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Nadie ha guardado los chalecos en la guantera

Publicada el 24/12/2018 a las 06:00 Actualizada el 23/12/2018 a las 16:47
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Acostumbrados como estamos a vivir a fuerza de escándalos y declaraciones grandilocuentes, solemos dar por olvidado aquello que desaparece de los primeros titulares. Hace unas semanas permanecíamos atentos a todas las noticias que llegaban de Francia. Hoy, parece como si de repente la furia hubiera desaparecido. Nada más lejos.

Conviene recapitular lo conseguido por los chalecos amarillos. En primer lugar, dos rectificaciones de Macron. La primera, una marcha atrás en los impuestos al diésel. La segunda, el paquete de medidas destinadas a incrementar el poder adquisitivo y que supone ceder sobre el incremento de la Contribución Social Garantizada aprobado en enero de 2018, y el anuncio de la subida de 100 euros del SMIC (SMI) –aunque se trata más bien de un incremento de la prima de actividad a cargo de las y los contribuyentes–. Estas medidas, no ajenas a las críticas como se argumenta en este artículo de la revista Viento Sur,  supondrán al presupuesto público francés en torno a 10.000 millones de euros, y harán que el déficit presupuestario supere en 2019 el límite europeo del 3%, según las previsiones. ¿Cómo reaccionará ahora la Unión Europea cuando es el sistémico Macron el que se salta las reglas de la austeridad?

Por otro lado, la movilización ha obligado a Macron a tener, al menos, un gesto de humildad. El tiempo dirá si ha surtido más o menos efecto, pero hace un mes era impensable que Júpiter –como lo llaman popularmente en Francia por su personalidad– se rebajara a poner un mensaje en Change.org, la plataforma que difundió el primer llamamiento a la movilización, para decirles a los chalecos amarillos: “He entendido el mensaje. Os contesto directamente: tenéis razón”.

Además de estos efectos concretos, el movimiento de los chalecos amarillos ha impactado en otros aspectos, como pasa siempre con los movimientos sociales, que más allá de sus logros y consecuencias inmediatas generan cambios sobre otros aspectos aunque no se vea una relación directa causa-efecto o no se compruebe de forma instantánea. Entre estos impactos destacan dos que, a mi juicio, sitúan a los Gilets Jaunes en la estela de los movimientos de los indignados. La primera es la confluencia de sensibilidades y descontentos que se dan cita en la movilización. A los chalecos amarillos que protestaban –entre otras cosas– por la subida del diésel, se unieron después estudiantes, los chalecos rojos de la CGT y la marcha verde que pedía un acuerdo ambicioso contra el cambio climático en la cumbre de Katowice, entre otros. Toda una amalgama de malestares.

El segundo de estos impactos es la constatación de una crisis de representación y la apuesta por una mayor implicación de la ciudadanía en los asuntos públicos. En este caso, una de las reivindicaciones que ha decantado a partir de las movilizaciones de estas semanas es la de un “Referéndum de Iniciativa Ciudadana”, es decir, una especie de mecanismo ciudadano que permita presentar leyes, remover candidatos o hacer cambios en la Constitución, al que, como argumentan desde Mediapart, todos los partidos se han querido adherir con propuestas más o menos coincidentes, porque nadie desea quedarse fuera. No quiere decir que la movilización como tal, ni siquiera que la propuesta en sí misma, suponga una solución a la crisis de representación ni a las vías de agua que se le han abierto a la democracia liberal, ni mucho menos, pero diagnostica el problema de fondo y lo pone en la agenda, que en definitiva es la principal misión de los movimientos sociales.

Si se mira en perspectiva, dos son los malestares básicos de los chalecos amarillos que conectan con el resto de movimientos indignados que han ido estallando en Occidente en los últimos años: la desigualdad económica que llevan aparejada las políticas neoliberales y las carencias manifiestas de una democracia liberal representativa que se queda estrecha para los tiempos que corren.

En definitiva, los chalecos están lejos de ser plegados y metidos en la guantera, y el fantasma de la indignación sigue recorriendo Europa. Sigamos atentos, porque las consecuencias ni se ven a corto ni están escritas, pero serán múltiples y posiblemente contradictorias.
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7 Comentarios
  • Anselm Llorenç Anselm Llorenç 26/12/18 17:23

    Que los árboles no nos impidan ver el bosque y que las analogías no nos cieguen a las diferencias. Que los motivos sean parecidos no significa que los movimientos que surgen de ellos también lo sean. Un dato: mientras que las izquierdas han vacilado, Marine Le Pen ha saludado el movimiento de los chalecos amarillos con entusiasmo y sus militantes han participado activamente en ellos. En Catalunya, que es lo que conozco, los ultras de PxC intentaron acercarse al 15 M y tuvieron que desaparecer de él ya el primer o segundo día. No quiero decir que el de los chalecos amarillos sea un movimiento de extrema derecha, pero sí que está siendo muy permeable a ella.

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  • Ataio Ataio 25/12/18 11:40

    Buen apunte sra Monje.
    "Referéndum de Iniciativa Ciudadana "..........hummmmmm...........que bien suena! . Lo permitiría nuestra democrática constitución y sus tolerantes defensores???.

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  • Juanjo Seoane Juanjo Seoane 24/12/18 13:14

    Salvando distancias, la esencia es silmilar a mayo de 1968, y a 1789. Cada momento es único, pero la reivindicación aflora con pasión y se extiende

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  • Silk Road Silk Road 24/12/18 09:16

    ¿Y en España? ¿Hemos guardado el 15M en la guantera? Espero que, al menos, no lo hayamos tirado a la basura. Aunque en España no somos mucho de tirar cosas. Fíjate en el "vivan las caenas", por ejemplo. Que pensábamos que ya se lo habrían comido los ratones y alguien lo ha encontrado en el desván y lo está oreando a ver si se le va el olor a moho.

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  • paco arbillaga paco arbillaga 24/12/18 09:06


    Supongo que no es necesario tener un título universitario (y menos de los fules) para darse cuenta de que el personal cada vez dispone de menos ingresos económicos para afrontar los mayores gastos que implica el levantarse cada día de la cama, de una cama que quizás esté en una habitación hipotecada.

    Si a ello se le añaden los recortes en las inversiones en servicios sociales necesarios como pueden ser la Sanidad, Enseñanza, o la falta de recursos pagar las facturas de electricidad, agua, telefonía, el problema económico se extiende a muchos más millones de personas.

    No es muy alentadora la visión que tenemos si observamos el panorama con unos políticos que la mayoría de ellos hablan más de sí mismos, de los problemas de sus partidos que de los problemas de la gente; con unos liderillos de partidos de derechas que nos llaman constantemente casi a la revolución porque, dicen, el actual Gobierno traiciona a España, a la constitución, se vende a los separatistas (anteriormente se vendía a la ETA), olvidándose alguno de esos salvapatrias que ellos sí vendieron parte de su país a multinacionales o incluso se metieron buenos dineros en sus bolsillos o en las cuentas de su partido por cuyos actos tienen varios juicios pendientes. ¿Cómo vamos a creer, incluso a respetar a estos personajillos que no mienten más porque no tienen cerebro para ello?

    ¿Chalecos amarillos? Muy bien elegido el símbolo: a muchas personas no les llegaría para pagar las mangas. Osasuna y República Libertaria.

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  • Irenepaz Irenepaz 24/12/18 00:48

    Estamos en tiempos de cambios, lo que ocurre que estamos noqueados por tanta información que cuesta mucho procesar, recuerdo ahora las palabras de José Luis sampedro, y si el capitalismo está llegando a su fin...habra que estar atentos pq son tiempos convulsos. Un saludo

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  • Alfonso J. Vázquez Alfonso J. Vázquez 23/12/18 21:22

    El miedo al ciudadano es lo propio de todos los regímenes poco o nada democráticos. En la UE basta un millón de firmas para presentar una iniciativa legislativa popular a Parlamento. Con 507 millones de habitantes esta exigencia equivale a un 0,2 %. En España, donde se exigen 300.000 firmas, siendo 47 millones de habitantes, esoequivale al 0,64 %. Este regimen monárquico tiene un 300 % más de miedo a la libertad de los ciudadanos. Toda una declaracion del respeto que se merece la opiniòn del "pueblo del que emanan los poderes del Estado" (art. 1.2 CE78). Otra tomadura de pelo. En España lo adecuado sería que se exigieran sólo 100.000 firmas para recibir el mismo respeto que nos reconoce la Unión Europea y nos niega España. De nuevo resuena en el aire aquel verso del Cantar del Mio Cid "que buen vasallo si oviese buen señor"

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