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El reto de los educadores de museo: 'desconfinar' las obras frente al coronavirus

  • "Tenemos que empezar a trabajar con la idea de un museo deslocalizado", defiende Begoña de la Riva, trabajadora del Thyssen-Bornemisza desde hace dos décadas
  • En verano, infoLibre se acerca a los oficios que sostienen la cultura desde la sombra, sin premios ni aplausos del público

Publicada el 16/08/2020 a las 06:00
Begoña de la Riva, arriba a la derecha, en una conversación online durante el confinamiento con el resto de trabajadores del Área de Educación del Museo Thyssen-Bornemisza.

Begoña de la Riva, arriba a la derecha, en una conversación online durante el confinamiento con el resto de trabajadores del Área de Educación del Museo Thyssen-Bornemisza.

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Begoña de la Riva, educadora en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, habla con pasión de su trabajo: "Queremos que las visitas al museo se conviertan en detonantes para un cambio, que la gente se acerque a la obra desde su experiencia y desde la emoción, que las hagan suyas", explica al otro lado del teléfono. Pero... ¿qué es un educador de museo? Esos que acompañan a los colegios que visitan el centro, ¿no? Bueno, no solo. Son responsables de proyectos de audioguías, de publicaciones, de cursos y charlas, de visitas guiadas para niños y adultos, incluso están detrás de algún videojuego. En las últimas décadas, a medida que iba cambiando la concepción del museo, la importancia de estas áreas ha ido creciendo. Y ahora forman parte de esta sección donde nos fijamos en labores culturales que se quedan fuera de los focos.

La educadora utiliza con frecuencia una imagen para describir su trabajo: "Queremos concebir el museo como una especie de espacio abierto, y que cada uno se sienta con toda la libertad del mundo para aportar su mirada". Pero últimamente el museo ha tenido problemas para mantenerse abierto —literalmente abierto—, y sus visitantes quizás no se hayan sentido tampoco demasiado libres. "Nosotros trabajamos con público, y el contacto presencial se tuvo que parar", recuerda De la Riva sobre aquel 11 de marzo, tres días antes de la declaración del estado de alarma, en que las tres principales pinacotecas nacionales echaron el cierre como mecanismo de prevención frente a la crisis sanitaria del coronavirus. "Primero fue un shock", admite, una sensación que comparte quizás con millones de personas en todo el mundo. "Pero cuando nos repusimos lo que hicimos fue buscar otras vías para mantener ese contacto".

¿Y cómo? Pues, por ejemplo, charlando sobre lo que sucedía: el ciclo ¿Y ahora qué hacemos? reunió a profesionales de museos de distintas partes del mundo para cuestionarse el futuro de las instituciones. Se les ocurrió también sacar a pasear virtualmente las obras confinadas, aquellas que se conservan en el almacén, y el ciclo Un café, una conversación, permitió presentarlas al público. El confinamiento resucitó programas anteriores, como el de Técnicas artísticas, en el que mediante vídeos se explica cómo usar la acuarela, cómo fabricar óleos o en qué consiste el esgrafiado: "Se ve que la gente ha tenido más tiempo y ha querido probar cosas", se dice De la Riva. El proyecto Narraciones gráficas, una serie de encuentros virtuales en torno a la exposición de Rembrandt que aloja el museo, se convertía en una especie de salvavidas, "algo emocionante que la gente tenía en su día". 

Es cierto que, en su labor habitual, las actividades presenciales ocupan la mayor parte de su tiempo: si miramos solo a las visitas escolares, en una semana el museo recibe a 25 o 30 grupos. Estas dependen ahora de las indicaciones de la Consejería de Educación, y las visitas-taller, en las que los alumnos tienen luego la posibilidad de poner en práctica algo de lo visto en las salas, se han suspendido. Sin embargo, esto les ha dado tiempo para otra tarea: "Reflexionar sobre hacia dónde vamos". A la idea del museo abierto se suma la del "museo deslocalizado". Ahora está claro que hay obstáculos para el acceso físico, explica De la Riva, pero ¿no los había ya antes? ¿Qué pasaba con los niños y adultos que no podían visitar el Thyssen, un museo público dependiente del Ministerio de Cultura, ya fuera por cuestiones económicas o de lejanía geográfica?

"Se está produciendo un cambio que se va a quedar en el museo, en los públicos, en la escuela", señala la educadora. Por eso ahora preparan propuestas para "trabajar con las obras pero no en lo que es el museo físicamente". El confinamiento ha obligado a los 10 trabajadores del área de Educación a avanzar con más rapidez por un sendero que ya habían empezado a recorrer. El proyecto ¿Y tú qué miras?, pensado para adolescentes, había trabajado ya con jóvenes de Chile. El ciclo Musaraña ha puesto en contacto a docentes de toda España, Portugal y distintos países de Latinoamérica. Dentro de este, ya existía la iniciativa Big Valise, que envía cuidadísimos materiales físicos a colegios de fuera de Madrid para que puedan estudiar el Thyssen desde el aula, en lo que llaman "museo portátil". "Tenemos que seguir trabajando, y ahora más, para que la gente pueda acercarse al museo esté donde esté", defiende Begoña de la Riva. "Para eso ha sido fundamental la web. Hace mucho tiempo se apostó por el tema tecnológico, y ha sido un acierto".

La web del Thyssen-Bornemisza se estrenó en el año 2001, y poco después salió su primer videojuego. Siguiendo esta línea de unir el arte interactivo y el pictórico, en 2015 lanzaron Nubla, aventura gráfica a partir de las obras del museo. El proyecto se amplió en 2017 con El mundo de Nubla, y en 2019 lanzaron Nubla 2. "Todo va encaminado a lo mismo", dice De la Riva, "a romper con la idea de museo como lugar sagrado donde no se puede hablar". Si hay más actividades enfocadas a los niños es porque, en su opinión, ellos tienen muchas menos ideas preconcebidas que los adultos, y se puede "romper desde la base" con esas imágenes que asocian el museo con un espacio elitista. "Tiene que ser un lugar de encuentro", defiende, "donde la opinión de todos sea válida, y, en ese sentido, que la relación con el museo sea una acción política, entendida como algo activo, no pasivo".

Esta transformación ya ha empezado: dentro de la propia institución. "En 20 años la manera en que nos acercamos a la cultura ha cambiado, y el museo forma parte de ese cambio", dice la educadora. Eso les ha permitido que el confinamiento les pillara con algunas herramientas, herramientas que la crisis sanitaria les ha hecho apreciar todavía más. El equipo, asegura, ha aprovechado el tiempo libre que dejaba la ausencia de visitas físicas para "probar nuevos formatos, dedicar tiempo a reflexionar sobre la profesión, darle un giro a la dirección del proyecto"... En septiembre empieza una nueva etapa que Begoña de la Riva afronta con ánimo. ¿Sabrán permanecer abiertos los museos, incluso si se ven obligados a cerrar?

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