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De brocha gorda

El fotógrafo y los extraterrestres

  • El arquitecto responsable de la restauración de la catedral de Palencia asegura que los aliens tallados en una de las portadas son una representación del bien y el mal "dentro de la mitología contemporánea"
  • ¿Son excentricidades, caprichos, aciertos o simples atropellos? En agosto, infoLibre recorre algunos de los anacronismos más sonados de las restauraciones del patrimonio histórico español

Eva Orúe | Sara Gutiérrez Publicada 13/08/2017 a las 06:00 Actualizada 12/08/2017 a las 17:42    
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Vista de la Catedral de Palencia.

Vista de la Catedral de Palencia.

Catedral de Palencia
Un astronauta en la Puerta de Ramos de la Catedral Nueva de Salamanca. No lejos, un dragón comiendo un helado de dos bolas. El cantero Miguel Romero debió disfrutar cuando, antes de la edición El contrapunto y su morada de Las Edades del Hombre (1993-94), le encomendaron rehabilitar este acceso al templo. Y la fama adquirida por sus criaturas ha venido a darle la razón.

Son quizá los caprichos más conocidos en Castilla y León, aunque hay otros aspirantes al título. Están en la Santa Iglesia Catedral Basílica dedicada a san Antolín mártir, patrono de Palencia.

Sonría, por favor

Una gárgola es la "parte final del caño, por lo común adornada con figuras fantásticas, que sobresale del muro en forma de ménsula y da salida al agua de los tejados, terrazas o fuentes" (RAE dixit). Una gárgola no viene sola, sino que  se incorpora a una hilera que da coherencia (y libra de filtraciones) al conjunto monumental. En cuanto una falta, el hueco salta a la vista.

"Hay una necesidad de que la gárgola esté, porque si no está, hay como una herida. Allí hay que poner algo, un volumen –admite Fernando Álvarez Prozorovich, director del Master de Restauración de Monumentos de la Universitat Politècnica de Catalunya–. Que tenga una forma realista  o no ya es una decisión a discutir, pero si se decide que tenga forma realista porque lo podemos justificar desde alguna decisión, y este fotógrafo se lo merecía, pues no sé, miro para otro lado y digo que esto forma parte del laboratorio de la vida".

El fotógrafo en cuestión es este.
 

"A la catedral se la sometió a una serie de reformas dese finales del siglo XIX hasta mediados de la segunda década del siglo XX, 1916 o 17", explica Julián García Torrellas, historiador y periodista. "Hubo derribos de alguna capilla, se colocaron las cristaleras, se repusieron algunos arbotantes, se reforzaron otros, se colocaron pináculos y alguna gárgola que faltaba en los contrafuertes…".

En Palencia, prosigue, la gárgola del fotógrafo pasó muy desapercibida hasta finales de los años setenta, quizás de los ochenta. Hasta que apareció en El País. Desde entonces, su popularidad ha ido creciendo.

¿Quién había podido inspirar esa figura que, evidentemente reproduce a un profesional de la fotografía de los de antes, con su cámara de fuelle y su mandil, pero cuya cara (elemento clave para una posible identificación) aparece deformada por una boca grotesca, necesariamente grande para cumplir su función de desagüe?

La tesis más extendida es la que recoge en su web el Ayuntamiento de Palencia: "… una gárgola, situada en el ábside, que representa la figura de un fotógrafo y que constituye una aportación personal de Jerónimo Arroyo, arquitecto que dirigió la restauración llevada a cabo a comienzos del siglo XX. En esta gárgola el arquitecto quiso recordar a José Sanabria, un popular personaje que realizó gran número de fotografías sobre el patrimonio artístico palentino". Pero García Torrellas cree que se trata de un error. También se dijo que podría ser Albino Alonso, pero, en su opinión, tampoco, "porque cuando se colocó la gárgola tendría 16 o 17 años. Quien sí trabajó para Jerónimo Arroyo y la Comisión Provincial de Monumentos fue Luis Rodríguez Alonso, el hermano de Albino, unos 17 o 18 años mayor que él. Coincidiendo con la finalización de la restauración se decidió publicar un libro que fue un álbum de postales de la catedral y esas fotos las hizo Luis Rodríguez Alonso".

El octavo y el noveno pasajeros

Pero el fotógrafo en cuestión no es el único elemento extraño de una catedral de muchas lecturas. Y el responsable de las otras originalidades es el arquitecto Fernando Díaz-Pinés.

Puesto que venimos de una gárgola, empieza por ahí. "Yo hice dos gárgolas de la torre que han dado que hablar, dos gárgolas que tienen cuerpo de unicornio y esqueleto. Pero eso está más dentro de las simbologías antiguas, la vida y la muerte".
 

Sin embargo, su intervención más célebre tiene algo de monstruoso.

En la conversación mantenida, evoca Díaz-Pinés su intervención sobre una portada que estaba muy machacada (y "en la que encontramos figuras de un libro que se edita en Venecia, el Polifilo, del que hay un ejemplar original en la biblioteca de la catedral").

Cuenta que lo que hicieron fue calmar las heridas de la piedra con material nuevo, y hacer moldes de las figuras que se habían mantenido para recuperarlas en la medida de lo posible. "Pero al llegar a la clave, había que procurar fecharla para que alguien que se fijase pudiera saber que era de una época concreta".

La manera elegida fue ésta.
 

¿Un capricho? No, en su opinión. Como la mayor parte de las figuras se ajustaban al panteón tardomedieval de los pecados y las virtudes, del mal y el bien, quiso introducir unas figuras que representa lo mismo "dentro de la mitología contemporánea que va generándose a través de la cultura popular. Y la cultura popular nuestra es la del cine, los cómics, etc. Si dejas aparecer ese alien (que te tienes que fijar mucho), pues hay una diacronía".

La saga Alien había empezado a aterrorizarnos años antes, en 1979, cuando Ridley Scott lanzó al espacio cinematográfico a su alienígena babeante. Después la saga continuaría de la mano de James Cameron (1986), David Fincher (1992), Jean-Pierre Jeunet (1997)… "Alien –insiste Diaz-Pinés– es una especie de representación del mal natural, el mal que existe en el universo como cosa natural. Les hice a los canteros una acuarela para que luego ellos hicieran su interpretación, porque los canteros tienen esa mano artesana y siempre han sido los que en última instancia interpretaban lo que el maestro de obra del iba dando".

Es su convicción que cuando haces una restauración, "incluso cuando introduces elementos completamente contemporáneos, lo tienes que hacer entablando un diálogo que no se ponga en competencia con lo antiguo, y que además responda las intenciones reales, incluso también a los tiempos". Y en ese sentido se distancia de intervenciones como la que llevó a poner un escudo del Athletic de Bilbao en una torre de Trujillo (ya hablaremos de él), o el móvil de la catedral de Calahorra (del que ya hemos hablado en una entrega anterior) o el mentado astronauta salmantino. "Quizá hay cosas que son un poco una broma, como el escudo del Athletic que ni fecha ni no fecha, es más una ironía, o una broma. Pero también es cierto que los canteros metían muchas cosas de cosecha personal, hay muchas pequeñas bromas, así que también está dentro de lo que es la arquitectura histórica en ese sentido".

Y se reivindica por comparación. "En la fachada occidental, Fernando Chueca hizo un proyecto con una portada herreriana que históricamente nunca podría haber estado ahí. Es lo que se llama 'un falso histórico'. Lo que tratas de evitar siempre es el falso histórico. El falso histórico, introduciendo un alien, no aparece".

(Abrimos aquí un paréntesis para indicar que es lo mismo que debió pensar el restaurador de Paisley, ese "cantero divirtiéndose un poco" al que el Reverendo Alan Birss atribuye el extraterrestre de la Abadía. Al que creyó conveniente colocar un Darth "Yo soy tu padre" Vader en la catedral de Washington lo dejamos para otra ocasión.)

Mas "extraterrestes" 

Ya en confianza, nuestro interlocutor nos pide que nos fijemos en un detalle que quizá pasa más desapercibido. En esa misma portada hay músicos, con sus respectivos instrumentos. Algunos se hallaban en mal estado, hubo que retirarlos y cobijarlos en el museo. Su intención era reproducirlos, pero "había uno que no sabíamos ni cómo podía ser. Eso fue cosa de los canteros… hay un músico que no es un músico, es un cantero: tiene una maza de cantero en la mano pero tiene un casco de obra contemporáneo".

Es Díaz-Pinés un enamorado de la Catedral palentina. "Tiene un exterior muy adusto, no es como las catedrales de Burgos o de León que han tenido siempre esa condición de modelo, de joya también desde fuera, como objeto. Ésta tiene una historia interesantísima porque es un proyecto que se lleva a cabo a lo largo de mucho tiempo, y es como una muñeca rusa. Tiene un interior que es de una belleza espacial tremenda. Es –concluye– una iglesia de iglesias".
 


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