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El dinosaurio todavía estaba allí

Raquel Martos: "Nunca volveremos a ser los mismos, esto es un tornado y no ha terminado de soplar"

  • La escritora, periodista y humorista cree que "si escribes, compones, pintas o creas cualquier obra desde las tripas, es imposible que no tengas una carga viral, emocional, de algo tan tremendo como lo que estamos viviendo"
  • ¿Hemos aprendido algo de la crisis? ¿Saldremos mejores de esta? En agosto, distintos creadores hablan con infoLibre sobre su experiencia y el futuro de la cultura frente a la pandemia

Publicada el 21/08/2020 a las 06:00 Actualizada el 24/08/2020 a las 11:10
La periodista y escritora Raquel Martos.

La periodista y escritora Raquel Martos.

Ediciones B

Quienes lean este medio de forma asidua no necesitarán presentación alguna de Raquel Martos (Madrid), ya que no hay mejor forma de acercarse a su figura que leerla. Su Diario de una confinada fue una genial crónica vital con la que muchos pudieron sentirse identificados en los meses más duros e inciertos de la crisis sanitaria. Pero a esta periodista, guionista, escritora y humanista ya era bien conocida por todos, y no solo por todas sus otras colaboraciones para infoLibre

Ha desarrollado su carrera profesional en diferentes programas de radio y televisión: Protagonistas (Onda Cero), No somos nadie (M-80), El Hormiguero (Antena 3) y La Ventana (Cadena SER), entre otros. Actualmente colabora en Julia Otero en la Onda (Onda Cero). Es autora de tres novelas: Los besos no se gastanNo pasa nada y si pasa, se le saluda (Espasa) y la muy recientemente publicada Los sabores perdidos (Ediciones B).

Con sus respuestas dentro de esta sección en la que diversas figuras del arte y la cultura nos detallan el devenir de estos dos vitales ámbitos de nuestras vidas (además de su personal experiencia pandémica), Martos deja claro, no obstante, que parece imposible que llegue un momento en el que su escritura se agote.

Pregunta. ¿Cómo ha pasado profesional y creativamente el confinamiento?

Respuesta. Técnicamente, ha cambiado poco mi actividad, porque la sección diaria en Julia en la Onda, “Persona física”, siempre la preparo en casa: el guion, la edición de montajes de sonido… Únicamente dejé de ir al estudio para la emisión y comencé a conectar desde casa. Mis colaboraciones escritas también las hago a distancia así que, salvo directos en radio, colaboraciones en tele o eventos, soy teletrabajadora desde hace años.

El cambio más radical ha sido, sin duda, el emocional. Hacer una sección diaria, con mirada humorística sobre la actualidad, me ha resultado francamente complicado en ciertos momentos, por mi estado anímico y por el estado general. Introduje ciertos matices de dulzura en la radio y también en mis colaboraciones en infoLibre, Diario de una confinada. Entendí, más que nunca, mi trabajo como una compañía para otros en circunstancias muy duras que sabía cómo dolían, yo estaba viviendo las mismas.

P. ¿Cree que lo vivido en estos meses le ha cambiado? ¿De qué manera?

R. Ha cambiado mi percepción de la realidad, como a la mayoría de nosotros, supongo. Una circunstancia que casi todos habíamos ubicado en la ficción, con esa distancia escéptica de quien piensa que jamás le tocará vivir algo así, se nos hizo realidad de un día para otro. He pasado por diferentes estados, incredulidad, tristeza profunda, miedo, negación, abnegación, pero me he sentido más fuerte de lo que creía ser. Aunque creo que los cambios reales los conoceremos cuando pase el tiempo, los otros “efectos secundarios” de esta experiencia no se verán tan pronto…

P. En estos meses de enclaustramiento y “nueva normalidad”, ¿ha cambiado su relación con su propia imagen pública, y en particular con las redes sociales (si es que tiene)?

R. He sido y soy mucho más selectiva con aquello que leo, comento o comparto. He sentido la necesidad de protegerme y proteger, solo me apetece amplificar lo que suma, lo que aporta. Desde el principio tuve muy claro que tenía que hacer limpieza de tóxicos y mi gel hidroalcohólico, aplicado a las redes, ha consistido en silenciar mucho, incluso de usuarios conocidos a los que aprecio, pero cuyo tono en momentos dramáticos no servía para nada que no fuera aumentar la tensión o la angustia. Es tan bestia el dolor real en estas circunstancias que amplificarlo en el espacio virtual, me parece un derroche.

P. ¿Y cree que el mundo a su alrededor ha cambiado de una forma profunda, más allá de las alteraciones obvias?

R. El mundo es como ha sido y será siempre, una combinación de luces y sombras. Lo único que cambia en situaciones extremas es la amplificación de unas y otras. Pero estoy segura de que quien es empático lo ha seguido siendo y quien es egoísta lo ha seguido siendo. El ser humano olvida rápido. Nunca volveremos a ser los mismos, porque esto es un tornado y no ha terminado de soplar, pero intentaremos- contra viento y marea- ser los de siempre, aunque nos equivoquemos.

P. El mundo del libro, como otros muchos, se ha visto paralizado durante meses. ¿Cómo imagina el futuro de este sector a medio plazo?

R. Me preocupa, sobre todo, un eslabón muy débil que lo ha hecho todo por la supervivencia de los libros desde hace siglos. Las librerías, ya cerraban antes de la pandemia y muchas no han levantado la persiana después del confinamiento, pero, en realidad, las cerramos los lectores. Mi amiga sabia Ana Adarraga, que cumple noventa años en estos días y es familia de Unamuno y librera de mi infancia, tuvo que cerrar este año Aliana, la librería que regentaba junto a su hija Arantza. Ella me decía con su delicioso acento vasco y sin adornos: “¡A todo el mundo le da mucha pena que cerremos, pero no entran en las librerías!”.

Como autora, lo he vivido con especial tristeza porque la pandemia me ha pillado en pleno año de publicación de mi tercera novela (Los sabores perdidos, con las recetas de Gabriela Tassile). Sant Jordi, La Feria del Libro en Madrid, la de Valencia, Sevilla y otras ferias literarias relevantes se han tenido que posponer. El mundo editorial no ha podido disfrutar en sus fechas habituales de todas esas ocasiones maravillosas de encuentro entre autores y lectores. Pero los días de libros, de ferias, de vida cultural, volverán y recuperaremos, espero, todos los sabores perdidos en el camino de la pandemia.

P. ¿Se ha planteado en algún momento escribir algo relacionado con las experiencias de estos meses? ¿Cree que es demasiado pronto, o que la literatura tiene el deber, de alguna forma, de contar también esto?

R. El diario de una confinada ha estado estrechamente ligado a la situación, ha sido un latido continuo, en forma de reflexión, compartido con los lectores de infoLibre. En el territorio puramente literario, trabajo ya en mi próxima novela y, esté o no presente explícitamente, esto que estamos viviendo atravesará la pluma. Si escribes, compones, pintas o creas cualquier obra desde las tripas, es imposible que no tengas una carga viral, emocional, de algo tan tremendo como lo que estamos viviendo.

Por cierto, una curiosidad, hace unos días comentaba con una lectora que Los sabores perdidos cuenta la historia de un confinamiento, de ocho desconocidos, sí, mucho más feliz porque está libre de virus, pero con todos los ingredientes emocionales que tiene la vida, los oscuros y los luminosos, porque eso no hay pandemia que lo transforme.

P. ¿Ha aprendido algo de la crisis sanitaria y de la cuarentena que no hubiera aprendido de otra forma?

R. He aprendido a no hacer planes, y si me decido a hacerlos por mantener intacta la ilusión, no perder la consciencia de que en algún momento te los pueden cambiar todos y no solo a ti, a un planeta entero. Que no somos tan importantes, tan fuertes, tan listos ni tan poderosos como creemos.

P. Si tuviera que inclinarse por una opción: de esta, ¿saldremos mejores o peores?

R. Saldremos como podamos, que no es poco…Pero intentemos no salir mala gente, que ya hay suficiente ja,ja,ja.

P. ¿Y tiene alguna certeza sobre qué será clave para superar la crisis? ¿Cuáles cree que deben ser nuestras prioridades o nuestros valores fundamentales en estos momentos?

R. La clave será mirar por el de al lado. De un túnel no sale una multitud empujándose, porque mueren aplastados. Hay que ceder, tratar de pensar no solo en ti, sino en qué necesitan los otros, no hablo de caridad, hablo de empatía. Empatía es también ser responsable y ponerte la mascarilla, tratar de pensar en el que está en un hospital currando, o en un bar que no quiere cerrar, en una librería, en una frutería, en una empresa, en su trabajo de administrativo. Se entiende, ¿no? Creo que tenemos que apretarnos un poco para que haya sitio para todos, si pensamos en código individualista, no vamos a salir jamás.

P. ¿Qué le ha servido a usted, personalmente, para seguir a flote en los peores momentos del confinamiento y la crisis sanitaria?

R. Lo que siempre me salva: EL HUMOR, practicarlo y consumirlo de otros; LA MÚSICA; LA LITERATURA (aunque confieso que me ha fallado la concentración muchas veces); LA FICCIÓN: cine, series… Pero, sobre todo, EL AMOR de las personas a las que amo y MI PERRA BETTY un personaje tierno, gracioso, inteligente, que no ha dejado de mover el rabito y traerme regalos a la cama, ni en los días más terribles del confinamiento, cuando el mundo entero estaba cerrado.

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