus vuelve a ser un organismo de estructura muy sencilla, compuesto de proteínas y ácidos nucleicos, y capaz de reproducirse sólo en el seno de células vivas específicas, utilizando su metabolismo. Son definiciones exactas, pero llamadas a desbordarse en una lengua. El virus se ha cargado de matices y ahora recoge en sus pliegues la sorpresa, el miedo, la desorientación y una ponzoña que no es sólo informática o médica, sino que afecta a la historia íntima y colectiva a través de los laberintos de cada experiencia.

En esos laberintos fermenta la fuerza del lenguaje. El virus hoy se roza con otras palabras como confinamiento, disciplina, imprudencia, demagogia, alarma, gestión, intemperie, fragilidad. Si los acontecimientos novedosos tendían a relacionarse con el progreso, un virus nos ha devuelto la memoria medieval de las epidemias. Si las falsas noticias funcionaban como supersticiones, el virus le ha dado nueva fuerza a la impudicia milagrera de los que opinan sin saber de lo que hablan. Dice Felipe Benítez Reyes que los mensajes de algunos cantantes sobre la pandemia sólo son comparables a la locura de que los científicos abandonasen los laboratorios para ponerse a actuar en las verbenas de los pueblos.

La felicidad programada se ve sustituida por la intemperie.

La palabra verano es algo más que la estación del año que, astronómicamente, comienza en el solsticio del mismo nombre y acaba en el equinoccio de otoño. En algunos países latinoamericanos pasar un verano supone una turbación del ánimo por una acción deshonrosa. Esta sugerencia se me va imponiendo a la idea del verano como ámbito de las vacaciones y, sobre todo, como época de purificación personal y social que nos permite volver al trabajo con nuevas energías. Desde la infancia, tendemos a pensar en el verano como el espacio de unas hermosas vacaciones que nos abren las puertas de un nuevo curso. Es, por ejemplo, el tiempo propicio para la desescalada y el retorno a la normalidad.

Esa ilusión veraniega se está desvaneciendo. Y no se trata ya de los nuevos brotes del virus, sino del deterioro que supone la actuación de algunos gestores y de una parte de la ciudadanía que nos están haciendo pasar un verano deshonroso. Cuando se nos vino la pandemia encima, resultaba muy injusto exigir respuestas exactas y urgentes, porque la sorpresa y la incertidumbre de lo desconocido justificaban algunos desajustes. Pero la experiencia de los últimos meses debería haber servido para aprender ciertas cosas. Duelen las imprudencias y duelen los comportamientos políticos que intentan una y otra vez convertir una desgracia mundial en un recurso electoralista dañando así el compromiso colectivo. Duelen los secretos y las mentiras.

Duele también que algunas Comunidades Autónomas no hayan aprendido el daño causado por la degradación de la sanidad pública y la privatización de los sectores que tienen que ver con los cuidados. La herida social puede ser muy grave, más incluso que la sanitaria, porque ya no sirve de excusa la sorpresa. Estamos muy avisados y muchas palabras pueden salirse de tono.

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8 Comentarios
  • Antonio LCL Antonio LCL 16/08/20 13:26

    Gracias Luis por tus palabras, por colocar las piezas en su sitio, aunque el resultado a la vista refleje la indignidad de quienes se aprovechan del mal colectivo para alimentar su maldad, sean políticos o no, aunque a los primeros, sin generalizar, se les tolera, en tantos casos con la ley, su descaro y pobreza moral. Hay que seguir escribiendo y leyendo para que afloren las virtudes humanas de esta sociedad y se ponga coto al abuso y la injusticia de herencias históricas agarradas como lapas a sus privilegios.

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  • Orlinda Orlinda 16/08/20 12:09

    Pues sí se desvanece tu ilusión, Luis, no te quiero contar por dónde anda la de los que les faltaba antes de la pandemia, qué vuelta del verano se presenta a quienes ya estaban en paro hace un año, dos, tres...

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  • Concha Monserrat Concha Monserrat 16/08/20 10:50

    Y lo más triste de todo es la confirmación de que los errores, las pifias se repiten. Desde hace años. Es la grandeza y la miseria de la condición humana, esa misma condición que nos enfrenta ahora mismo a terrores atávicos, los mismos de hace siglos. ¿Lo mejor? la comprobaciòn de nuestra fragilidad.

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  • paco arbillaga paco arbillaga 16/08/20 08:00


    Sí, duelen y mucho las mentiras y los comportamientos de algunos políticos, de algunos periodistas y tertulianos de derechas que están utilizando la pandemia, y todo lo que se ignora de ella en España y en el mundo, para desgastar al Gobierno en vez de hacer una piña para que salgamos todos con el menor daño posible de esta peligrosa telaraña que nos envuelve.

    A esa gente que así actúa les importa más su medro personal y partidista que la salud y sosiego de una sociedad que ve cercada su salud y su futuro económico. Sí, duelen y mucho: «Duelen los secretos y las mentiras.» «Estamos muy avisados y muchas palabras pueden salirse de tono», pero necesitamos palabras, y actos, para defendernos de esas personas que con su comportamiento hacen de los buitres animales refinados.

    A esa gente con comportamientos tan indignos habría que enviarla, y sin retorno, a donde los enviarían Labordeta o Fernando FG en sus momentos de irritación. Osasuna para la gente decente, para la gente con dignidad.

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  • @tierry_precioso @tierry_precioso 16/08/20 07:00

    Informo que se puede leer libremente un cincuenta por cien de mi libro El desorden de los toldos. El espíritu del viaje habita esta novela!...
    En: https://www.amazon.com/El-desorden-de-los-toldos-Spanish/dp/1521301034
    Buen día!

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  • Angel Viviente Angel Viviente 15/08/20 22:54

    Tienes razon, el virus ha vuelto a ser lo que historicamente siempre fue: algo que degrada el cuerpo, incluida la mente. Y ha sido muy impresionante ver que ese virus hs afectado a la mente de algunos en forma muy corrosiva. Me cuesta pensar que algunos se hayan apropiado de ese virus para tejer con él el odio y el rencor.
    La civilización ha avanzado en muchos aspectos, pero no imagino a los poderes de las épocas en que las epidemias diezmaban a la poblacion, utilizando ese virus para intentar aniquilar a sus opositores, o tal vez si, lo desconozco.
    El odio y el rencor es otro virus que se ha potenciado con este otro.
    La gente sufre ante algo totalmente desconocido que a muchos va a llevar a la desesperación y es muy duro darse cuenta que algunos puedan beneficiarse de esto.
    Que el virus les pida cuentas algún día, ese ese es mi deseo.

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  • Marta RG Marta RG 15/08/20 21:12

    Bien, yo aquí opinando de nuevo. Clarísimo lo que no han hecho, o han hecho mal ciertos gestores. Grave por la responsabilidad y la capacidad de acción que tienen. Pero, yo no obviaría los comportamientos de muchos de "nosotros", y de muchos que "les hemos puesto donde están". Esto último solo lo digo por reflexionar un poco. Y no son siempre los jóvenes que se van de botellón y a las discos. En fin, ¿se nota que estoy un poco enfadada (por utilizar un eufemismo?
    Buenas noches a todos, en cualquier caso.

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  • @tierry_precioso @tierry_precioso 15/08/20 21:04

    Lo dices sin ira pero tienes toda a razon: duelen los comportamientos irresponsables de algunos ciudadanos y los intentos mezquinos del PP para intentar "hacer caja" con esta desgracia sanitaria mundial.
    Debemos organizarnos lo mejor posible para el comienzo del año escolar en septiembre.

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